Isidro Velázquez (Mburucuyá, Corrientes, 15 de mayo de 1928 – Pampa Bandera, Chaco, 1 de diciembre de 1967) fue un asaltante y secuestrador argentino. Era uno de los 22 hijos de Tomasa Ortiz y Feliciano Velázquez. Durante 6 años en la década de 1960 cometió una serie de delitos junto con su hermano Claudio hasta ser abatido por la policía, convirtiéndose en un mito popular que perdura hasta la actualidad.
Primeros años y juventud Isidro Velázquez nació en Mburucuyá (provincia de Corrientes) el 15 de mayo de 1928. Se familiarizó desde niño con la vida en el monte y a sobrevivir en él tanto de día como de noche. En 1949 la familia viajó a Resistencia, capital de la provincia del Chaco, y de ahí a Lapachito, una pequeña localidad que surgió como pueblo tras la llegada de Hortensio Quijano, posterior vicepresidente de Juan Domingo Perón, quien instaló allí un aserradero y una estación de ferrocarril en 1922. Se asentaron en la estancia de Fernando Boujón, sobre la Ruta 16, a pocos kilómetros de Makallé. El padre de Isidro, llamado Feliciano, trabajó en la estancia como capataz y su hermano Claudio, que apenas si escribía, porque solo había cursado hasta segundo grado, consiguió trabajo como jornalero en la compañía constructora Todaro. alt=Memorial a Isidro Velázquez en la locación donde fue abatido por las fuerzas policiales|miniaturadeimagen|Monumento a Isidro Velázquez, en la locación donde fue abatido por las fuerzas policiales En 1961, Isidro Velázquez vivía con su mujer y cuatro hijos en Colonia Elisa, Chaco, y trabajaba como peón rural. En la zona era tenido como el mejor baqueano, rastreador y cazador de los esteros y los montes. Se lo describe como alto, delgado, de rostro enjuto y mirada penetrante, aceptado como buen vecino, hasta que, por alguna razón no muy clara, comenzó a ser hostigado por la policía. Ese año su prontuario registraba tres causas abiertas por robos y hurtos, y una por evasión. En el Chaco, hay opiniones diametralmente opuestas. Las autoridades aseguran que esos primeros delitos fueron reales y otros dicen que Velázquez fue objeto de un hostigamiento injustificado de la policía que culminó cuando luego de ser encarcelado se fugó de la cárcel de Colonia Elisa. También hay una versión que sostiene que hubo una persecución originada en un problema familiar y que nunca más volvió a ver a su familia ni les envió ayuda económica.
Fuera de la ley Tras su fuga, Isidro Velázquez, con su hermano Claudio, un año menor, que usaba sombrero paisano con ala ancha, ladeado sobre la derecha y solía entrar a los pueblos luciendo un poncho rojo, protagonizó una serie de hechos que llegaron a inquietar a las autoridades nacionales y que configuraron su mito.
El 25 de junio de 1962 los Velázquez, armados con un winchester y revólveres, se encontraron en una picada en las afueras de Colonia Elisa con una patrulla policial que portaba carabinas, metralletas y pistolas, y pudieron escapar pese a su inferioridad numérica. Tres días después protagonizaron un tiroteo a caballo frente al destacamento policial de Colonia Popular. El 23 de julio del mismo año asaltaron el bar del chino Chou-Pin, de Colonia Elisa, y robaron ocho mil pesos y mercaderías. El 25 del mismo mes le robaron al estanciero José Vicente Barrios y el 12 de agosto hicieron lo mismo en Lapachito con el almacén de ramos generales de Antonio Marcelino Camps, a dos cuadras de la comisaría. En esa oportunidad la hija del dueño que estaba atendiendo la caja le dijo: "¿Vos, Isidro? No es posible que nos hagas esto", e intentó sacar un revólver, pero Claudio la derribó de un culatazo. En el tiroteo posterior murió un vecino y el otro hijo del dueño, que había sido su compañero en la escuela primaria, recibió un balazo en la cabeza cuando trató de detenerlos armado con una pistola.
Dos semanas después los Velázquez atravesaron un tronco sobre la ruta 16 que va desde Resistencia a Presidencia Roque Sáenz Peña y asaltaron a un distribuidor de cigarrillos y a un viajante de comercio. En los meses siguientes asaltaron a un acoplador de granos y a un agricultor; enfrentaron a una comisión policial cerca de Colonia Elisa e hirieron a los policías Juan Cerlinguer y Salvador Cabrera, en tanto que un balazo alcanzó a Isidro en la pierna. Pronto la gobernación envió refuerzos policiales a la zona.
Según publicó en esa época la revista Así, los hermanos visitaban los boliches, a sus amigos y se exhibían en las localidades de la zona sin que nadie los denunciara. Mientras los hermanos huían en un solo caballo se cruzaron en un sendero del monte con un anciano y su nieto; Isidro les dio diez mil pesos por el caballo y el anciano les indicó dónde estaban apostadas las patrullas y de este modo eludieron a sus perseguidores. El 21 de mayo, cumpleaños de Claudio, asaltaron el paraje de Costa Guaycurú y llamaron a los vecinos para que bebieran lo que quisieran, a su cargo. Wenceslao Ceniquel, comisario de Zapallar, marchó hacia la localidad y en el enfrentamiento hubo dos policías heridos. Claudio murió de un balazo e Isidro huyó sin que se supiera de él por un año.
En 1964 apareció en Zapallar en la compañía de Vicente Gauna, hombre de carácter violento e irracional que había iniciado su carrera delictiva en la adolescencia. Allí secuestraron a los hacendados Carlos y Gabino Zimmerman, cobraron un rescate y volvieron a desaparecer. A mediados de 1966 asaltaron el pueblo de Laguna Limpia y Gauna mató al alcalde Antonio Ponzardi después de robarle. A principios de 1967 secuestraron a los estancieros Agustín Guissano y a Antonio Persoglia y cobraron tres millones de pesos por el rescate de cada uno.
