Los instrumentos de cuerda frotada estuvieron presentes en Cuba desde su descubrimiento, primero en su modalidad de viola o vihuela de arco y más tarde en la forma del violín italiano. Tal como otros instrumentos y la cultura en general, el violín disfrutó en Cuba de un período de florecimiento durante el , cuando lo encontramos presente en las agrupaciones instrumentales, tanto de la música de concierto como en la popular.

El violín formó parte de las agrupaciones instrumentales que acompañaron a la danza y a la contradanza, los primeros géneros de la música cubana, así como a otros posteriores como el danzón y el chachachá; y también entonó algunas de las más bellas melodías compuestas en cuba, tales como La Bella Cubana de José White. En todas las épocas, los violinistas cubanos han sido destacados representantes de la música cubana a través de todo el mundo.

Del al Los representantes de la familia de las cuerdas frotadas se encuentran desde una etapa muy temprana en la historia de la música cubana, ya que durante el en la Villa de Trinidad, un músico llamado Juan Ortiz es mencionado por el cronista Bernal Díaz del Castillo como “gran tañedor de vihuela y viola”. La viola del renacimiento es el antecesor directo de los violines italianos modernos, los cuales comenzaron a popularizarse desde el .

Durante el existe documentación sobre la utilización del violín en la actividad musical de la Isla. Alejo Carpentier menciona en su libro La Música en Cuba la existencia de una familia de músicos que se establecieron en la ciudad de Santiago de Cuba hacia la primera mitad del siglo. El violinista Leonardo González Abreu (1706), fundador de la familia, nació en Islas Canarias, España, y contrajo matrimonio en Santiago de Cuba con una arpista local llamada Bernarda Rodríguez Rojas, junto con la cual dio origen a una familia que se dedicó al cultivo de la música durante varias generaciones. El 8 de febrero de 1764 arribó a Santiago de Cuba Esteban Salas y Castro, el maestro de la nueva capilla de música recientemente fundada en la catedral. Esteban Salas contó para el desempeño de su oficio con un pequeño grupo vocal instrumental que incluía dos violines.

Después de la llegada a Santiago de Cuba, en 1793, de numerosos colonos que escaparon de la insurrección de los esclavos en Santo Domingo, “…un tal Karl Rischer y Madame Clarais, que habían traído consigo un clavicordio, fundaron una orquesta que se componía de: flautín, flauta, oboe, clarinete, trompeta, tres trompas, tres violines, viola, dos violoncellos y batería…”

También durante la segunda mitad del , el violinista Ramón Menéndez se ganó el respeto y la admiración de las nuevas generaciones de músicos, y por ese motivo fue llamado “El Maestro”. Él fue profesor de muchos destacados instrumentistas, tales como Tomás Buelta y Flores y Secundino Arango.

Del al Durante la transición del al , el habanero Ulpiano Estrada (1777-1847) impartió clases de violín y dirigió la orquesta del Teatro Principal desde 1817 hasta 1820. Además de su actividad como violinista, Estrada mantuvo una carrera musical muy activa como director de numerosas óperas, dirigiendo diversas orquestas y bandas, así como componiendo numerosas contradanzas y otras piezas bailables, tales como minués y valses. De manera muy parecida a Estrada y aproximadamente durante la misma época, José Mercedes Betancourt (17?-1866) desarrollo una activa carrera como violinista y profesor, así como director de orquesta y compositor de contradanzas, pero esta vez en la ciudad de Camagüey. También Joaquín Gavira (1780-1880) fue un destacado violinista y profesor en La Habana.

José Vandergutch, violinista belga, arribó a La Habana junto con su padre Juan Vandergutch y su hermano Francisco, también violinistas. Estos regresaron más tarde a Bélgica, pero José estableció su residencia en La Habana donde alcanzó gran reconocimiento. Vandergutch ofreció a mediados del numerosos conciertos como solista y acompañado por diversas orquestas. El perteneció a la Asociación de Música Clásica y fungió también como director de la Asociación Musical de Socorro Mutuo de La Habana.

Otro importante violinista de la primera mitad del fue Secundino Arango. Discípulo de Ramón Menéndez, el sirvió como organista en la Iglesia de La Merced. Arango compuso múltiples danzas y guarachas, así como música religiosa, motetes y salves. Ya al final de su vida fue organista del Convento de San Francisco en Guanabacoa. José White dedicó el último estudio de su serie de seis a Secundino Arango, resaltando mediante ese homenaje el renombre adquirido por este músico habanero durante su época.

En el universo del violín clásico cubano del se destacan dos Maestros que pueden ser considerados entre los más grandes virtuosos cubanos de todos los tiempos, estos son José White Lafitte y Claudio José Brindis de Salas.

thumb|left|200px|José White en 1856, después de recibir el primer premio del Conservatoire de Paris. Después de recibir las primeras lecciones de música de su padre, el virtuoso violinista cubano José White Lafitte (1835-1918) ofreció su primer concierto en Matanzas el 21 de marzo de 1854. En este concierto él fue acompañado por el famoso pianista y compositor norteamericano Louis Moreau Gottschalk, el cual lo animó para que continuara sus estudios en París, e incluso colectó dinero para que pudiera viajar a esa ciudad.Josephine Wright, "Violinist José White in Paris, 1855-1875", in Black Music Research Journal, Vol. 10, No. 2, Fall 1990.

José White estudió composición musical en el Conservatoire de Paris entre los años 1855 y 1871. A solo diez meses de su llegada obtuvo el primer premio en la categoría de violín del conservatorio, y fue muy elogiado por Gioachino Rossini. Más tarde, él fue profesor de los renombrados violinistas George Enescu y Jacques Thibaud.

