El golpe de Estado sirio de 1966 tuvo lugar entre el 21 y 23 de febrero de ese año y acabó con el derrocamiento del Gobierno de la República Árabe Siria en el país. La jefatura nacional del Partido Baaz Árabe Socialista fue apartada del poder por la unión del comité militar del partido y la jefatura regional, alianza que encabezó Salah Jadid.
El golpe se desencadenó por la disputa por el poder entre la vieja guardia del partido, representada por Michel Aflaq, Salah Bitar, y Munif al-Razzaz, y las fracciones más jóvenes que sostenían una posición neobaazista. El 21 de febrero, seguidores de la vieja guardia en el Ejército ordenaron el traslado de sus rivales. Dos días más tarde, el comité militar, que respaldaba a las fracciones más jóvenes, realizó un golpe durante el que se libraron combates en Alepo, Damasco, Deir ez-Zor, y Latakia. A raíz del golpe, los fundadores del partido abandonaron el país y pasaron el resto de sus vidas en el exilio.
El gobierno de Jadid fue el más radical de la historia siria. El golpe determinó la ruptura entre las agrupaciones regionales siria e iraquí del Partido Baaz y también entre sus direcciones nacionales, lo que suscitó a su vez que muchos de los baasistas veteranos de Siria pasasen a Irak. Como consecuencia del golpe, durante el gobierno de Jadid, Siria emprendió una campaña de propaganda contra los baasistas iraquíes. El Gobierno de Jadid fue derrocado por el Movimiento Correctivo en 1970, que entregó el poder a Háfez al-Ásad.
Antecedentes
Consolidación de poder Después de tomar poder en el golpe de Estado de 1963, llamado oficialmente Revolución del 8 de Marzo, se desató una disputa por el poder entre los nasseristas del Consejo Nacional de la Dirección Revolucionaria y el Partido Baaz. Los primeros trataban de restablecer la República Árabe Unida —la anterior federación de Egipto y Siria que había existido entre 1958 y 1961— según los planes de Gamal Abdel Nasser; los baasistas, por su parte, eran escépticos sobre la conveniencia de establecer una nueva unión con Nasser, y preferían una federación laxa que permitiese al partido gobernar Siria sin intromisiones. Los nasseristas organizaron grandes manifestaciones callejeras en favor de la unión. El Partido Baaz tardó en reaccionar, ya que la mayoría de los nacionalistas árabes sirios no erab seguidores del baasismo, sino del nasserismo y de Nasser en general.
En vez de tratar de ganarse las simpatías de la población, los baasistas se centraron en estrechar el control del Ejército sirio. Se purgó a varios centenares de nasseristas y conservadores, y los mandos principales quedaron copados por baasistas. La mayoría de los nuevos oficiales baasistas provenían del campo o de las clases más desfavorecidas. Estos sustituyeron al anterior cuerpo de oficiales, formado principalmente por elementos de las clases medias y altas suníes de las ciudades; el nuevo cuerpo de oficiales de origen rural se organizó en grupos de familiares en torno a los oficiales más carismáticos. Este cambio debilitó el anterior dominio suní de las Fuerzas Armadas.
El coste de sofocar las protestas fue la pérdida de legitimidad, y el surgimiento de Amin al-Hafiz, el primer caudillo militar baasista. La casta tradicional constituida por las clases altas, que había perdido el poder por la acción de los baasistas, se sintió amenazada además por las medidas socialistas de estos. Por su parte, la Hermandad Musulmana de Siria, tradicional rival de la agrupación regional siria, se sentía acosada por la naturaleza secular del partido. Asimismo, Akram al-Hawrani y sus seguidores y el Partido Comunista Sirio rechazaban el sistema de partido único que estaba implantando el Baaz.
