La Campaña de Fe (en árabe: الحملة الايمانية) fue una campaña llevada a cabo por el Partido Baaz Árabe Socialista en Irak en 1993 con la intención de establecer una agenda donde primaran los valores conservadores e islámicos en la sociedad. Esta introdujo una serie de políticas que tuvieron un impacto en los modos de vida de la sociedad, especialmente en la educación y ocio, donde se incrementaron los estudios religiosos y aumentaron las restricciones en los espacios públicos, tales como el cierre de bares o clubes nocturnos.Baran, Amatzia (2011). From Militant Secularism to Islamism: The Iraqi Ba’th Regime 1968-2003 Woodrow Wilson International Center for Scholars. US. p. 10.

Dicha campaña fue supervisada en gran medida por Izzat Ibrahim al-Douri, líder de la orden sufí de Naqshbandiyaa y tras la invasión a Irak hasta su muerte, pasó a ser uno de los principales figuras de la insurgencia, liderando el Ejército de los Hombres de la Orden de Naqshbandiyya y posteriormente, tras la muerte de Sadam Huseín, el liderazgo del partido Baaz.

Antecedentes

Crisis de legitimidad política en el sistema político de Irak La crisis de legitimidad política tiene sus raíces en la misma creación del Estado de Irak, terminándose de erosionar en su totalidad con el régimen de Sadam Huseín. Los patrones de legitimación política tradicionales en Irak han ido ligados a cualidades hereditarias y de conocimientos religiosos muy propios del chiismo y del sufismo islámico. A su vez, hay que resaltar el tribalismo y la capacidad de liderazgo de quien reclama la autoridad política.

Estas tradiciones amodernas propias de la autoridad y legitimación islámica se vieron afectadas por los cambios ocurridos tras la muerte del Rey Fáysal I de Irak. El desarrollo socioeconómico generó una dislocación social, activando así el clivaje rural-urbano y un cambio en las relaciones de poder en la sociedad iraquí. Las zonas urbanas, en su mayoría pobladas por suníes, se vieron afectadas por la emigración de chiíes rurales, en busca de una mejora social.

El legado islámico fue reemplazado por la campaña secular del partido Baaz donde se inhabilitó y devaluó el poder de los ulemas y ayatolás en el país, obstaculizándolo del poder político.Ibid. p. 106 A medida que pasaba el tiempo, el sistema político se fue construyendo con el objetivo de dominar la esfera política y pública en su totalidad. El régimen de Sadam combinó el autoritarismo y el tribalismo regido por una economía rentista proveniente del petróleo que tenía capacidad de cooptar a la oposición política. Esta estrategia funcionó para cooptar a la sociedad y el régimen descansaba en gran medida en la legitimidad específica durante un periodo de años, donde el Estado era garante de servicios sociales y progreso económico, propia de Estados petrolíferos.

El plan de estabilidad política en la sociedad lo proporcionaba el gobierno. No obstante, con las dos guerras y las sanciones implementadas a Irak por la invasión de Kuwait se generó una crisis económica, que a su vez degeneró en una economía no diversificada con dificultades de adaptación. La estabilidad pasó a ir de la mano de un incremento de la represión y de la corrupción.Ibid. p. 11

Los impactos de la guerra crearon una generación propia de ciudadanos, sin recursos económicos y falta de oportunidades donde gran parte de esta generación joven vio refugio en la religión.Ibid. p. 10 Esta situación, a la larga, provocó un estímulo para los movimientos sociales religiosos como contraposición al régimen. Al romper con los esquemas del estatus social que imperaban en la sociedad iraquí, el partido Baath fue desgastándose y considerándose como antirreligioso. Por ello, a falta de legitimidad específica, el régimen intentó refugiarse en el islam político, lanzando la campaña de fe de 1993.

La política de purgas hacia los religiosos y las condenaciones públicas de Sadam hacían que su posición de poder quedara deslegitimada a medida que pasaba el tiempo y se iban sumiendo en diferentes crisis. Bajo este contexto social y de decadencia política del Baaz, se desarrollaría el movimiento chií, clave en el activismo político liderado por el Muhammad Baqir al-Sadr.

Movilización chií en Irak

Movimiento emergente durante 1950-1960 La población chií en Irak ha sido tratada como a un grupo mayoritario desaventajado, excluido del poder político, social y económico frente a otros grupos sociales. En este periodo de deterioro de los años cincuenta, los ulemas iraquíes empezaron a lanzar el dawwa, invitación religiosa a la causa islámica con una intención política desde la ciudad de Najaf.Ibid. p. 108 El precursor de la invitación fue un joven ulema, futuro ayatolá, Sayyid Muhammad Baqir al-Sadr, para reconciliar el islam con la actualidad del Irak por aquel entonces.

En sus escritos más famosos, Islam Political System, Falsafatuna y Iqtisaduna, exponía la importancia de que los musulmanes reafirmaran su identidad intelectual y la necesidad de realizar un ijtihad de manera certera, donde se pudiera armonizar la fe con el método científico.

El movimiento adoptó una actitud pasiva durante los sesenta hasta el año 1979. Hasta entonces, el movimiento había emergido con intención de expandirse más allá de Najaf. Bajo al-Sadr, los estudios, discusiones y las interpretaciones del Corán se intensificaron en torno a cuestiones sobre los avances científicos, el rol de la mujer y sobre todo, acerca del rol del gobierno sin legitimidad Islámica. Se comenzó a movilizar nuevos seguidores más allá de Najaf, penetrando en otras ciudades, colegios, mezquitas y familias, creando una cadena de conexiones.

