Las mujeres en la Revolución Francesa participaron en los acontecimientos sociales y políticos de su propia iniciativa, teniendo un papel activo en eventos revolucionarios como la Jornada de las Tejas en 1788, el asunto Réveillon y la Marcha de las mujeres hacia Versalles en 1789, y participan de manera oficiosa en la vida política a través de los clubes patrióticos femeninos que existieron en todo el país hasta 1793. Si bien la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 no trate de la condición de la mujer, la Constitución de 1791 define el acceso a la mayoría civil de la misma manera para hombres y mujeres, y autoriza a las mujeres a testificar y a contratar obligaciones. La ley de septiembre de 1792 autoriza el divorcio estableciendo la igualdad de derechos entre hombre y mujer, aunque el derecho civil mantuviera la autoridad marital. En 1793 adquieren el derecho de voto a partir de los 21 años en las asambleas comunales para el reparto de los bienes comunales.

A pesar de unos tímidos avances, el nuevo régimen político y democrático definido en 1792 por la República francesa representa un importante avance para los hombres, pero sigue manteniendo a las mujeres en una situación marginal y las excluye del derecho de voto en las elecciones políticas.

Los diferentes tipos de mujeres en 1789 La mujer "clásica" vista por sus contemporáneos. En 1789, durante la elaboración de los derechos del hombre, la cuestión de la mujer no fue abordada por la Asamblea constituyente. Las mujeres quedaron expulsadas y les estaba prohibido participar en los asuntos públicos. Debían mantenerse en la esfera privada.

Numerosos filósofos, médicos, escritores han cruzado sus enfoques para describir la feminidad. Los términos que resaltan son : "constitución delicada", "ternura excesiva", "razón limitada", "nervios frágiles". Se consideraba probada la inferioridad de la mujer intelectual y psicológicamente.

Las mujeres no son consideradas como verdaderos individuos para los hombres del 1789. Deben contentarse con una actividad doméstica al margen de la sociedad civil. Son pues consideradas como madres o domésticas, lejos de las funciones sociales políticas que algunas desean. La mujer está restringida a la esfera familiar y caracterizada por ella, pierde todas sus características.

La mujer republicana El modelo republicano de mujer es principalmente el del amante. Cuidando a sus nietos para que se conviertan en buenos Campesinos, permite reforzar "el orden civil" en el cual vive. Está pues ausente de la escena política pero asume cierta responsabilidad en cuanto a la hora de tener hijos

Tiene además otro papel más secundario. Está encargada de velar a los muertos que son los valores que han permitido a la nación ganar la revolución. Sin ellas, la república no puede sobrevivir.

Su rol se resume pues a un combate público y político.

La mujer tiene como misión, "destruir" la ciudad, rezando y arrepintiéndose de los pecados cometidos por la comunidad, ante Dios, como dice el Salmo 2:8 “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” De esta manera purifica la conducta de los hombres y salva sus almas. Su papel es pues un rol privado que se basa en la espiritualidad.

Las mujeres son

importantes para los hombres .

La mujer militante La militante femenina "tipo" tiene, sea menos de treinta años, sea, al contrario, más de cincuenta, en contraposición al hombre militante "tipo" que es mayor de aproximadamente cuarenta años. Ello se explica por el reparto de las tareas en el seno de la familia.

En efecto, una mujer entre treinta y cincuenta años tiene obligaciones. Tiene que educar a sus hijos, lo que no le deja mucho tiempo para las prácticas revolucionarias.

La mujer militante es ante todo parisina y pertenece a la clase popular.

Efectivamente, en el campo hay pocas movilizaciones y las que se producen son menos espectaculares que en París. Cuando las mujeres que viven en el campo quieren participar en la revolución tienen tendencia a enviar donativos o a comprar un fusil para la guardia nacional. Las mujeres de clase social elevada mantienen salones privados o públicos que son lugares de intercambios políticos entre ambos sexos. Los hombres políticos, no compartiendo los mismos convencimientos, pueden pues intercambiar sus puntos de vista con toda normalidad. Antes del conflicto que enfrentó a los girondinos y los montañeros, Robespierre, por ejemplo, asistía a menudo al salón de Madame Roland apodada "la musa de los girondinos". Fue muy importante la Revolución de las mujeres para la restauración.

Las mujeres y la política Inicios de las Revueltas Durante la Revolución, se vivió un clima de igualdad en el que ciertas mujeres probaron ser igual a los hombres. Participan en las acciones colectivas y salen a la calle. Pero en cuanto se consolidó la Revolución sus aportaciones fueron mayoritariamente relegadas y volvieron a ejercer sus roles clásicos en la sociedad patriarcal de la época.

Las mujeres marcaron su presencia y la importancia de su papel desde 1788. En 1788, en Grenoble, tiene lugar la Jornada de las Tejas. La población toma las armas para impedir la salida de los parlamentarios pretendida por el Rey empujando a los regimientos reales a ocupar la ciudad. Los testigos muestran su sorpresa por la energía que las mujeres despliegan y la determinación de la que hacen prueba. Colocan vehículos en medio de las calles y rodean a los magistrados secuestrándolos toda una noche.

