Se entiende por teatro victoriano aquel producido en el Reino Unido durante la época del reinado de Victoria I (1837-1901).
thumb|right|380px|El auditorio del Covent Garden Theatre, tras su reconstrucción de 1809. El fue una de las épocas más pobres en la historia del teatro inglés;Gillett (1965), p. 288. no obstante, también fue una época de grandes actores en la que destacaron nombres como los de Kean, Macready, Henry Irving y Ellen Terry, aunque en general solían representar a los clásicos (en especial a Shakespeare, adaptado a los gustos y el capricho de los actores principales), triviales comedias modernas o melodramas sensacionalistas.Barnard (2002), p. 284. En conjunto, la situación del teatro de comienzos del era deplorable. Mientras que la poesía y la novela recibían un tremendo impulso por el genio de los románticos, el teatro ofrecía principalmente espectáculos desiguales, de melodramas y de farsas. Incluso las reposiciones de las obras teatrales más acreditadas de épocas anteriores se representaban con poco gusto o sin entenderlas. Muchos poetas románticos se internaron en el campo del teatro, pero con escaso éxito.Evans (1985), p. 181. En las ciudades la burguesía había abandonado, desde comienzos del , los teatros y espectáculos musicales en beneficio de veladas familiares o de actividades culturales y recreativas que, como las salas de arte, los museos y los jardines botánicos o zoológicos, estaban de hecho vedadas a la población trabajadora debido a los requisitos impuestos en forma de dinero (cuotas, entradas) o de vestimenta apropiada.Canales (1999), p. 206. No obstante, la decadencia del teatro no puede achacarse a una causa única. Sin embargo, la aprobación del Acta del Teatro de 1843 para regular el sector acabó con el monopolio que mantenían hasta entonces las dos grandes empresas teatrales, la del Covent Garden y la del Drury Lane, las únicas autorizadas para representar dramas dialogados en Londres.Tras el período del puritanismo en Inglaterra en que el teatro estuvo prohibido por motivaciones religiosas e ideológicas (1642-60), el rey Carlos II levantó el veto y aprobó la Letters Patent (1660), que permitía la representación teatral con restricciones: solo aquellas compañías teatrales a las que se otorgara la condición de «Patent Theatres» («teatros con patente») tenían la exclusividad para interpretar teatro serio; el resto únicamente estaban autorizadas a representar comedias, pantomimas y melodramas. Los primeros empresarios a los que se otorgó el derecho de monopolio para formar compañías de teatro serio en Inglaterra fueron Thomas Killigrew (1612-1683) y Sir William Davenant (1606-1668), ahijado de Shakespeare. El primero fundó la King's Company, establecida en el Teatro Real (Drury Lane) desde 1663, y el segundo la Duke's Company, radicada sucesivamente en el Lisle's Tennis Court (Lincoln's Inn Fields) desde 1661 y en el Dorset Garden Theatre desde 1671. Cuando la King's Company entró en quiebra fue absorbida por su rival, la Duke's Company, y la fusión dio lugar a la United Company de Drury Lane (1682), dirigida por Thomas Betterton. Éste obtuvo, en 1695, patente real de Guillermo III para formar una nueva compañía en el viejo teatro de Lincoln's Inn Fields, que posteriormente (1720) se trasladaría al Covent Garden (Royal Opera House). Como los dos teatros con patente cerraban durante los meses de verano, desde 1766 se concedió una patente real adicional al Teatro Real de Haymarket para representar teatro serio durante la estación estival. Esto permitió a teatros más pequeños producir obras en igualdad de condiciones con las dos empresas privilegiadas. Como resultado de esa nueva situación, en la década de 1860 se construirían en Londres numerosos teatros. Hacia 1860, el teatro experimentó una renovación saludable.Pujals Fontrodona (1984), p. 394. A partir de entonces, la situación del teatro inglés fue mejorando, aunque solo de manera modesta.Evans (1985), p. 182.
