Eco fue una revista cultural colombiana que publicó en Bogotá la Librería y Galería Buchholz, entre mayo de 1960 y junio de 1984. Se publicaron en total 272 números. Al frente de la redacción estuvieron: Else Goerner (del número 1 al 36, 1960-1963), Hernando Valencia Goelkel (del número 43 al 88, 1963-1967), José María Castellet (1964-1965), Nicolás Suescún (del número 89 al 130, 1967-1971), Ernesto Volkening (del número 131 al 152, 1971-1972) y Juan Gustavo Cobo Borda (del número 153 al 272, 1973-1984).
No solo por la duración temporal que alcanzó y el número de autores que convocó a lo largo de un cuarto de siglo es importante la revista Eco, también lo es porque como otras publicaciones anteriores, por ejemplo: Los Nuevos o Mito, reunió una generación de intelectuales en torno a ella y además marcó un derrotero en la orientación del pensamiento que al interior de la publicación identificaban como “cultura de Occidente”. Importantes ensayos, críticas y traducciones que invocaron los más prestigiosos nombres del momento abundan en sus páginas.
También es notable la influencia que Eco ejerció en la formación de los escritores colombianos, no solo con los orientadores aportes literarios, sino con la crítica y la teoría que hubo en sus páginas. Destacan los números monográficos sobre Nietzsche (Nos. 114-115, 1969), Hölderlin (Nos. 183-184, 1970), Brecht (Nos. 85-86, 1967), el número 195 de 1978 en homenaje a Hesse, el número 235 de 1981 conmemorando los 200 años de Crítica de la razón pura de Kant, o el número 200 (1978): una antología de crítica latinoamericana con ensayos de Ángel Rama, Guillermo Sucre, Carlos Rincón, José Lezama Lima y Rafael Gutiérrez Girardot, entre otros. Al respecto Juan Gustavo Cobo Borda recuerda que: “lo decisivo […] era el seguimiento crítico de la evolución, antecedentes, virajes y cambios de una narrativa a través de la plana mayor de la crítica literaria latinoamericana, donde Emir Rodríguez Monegal convivía con Ángel Rama, José Miguel Oviedo con Guillermo Sucre y Noé Jitrik con Julio Ortega”. La poesía se vio atendida no sólo con traducciones inicialmente y luego con las primeras apariciones de los poetas nacionales, que se sumaban a las contribuciones de los autores hispanohablantes, sino con estudios y críticas. J. E. Jaramillo Zuluaga habla de “el anhelo de presentar un corpus coherente para permanecer, para durar más allá de los tiempos a los que deseaban responder sus páginas”.
En esa curiosa evolución que tuvo la revista, a manera de expansión inversa: hacia dentro, cuando sin dejar de lado las traducciones del alemán ni la divulgación del humanismo centroeuropeo, se volvió la mirada al país, al continente y a la lengua que vio nacer a Eco, se dio cabida a diferentes nombres que en el futuro descollarían: el primer adelanto de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, antes de editarse como libro, se publicó allí.
La periodicidad era mensual y en ocasiones se hicieron números dobles o triples. La revista dejó de circular durante 1976 y reapareció al año siguiente. El precio inicial era de 5 pesos colombianos (US$ 0.80) y de 28 pesos (US$ 1) hasta 1975 cuando se anunció el valor del ejemplar. A su regreso en enero de 1977 costaba 40 pesos y en adelante se informaba únicamente el código de la tarifa para libros y revistas de la Administración Postal Nacional: No. 056. La revista Eco aunque seguía una numeración consecutiva mensualmente, se reunía en tomos (indicados con números romanos), cada uno de los cuales constaba de seis números, es decir equivalentes a volúmenes semestrales, o lo que es lo mismo: dos tomos anuales. El formato era en rústica con medidas 20x13 cm.
Historia Eco. Revista de la cultura de Occidente apareció en Bogotá, en mayo de 1960 publicada por Karl Buchholz, Ernesto Guhl, Hans Herkrath, Hasso Freiherr von Maltazahn, Carlos Patiño Roselli y Antonio de Zubiaurre, editada a través de la Librería y Galería Buchholz con licencia del Ministerio de Gobierno. Jaramillo Zuluaga señala que en un comienzo la revista fue concebida como una publicación del Instituto Cultural Colombo-Alemán y J. G. Cobo indica que contó con el apoyo del gobierno alemán a través de Inter Nationes (una asociación, fundada en 1952 en Bonn, cuyo propósito era la producción y distribución de material informativo sobre la cultura alemana en el extranjero), que “adquiría cierto número de ejemplares para distribuir entre sus embajadas ante los países de habla española”.
El primer número incluía un cuento de Hermann Hesse, trabajos sobre Albert Camus, tres poemas de Gottfried Benn, un texto de Heisenberg sobre los problemas filosóficos de la física atómica a partir del descubrimiento de Planck, una crítica de arte de Werner Haftmann, una reflexión desde la economía social de Wilhelm Röpke, un ensayo sobre Ernst Jünger y una crítica sobre el éxito de El Gatopardo de Lampedusa. A decir de J. E. Jaramillo: “…su publicación en el mismo número no respondía tanto al estilo de variedades, que es común a muchas revistas, como al deseo de comunicar una totalidad, una visión de la cultura a la que todavía no distorsionaba la especialización de los saberes”.