Entre los años 1877 a 1889, White fungió como director del Conservatorio Imperial en Río de Janeiro, Brasil, donde también sitvió como músico en la corte del emperador Pedro II.Miguel Ficher, et al., Latin American Classical Composers, Scarecrow Press, 1996, p. 373 Más tarde regresó a París, donde residió hasta su muerte. El famoso violín “Canto del cisne”, la última creación de Stradivari, fue su instrumento preferido. Su más famosa composición es La Bella Cubana, una habanera. White también compuso muchas otras piezas, entre las cuales se destaca un concierto para violín y orquesta.

right|250px|thumb|Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido, el "Paganini negro" posando con su Stradivarius. Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido (1852-1911) fue un renombrado violinista cubano, hijo del también violinistra, contrabajista y director Claudio Brindis de Salas (1800-1972), el cual dirigió una de las orquestas populares más importantes de La Habana durante la primera mitad del , llamada La Concha de Oro. Claudio José superó la fama y la maestría de su padre y llegó a ser un concertista de renombre internacional.Orovio, Helio 1981. Diccionario de la música cubana. La Habana. p60Guillén, Nicolás 1935. Brindis de Salas: el rey de las octavas. La Habana.Giro, Radamés 2007. Diccionario encyclopédico de la música en Cuba. vol 1, La Havana. p161

Claudio José Brindis de Salas comenzó sus estudios musicales con su padre, y continuó más tarde con los maestros José Redondo y con el violinista belga José Vandergutch. El ofreció su primer concierto en La Habana en 1863 con Vandergutch como acompañante. El pianista y compositor Ignacio Cervantes también participó en ese concierto.

De acuerdo con la crítica de la época, Brindis de Salas fue considerado como uno de los más destacados violinistas de su época a nivel mundial. Alejo Carpentier le llamó “”El más extraordinario violinista negro del … un caso sin precedente en la historia musical del continente””.Carpentier, Alejo 2001 . Music in Cuba. Minneapolis MN. p162

El gobierno francés lo hizo miembro de la Légion d'Honneur, y le otorgó el título de “Barón”. En Buenos Aires él recibió un Stradivarius genuino, y mientras vivió en Berlín contrajo matrimonio con una alemana, fue nombrado músico de cámara del Emperador y recibió la ciudadanía de ese país. Brindis de Salas murió en 1911 de tuberculosis, pobre y olvidado, en Buenos Aires, Argentina. En 1930 sus restos fueron trasladados a La Habana con grandes honores.

Otro destacado violinista cubano del fue Rafael Díaz Albertini (1857-1928). El estudió el violín con José Vandergutch y Anselmo López (1841-1858), conocido violinista habanero que también se dedicó a la publicación de obras musicales. En 1870 Albertini viajó a París con el propósito de perfeccionar su técnica con el famoso Jean-Delphin Alard, y en 1875 obtuvo el primer premio en el concurso del Conservatorio de París, en el cual participó posteriormente como jurado. El realizó numerosas giras de concierto a través del mundo, acompañado en ocasiones por prestigiosos Maestros como Hugo Wolf y Camille Saint-Saëns, y en 1894 se presentó en las principales ciudades de Cuba junto con Ignacio Cervantes.

Una lista de violinistas cubanos que se destacaron entre la segunda mitad del y la primera del incluye a: Manuel Muñoz Cedeño (1813-), José Domingo Bousquet (1823-), Carlos Anckermann (1829-), Antonio Figueroa (1852-), Ramón Figueroa (1862-), Juan Torroella (1874-), Casimiro Zertucha (1880-), Joaquín Molina (1884-), Marta de La Torre (1888-), Catalino Arjona (1895-) y Diego Bonilla (1898-).

Del al Durante la primera mitad del , se destaca la figura de Amadeo Roldán (1900-1939), el cual además de violinista, profesor y director de orquesta, es uno de los más importantes compositores cubanos de todos los tiempos. Roldán nació en París, Francia, de padre español y madre cubana. Más tarde se radicó en Cuba y obtuvo la ciudadanía cubana. El comenzó a estudiar música con su madre, la pianista Albertina Gades, y posteriormente pasó al Conservatorio de Música y Recitación de Madrid, donde estudió violín con Agustín Soler y Antonio Fernández Bordas. En 1917, Roldán recibió el Premio Sarasate de violín, comenzó a trabajar en la Orquesta Sinfónica de Madrid como violinista, y ofreció conciertos en varias ciudades españolas. En 1919 viajó a Cuba donde comenzó a trabajar como profesor, y posteriormente, en 1922, pasó a ocupar un puesto como violinista en la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Pedro Sanjuán. En 1926, Roldán organizó junto a Alejo Carpentier una serie de conciertos de música contemporánea cubana, y al año siguiente, participó como primer violín con el Cuarteto de La Habana, junto al famoso compositor español Joaquín Turina. En 1931, él fundó junto al pianista César Pérez Sentenat la Escuela Normal de Música de La Habana y fue nombrado director de la Orquesta Filarmónica de La Habana. El también dirigió el Conservatorio Municipal de La Habana, que todavía lleva su nombre.

Alberto Mateu (1903-?) nació en Guanabacoa, La Habana, y estudió violín en el Conservatorio Mateu, del cual su padre era director. Posteriormente, Mateu viajó a Bruselas, donde continuó sus estudios musicales. El ofreció conciertos en diversas ciudades europeas, así como en Cuba, donde actuó como solista y acompañado por la Orquesta Filarmónica de La Habana.