Ya bien entrada la era victoriana, hacia mediados del , emerge en Inglaterra una forma dramática de tendencia realista que, apoyada por la influencia de Ibsen, lleva a un resurgimiento del teatro inglés con obras que desarrollan problemas familiares o presentan contenidos sociales.Pujals Fontrodona (1984), p. 514. Sin embargo, a pesar del nuevo enfoque del arte dramático, hay que reconocer que el teatro victoriano no está a la altura de otros brillantes períodos de la historia de la escena inglesa.
Por encima de todo, el principal peligro que sufrió el teatro del fue el de situarse al margen de la vida de la época. Los cambios en la estructura de la sociedad modificaron hasta tal punto la propia personalidad humana que se imponía una nueva interpretación. En la Inglaterra del , el intento más decidido de acercar el teatro a la vida lo encontramos en la obra de T. W. Robertson. Sus comedias naturalistas fueron un rayo de luz. Únicamente el último decenio del siglo vio aclararse un poco las tinieblas, cuando la eficacia técnica de Sir Arthur Pinero y de Henry Arthur Jones preparó el camino a la sinceridad y la libertad nuevas que traerían al teatro Ibsen y George Bernard Shaw. Hasta que aparecieron estos dramaturgos, el mundo del teatro había estado totalmente divorciado de la vida tal como nosotros la conocemos.
La diferencia social entre el Londres de la primera mitad del y el de los años 1850-1900 es enorme, y condiciona en gran parte el desarrollo externo y la evolución interna del teatro. En primer lugar, la población de tres millones que tenía Londres en 1850 se dobló en la segunda parte del siglo, y la facilidad y la economía del transporte hicieron que los veinte teatros que existían en 1850 se triplicaran en la segunda mitad del siglo. El enorme crecimiento de la población y la comodidad de los desplazamientos favorecen a los teatros londinenses, y al organizarse el sistema del reparto porcentual de los ingresos, la prosperidad de la empresa beneficia al autor. La afición por el teatro aumenta de tal modo, que Our American Cousin (Nuestro primo americano, 1861), de Tom Taylor, alcanza casi las cuatrocientas representaciones, y, con los años, otras obras sobrepasarán las mil.Pujals Fontrodona (1984), pp. 514-515. Por otra parte, el control que los actores adquieren en los ensayos y estrenos, y la responsabilidad de los directores y primeros actores en la conjunción de todos los aspectos de la realización dramática, mejora inmensamente la calidad de las representaciones. La frecuente asistencia de la reina Victoria a las funciones teatrales estimuló a la aristocracia y a la clase media, de modo que su afición redundó en la promoción social de los autores y del teatro en general. Hacia 1880 concurren al teatro todas las capas de la sociedad inglesa.Pujals Fontrodona (1984), p. 515.
El realismo familiar y local y el de los problemas sentimentales y ambientales ahogan la posibilidad del género trágico. Sin embargo, se siguen escribiendo algunas obras versificadas. Tom Taylor estrena su drama histórico en verso Joan of Arc (1871), y Tennyson compone Becket (estrenada en 1893). Pero la producción en esta línea es escasa debido a la tendencia al drama realista, que es el que domina en esta época. Por supuesto, hay que tener en cuenta las muchas adaptaciones dramáticas de novelas de Dickens que aparecen en los escenarios victorianos, y en los teatros populares del East End continúa la afición al melodrama marino y a otras obras que respondían a la tradición romántica; pero en las carteleras del West End predominaban de modo absoluto los dramas de Taylor, Robertson, Jones y Pinero.Pujals Fontrodona (1984), pp. 515-516.