La evolución de la revista puede seguirse a través de los cambios en la redacción. En la primera etapa, cuando la redactora general era Else Goerner se concentró en la difusión a través de traducciones de textos de literatura, cultura, arte, filosofía y ciencia en los que se manifestaba el humanismo centroeuropeo. En el periodo de Valencia Goelkel esta intención editorial se mantuvo y aunque la presencia hispana y latinoamericana comenzó a asomarse, se dio énfasis al ensayo, tanto en traducción como las contribuciones en español que fueron siendo publicadas. Durante el tiempo que estuvo Nicolás Suescún como redactor perdió importancia el ensayo en favor de la narrativa y la poesía; y al disminuir el número de textos procedentes del alemán y aumentar los colombianos pareció desviarse el propósito inicial de la revista Eco, al que habían sido fieles a pesar de las críticas por dirigir precisamente la mirada hacia otro lugar del mundo y no al propio. Estando Ernesto Volkening al frente, efectúo una suerte de recuperación tanto del ensayo como de los textos extranjeros o de carácter universal, incluso tratando temas locales y otorgó particular atención a la novela latinoamericana, esto gracias a la cosecha que arrojó el Boom. Entre noviembre de 1964 y marzo de 1965, desde España, José María Castellet, crítico literario, ensayista y editor catalán, compartió con Valencia Goelkel la redacción de Eco durante cinco números. Por esa época la revista recibió el apoyo de la editorial española Seix-Barral. J. G. Cobo Borda reforzó la promoción de la novela y la poesía de América Latina con la publicación de textos originales y estudios críticos.
En 1976 se suspende la publicación por razones económicas; para rehabilitarla, Cobo Borda buscó la manera de publicar en Colcultura una antología que estuvo a cargo de Álvaro Rodríguez y que recogió los mejores ensayos de autores colombianos que habían aparecido en la revista. “Esta antología puso en perspectiva la importancia de esta revista en el ámbito nacional en particular y latinoamericano en general. Cabe anotar que esta obra incluye además un índice general que abarca desde el No. 1 hasta el No. 182, el cual constituye un valioso material de consulta”. La publicación se reanuda en enero de 1977 y continúa hasta junio de 1984.
Diseño Cuando apareció Eco era una revista de 112 páginas, “sobria en su diseño y pequeña de tamaño, […] generosa en contenido”, sin imágenes en sus páginas interiores, únicamente en la portada, que mantenía la misma presentación y caja tipográfica para todos los artículos: “primero el nombre del autor pequeño en versalitas y tres espacios más abajo el nombre del artículo en itálicas y capitales; luego el texto, solo el texto, nada más, el lector quedaba a solas con las palabras”.
El fondo monocromático de la carátula que era al mismo tiempo la portada de la revista, ilustrada generalmente con un grabado (en ocasiones una fotografía) dentro de un recuadro y en blanco y negro o un solo tono se estableció luego de los primeros números que tuvieron un gouache de Antonio Lago Rivera de coloración bermeja y otro gouache de José Guerrero de tonalidad cerúlea. El diseño monocromo predominante cambió para el monográfico de Hölderlin (con un grabado que retrataba al poeta), los números 186 (con un grabado de Juan Antonio Roda), 187 (con un grabado de Richard Lindner), 188 (con un dibujo de Leonel Góngora), 189 (con una fotografía de Hesse como homenaje al centenario de su natalicio), 190 (con un óleo de Guillermo Wiedemann) y 191 (con un grabado de Karl Hofer), cuando la ilustración ocupó toda la carátula. En los números 171 (con un grabado de Alberto Carneiro) y 270 (con un grabado no identificado) el recuadro tuvo una mayor importancia de la habitual. Las carátulas de los números 183, 184 y 185 fueron impresas en vivos colores con un grabado del que “representa a la filosofía”, igual fueron coloridos los números 227 y 229. Para el triple número 224-226 de 1980 que celebraba los 20 años de la revista (diseño de David Consuegra) y el 228 (con un collage de Max Ernst no identificado) se incluyeron imágenes que podían apreciarse desplegando la cubierta de la revista. La carátula del número 116 es plateada con una imagen no identificada y en el número 135 la que aparece plateada es la silueta de Proust. Una imagen basada en un grabado de Baumeister en tono carmesí cubre el número 166. El número 12 presentaba un llamativo fondo rojo con letras negras y una línea horizontal blanca. El número 100 fue como el negativo de aquel: de fondo negro y letras rojas y blancas y con un dibujo de Paul Klee. Los números 200 y 250 únicamente tenían texto; también el número 175 (en el que se cumplían 15 años de la revista) pero era menos desnudo: un juego de negro y rojo en las letras y un marco igualmente negro con una trama abierta de color rojo que adquiría una tonalidad rosácea la vestían.
La revista Eco se imprimía primero en Litografía Arco y luego en Editorial ABC. La contraportada era destinada a la publicidad: la mayoría de veces de la Librería Galería Buchholz, también se anunciaban distintas revistas, tanto europeas como latinoamericanas y eventualmente el Goethe Institut. En el ámbito comercial aparecían las “empresas colombianas vinculadas a la cultura”: Emisora HJCK, Seguros Bolívar, Carvajal & Cía. y Bavaria.
Línea editorial
“Eco de Occidente”