miniaturadeimagen|Estatua de Rodrigo Díaz de Vivar en Burgos La épica medieval castellana es un género compuesto en verso de carácter narrativo, cuyo objetivo es la exposición de los sucesos históricos, narrados desde una perspectiva ficcional. Los primeros textos épicos hispánicos fijados por escrito datan de finales del y principios del .

El argumento de la épica se desarrolla con la existencia de determinadas circunstancias que afectan a la concepción de la humanidad y del honor. La narración gira en torno a la actividad de unos héroes cuya única meta es recuperar el honor, tras alguna afrenta, con las más nobles acciones y arriesgados esfuerzos.

Ya que es un género que se consolida a través de un largo proceso oral, las variantes son una constante de la poesía épica y solo desaparecen cuando el texto es fijado por escrito. En este sentido, se puede señalar que el lenguaje de la poesía heroica está condicionado de manera muy directa por la improvisación: el elemento más característico son las fórmulas que se utilizan con gran frecuencia.

La épica hispánica se caracteriza por la escasez de testimonios en comparación con la francesa o incluso con la franco-italiana, pues solo se han conservado cuatro cantares de gesta: el Poema de Mio Cid, el Roncesvalles, el Poema de Fernán González y las Mocedades de Rodrigo. Ninguno de estos testimonios está completo, ya que todos ellos presentan lagunas de diversa consideración y relevancia. Sin embargo, la épica española se apoya en una serie de testimonios indirectos de gran importancia: se trata de las prosificaciones en crónicas y de la pervivencia de elementos épicos en la tradición oral representada por el romancero.

Épica antigua y épica románica

La épica románica se desarrolla en la Alta Edad Media europea. Se llama románica porque su desarrollo parte de las culturas medievales que hablan las lenguas romances. Esta épica románica difiere, primordialmente, de las épicas antiguas en tres aspectos: la relación del poema épico en sí y los hechos relatados, la concepción de lo épico, y los procedimientos poéticos usados en cada caso.

En el caso del Poema de Mio Cid, su composición se efectúa alrededor de cuarenta años después de la muerte de Rodrigo Díaz de Vivar; o en el caso del Cantar de Roldán, la distancia entre los sucesos de la batalla de Roncesvalles y la composición poética es de unos tres siglos. Otro caso es el de Ilíada, cuya distancia con los posibles hechos del asedio a Troya es de siglos. Homero compone los cantos de la Ilíada cerca del , mientras que los personajes de ella están vinculados a la civilización micénica de la edad de bronce (entre 1600 y 1100 a.C.). Una de las consecuencias de esta considerable distancia temporal entre composición poética y hechos históricos se evidencia en la notable pérdida de verosimilitud en los relatos en la épica antigua. La épica románica, en contraste, se aferra más a los sucesos históricos ocurridos. Si los documentos literarios son los únicos testimonios fidedignos de la existencia de Héctor, de Roldán y Carlomagno hay numerosos manuscritos que no solo avalan la existencia de estos héroes de la épica carolingia, sino que pueden ser contrastados con lo presentado en los poemas épicos.

Menéndez Pidal señala que la épica india es mítica, la griega es heroica, y la románica, por su parte, es fundamentalmente histórica. Por ello, otra diferencia entre ambos tipos de épica radica en su concepción de lo épico. Lo más seguro es que los cantares de gesta hayan nacido de una labor de enaltecimiento de los héroes por parte de los sectores populares. Esta es la base de toda producción épica: la exaltación del héroe. Radica en cómo se da esa exaltación el tipo de epopeya. La épica románica no excede los límites de la historia, cosa que sí hace la épica antigua. Si Aquiles es hijo de Tetis (de nacimiento sobrenatural), el Cid no tiene origen divino

Conservación de los textos En general, la épica francesa se conservó mejor que la épica española, en parte por la mayor extensión del corpus francés, en detrimento de la breve obra épica hispánica. Las obras que se conservaron, en su mayoría, fueron las tardías, aquellas elaboradas a partir de fragmentos de epopeyas más antiguas o aquellas que pertenecían a un ámbito popular y pasaron a un ámbito culto. Este es el caso del Poema de Fernán González, elaborado, quizá a partir de testimonios populares o de un texto precedente, por un monje del monasterio de San Pedro de Arlanza.

El otro medio por el que se conservaron las obras fue a través de su prosificación en documentos históricos. El Cantar del cerco de Zamora se conserva por este medio, consignado en las crónicas de los siglos y . Este medio de preservación era bastante común, dada la cercanía entre los testimonios literarios e históricos en torno a un mismo suceso. Con respecto a la vida de Fernán González, resalta el hecho de que la Historia Silense no difiera mucho del Cantar del cerco de Zamora sobre los hechos ocurridos tras la muerte de Fernando I de León: las disputas entre Sancho II de Castilla y sus hermanos en la unificación de los territorios que pertenecieron a su padre (León, Galicia y Castilla).

Orígenes de la épica románica y española

Hipótesis de origen francés miniaturadeimagen|Representación de una escena del Cantar de Roldán en la Catedral de Angulema|327x327px El origen de la épica románica, y sobre todo de la épica española, fue controvertido durante el . Por mucho tiempo, la crítica creyó que las manifestaciones de épica hispánica resultaban de imitación o influencia de la producción épica francesa. Esta afirmación es acogida por Ferdinand Wolf y Reinhart Dozy, quienes además afirmaron que los poemas épicos españoles eran una imitación burda y pobre del género francés, y que ellos no llegaban a concretarse en una epopeya consistente.