Inquietos, los miembros de la Sociedad Rural chaqueña ofrecieron entonces una recompensa de dos millones de pesos "a toda persona que entregue a estos delincuentes de cualquier forma o suministre información concreta que permita su detención". Fueron pegados carteles con sus fotos y el aviso en paredes de los poblados, troncos de los árboles, en pulperías, almacenes y prostíbulos. Para reforzar el ofrecimiento, el cartel citaba supuestas violaciones de Velázquez y Gauna a hijas menores de pobladores que no figuran en el prontuario policial. En una movilización sin antecedentes, ochocientos policías bien armados y con perros cortaron caminos, tomaron poblados y rastrillaron picadas y pajonales. La policía se dirigió a General Obligado al tener noticias de que allí estaban los fugitivos, pero emboscaron a una de las patrullas y mataron al agente Juan Ramón Mieres; después de estar quince días rodeados en la zona por el cerco policial, Velázquez y Gauna lo eludieron y volvieron a la zona que mejor conocían, sosteniendo un nuevo tiroteo en Lapachito. El diario La Razón del 16 de julio de 1967 publicaba la noticia con el título "Mediante ayuda, los delincuentes Velázquez y Gauna habrían eludido el cerco policial". Mientras preparaban el asalto a la sucursal del Banco de la Nación Argentina en la localidad de Machagai, Velázquez y Gauna se refugiaron en Quitilipi, cerca de una reserva toba cuyos pobladores les daban alimento y protección.
Traición y enfrentamiento final La policía identificó como posibles contactos de los fugitivos a la maestra Leonor Marianovich de Cejas, de 40 años, y al cartero Ruperto Aguilar y los convencieron para que colaboraran en atrapar a los fugitivos. Cejas dijo que había aceptado para compartir la recompensa con Aguilar. Algunos pobladores de Machagai aseguraron que en realidad ella era amiga de Velázquez desde mucho tiempo atrás y había colaborado con él en otras ocasiones y atribuyen la traición a la presión policial. alt=El llamado "Puente de la Traición", lugar donde emboscaron a Velazquez|miniaturadeimagen|El llamado "Puente de la Traición", lugar donde emboscaron a Velázquez Al anochecer del 1° de diciembre de 1967, Aguilar y Cejas debían trasladar en el Fiat 1500 de esta última a Velázquez y Gauna desde Quitilipi hasta Machagai. Velázquez llevaba su winchester y una 38, así como un cinturón con balas. Al llegar al puente de Pampa Bandera, y tal como acordara con la policía, la maestra detuvo el auto simulando un desperfecto y junto con Aguilar salieron del vehículo, permitiendo la acción de unos 30 hombres bien armados que aguardaban escondidos junto al camino. En el tiroteo posterior hubo más de quinientos balazos en pocos minutos. Gauna murió por los disparos pero alcanzó a herir en una pierna a Aguilar. Velázquez usó su winchester, hirió al cabo Santos Medina y se abrió camino a tiros durante trescientos metros en la oscuridad. Sus perseguidores iluminaron el lugar con los faros de sus autos y cuando el bandido, herido en una pierna y en un hombro estaba a punto de alcanzar la arboleda, lo alcanzaron con sus disparos, matándolo en el acto.
Algunos rasgos de Velázquez Velázquez menospreciaba a sus perseguidores policiales, les enviaba mensajes burlones y les hacía dibujos como los de las historietas en unos cuadernos, varios de los cuales le encontró encima la policía cuando lo abatió.
El punto de vista de Roberto Carri Velázquez es el tema del ensayo titulado Isidro Velázquez: formas prerrevolucionarias de la violencia (1968), del sociólogo Roberto Carri, quien se encontraba inicialmente vinculado al trotskismo pero más adelante se acercó al peronismo y militó en Montoneros, encontrándose incorporado a su aparato militar. En ese análisis de la vida y el accionar del bandolero el planteo general de Carri es que la acción de dicho bandolero (y de otros personajes similares) está lejos de ser una forma primitiva de rebeldía. Por el contrario, cree que constituye una forma precisamente política de acción, aunque despreciada por las ciencias sociales académicas, de las que se muestra muy crítico.Carri, Roberto. Isidro Velázquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia, Buenos Aires, Colihue, 2001, página 32.
Desarrollo del mito Entre la población circulaban versiones atribuyéndole a Velázquez cualidades sobrehumanas que algunos explicaban por la protección del payé de los esteros y que muchas personas, incluidos policías, juraban haber constatado, tales como que podía paralizar a quien lo perseguía, que las balas no le entraban o que era capaz de desaparecer de golpe, como evaporándose en el aire o transformándose en un animal.
Los carteles con el encabezado de “Vivo o muerto” que el gobierno chaqueño había pegado en todo el territorio solían aparecer arrancados o cruzados con leyendas tales como: “Isidro Velázquez no se entregará”.
Solía tener el apoyo de los pobladores más humildes, a los que recompensaba con generosidad, y muchos interpretaban eso no como la lógica retribución que hace un fugitivo para continuar gozando de amparos sino como una suerte de redistribución violenta de la riqueza, la de un moderno Robin Hood, y empezó a ser conocido como “El Vengador” por los vecinos. Dentro de este orden de ideas encajaba que elegía sus víctimas de robos y secuestros entre personas que por tener bienes podían ser personajes odiados por su condición social y económica, sin advertirse que obviamente sólo de ellos podía obtener el dinero que necesitaba para continuar esa vida. Así La Razón del 3 de diciembre de 1967 decía: