miniaturadeimagen|"Alegoría de la República", cuadro de Manuel Lopes Rodrigues perteneciente al acervo del Museo de Arte de Bahía miniaturadeimagen|Mariscal Manuel Deodoro de Fonseca miniaturadeimagen|Mosaico de San Simón en homenaje a la proclamación de la república brasileña La Proclamación de la República (), Golpe de 1889 o Golpe de la República fue un golpe de Estado militar que instauró la República de los Estados Unidos del Brasil el 15 de noviembre de 1889. Se apoderó de la monarquía constitucional del Imperio del Brasil y puso fin al reinado del emperador Pedro II de Brasil.
El golpe de Estado se produjo en Río de Janeiro, entonces capital del Imperio, cuando un grupo de militares del Ejército Imperial, encabezados por el mariscal Deodoro da Fonseca, dieron un golpe de Estado sin recurrir a la violencia, deponiendo al emperador Pedro II y al primer ministro de Brasil, el vizconde de Ouro Preto.
Ese mismo día, 15 de noviembre, se instauró un gobierno provisional, con el mariscal Deodoro da Fonseca como presidente de la República y jefe del Gobierno interino.
Situación política de Brasil en 1889
El gobierno imperial, a través del 37.º y último gabinete ministerial, creado el 7 de junio de 1889, bajo el mando del presidente del Consejo de Ministros del Imperio, Afonso Celso de Assis Figueiredo, vizconde de Ouro Preto, del Partido Liberal, percibiendo la difícil situación política en que se encontraba, presentó, en una última y desesperada tentativa de salvar el imperio, a la Cámara General, un programa de reformas políticas en el cual constaban, entre otras, las medidas siguientes: mayor autonomía administrativa para las provincias, libertad de voto, libertad de enseñanza, reducción de las prerrogativas del Consejo de Estado del Brasil y mandatos no vitalicios para el Senado Federal. Las propuestas del vizconde de Ouro Preto buscaban preservar el régimen monárquico en el país, pero fueron vetadas por la mayoría de los diputados de tendencia conservadora que controlaba la Cámara General. El 15 de noviembre de 1889, la república era proclamada.
Pérdida de prestigio de la monarquía brasileña Muchos fueron los factores que llevaron al Imperio a perder el apoyo de sus bases económicas, militares y sociales. De parte de los grupos conservadores por las serias fricciones con la Iglesia católica (en la "cuestión religiosa"); por la pérdida del apoyo político de los grandes hacendados en virtud de la abolición de la esclavitud, ocurrida en 1888, sin la indemnización de los propietarios de esclavos.
De parte de los grupos progresistas, había la crítica de que la monarquía había mantenido, hasta muy tarde, la esclavitud en el país. Los progresistas criticaban, también, la ausencia de iniciativas con vistas al desarrollo del país fuera económico, político o social, el mantenimiento de un régimen político de castas y el voto censitario, es decir, con base en la renta anual de las personas, la ausencia de un sistema de enseñanza universal, los altos índices de analfabetismo y de miseria y el alejamiento político de Brasil en relación con todos los demás países del continente, que eran republicanos.
Así, al mismo tiempo en que la legitimidad imperial decaía, la propuesta republicana, percibida como significando el progreso social, ganaba espacio. Sin embargo, es importante notar que la legitimidad del Emperador era distinguida de la del régimen imperial: mientras, por un lado, la población, de modo general, respetaba y gustaba de Don Pedro II, por otro lado, tenía cada vez menos en cuenta el propio imperio. En ese sentido, era voz corriente en la época, que no habría un tercer reinado, o sea, la monarquía no continuaría existiendo después del fallecimiento de Don Pedro II, sea debido a la falta de legitimidad del propio régimen monárquico, sea debido al repudio público al príncipe consorte, marido de la princesa Isabel, el francés Conde d'Eu. El conde tenía fama de arrogante, no oía bien, hablaba con acento francés y, además de todo, era dueño de viviendas en Río, por las cuales cobraba alquileres exorbitantes a gente pobre. Se temía que, cuando Isabel subiera al trono, El Conde d'Eu se convirtiera en el verdadero emperador de Brasil.
Aunque la frase de Aristides Lobo (periodista y líder republicano paulista, después hecho ministro del gobierno provisional), "El pueblo asistió bestializado" a la proclamación de la república haya entrado en la historia, investigaciones históricas más recientes, han dado otra versión a la aceptación de la república entre el pueblo brasileño. Es el caso de la tesis defendida por Maria Tereza Chaves de Mello (La República Consentida, Editora de la FGV, EDUR, 2007), que indica que la república, antes y después de la proclamación, era vista popularmente como un régimen político que traería el desarrollo, en sentido amplio, para el país.
Antecedentes de la proclamación de la República 250px|miniaturadeimagen|derecha|Óleo sobre lienzo de Benedito Calixto, llamado Proclamación de la República A partir de la década de 1870, como consecuencia de la Guerra del Paraguay (también llamada de Guerra de la Triple Alianza) (1864-1870), fue tomando cuerpo la idea de algunos sectores de la élite de cambiar el régimen político vigente. Factores que influenciaron ese movimiento: El emperador Don Pedro II tenía dos hijas —sus dos hijos varones habían muerto en la infancia—. El trono sería ocupado, después de su muerte, por su hija mayor, la princesa Isabel, casada con un francés, Gastón de Orléans, Conde d'Eu, lo que generaba el recelo en parte de la población de que el país fuera gobernado por un extranjero. El hecho de que los negros hayan apoyado el ejército en la Guerra del Paraguay y, cuando retornaron al país, permanecieran como esclavos, o sea, no ganaron la manumisión de sus dueños.