Gastón París, tiempo después de los críticos ya mencionados, retoma la tesis de origen francés para la épica hispánica. Dos son los principales argumentos de Gastón para defender su tesis. En primera instancia, el autor señala que la métrica en ambas manifestaciones épicas guarda muchas semejanzas, y que no es posible que esta métrica se haya producido de forma espontánea en ambos costados de los Pirineos. Aunque, señala Menéndez Pidal, que esta tesis queda invalidada, puesto que las primeras manifestaciones de epopeya en España no nacieron de la perfección que cabría esperarse de una imitación. Al contrario, la epopeya hispánica fue perfeccionándose paralelamente al desarrollo de su congénere francés. Y en segunda instancia, París afirma que los primeros registros de la épica española iniciaron cuando ya existía desde hacía tiempo épica en Francia y estaba en pleno apogeo. No obstante, Menéndez Pidal señala que los intercambios culturales entre España y Francia no son tan tardíos como pretende afirmar París.

Hipótesis de origen germánico Menéndez Pidal, por su parte, argumenta en contra de la hipótesis de origen francés. Para el crítico, antes de haber una “influencia” de Francia sobre España, hay un origen común entre las epopeya francesa y española. Señala el crítico que antes de hablar de epopeyas nacionales, que es el núcleo del debate decimonónico, debe hablarse de una épica románica: esto es, una épica de común origen a todas las culturas nacidas del imperio romano.

Menéndez Pidal sostiene la hipótesis de un origen germánico en la épica románica. El sustrato de esta afirmación es que la epopeya es el género de los pueblos arios, pues solo en estos pueblos se da la épica (es el caso de los indios, de los persas, griegos y germanos). A mediados del , los pueblos germanos del norte de Europa, y los pueblos de las estepas de Eurasia, comenzaron a migrar hacia centro y sur europeos. Godos y visigodos, entre otros, fueron los pueblos que invadieron Italia, Francia y España. Esto sería de vital importancia para el futuro de la medievalidad europea: estos bárbaros, pese a no representar más que un diez por ciento de la población al inicio de las invasiones, fueron los que gobernarían durante la Alta Edad Media. Al norte de Francia, los francos; y en el sur de Francia y norte de España, los visigodos. Por dos siglos (desde 507 hasta 711, con el inicio de la invasión musulmana), el Reino visigodo de Toledo tuvo el control político, económico y cultural de España, llenando el vacío institucional que había dejado la caída de Roma.

Estos dos siglos de dominio bárbaro (aunque las leyes e instituciones góticas se hubieran suprimido, en la práctica el dominio siguió siendo de la élite goda) creó una mezcla cultural en la que la población hispanorromana y goda se mezcló. Este es el origen de la épica románica para Menéndez Pidal: los bárbaros trajeron consigo sus relatos épicos orales, otorgando a España y Francia el espíritu que permitió, siglos después, la exaltación del héroe y la composición de las epopeyas. Menéndez Pidal afirma que esta sensibilidad épica es exclusiva del “espíritu” de los pueblos germanos:No pudieron crear primitivamente tal poesía los elementos hispanorromanos de la población peninsular, que nada de este espíritu sentían ni en la vida ni en el arte. Tal poesía tuvo que nacer entre los descendientes de los germanos establecidos en España. miniaturadeimagen|375x375px|Ilustración de unos reyes visigodos en el Codex Vigilanus Por tanto, si hay una relación entre la epopeya francesa y la española, ella se debe únicamente a un común origen germánico para ambas. Ferdinand Wolf, en su afán de desmentir la hipótesis de origen germánico, afirma que es imposible que los bárbaros, al llegar a territorio hispánico, hayan tenido aún la memoria colectiva de los cantos épicos en torno a sus caudillos germanos, ya que habían sido convertidos al cristianismo y habían tenido contacto con los romanos. A ello, señala Menéndez Pidal, que el proceso de desplazamiento de los visigodos hasta Hispania no fue sino de cuarenta años, además de sustentar que aquella épica que traían los bárbaros consigo era una epopeya de carácter histórico (alrededor de las figuras de sus líderes y ancestros) y no una epopeya de carácter mítico que pudiera contravenir la fe cristiana que ahora profesaban. Un elemento más que señala Menéndez Pidal es relación que guarda el carácter de los héroes de la épica románica con el carácter del germano mismo. Ejemplo de ello es la gran lealtad germánica que tenían los guerreros de un pequeño ejército con su líder, relación totalmente diferente a la que guardaba un soldado romano con su superior. Asimismo, cuando el Cid es desterrado de Castilla, su “mesnada” (compuesta por parientes y vasallos) por lealtad, acompañan a Rodrigo en su destierro, y luchan a su lado en las muchas batallas que siguen. De igual manera se señala en la épica española una gran presencia de aquella superstición y agüeros típicos de los pueblos bárbaros. El Cid, por ejemplo, antes de las luchas, inspecciona el vuelo de las aves. Y también está la venganza como tópico común:En la Germania, de Tácito, las enemistades son obligatorias para los allegados del ofendido, y lo mismo ocurre en la epopeya románica, donde vemos que la venganza es obligatoria para todos los parientes del agraviado… Este espíritu de venganza llena la mayor parte de la acción en casi todas las gestas castellanas

Influencias del mundo árabe en los orígenes de la épica española