El 5 de octubre de 1789, son las primeras en ir a Versalles, símbolo de la monarquía absoluta, para traer a la fuerza al Rey Luis XVI y su mujer María Antonieta a París. La guardia republicana, compuesta exclusivamente por hombres, no reacciona hasta la tarde. Pero esta Revolución rechaza a las mujeres a pesar de que juegan un papel clave durante los alzamientos. Este rechazo se explica por el hecho que no están ni entre el pueblo armado, es decir la guardia nacional, ni en el pueblo que delibera, es decir la asamblea fraccionaria. Pero también por el hecho de que en cuanto las asociaciones revolucionarias dirigen los acontecimientos, son excluidas.

El 1.º de abril de 1789, inician igualmente las protestas violentas en Sarthe por la falta de grano. Un mariscal declara " Sin las mujeres, creo que hubiéramos podido hacer entrar en razón a los hombres; (...) han gritado y pasado a pesar de nuestras amenazas, y han reclamado a los hombres que las secundaran".

En la primavera de 1795, el alzamiento comienza por las manifestaciones de las mujeres. Tocan el tambor y animan en sus movimientos a la gente reticente. Se burlan de las autoridades que escriben que éstas juegan « un papel cizañero », ya que son elegidas por los hombres a quienes después ceden el lugar.

En mayo de 1795, un policía anota : "son principalmente las mujeres quienes agitan, quienes transmiten todo su frenesí en el espíritu de los hombres, los calientan por sus propósitos sediciosos, y excitan la más violenta efervescencia." Este informe demuestra que las mujeres juegan un papel no despreciable en la revolución y que son el motor de los alzamientos. Pero, aunque el 20 de mayo está caracterizado por la intervención de las mujeres, están ausentes de los movimientos el 21. Efectivamente, están en la obligación de diluirse en beneficio de la asamblea fraccional y de la guardia nacional, y están obligadas a abandonar la vanguardia de la escena.

En 1789, 1793, 1795, las mujeres toman las calles y forman grupos de manifestantes. (El 23 de mayo de 1795 los diputados prohíben reunirse a más de cinco personas). Las mujeres hacen un llamamiento a los hombres a la acción, saben que éstos van a seguirlas. Antes de la insurrección de mayo y junio de 1793, un diputado declara « las mujeres iniciarán el movimiento (…) los hombres vendrán a respaldarlas.» Este movimiento no se produce pero demuestra el papel jugado por las mujeres. Pero el papel de la mujer no se reduce al fracaso insurreccional, la mujer desea dar a su acción, a su pensamiento, un sentido nacional.

Excluidas de la asamblea y de las organizaciones revolucionarias, las contrarrestan Las mujeres quedan, en la época, completamente excluidas de las asambleas políticas. Lo que no les impide participar en las tribunas abiertas al público donde están en superioridad numérica y donde se les reprocha su impulso en la participación de las asambleas. Gritan, aplauden, lo que enturbia bien a menudo los debates e influye en los legisladores.

Su presencia en las tribunas demuestra que se inmiscuyen de manera concreta en la vida política. Efectivamente, aunque no forman parte de la asamblea y por tanto de los legisladores, ejercen una parte de la soberanía ya que influyen en los electos ocupando un lugar en la tribuna política. A las mujeres que ocupan la tribuna se las denomina "las tejedoras". Este término era, bajo el antiguo régimen, considerado como una injuria. Hacía referencia a una posición social miserable y poco envidiable. A partir del año II, es decir 1793, se nombrará así a las mujeres que quieren participar en la política de la nación. Pero este término pierde su connotación peyorativa ya que estas mujeres que quizás tejieran en las tribunas no seguían con menos atención los debates.

Excluidas de las organizaciones revolucionarias, se reagrupan en clubes, en aproximadamente 30 ciudades. En las sesiones que mantienen, leen las leyes así como los periódicos y animan discusiones en torno a los problemas políticos locales o nacionales. Atienden igualmente tareas filantrópicas y defienden la iglesia constitucional a través de sus conciudadanas. A partir de 1791 estos clubes se democratizan y las mujeres toman una parte activa de la vida política de sus regiones al lado de los jacobinos.

En París, dos clubes se suceden. El primero se denomina Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad y está activo de 1791 a 1792. El club fue fundado por Etta Palm d'Aelders, se interesó por la educación de las niñas pobres y reclamó el derecho al divorcio así como de los derechos políticos para las mujeres. Después se creó el Club de las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias que funcionó del 10 de mayo al 30 de octubre de 1793. Este club estaba compuesto por militantes populares: comerciantes, modistas y obreras. Es cercano al movimiento de los sans-culottes e interviene en el conflicto Gironda-Montaña así como en el debate político del verano de 1793. Los clubes femeninos se prohíben el 30 de octubre de 1793.

Las mujeres quieren la soberanía y lo hacen sentir Las mujeres, sea cual sea el país atravesado por la Revolución, dan sus puntos de vista sobre el desarrollo de los acontecimientos pero sus modos de manifestarlo difieren según los países.

En Francia, las mujeres que desean expresarse tienen la posibilidad de hacerlo públicamente y no están en la obligación de restringirse al círculo privado, la expresión puede tener lugar en un círculo abierto.