La filología italiana, a veces denominada italianística, es la rama o subdisciplina de la filología, y en particular de la filología románica, cuyo objeto de estudio es la lengua y la literatura italianas. miniaturadeimagen|derecha|Retrato de Dante Alighieri (Sandro Botticelli, 1495)

Historia de la filología italiana

Siglos XIV-XIX Es preciso observar que la deslumbrante época humanística tuvo una preparación.Cf. Il Duecento. Actas del IV Congreso Nacional de Italianistas (Santiago de Compostela, 24-26 de marzo de 1988), Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1989. El Humanismo de los siglos y dio un impulso decisivo a los estudios filológicos en Italia: además de la lengua y literatura clásicas, se empezó a considerar también la lengua vulgar gracias al tratado de Dante De vulgari eloquentia, que es entre otras cosas origen de la lingüística italiana en amplio sentido, pues trata asuntos de dialectología, teoría lingüística, teoría literaria o poética y determina las bases de la que se conocerá luego como “cuestión de la lengua”, un debate plurisecular sobre la lengua italiana que llegará hasta fines del , tras la unificación política del país. En el Pietro Bembo, Gian Giorgio Trissino, Baldassar Castiglione y Niccoló Machiavelli son algunos de los autores interesados en las disquisiciones sobre el idioma italiano. miniaturadeimagen|Francesco Petrarca (1304-1374) Francesco Petrarca es el paradigma del “literato-humanista”: el aretino, gran viajero erudito, frecuentaba monasterios y archivos de toda Europa en busca de textos griegos o latinos que él mismo copiaba y editaba. Pero es en el cuando la Filología se convirtió en disciplina autónoma, independiente de la actividad poética. Entre los muchos humanistas de esa época, es de recordar a Coluccio Salutati, Poggio Bracciolini (descubridor del De rerum natura de Lucrecio y de Institutio oratoria de Quintiliano), Lorenzo Valla (que demostró la inautenticidad de la Donatio Constantini) y Angelo Poliziano.Sobre el Renacimiento italiano, como es bien sabido, existe una ingente bibliografía de la más diversa índole. En términos generales, Kristeller y Garin representan dos opciones interpretativas fundamentales y muy discutidas, sobre todo la de este último, por lo demás muy divulgado directa o indirectamente aunque no muy traducido. Como ejemplo hispánico de contribución plural y miscelánea, véase: El Renacimiento Italiano (Actas del II Congreso Nacional de Italianistas, Murcia, 1984), Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1986.

En el , edad de oro de los estudios filológicos, se intensificaron las investigaciones y comentarios, sobre todo en el ámbito de la Poética y la Crítica: Giulio Cesare Scaligero, Lodovico Castelvetro, Antonio Sebastiani Minturno y Francesco Patrizi fueron destacados comentaristas de la poética aristotélica. Figuras relevantes del Humanismo del Quinientos fueron también Vincenzo Borghini y Piero Vettori.

Uno de los grandes hitos de la Filología italiana fue la fundación en 1583 de la Accademia della Crusca, institución que reunió a expertos lingüistas y literatos. En 1612 se publicó la primera edición del Vocabulario de la lengua italiana, que sirvió de ejemplo lexicográfico para las lenguas francesa, española e inglesa. En 1620 Lorenzo Franciosini, quien escribió también una Grammatica spagnuola ed italiana (1624), publicó un importante Vocabolario italiano, e spagnolo, objeto de varias reediciones.Cf. José Joaquín Martínez Egido, La obra pedagógica del hispanista Lorenzo Franciosini (un maestro de español en el siglo XVII), Monza, Polimetrica, 2010