La mayoría de los musulmanes suníes eran nacionalistas árabes, pero no baasistas, por lo que quedaron descontentos. El partido estaba dominado principalmente por las minorías: alauitas, drusos e islailíes, y gentes del campo en general; esto creó un conflicto urbano-rural que se basaba fundamentalmente en diferencias culturales. El poder del Partido Baaz estaba amenazado por el sentimiento urbano hostil al partido: así, la razón más probable por la que los baasistas lograron conservar el poder fue la fragmentación y desorganización de la oposición.
Conflicto con los aflaquistas La unidad interna se había quebrado tras el golpe de 1963: Michel Aflaq, Salah Bitar y sus seguidores quisieron poner en práctica el programa clásico baasista, que incluía la unión laxa con el Egipto de Nasser, un socialismo moderado, y una dictadura de partido único que, sin embargo, respetase los derechos individuales, incluidas la libertad de expresión y de pensamiento. Pero los aflaquistas pronto perdieron influencia: en el VI Congreso Nacional del Partido Baaz, el comité militar y sus partidarios establecieron un nuevo modelo de baasismo, muy influenciado por el marxismo-leninismo. Este hacía hincapié en la necesidad de llevar a cabo la «revolución en un país» en vez de dedicarse a alcanzar la unidad del mundo árabe. Además, el congreso del partido aprobó una moción en favor de la realización de la revolución socialista en Siria. Según esta variante de socialismo, la economía quedaría sometida a la planificación estatal y sus partes cruciales y el comercio exterior serían nacionalizados. Los delegados creían que estas medidas acabarían con la explotación laboral, que el capitalismo desaparecería, y que en el campo sus planes entregarían la tierra a los que la trabajaban. Aun así, la iniciativa privada todavía existiría en el comercio minorista, la construcción, el turismo y en la pequeña industria en general. Estos cambios y otros transformaron el Partido Baaz en una formación leninista.
Tras los disturbios de Hama de 1964, que también tuvieron lugar en otras ciudades, los radicales perdieron fuerza y la recuperaron brevemente los aflaquistas. Bitar formó un nuevo Gobierno que detuvo el proceso de nacionalizaciones y reforzó el respeto a los derechos civiles y a la propiedad privada. Aun así, estos cambios de política no obtuvieron el favor suficiente entre la población, que siguió oponiéndose mayoritariamente al gobierno baasista. Las clases altas continuaron retirando sus inversiones y sacando su capital del país clandestinamente: el único remedio aparente a esta tendencia parecía la reanudación de las nacionalizaciones. La corriente izquierdista del partido sostenía que nunca se obtendría el respaldo de la burguesía salvo que se le devolviese el control total de la economía, que ya había detentado anteriormente. Esta disputa por el poder entre los aflaquistas moderados, que dominaban la dirección nacional del Partido Baaz, y los radicales que controlaban la dirección regional siria del partido, fue la que originó el golpe de Estado de 1966.
Disputa por el poder Antes del aplastamiento de los disturbios de 1964, estalló una lucha por el poder en el seno del comité militar entre el ministro de Defensa, Muhammad Umran, y Salah Jadid. Umran, el miembro principal del comité, deseaba reconciliarse con los manifestantes y poner fin al enfrentamiento con la clase media, mientras que Jadid creía que la solución para salvar la Revolución del 8 de Marzo era el empleo de la coacción y la represión de los manifestantes. Esta fue la primera desavenencia que surgió en el comité militar, que resultó luego decisiva. Con el beneplácito de Háfez al-Ásad, el comité militar desató un violento ataque contra los manifestantes. Esta decisión causó la caída de Umran. Este reaccionó revelando el plan del comité militar para hacerse con el control del partido a la dirección nacional. Cuando Aflaq, el secretario general de esta, recibió esta información ordenó la disolución de la dirección regional siria. Pero tuvo que rescindir la orden por la vehemente protesta de los militantes del partido. Cuando un veterano baasista le preguntó con sorna de qué influencia gozaba aún el partido en el gobierno, Aflaq le respondió que «aproximadamente una milésima del uno por ciento». Las revelaciones de Umran a la dirección nacional determinaron que partiese al exilio y, dada la impotencia de la dirección nacional, el comité militar, mediante su control de la dirección regional siria, emprendió el ataque a la burguesía y puso en marcha un plan de nacionalizaciones que extendió el control del Estado a las plantas de generación de electricidad, a la distribución de petróleo, al proceso de desmotar el algodón, y en torno al setenta por ciento del comercio exterior.
