La historia de Argentina en la Segunda Guerra Mundial fue un período complejo que comenzó en 1939, luego del estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa y concluyó en 1945 con la rendición del Imperio del Japón. La influencia alemana e italiana en Argentina fue fuerte principalmente debido a la presencia de numerosos inmigrantes de ambos países, y la rivalidad de Argentina con los Estados Unidos fomentó la creencia de que el gobierno argentino simpatizaba con la causa alemana. Debido a los estrechos vínculos entre Alemania y Argentina, esta última se mantuvo neutral durante la mayor parte de la guerra, a pesar de las disputas internas y la presión de Estados Unidos para unirse a los Aliados.Galasso, 117–252 Argentina finalmente cedió ante la presión aliada, rompiendo relaciones con las Potencias del Eje el 26 de enero de 1944Galasso, pp. 194–196 y declarando la guerra a Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945.Galasso, pp. 248–251

Primeros años Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Roberto Marcelino Ortiz era el presidente de Argentina. El país se encontraba en un período de conservadurismo político y transformación económica conocido como la Década Infame. La Concordancia fue acusada de fraude electoral y corrupción. La Unión Cívica Radical se dividió entre FORJA, línea que apoyaba al depuesto presidente radical Hipólito Yrigoyen, y la dirección oficial de Marcelo Torcuato de Alvear, cercana a la Concordancia. El Partido Socialista y la Partido Demócrata Progresista también eran conservadores. El Partido Comunista estaba inicialmente cerca de los sindicatos, pero dio prioridad a promover los intereses de la Unión Soviética.Galasso, p. 117 Agustín P. Justo simpatizaba con el Reino Unido, a pesar de tener influyentes ministros germanófilos, a fin de atenuar probables ataques de naves alemanas a buques argentinos que transportaban alimentos a Inglaterra. A pesar de ello, dos buques mercantes de bandera argentina, el Victoria y el Río Tercero, fueron torpedeados en el Atlántico norte por submarinos alemanes ante el silencio del gobierno argentino.

El presidente Ortiz solicitó licencia por enfermedad en julio de 1940 y no volvió a asumir, renunciando en 1942. Ortiz había sido abogado de los ferrocarriles ingleses y su candidatura fue elegida en la Cámara de Comercio Argentino-Británica en Buenos Aires.

El Ejército Argentino era altamente germanófilo, influencia que había crecido desde fines del y precedía a ambas guerras mundiales. No implicó un rechazo a la democracia sino más bien una admiración por la historia militar alemana, que combinada con un intenso nacionalismo argentino influyó en la postura tomada por el ejército hacia la guerra: mantener la neutralidad. Los argumentos a favor iban desde la tradición militar argentina (ya que el país había sido neutral durante la Primera Guerra Mundial y la guerra del Pacífico), hasta la anglofobia y el rechazo a los intentos extranjeros de coaccionar a Argentina para que se uniera a una guerra percibida como un conflicto entre países extranjeros sin intereses argentinos en juego. Solo un puñado de líderes militares eran partidarios de Adolf Hitler.

La guerra dio como resultado un pequeño impulso a la economía argentina, ya que se redujeron las importaciones de Gran Bretaña. Se inició así un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, que tuvo algunos antecedentes durante la Gran Depresión. Esto también condujo a un proceso de migración interna desde el interior rural hacia los centros urbanos.

Crecen las divisiones miniatura|Mapa satírico de la revista Ken de 1938 ataca la intrusión comercial, cultural y militar en Sudamérica de los "gobiernos gángsters" de Alemania, Italia y Japón, "mafiosos fascistas" que se han "metido a la fuerza". Las viñetas muestran detalles de las actividades del Eje en los países de la región latinoamericana (en inglés).

Las reacciones y posturas hacia la guerra se hicieron más complejas a medida que se desarrollaba el conflicto. Los principales partidos políticos, periódicos e intelectuales apoyaron a los aliados, pero el vicepresidente Ramón Castillo mantuvo la neutralidad. Ortiz, que estaba enfermo de diabetes, no pudo ocupar el cargo de presidente, pero no renunció. La posición de Argentina frente a la guerra generó disputas entre ellos, prevaleciendo Castillo.Mendelevich, pp. 138-139 La FORJA apoyó la neutralidad y la vio como una oportunidad para deshacerse de lo que consideraba una intromisión británica en la economía argentina. Algunos trotskistas promovieron la lucha contra el Tercer Reich como el primer paso hacia una lucha de clases internacional. El ejército y algunos nacionalistas apoyaron la industrialización y promovieron la neutralidad como una forma de oponerse al Reino Unido. Se hicieron planes para invadir las Islas Malvinas, controladas por los británicos, pero nunca se pusieron en funcionamiento.Falklands: the Argentine military planned invasion during World War II, Merco Press 14 November 2013 Por otro lado, el diario El Pampero, financiado por la embajada alemana, apoyó a Hitler.Galasso, p. 133

No obstante, los sectores liberales se agruparon en el movimiento "Acción Argentina" que incluía a personalidades relevantes del campo político, cultural y social del país y cuyo principal cometido era el apoyo a los Aliados, como también, exigir el fin de la neutralidad argentina. Este movimiento junto con La Junta de la Victoria fueron los principales agentes de movilización callejera y partidaria a lo largo del territorio argentino con la propaganda a favor de los aliados y en contra del totalitarismo.

Existen varias interpretaciones sobre los motivos de Castillo para mantenerse neutral. Una de esas perspectivas se centra en la tradición argentina de neutralidad. Otros lo veían como un nacionalista que, por haber nacido en la provincia de Catamarca, no estaba influido por la estructura de poder porteña y podía, con el respaldo del ejército, desafiar la presión para unirse a los Aliados. Una interpretación similar considera en cambio que Castillo simplemente no tenía poder para ir en contra de los deseos del ejército, y si declaraba la guerra sería depuesto en un golpe militar. Una tercera interpretación considera que sólo Estados Unidos buscaban que Argentina declarase la guerra, en tanto que el Reino Unido se beneficiaba con la neutralidad argentina dado que el país suministraba grandes cantidades de ganado. Esta interpretación, sin embargo, no explica las constantes peticiones para declarar guerra por parte de las facciones anglófilas. Lo más probable es que fuera una combinación de los deseos de la diplomacia británica y el ejército argentino, que prevaleció sobre las facciones a favor de la guerra.Galasso, p. 137

Uno de los principales dirigentes pro eje fue el ministro de relaciones exteriores, Enrique Ruiz Guiñazú, quien desde su puesto mantuvo fuertes contactos con el cónsul argentino en Berlín, Jorge Amuchástegui, durante el ascenso de Adolf Hitler, quien a su vez causó controversia por negar e incluso revocar el pasaporte a ciudadanos judeoargentinos.

El diputado socialista Enrique Dickmann creó una comisión en el Congreso Nacional para investigar un rumoreado intento alemán de apoderarse de la Patagonia y luego conquistar el resto del país. El diputado conservador Videla Dorna declaró que el riesgo real era una invasión comunista, y la FORJA afirmó que una invasión alemana era sólo un riesgo potencial, mientras que el dominio británico de la economía argentina era una realidad.

Una misión diplomática del británico Freeman Freeman-Thomas concertó tratados comerciales mediante los cuales Argentina envió miles de cabezas de ganado a Gran Bretaña sin cargo, decoradas con los colores argentinos y con la frase «buena suerte» escrita en ellas. Alvear, El Pampero y FORJA criticaron este arreglo, y Arturo Jauretche dijo que, mientras tanto, había provincias argentinas que sufrían desnutrición.

Pearl Harbor La situación cambió drásticamente después del ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 y la posterior declaración de guerra de Washington D. C. a Japón. Estados Unidos quería que todos los países latinoamericanos se unieran a los Aliados para generar una resistencia en todo el continente.Mendelevich, p. 31 La negativa argentina a cumplir motivó un embargo y bloqueo contra Argentina.Galasso, pp. 137–138 Castillo, sin embargo, declaró el estado de emergencia después del ataque a Pearl Harbor.Mendelevich, p. 142 miniaturadeimagen|200x200px|El buque mercante argentino Uruguay, hundido por el submarino alemán U-37. miniaturadeimagen|200x200px|El Victoria, dañado por el U-201.Victoria — Historia y Arqueología Marítima

El mandato de Castillo debía terminar en 1944. Inicialmente, se dispuso que Agustín Pedro Justo se postulara para presidente por segunda vez, pero luego de su inesperada muerte en 1943 Castillo se vio obligado a buscar otro candidato para proponer, finalmente decidiéndose por Robustiano Patrón Costas. El ejército no estaba dispuesto a apoyar el fraude electoral que sería necesario para asegurar la victoria de Costas, ni a continuar con las políticas conservadoras, ni a arriesgarse a que Costas rompiera la neutralidad. Varios generales reaccionaron creando una organización secreta llamada «Grupo de Oficiales Unidos» (GOU) para sacar a Castillo del poder.

El futuro presidente Juan Domingo Perón era miembro de este grupo, pero no apoyó un golpe de Estado en ese momento. En su lugar recomendó posponer el derrocamiento del gobierno hasta que los conspiradores hubieran desarrollado un plan para hacer las reformas necesarias. El golpe iba a tener lugar cerca de las elecciones, si se hubiera confirmado el fraude electoral, pero en cambio se llevó a cabo antes en respuesta a los rumores de posible destitución del ministro de Guerra, Pedro Pablo Ramírez.

Se desconoce si Costas habría mantenido la neutralidad o no. Debido a sus declaraciones débiles de apoyo a Gran Bretaña y sus vínculos con facciones pro-aliadas se puede sugerir que si se hubiera convertido en presidente habría declarado la guerra.Galasso, pp. 151–152

El golpe militar que depuso a Castillo tuvo lugar el 4 de junio de 1943. Se considera el final de la Década Infame y el punto de partida de la Revolución del 43. Arturo Rawson asumió el poder como presidente de facto. La naturaleza del golpe fue confusa durante sus primeros días: los funcionarios de la embajada alemana quemaron su documentación por temor a un golpe pro-Aliado, mientras que la embajada de Estados Unidos lo consideró un golpe pro-Eje.Galasso, pp. 155–158Mendelevich, p. 146

Rawson se reunió con un delegado de la embajada británica el 5 de junio y le prometió que rompería relaciones con las potencias del Eje y declararía la guerra en 72 horas. Sin embargo, se produjo un nuevo golpe, sustituyendo a Rawson por Pedro Pablo Ramírez.Galasso, pp. 159-161 De esta forma, Rawson se convirtió en el presidente no interino más corto de la historia argentina.Mendelevich, pp. 144-145

Relaciones entre Castillo y el Reich miniaturadeimagen|175px|izq|Ramón S. Castillo, presidente de Argentina (1942-1943)

A mediados de la Segunda Guerra Mundial, Juan Carlos Goyeneche mantuvo contactos secretos en Berlín con los jerarcas máximos del Tercer Reich. Goyeneche, en una misión en la que actuó en nombre del presidente argentino Ramón Castillo y de grupos nacionalistas de Buenos Aires, logró en Berlín algo impensable en aquellos años para cualquier político latinoamericano de segunda línea: ser recibido por los más altos jerarcas alemanes e incluso obtener una promesa de apoyo al gobierno argentino del propio Adolf Hitler. Goyeneche arribó finalmente a Berlín en octubre de 1942 y fue alojado en el Hotel Adlon, a cuenta del Reich.