Crisis económica La crisis económica se agravó en función de los elevados gastos financieros generadas por la Guerra de la Triple Alianza, cubiertas por capitales externos. Los préstamos brasileños se elevaron de 3 000 000 de libras esterlinas en 1871 a casi 20 000 000 en 1889, lo que causó una inflación de la orden de 1,75 por ciento al año.
Cuestión abolicionista La cuestión abolicionista se imponía desde la abolición del tráfico negrero en 1850, encontrando viva resistencia entre las élites agrarias tradicionales del país. Contra las medidas adoptadas por el Imperio para la gradual extinción del régimen esclavista, debido a la repercusión de la experiencia fallida en los Estados Unidos de liberación general de los esclavos que habían llevado aquel país a la guerra civil, esas élites reivindicaban del Estado indemnizaciones proporcionales al precio total que habían pagado por los esclavos a ser liberados por ley. Estas indemnizaciones serían pagadas con préstamos externos.
Con el decreto de la Ley Áurea (1888), y el dejar de indemnizar esos grandes propietarios rurales, el imperio perdió su último pilar de sustentación. Llamados como "Republicanos de Última Hora" o Republicanos del 13 de mayo, los expropietarios de esclavos adhirieron a la causa republicana, no a causa de un sentimiento, sino como una "venganza" contra la monarquía.
En la visión de los progresistas, el Imperio de Brasil se mostró bastante lento en la solución de la llamada "Cuestión Servil", lo que, sin dudas, minó su legitimidad a lo largo de los años. Aún la adhesión de los expropietarios de esclavos, que no fueron indemnizados, a la causa republicana, evidencia lo mucho que el régimen imperial estaba vinculado a la esclavitud.
Así, después que la princesa Isabel firmara la Ley Áurea, João Maurício Wanderley, Barón de Cotegipe, el único senador del imperio que votó contra el proyecto de abolición de la esclavitud, profetizó: miniaturadeimagen|Diário Popular del 16 de noviembre de 1889. Archivo Nacional de Brasil.
Cuestión religiosa Desde el periodo colonial, la Iglesia Católica, en cuanto institución, se encontraba sometida al estado. Eso se mantuvo después de la independencia y significaba, entre otras cosas, que ninguna orden del papa podría entrar en vigor en Brasil sin que fuera previamente aprobada por el emperador (Beneplácito Régio). Ocurre que, en 1872, Vital Maria Gonçalves de Olivo y Antônio de Macedo Costa, obispos de Olinda y Belén respectivamente, resolvieron seguir, por cuenta propia, las órdenes de Papa Pio IX, que excluían, de la iglesia a los masones. Como los miembros de más alta influencia en el Brasil monárquico eran masones (algunos libros también citan el propio don Pedro II cómo masón), la bula no fue ratificada.
Los obispos rechazaron obedecer al emperador, siendo arrestados. En 1875, gracias a la intervención del masón Duque de Caxias, los obispos recibieron el perdón imperial y fueron puestos en libertad. Pero, en el episodio, la imagen del imperio se desgastó junto a la Iglesia Católica. Y este fue un factor agravante en la crisis de la monarquía, pues el apoyo de la Iglesia Católica a la monarquía siempre fue esencial a la subsistencia de la misma.
Cuestión militar Los militares del Ejército Brasileño estaban descontentos con la prohibición, impuesta por la monarquía, por la cual sus oficiales no podían manifestarse en la prensa sin previa autorización del Ministro de Guerra. Los militares no poseían autonomía de toma de decisión sobre la defensa del territorio, estando sujetos a las órdenes del emperador y del Gabinete de Ministros, formado por civiles, que se sobreponían a las órdenes de los generales. Así, en el imperio, la mayoría de los ministros de la guerra eran civiles.
Además de eso, frecuentemente los militares del Ejército Brasileño se sentían desprestigiados y no respetados. Por un lado, los dirigentes del imperio eran civiles, cuya selección era extremadamente elitista y cuya formación era escolástica, pero que resultaba en puestos altamente remunerados y valorados; por otro lado, los militares tenían una selección más democrática y una formación más técnica, pero que no resultaban ni en valorización profesional ni en reconocimiento político, social o económico. Las promociones en la carrera militar eran difíciles de ser obtenidas y estaban basadas en criterios personalistas en vez de promociones por mérito y antigüedad.
La Guerra del Paraguay, además de difundir los ideales republicanos, demostró a los militares esa devaluación de la carrera profesional, que se mantuvo y aún se acentuó después del final de la guerra. El resultado fue la percepción, de parte de los militares, de que se sacrificaban por un régimen que los consideraba poco y que daba mayor atención a la Marina de Brasil.
Actuación de los republicanos y de los positivistas Durante la Guerra del Paraguay, el contacto de los militares brasileños con la realidad de sus vecinos sudamericanos los llevó a reflexionar sobre la relación existente entre los regímenes políticos y los problemas sociales. A partir de eso, comenzó a desarrollarse, tanto entre los militares de carrera cuanto entre los civiles convocados para luchar en el conflicto, un interés mayor por el ideal republicano y por el desarrollo económico y social brasileño.
De esa forma, no fue casual que la propaganda republicana haya tenido, por marco inicial, la publicación del Manifiesto Republicano en 1870 (año en que terminó la Guerra del Paraguay), seguido por la Convención de Itu en 1873 y por el surgimiento de los clubes republicanos, que se multiplicaron, a partir de entonces, por los principales centros en el país.
Además de eso, varios grupos fueron fuertemente influenciados por la masonería (Deodoro de Fonseca era masón, así como todo su ministerio) y por el positivismo de Auguste Comte, especialmente, después de 1881, cuando surgió la Iglesia positivista de Brasil. Sus directores, Miguel Lemos y Raimundo Teixeira Mendes, iniciaron una fuerte campaña abolicionista y republicana.