A fines del y comienzos del , tras la experiencia clasicista de la Arcadia que renovó el interés hacia la literatura del mundo clásico, se hizo necesario un estudio historiográfico de la tradición literaria italiana más exacto. Es la gran época de la erudición ilustrada, inaugurada por Ludovico Antonio Muratori y continuada por Girolamo Tiraboschi. Desde un ámbito más filosófico, Giambattista Vico defendió y auspició la unión, central en su pensamiento, de Filología y Filosofía, cuyo divorcio fue provocado por el intelectualismo de matriz cartesiana. Sin embargo, el pensamiento viquiano no tuvo una influencia inmediata en los estudios filológicos de la época: habría que esperar a la segunda mitad del para que sus teorías obtuviesen un pleno desarrollo, sobre todo en los campos de la Estética y la Filosofía de la Historia. En cuanto a los problemas de la lengua, Muratori, Tiraboschi y Melchiorre Cesarotti, entre otros, seguirán una discusión que ya entrado el Ochocientos tuvo la importante revisión lingüística de los Promessi Sposi de Alessandro Manzoni.

Con los positivismos del la Filología se fue paulatinamente desligando de la exégesis de los textos, formalizándose y especificándose como disciplina dedicada exclusivamente a la edición de textos. En la segunda mitad del siglo permanece todavía viva una concepción de la Filología en tanto que investigación crítico-histórica, así en la escuela de Alessandro D’Ancona, Pio Rajna (autor de la edición crítica del De vulgari eloquentia de Dante), Domenico Comparetti, Adolfo Bartoli, Francesco D’Ovidio o Ernesto Monaci. La revista Giornale storico della letteratura italiana (1883), dirigida por Arturo Graf, Rodolfo Renier y Francesco Novati, reunía y desarrollaba esa línea de estudios histórico-filológicos. Por otra parte, Graziadio Isaia Ascoli fue pionero en la Glotología y Dialectología italiana, disciplinas a las que contribuyeron también otros grandes filólogos de la segunda mitad del , como Adolfo Mussafia, Ugo Angelo Canello y Napoleone Caix.

La historiografía literaria en los siglos y La erudición dieciochesca, tras los ensayos historiográficos de Crescimbeni (Istoria della volgar poesia, 1698), Muratori (Della perfetta poesia italiana, libro IV, 1706), Giacinto Gimma (Idea della storia dell'Italia letterata, 1723), Francesco S. Quadrio (Della poesia italiana, 1734) y el más sólido diseño de Gian M. Mazzucchelli (Dizionario degli scrittori d’Italia, 1753-1763, incompleto por la muerte del autor), culmina en la obra del jesuita Girolamo Tiraboschi, Storia della letteratura italiana (9 vols., 1772-82; ed. ampl., 16 vols., 1787-94), primera gran historia sistemática de las letras italianas. En la Storia tiraboschiana, Italia no es sino una “expresión geográfica”: carece del sentimiento de nación de la historiografía literaria romántica. La principal preocupación de Tiraboschi no es tanto crear una historia “filosófica”, usando la terminología de la época, sino más bien demostrar la fiabilidad de las fuentes utilizadas, sobre todo las más antiguas, una actitud que es consecuencia de su metodología erudita. Por eso, a partir del Trecento, no se dividen las épocas por rasgos estilísticos distintivos, sino que se emplea una periodización tradicional: a cada tomo le corresponderá un siglo, hasta llegar a los últimos años del XVII. El concepto de literatura tiraboschiano es el ilustrado: no se consideran solo las Bellas Letras, como hizo de forma inusual para su época Carlo Denina en su Discorso sopra le vicende della letteratura (1761; 2ª ed.: 1784; IV libro: 1811), sino que se ocupa también de analizar el progreso de las ciencias, sean filosóficas o físico-naturales. Es la concepción de literatura como totalidad que fundamenta la gran historia universal de la literatura de Juan Andrés, amigo del correligionario Tiraboschi (Dell’Origine, de’ progressi e stato attuale d’ogni letteratura, 1ª ed. italiana, Parma, 1782-1799; ed. esp.: Madrid, 1784-1806). miniaturadeimagen|Francesco De Sanctis (1817-1883) Entrado el ,Una interesante colección de estudios sobre la época puede verse en Vicente González Martín (ed.), El siglo XIX italiano. Actas del III Congreso Nacional de Italianistas, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1988. Paolo Emiliani Giudici, de acuerdo con los planteamientos de Ugo Foscolo, advertía la importancia de destacar la influencia de la historia política de la nación italiana en la historia literaria. Giudici publicó la Storia della letteratura italiana en 1844: en el “Discurso preliminar” de la primera edición critica abiertamente las historias del siglo pasado y de las primeras dos décadas del XIX, entre otras las de Tiraboschi, Andrés, Ginguené. Su juicio negativo se basaba en la convicción de que los historiadores anteriores se habían limitado a compilar áridos anales sin preocuparse por analizar el desarrollo orgánico de las letras italianas. Mientras Luigi Settembrini publicaba sus importantes Lezioni di letteratura italiana (3 vols., 1866-72), veían la luz, entre 1870-71, los dos volúmenes de la Storia della letteratura italiana del también napolitano Francesco de Sanctis, verdadero hito en la moderna historiografía literaria nacional. La de De Sanctis es una historia finalista de la civilización italiana, influida por las instancias políticas del Risorgimento, en la que no solo los problemas periodológicos, sino también las cuestiones estéticas (relación forma-contenido, texto literario-historia) tienen gran relevancia. La “continuidad de tela”, el “hilo de Ariadna” (como diría G. A. Borgese) de la Storia de De Sanctis, quien en escritos preparatorios sostenía la importancia de la monografía como sustento de la historia literaria, une a las más destacadas personalidades literarias italianas: se propone, pues, una selección de los “grandes” autores, los cuales son reflejo y expresión máxima del espíritu de una determinada época. Es evidente, pues, la distancia entre esta visión y la erudición exacta, meticulosa y programáticamente anecdótica de Tiraboschi. Croce, Gentile y Gramsci desarrollarán respectivamente los supuestos estéticos en clave idealista, y los políticos en clave crítica marxista, de la obra de De Sanctis.

Pero además, Francesco de Sanctis fue el creador de la primera cátedra universitaria de Literatura comparada, en 1861,Cf. Stefania Chiapello, "Benedetto Croce y la creación de la primera cátedra de Literatura Comparada", en P. Aullón de Haro (ed.), Metodologías comparatistas y Literatura comparada, Madrid, Dykinson, 2012, pp. 463-477. siendo Ministro, cátedra que él mismo ocuparía diez años más tarde. Esta creación académica, muy importante y raramente tenida en cuenta, es lógico que se produjese en el país donde culminó la creación de la Comparatística moderna a finales del gracias a las obras de Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno.

Si evidentemente la principal aportación a la historiografía literaria comparatista, en general y también de materia italiana en particular, es la de Juan Andrés (1ª edición en lengua italiana, Parma, 1782-1799, 7 vols.; edición española Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, trad. de C. Andrés, Madrid, Sancha, 1784-1806, 10 vols.),La obra completa tuvo siete ediciones italianas entre los siglos XVIII y XIX, la última de ellas en Nápoles, además de múltiples ediciones parciales y compendios. Véase: https://humanismoeuropa.org/la-escuela-universalista-espanola/bibliografia-andres/ existe además la posterior contribución en español de Antonio Alcalá Galiano, Historia de la literatura española, francesa, inglesa e italiana en el siglo XVIII (Madrid, 1844), que en principio fueron "Lecciones" impartidas en el Ateneo madrileño.

La filología italiana en el

Lengua y lingüística La lingüística italiana había adquirido una orientación característicamente científica y académica solo mediante la obra glotológica de Graziadio Isaia Ascoli, fundador de la disciplina en Italia. A partir del último tercio del , en el seno de la lingüística italiana se produjo una división, debido sobre todo a las influencias positivistas e idealistas, entre, respectivamente, neogramáticos y neolingüistas. Entre los neolingüistas se encuentran los representantes de la llamada “escuela turinesa”: Matteo Bartoli, Benvenuto Terracini y Giulio Bertoni.