El incremento de los miembros en zonas urbanas significó la posibilidad de crear una oposición al régimen. Y así fue, aprovecharon la apertura del régimen de Qasim para constituir dos partidos, uno clandestino el Hizb al-Da’wa y uno legal, el Partido Islámico Dawa.

El movimiento en estas fechas puede calificarse de pasivo y de adoctrinamiento, donde frente a los cambios seculares del sistema político lo primordial era inculcar la convicción de instaurar un sistema político de corte islámica.Ibid. p. 109 El estudio y la preparación de una base social fue clave para dar el salto a un activismo en 1979; año en el dual, gracias a los acontecimientos sucedidos en la región y al propio desgaste del partido Baaz, se propició tal oportunidad.

Activismo político post 1979 El Baaz aceleró la persecución hacia los islamistas debido a la polarización religiosa en la región como consecuencia de la Revolución de Irán. En 1978, el gobierno iraquí trató de que la ideología Baaz fuera la doctrina mayoritaria, donde la ideología se estudiaba en todos los centros educativos con intención de frenar el analfabetismo. Las familias religiosas objectoras frente a tal decisión eran castigates severamente, ya que la oposición al partido Baaz suponía la cárcel. Este mecanismo de control de la sociedad es propio de los sistemas políticos de partido único. La pertenencia al partido Baaz proporcionaba movilidad social y oportunidad económica debido al control férreo del régimen en la sociedad.

Un acontecimiento clave para comprender las fisuras ideológicas del partido Baaz fue el ataque y represión a los 30.000 chiíes que se disponían a peregrinar desde Najaf hacia Kerbala para honorificar al mártir Imman Hussein.Ibid. p. 121 En el ataque en Najaf, denominado como la Safar Intifada, 16 personas murieron y 2,000 fueron arrestadas. El liderazgo de los ulemas en Irak era real y el gobierno empezó a hacer purgas internas con la intención de unir al partido frente al incremento islámico.

Varios eventos seguidos hicieron que al-Sadr cambiara de estrategia y propusiera un activismo revolucionario. En 1979, la reconciliación entre el islam y el partido Baaz se diluyó como consecuencia al arresto de al-Sadr, las represiones que se llevaron a cabo y sobre todo por el éxito de la Revolución Islámica de Irán.Ibid. p. 115 Desde su arresto domiciliario, al-Sadr y los líderes del movimiento decidieron pasar a una forma de protesta violenta, con el reflejo de la revolución iraní como espejo.

El cambio hacia un activismo más violento se daba bajo el argumento de protegerse de un gobierno ilegítimo, antiislámico, que usaba su fuerza contra ellos. La polarización de la religión y el partido Baaz se había consolidado. La movilización resultaba fácil, y los jóvenes veían en el movimiento islámico un cambio posible tras ver el éxito de la revolución en Irán. Sadam se esperaba una guerra sencilla y rápida contra un supuesto régimen débil que demostró perdurar. Jomeiní presionó a Irak y movilizó a la población chií para derrocar a un régimen dictatorial.

Cambio de estrategia en el Partido Baaz: El Congreso Regional del Partido de 1982 La política de Sadam Huseín seguía la lógica del Partido Baaz, donde la religión permanecía separada del Estado, comprometidos con el panarabismo y la construcción nacional. No obstante, no fue hasta 1977 cuando Sadam apostó firmemente por el secularismo como ideología para unir al Partido y enfrentarse al islam. Ese mismo año, se dieron una serie de manifestaciones chiís en Kerbala y Najaf, donde se reprimió severamente a los presentes. Este evento pudo haber marcado el fin de una unión del Partido y la separación sectaria de sus miembros ya que se había reprimido a la comunidad chií que representaba a más de la mitad de la población y se temía que un cambio de régimen fuera reprimido. No obstante, el partido se mantuvo unido debido a la alta institucionalización y control de la formación sobre el Estado.

No fue hasta 1982 cuando se empezó a tratar el componente religioso en la sociedad iraqí. En el Congreso Regional del Partido se discutió el fenómeno religioso que imperaba en la sociedad.Ibid. p. 5 El islam se había consolidado como arma de movilización política tras los acontecimientos. En la reunión del Liderazgo Pan-árabe, la institución ideológica más importante del Baaz, donde se sugiere una paz con los Hermanos Musulmanes de Egipto y Sudán con la intención de lavar la imagen de Sadam de cara al exterior en su guerra contra el islam de Jomeiní de 1986.Ibid. p. 8 La guerra contra Irán se llevó a cabo con la intención de obstaculizar y derrotar la mobilización chií en Irak, así como contrarrestar el poder ideológico de Jomeiní en la región. En los planes de Sadam la guerra iba a ser corta debido a la presunción de debilidad iraní por la revolución. No obstante, la guerra fue larga y dura. A medida que se prolongaba la guerra, Jomeiní acusaba a Sadam de ser enemigo del islam, deslegitimandolo ante los ojos de gran parte de su población. El desarrollo de la guerra confirmó la efectividad movilizadora de la instrumentalización del islam. Significó la aceptación del islam y el inicio de un cambio en la política doméstica, tanto ideológicamente como en términos de identidad del partido. Por ello, se necesitaba apelar al islam como apego, frente al incremento del chiismo dentro de Irak como contrapeso ideológico.