El XXXII Congreso Eucarístico Internacional de 1934 se realizó en Buenos Aires, Argentina entre el 9 y el 14 de octubre de 1934 con la presencia de Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII. Fue el primero en celebrarse en América Latina y el tercero en América después de los realizados en Montreal y Chicago.
Por la magnitud de las multitudes que asistieron a los actos públicos, nunca antes vistas, fue el hecho de masas más importante del país hasta esa fecha y, para algunos historiadores, la movilización más grande que se haya producido en la Argentina hasta la fecha (2014)..
Antecedentes Los Congresos Eucarísticos El Congreso Eucarístico Internacional es una asamblea de la Iglesia católica que, convocada por el Papa, se reúne durante unos días en una ciudad determinada por la Santa Sede, para dar culto a la Eucaristía y orientar la misión de la Iglesia Católica en el mundo. Reúne a obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y fieles laicos presididos por el mismo Papa o por un delegado nombrado ad hoc.
El primer Congreso Eucarístico Internacional se celebró en la ciudad francesa de Lille en 1881. Pese a que en un principio se organizó un congreso cada año, no existe un calendario que fije su periodicidad. En los últimos años se han venido celebrando con un promedio de cada tres o cuatro años, y siempre en una ciudad diferente. Hasta la actualidad se han celebrado cincuenta congresos: el último, denominado Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, tuvo lugar en Dublín en el año 2012, su tema fue La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros. El año 2012 marcó el 50.° aniversario de la apertura del Concilio Vaticano Segundo, y la elección del tema está unida con el Concilio, especialmente con Lumen Gentium n.º 7.Lumen Gentium El próximo se realizará en 2016 en la ciudad de Cebú, Filipinas.
Antecedentes en Argentina En 1916 se había realizado en Buenos Aires el Primer Congreso Eucarístico Nacional. En 1929 multitudes de personas desfilaron en celebración a Don Bosco desde Plaza de Mayo hasta el templo salesiano de San Carlos en Almagro donde la cabeza de la procesión fue recibida por el presidente Hipólito Yrigoyen.
Desde antes el arzobispo Mariano Antonio Espinosa había propiciado ante el Papa la realización de un Congreso Eucarístico en fecha cercana al Centenario para producir un hecho religioso de envergadura en contraposición con el tono liberal y laicista que había en el país desde que en la década del ochenta se habían aprobado las llamadas leyes laicas. Espinosa falleció en 1923 y en 1932 el arzobispo fray José María Bottaro recibió la autorización de Roma. thumb|Cruz en homenaje al Congreso sobre el Edificio Kavanagh en construcción
Los días previos al Congreso El 2 de octubre de 1934 con la presencia del presidente Agustín Pedro Justo se inauguró la muestra de Arte Religioso Retrospectivo que dirigió Enrique Udaondo, director del Museo Histórico de Luján. El 8 de octubre prestaron el juramento constitucional los nuevos arzobispos de Santa Fe, San Juan, La Plata y Córdoba y en Buenos Aires fueron inauguradas por el arzobispo Santiago Luis Copello las nuevas iglesias de Santiago Apóstol, Corpus Domine, Santísima Cruz y San Juan Bautista..
Se pusieron en escena algunos espectáculos vinculados al acontecimiento que iba a suceder: el estreno de Roma, obra teatral de Enrique Larreta, no muy bien recibida por la crítica y la puesta de la ópera Cecilia, dirigida en el Teatro Colón por su autor monseñor Licinio Refice, especialmente llegado al efecto desde Italia; cantarán la soprano Claudia Muzio y el tenor Koloman von Pataky y se utilizaron los mismos decorados que en Roma.
En Rosario hubo diversos actos organizados por el movimiento anarquista a favor del laicismo y contra el Congreso Eucarístico Internacional, entre cuyos oradores estuvo Juan Lazarte
El mismo día que el mártir Héctor Valdivielso Sáez, el primer santo argentino, entregó su vida el 9 de octubre, comenzó el Congreso Eucarístico Internacional de 1934 que marcó un renacimiento del catolicismo argentino, un hito a partir del cual se inició una vida nueva de la Iglesia en la Argentina, aumentaron las diócesis, crecieron las vocaciones, se construyeron nuevas parroquias, y el laicado cobró conciencia de su importancia en la Iglesia.
Realización Los lugares En el barrio de Palermo a la altura del Monumento de los españoles, en la intersección de las actuales Avenida del Libertador y avenida General Sarmiento se levantó una inmensa cruz de 35 metros de altura que cubría el monumento –y sus desnudos- y allí se realizaron los actos centrales. También hubo procesiones en la Plaza de Mayo, en la Plaza del Congreso y otras que partían de la Iglesia del Pilar en barrio de la Recoleta hacia Palermo..
Por otra parte, muchas casas tenían en sus puertas el escudo del Congreso Eucarístico, una chapa triangular con los colores argentinos y pontificios y símbolos heráldicos tomados sobre el tradicional blasón de Buenos Aires y desde días antes gran cantidad de banderas con los colores argentinos alternando con los papales lucían en la ciudad. Se aprovechó el frente del Edificio Kavanagh, todavía en construcción, para colocarle en su parte superior una cruz blanca de varios pisos de altura en adhesión al Congreso Eucarístico. thumb|Vista del público reunido en el acto junto al Monumento a los Españoles
El público El arribo de los ilustres visitantes o las ceremonias de gala realizadas en el Teatro Colón atraían cantidad de personas a las cercanías. Muchos peregrinos del interior del país y de países vecinos aprovecharon la ocasión para conocer Buenos Aires y algunos de sus lugares turísticos, como el Delta del Paraná, Luján y La Plata. Las instalaciones hoteleras, locales de comida y medios de transporte se vieron colmados y muchos visitantes fueron alojados en casas de familia la Comisión de Alojamiento, incluyendo personalidades como el Patriarca de Lisboa Manuel González Cerejeira que habitó el Palacio Anchorena, que dos años después el gobierno adquiriera para sede de la Cancillería y el arzobispo de París cardenal Jean Verdier que vivió en la casa de María “Elisa” Alvear de Bosch (1867-1957) ubicada en la intersección de las calles Montevideo y Quintana..
Además de quienes viajaban al evento en el mismo barco que el enviado papal, también vinieron peregrinos por distintos medios de transporte. Así el Southern Prince venía de San Francisco incluyendo en el pasaje a los arzobispos de San Luis, John J. Glennon, de San Francisco, Juan Mitty, el Southern Cross incluía al arzobispo de Puebla Pedro de Vera y Zuría y al auxiliar de Guadalajara, el Malolo traía 70 peregrinos desde Nueva York, el Madrid transportaba entre el pasaje al arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Goma y Tomas, el Cabo San Agustín traía al obispo de Madrid y Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay, el Flandria traía prelados holandeses y en el Oceanía viajaban peregrinos polacos, austríacos, checoslovacos, italianos, yugoslavos y húngaros. Había trenes y vapores especiales desde Uruguay y Chile..
El número de participantes en los actos públicos no se conoce con precisión, pero se estimó que en las celebraciones del 12 de octubre y del domingo 14, la concurrencia superó el millón de personas, una cifra altísima dada la población de ocho millones de habitantes que había en ese momento en todo el país. Llamó la atención de los observadores el orden que hubo en la semana del Congreso, sin incidentes significativos ni agresiones de anarquistas y librepensadores. Antes de esa fecha el presidente Justo obtuvo en una reunión discreta con dirigentes socialistas, anarquistas y de la masonería el compromiso de no interferir.
Había en el público mujeres con mantilla; los hombres, de saco, corbata y sombrero; militares, con sus uniformes de gala; cardenales, con sus capelos; niñas de comunión, vestidas de blanco; niños, con sus trajecitos y el moño, en el brazo.