El nuevo teatro impreso y representado data casi por completo de finales de los años ochenta. Tom Robertson no publicó nada en los años setenta, y sus obras eran a lo sumo un tímido reconocimiento de las pretensiones por parte del teatro de representar la realidad y la verdad. La enorme superioridad del teatro francés representado por Augier, Dumas hijo y Sardou comenzaba lentamente a percibirse en la conciencia inglesa. Después, en los ochenta, llegaría Ibsen, cuya audacia en el manejo de la realidad solo era igualada por su atrevida escenografía. Oscar Wilde y A. W. Pinero fueron los primeros en descubrir cómo el espíritu de estos nuevos descubrimientos podía adaptarse a la escena inglesa.
Los dramaturgos más interesantes de este período son Robertson, Jones, Pinero y Oscar Wilde. Pero hay otros, como Boucicault y Taylor, que, sin ser tan importantes, fueron extraordinariamente prolíficos y gozaron en su día de mucha fama.Pujals Fontrodona (1984), p. 516.
Período de decadencia Sir Henry Taylor (1800-1886) escribió cuatro tragedias;Cousin (1910), p. 372. también una comedia romántica, The Virgin Widow [La viuda virgen], que rebautizó como A Sicilian Summer [Un verano siciliano]. De entre todas sus obras Philip van Artevelde, un elaborado drama poético, cuyo tema había sido recomendado al autor por Southey y que apareció en junio de 1834 tras seis años de preparación, fue tal vez la más exitosa. Con la ayuda de una crítica elogiosa salida de la pluma de LockhartJohn Gibson Lockhart (1794-1854), escritor y editor escocés. en la Quarterly Review, alcanzó un extraordinario éxito. Su gran superioridad sobre otras obras de Taylor se puede explicar por el hecho de ser en gran medida el vehículo de sus propias ideas y sentimientos. Las primeras experiencias amorosas de Artevelde reproducen y transfiguran las suyas propias. Edwin the Fair [Edwin el justo] (1842) fue recibida menos calurosamente; pero su personaje de Dunstán, el eclesiástico estadista, constituye un primoroso estudio psicológico, y la obra está llena de interés histórico.
Philip van Artevelde fue llevada a escena por Macready en 1847, y dejó de representarse después de seis noches. A pesar de ese fracaso, se trata de la obra por la cual Taylor ha obtenido un lugar permanente en la literatura. El estilo se caracteriza por su gran dignidad y refinamiento, y ofrece las reflexiones sobre la vida de una mente poseedora a la vez de una gran sensibilidad poética y de una cercana familiaridad con el funcionamiento real de la sociedad. El Artevelde de Taylor no deja de impresionar a los que lo leen como la obra de un poeta de gran distinción. Un experimento de comedia romántica, The Virgin Widow, posteriormente titulada A Sicilian Summer, fue publicado en 1850. "La obra más agradable que yo había escrito", dijo el autor; "y nunca llegué a entender por qué a la gente no le gustaba". Su última obra dramática fue St Clement's Eve [Víspera de San Clemente], publicada en 1862.
Taylor fue un hombre de gran capacidad y distinción, pero sus dramas, con muchas de las cualidades de la buena poesía, carecen del toque final de genio. Sus obras fueron recopiladas en cinco volúmenes en 1877-78.
D. W. Jerrold (1803-1857), dramaturgo y escritor misceláneoCousin (1910), p. 211. autodidacta, fue contratado a los dieciocho años por el Coburg Theatre como escritor de piezas dramáticas breves. El de 1835 fue su año dramático más exitoso. Escribió varias piezas para el Teatro Strand; en 1836 Jerrold escribió su única tragedia, The Painter of Ghent [El pintor de Gante], y él mismo apareció en el papel protagonista, sin ningún éxito considerable.
Entre 1842 y 1845 no escribió ninguna obra, pero el 26 de abril de 1845 estrenó en el Haymarket Time Works Wonders, una comedia en cinco actos, repleta de epigramas, que se mantuvo en cartel durante noventa noches. Su destreza en la construcción y su dominio del epigrama y del diálogo brillante están bien ejemplificados en esta obra. Continuaría escribiendo chispeantes comedias hasta 1854, fecha de su última pieza, A Heart of Gold [Un corazón de oro].