Tras la caída de Umran, continuó la disputa por el control del partido entre la dirección nacional y el comité militar. Aunque la dirección invocó el reglamento del partido para oponerse al comité militar, desde el principio de la disputa fue palmario que la iniciativa la llevaba este. El motivo del éxito del comité militar fue su alianza con los regionalistas, un grupo de agrupaciones que habían desobedecido la orden de Aflaq de 1958 de disolver la agrupación regional siria. Los regionalistas detestaban a Aflaq y se oponían a que se mantuviese al frente del partido. Assad los llamó las «verdaderas células del partido».
La lucha por el poder entre el comité militar y los regionalistas por un lado y la dirección nacional por el otro se disputó en el seno del partido. Los primeros lograron revertir la situación en este. En el II Congreso Regional (celebrado en marzo de 1965) se aprobó que el secretario regional de la dirección fuese jefe del Estado y que la dirección regional designase al primer ministro, al gabinete, al jefe del Estado Mayor y a los principales jefes militares. Este cambio redujo los poderes de la dirección nacional, que a partir de entonces tuvo escasa influencia en los asuntos internos sirios. En el VIII Congreso Nacional (abril de 1965) Aflaq había planeado atacar al comité militar y a los regionalistas, pero compañeros de la dirección nacional le convencieron para desistir, entre ellos el libanés, Jibran Majdalani, y el saudí, Ali Ghannam, porque temían que pudiese desencadenar el apartamiento de la dirección civil del partido, como había ocurrido en la agrupación regional iraquí. Debido a esta decisión, Aflaq perdió la Secretaría General y la obtuvo Munif al-Razzaz. Al-Razzaz era un jordano nacido en Siria que no estaba suficientemente avezado en los entresijos del partido como para resolver la crisis, aunque durante su mandato hubo varias reuniones entre las direcciones nacional y regional. Poco después de que Aflaq perdiese su cargo, Hafiz, el secretario de la dirección regional, pasó a apoyar a dirección nacional. Aunque este era de iure el principal dirigente de Siria (era secretario de la dirección regional, presidente del Consejo Presidencial, primer ministro y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas), en realidad era su vicesecretario, Jadid, el que detentaba el poder.
El golpe En noviembre de 1965, la dirección nacional emitió una resolución en la que prohibía a la regional traslados o expulsiones de oficiales sin su consentimiento. Al enterarse de la resolución, Jadid se rebeló inmediatamente, y ordenó al coronel Mustafa Tlas que arrestase al jefe de la guarnición de Homs y a su lugarteniente, los dos fieles a la dirección nacional. Al-Razzaz reaccionó convocando una sesión urgente de la dirección nacional, en la que se decretó la disolución de la dirección regional se que nombró a Bitar primer ministro. Hafiz pasó a presidir un nuevo Consejo Presidencial con Shibli al-Aysami como ayudante. Umran volvió del exilio, recuperó la cartera de Defensa y fue nombrado nuevamente comandante en jefe de las Fuerzas Armadas; Mansur al-Atrash obtuvo la presidencia del nuevo Consejo Nacional Revolucionario. Jadid y sus seguidores se enfrentaron a la dirección nacional. Assad, que no tenía ninguna simpatía por los aflaquistas, rehusó emplear la fuerza. Ante el inminente golpe, Assad, Naji Jamil, Husayn Mulhim y Yusuf Sayigh partieron a Londres.