Vendedores ambulantes de estampitas, rosarios, sellos postales y prendedores conmemorativos se hicieron presentes en los actos. En el predio de la Sociedad Rural ubicado a pocos metros de la Cruz de Palermo donde se desarrollaba el Congreso, se podía almorzar por $ 1,50.
En los actos el padre Dionisio Napal, vicario de la Armada Argentina actuó de locutor oficial a través de los parlantes y las multitudes coreaban el cántico “Dios de los corazones, sublime redentor, domina a las naciones, enséñales tu amor” y las consignas “Lenin o Jesús” y “Cristo vence”.
Aportes al financiamiento Aportes de particulares y anuncios de los productos Cervezas Bieckert, Cigarrillos Chesterfiled, Bizcochos Canale, YPF, Shell y Texaco contribuyeron al financiamiento y se dice que Adelia María Harilaos de Olmos vendió una de sus estancias para contribuir a los gastos.
Repercusión en los medios Los diarios y revistas editaron números especiales, La Nación contaba con Eduardo Mallea como enviado especial que enviaba sus crónicas desde el Conte Grande donde viajaba junto con la comitiva papal y se rodó el documental de largo metraje Congreso Eucarístico sobre el Congreso, que se estrenó el 26 de noviembre de 1935 en el Teatro Colón de Buenos Aires.
El cardenal Pacelli El papa Pío XI envió como su representante personal al cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado de la Santa Sede que en 1939 tomó el nombre de Pío XII al ser nombrado papa, y era la primera vez hasta entonces que un funcionario de ese rango era enviado a un congreso internacional. Pacelli viajó a bordo del Conte Grande, uno de los buques de pasajeros más lujosos de la época y, al igual que los integrantes de su comitiva, aprovecharon el tiempo de viaje para aprender castellano. En el mismo buque también viajaban Ernesto Ruffini, que en 1946 fue nombrado cardenal y en 1950 concurrió como enviado del papa al V Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en Rosario y el príncipe Jorge de Wittelsbach, de Baviera (1880-1943), el nieto favorito del Emperador Francisco José I de Austria-Hungría, quien luego de casarse en 1912 huyó durante su luna de miel; luchó en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, lo dejó en 1919 para estudiar teología, fue ordenado sacerdote en 1921 y, posteriormente, canónigo secular en la Basílica de San Pedro en Roma..
thumb|Eugenio Pacelli junto al presidente argentino Agustín Pedro Justo. El Conte Grande, escoltado por seis buques de la Armada Argentina, llegó el 9 de octubre de 1934 a las 3 y media de la tarde y fue recibido en el muelle de la Dársena Norte del puerto por las más altas autoridades religiosas y políticas encabezadas por el presidente Justo además de numeroso público. El arribo fue narrado por el locutor del Congreso Eucarístico monseñor Dionisio Napal y transmitido por radiofonía a Estados Unidos y Europa.
Se alojó durante toda su estadía en el Palacio Fernández Anchorena, un palacio de 5000m² ubicado en la Avenida Alvear 1605 (esquina Montevideo), en la ciudad de Buenos Aires, propiedad de Adelia María Harilaos de Olmos (1865-1949) que al morir dejó como legado por testamento para residencia del nuncio apostólico y que es actualmente sede de la nunciatura de la Santa Sede.
Adelia Olmos:
Fue vicepresidente de la Comisión Ejecutiva del Congreso al igual que María de los Remedios Unzué de Alvear(1862-1950) y también colaboró María Mercedes Castellanos de Anchorena, por lo cual recibieron del Papa el título honorífico de marquesas pontificias.. Las habitaciones de monseñor Pacelli daban al jardín del fondo, la dueña de casa encargó juegos de sábanas de hilo con el escudo del cardenal y toallones de baño de color amarillo y blanco, los colores del Papa. La cama que utilizó se encuentra actualmente en el Museo de Luján.
Desarrollo Actos centrales