La cámara de eco o cámara de resonancia mediática, es un fenómeno en medios de comunicación y redes sociales en el que los participantes tienden a encontrar ideas que amplifican y refuerzan sus propias creencias. El fenómeno de cámara de eco implica el consumo de medios sesgados dentro de un sistema cerrado, sin embargo, una cámara de eco también se refiere a interactuar en redes sociales principalmente con personas que comparten las mismas creencias. En redes sociales, una cámara de eco puede resultar por la burbuja de filtros en el que los algoritmos de Internet seleccionan el contenido que al usuario les interesa. El fenómeno cámara de eco es asociado con polarización y extremismo político y social, así como también un estado de aislamiento intelectual.

Concepto Metafóricamente, esta expresión hace referencia a la cámara de eco acústica, un recinto hueco donde se produce la reverberación de los sonidos y donde sólo se oye la propia voz que topa en las paredes. Este es el mismo efecto que se produce en los medios y las redes, donde los usuarios únicamente visualizan o leen el contenido que reafirma sus propias ideologías y creencias, aislados de una información de carácter general o de opiniones contrarias a las suyas.

Así pues, en la actualidad, una misma página de noticias puede ofrecer a cada individuo contenido personalizado acorde a sus preferencias, haciendo que cada uno se cierre en su cámara de eco.

Cómo funciona

Observadores del periodismo en medios de comunicación masivos describen el efecto de cámara de eco en el discurso de los medios. Un proveedor de información emite una afirmación, que mucha gente de pensamientos similares repite, escucha a la pasada y luego repite otra vez (generalmente de una forma exagerada o distorsionada) hasta que más gente asume que una variación extrema de la historia es verdadera sin crear contraste de ideas

Los participantes de comunidades en línea pueden hallar sus opiniones constantemente repetidas y devueltas hacia ellos, lo cual refuerza sus sistemas individuales de creencias. Esto puede crear barreras para el discurso crítico en un medio en línea. Debido a que se forman amistades y comunidades con gente de pensamiento similar, este efecto también ocurre en la vida real. El efecto de la cámara de eco puede prevenir a individuos de notar cambios en el lenguaje y la cultura que involucren a grupos ajenos a ellos mismos. En cualquier caso, la cámara de eco refuerza la vista actual del mundo de cada uno, haciéndola aparecer más correcta y universalmente aceptada que como realmente es. Otro término emergente para este efecto homogeneizante de eco en Internet sobre las comunidades sociales es tribalismo cultural.

Es entonces que, cuando las personas que forman parte de una cámara de eco se enfrentan a opiniones e ideas diferentes a las suyas, la emoción que domina su conducta es la ira y la agresividad. Los usuarios estaban inmersos en su "zona de confort" donde podían reforzar sus propios pensamientos, aumentando así su autoestima.

Polarización afectiva Se entiende como la hostilidad existente entre dos grupos de personas que tienen posicionamientos políticos u orígenes distintos, así como también ideales religiosos, educativos o económicos opuestos. Este hecho puede acabar creando cámaras de eco, las cuales fomentan una exposición a la información sesgada, lo que hace que aumente la hostilidad entre ambos grupos.

Causas

Homofilia Según afirma Liliana Arroyo, doctora en sociología y docente de la UB, la tendencia por naturaleza humana es «relacionarnos con los que son similares a nosotros». Por contra, el diálogo entre personas de posiciones opuestas es más costoso; «es más agradable hablar de lo que piensas y sientes con gente que no te está juzgando desde el otro lado». La gente que piensa y vive de forma diferente evita relacionarse, tal y como constatan los estudios en sociología y política.

Esta idea de homofilia, es decir, de relacionarse con las personas que tienen intereses, creencias, edad, o pertenecen a una clase social similares a los nuestros, se traslada a Internet de la misma manera, sumándose al efecto de los algoritmos.

Filtro burbuja Un filtro burbuja” es un «ecosistema personal de información provisto por algoritmos», lo que lo convierte en un propio universo de información para cada individuo. La función de los algoritmos es realizar una selección personalizada de la información, tomando como referencia sus datos de usuario y sus preferencias sobre la base de su interacción en la red (historial de búsquedas, gustos, clics, etc.). Haciendo un análisis del comportamiento de los navegantes en Internet, consiguen crearles una burbuja adaptada para que se encuentren cómodos y su actividad en línea se prolongue.

Esta nueva era de Internet, según argumenta Pariser, se inició en 2009, cuando Google y el resto de grandes compañías digitales como Facebook, Netflix o Amazon, comienzan a adaptar, cada vez con mayor precisión, los contenidos ofrecidos en función de las predilecciones de cada usuario. Aparece un nuevo modelo de negocio basado en «la adicción al uso», tal y como explica, David Murillo, profesor del departamento de Ciencias Sociales de Esade: «se trata de maximizar tu rato de uso de forma que ellos puedan, a través de la publicidad, rentabilizar tu atención».

Eli Pariser demuestra que un mismo término introducido por dos personas distintas en un buscador genera diferentes resultados para una y para la otra. Los gustos, conocimientos e ideología de cada persona determinan los resultados que a cada una de ellas se les muestra. Estos criterios de filtrado posibilitan que las personas reciban únicamente noticias de aquellos temas de su interés y con cuyos puntos de vista se identifican. Sin embargo, cada individuo recibe una visión del mundo particular, una pseudorealidad previamente seleccionada y acomodada a cada uno de ellos, que encaja con las propias ideas preconcebidas. La canciller Ángela Merkel lo sentenciaba en una conferencia en el 2016: «Los buscadores de internet tienen un efecto distorsionador sobre la percepción», y el autor de Comunicación, redes y algoritmos, Martí Petit, lo completa añadiendo que la inconsciencia de este proceso por parte de los usuarios lleva a que se crean que esa es la verdadera realidad y que sus búsquedas son objetivas y universales, cuando no es el caso, realmente.

Estos juicios cuestionan la eficacia de los medios digitales y las redes como recursos para ampliar el conocimiento y para adquirir puntos de vista diversos. Marc Argemí, director de la empresa de comunicación Sibilare, describe la paradoja, evocando en las redes que, a menudo, parece que abren los navegantes al mundo, pero que, a la vez, los recluye en lo ya conocido.

Por otro lado, la investigadora en comunicación política Silvia Majó defiende la parcialidad y la estrategia comunicativa de los medios digitales en una hipótesis opuesta, hablando de una «multiplicación de canales de información», en lugar de la consideración de las ideas predominantes de la cámara de eco y las burbujas informativas. Esta visión recuerda que, a pesar de todo, la red amplía el abanico de información y la diversidad de fuentes que los individuos tienen al alcance y que los propios usuarios son, en parte, responsables de quedar aislados en las cámaras o burbujas.

Sesgo de confirmación o exposición selectiva Este es otro de los fenómenos que justifica las cámaras eco. Se trata de un proceso cognitivo que indica que las personas tienden a buscar y aceptar los mensajes que concuerdan con sus propias creencias, actitudes y preconcepciones y, por el contrario, evitan y desprecian los mensajes que las contradicen. El filósofo y político inglés Francis Bacon sustraía su propia definición en pleno : «es un error peculiar y constante en el entendimiento humano estar más inclinado por afirmaciones que defienden tus creencias, que por negaciones que se oponen a estas». Añadía también que «una vez se ha adoptado una opinión sobre algo, la mente del ser humano recoge cualquier caso que la confirme, y rechaza o ignora la demostración de casos contrarios, ya sean más numerosos y de mayor peso, para que su juicio quede inalterado».

Volviendo a las redes, un estudio del Pew Research Center, publicado en 2016, concluía que la mayoría de encuestados (un 65%) no encontraban interesantes las interacciones con gente de creencias políticas distintas. Para el 59% de estos, los desacuerdos sobre política resultaban frustrantes. «Los algoritmos de las redes intentan evitar ese sufrimiento a sus usuarios», afirma Nereida Carillo, doctora en comunicación y periodismo por la UAB.

El profesor de derecho en Harvard, Cass R. Sunstein, advierte de los efectos negativos del sesgo de confirmación, dictando que el fenómeno afecta significativamente en la difusión de contenido en la red, pues se crean “cascadas” informativas entre comunidades, en las que la suma de contenido favorable distribuido de forma colectiva acaba fomentando la polarización social e, incluso, justificando la difusión de noticias falsas.

Influencia de Internet Antiguamente, los hombres de una considerable posición social y económica se reunían en cafés literarios para conversaciones intelectuales y sobre los acontecimientos exclusivos. Junto con el interés expresado por los asuntos públicos, se inició la transformación del súbdito en ciudadano y, a través de publicaciones periódicas, la aparición de la audiencia y la cultura de masas, según el filósofo Jürgen Habermas.

Más tarde, la llegada de Internet y otros medios de comunicación, como las redes sociales, ha comportado dos cosas en relación con la temática tratada: el aumento del número de fuentes de información disponibles y los algoritmos.

Según Eli Pariser, la medición algorítmica no empieza a tener un impacto considerable en la sociedad hasta que Google implementa la búsqueda personalizada en diciembre de 2009.

Respecto a esta situación, Enrique Dans, experto en tecnologías de la información, afirma que «esto, ya de entrada, tiende a privarte de la diversidad de puntos de vista, de ideas distintas a las tuyas. No es que simplemente te den más de lo mismo, es que conscientemente te ocultan lo que no es así, entierran aquello que podría llevarte a cambiar de opinión, o a matizarla». Por tanto, se acaba creando una dinámica de retroalimentación entre el usuario y la red social; es decir, como la red social o el motor de búsqueda interpretan que una determinada información es atractiva para el usuario, le aportará más contenido similar y el usuario demandará continuamente por él. Se acaba creando así, una cámara de eco.

Esta cámara de eco tiene preestablecido lo que va a mostrar según la información que haya recibido de los algoritmos de cada usuario. Sin embargo, el navegante no ha escogido entrar en esta burbuja personalizada e invisible. Por tanto, es una cuestión peligrosa porque el usuario podría no ser consciente que está entrando en un clima de opiniones balcanizado, polarizado y que utiliza un lenguaje ofensivo, de acuerdo con Jamieson y Cappella, expertos en política y comunicación.

Por ello es importante enfrentarse a la medición algorítmica mediante técnicas de visibilización y acción social.

Beer (2009) también advierte sobre el poder de los algoritmos escondidos tras un sitio web que aparenta ser participativo y con principios democráticos, pero los cuales, cada vez, disfrutan de mayor poder en el ámbito social y cultural.