Diego Vicente María de Cañas y Portocarrero, duque del Parque (Valladolid, 1751 – Cádiz, 1824; conocido generalmente por su segundo nombre de pila, pero que figura a veces con el de Diego), fue un noble, militar, diplomático y político español. Combatió contra los franceses en la Guerra de la Independencia, hallándose al mando del Ejército de la Izquierda en las batallas de Tamames, Carpio y Alba de Tormes (1809). Entre otros cargos públicos, fue ministro plenipotenciario en San Petersburgo (1798), capitán general de Castilla la Vieja (1809), presidente de la Real Chancillería de Valladolid (1815), embajador electo en Viena y en París (1815), consejero de Estado (1819) y presidente del Congreso de los Diputados (1822).
Primeros años
Nació en Valladolid el 24 de mayo de 1751,Luis Vilar y Pascual. Diccionario histórico-genealógico y heráldico de las familias ilustres de la monarquía española, t. VII (Madrid, 1864), p. 64. Visible en el Internet Archive. vástago de una familia aristocrática de tradición militar y cortesana. Recibió el bautismo al día siguiente en la iglesia parroquial de San Miguel, y se le impusieron los nombres de Diego Vicente María.Eric Beerman. «El duque del Parque, capitán general de las Canarias durante la Guerra de la Independencia» , en Francisco Morales Padrón (coord.), XVI Coloquio de historia canario-americano: 2004 (Las Palmas: Cabildo Insular, 2006, ISBN 978-84-8103-407-3), pp. 846-849. Puede descargarse también desde Dialnet.
Fue hijo de Manuel Joaquín de Cañas y Trelles (1716-1791), marqués de Vallecerrato, grande de España, príncipe de la Sala de Partinico y duque del Parque, notario mayor del reino de León, patrono del Colegio Mayor de Cuenca en Salamanca, alguacil mayor de la Inquisición de Valladolid y alférez mayor (jure uxoris) de los Peones de Castilla, natural de Oviedo, y de Agustina María Portocarrero y Maldonado (1734-1764), III marquesa de Castrillo y de Villavieja, III condesa de Belmonte, nacida en Salamanca.Montserrat García Muñoz. «Vicente María Cañas y Portocarrero», en el Diccionario biográfico español (Real Academia de la Historia). Consultado el 11 de junio de 2019.
Aunque tuvo cinco hermanas, fue el único hijo varón del matrimonio. Como primogénito, había de suceder en las citadas dignidades hereditarias después de los días de sus padres.
Su padre era también teniente general y sirvió muchos años en Palacio como gentilhombre de cámara del rey Carlos III, y de manga de sus tres hijos menores: los infantes Don Gabriel, Don Antonio Pascual y Don Francisco Javier, de quienes se encargó como teniente de ayo, gobernador de su cuarto y superintendente de sus haciendas.Diego Valor Bravo de Medina. «Joaquín de Cañas Acuña y Trelles Manuel», en el Diccionario biográfico español (Real Academia de la Historia). Consultado el 13 de junio de 2019.
Vicente inició su carrera militar con 19 años como cadete de un regimiento de Infantería. Pocos años después —aún joven— empezó a servir en Palacio, como su padre, e ingresó en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, de la que fue elegido subdirector en 1789.
El 3 de noviembre de 1791 el rey Carlos IV le confirió el empleo de coronel, y el encargo de fundar el Regimiento de voluntarios de Infantería Ligera de Tarragona, con la misión de vigilar la frontera catalana, y que se instaló en Barcelona al año siguiente. Al mando de esta unidad, sostuvo varias campañas en los Pirineos contra fuerzas de la República Francesa durante la Guerra del Rosellón, siendo premiado con el ascenso a mariscal de campo el 12 de abril de 1794. En estas acciones, los voluntarios de Tarragona se ganaron, por su valor, el respeto del enemigo, y por el color de su uniforme, el sobrenombre de les Rouges.«Regimiento de Infantería Ligera de Tarragona», en Historia militar de España (altorres.synology.me), con remisión a Campañas en los Pirineos a finales del siglo XVIII, t. II: Campaña del Rosellón (Madrid: Servicio Histórico Militar, 1951). Consultado el 15 de junio de 2019.
Alcanzó el empleo de teniente general el 13 de junio de 1798.
Misión en San Petersburgo y Dresde
El 13 de junio de 1798 fue nombrado embajador cerca del emperador Francisco II, pero tres meses después se mudó este nombramiento por el de ministro plenipotenciario en San Petersburgo, ambos a designación del secretario Urquijo.Mariano Luis de Urquijo sucedió a Francisco de Saavedra como primer secretario de Estado en el ínterim entre ambos nombramientos, pero ya llevaba las riendas de la cancillería desde tiempo antes. Era amigo del duque del Parque según Beerman (op. cit. , p. 846). Consta que pocos días después de su nombramiento para Viena, ya estaba designado para San Petersburgo, pues el 1.º de mayo de 1798, el embajador de Francia en España, Truguet, dirigía un oficio al ministro Saavedra sobre el pasaporte que se había solicitado para «el duque del Parque, ministro plenipotenciario en Rusia». AHN, Estado, leg. 4653.
Partió con credenciales del rey Carlos IV para el zar Pablo I, pero llegado a París el 1.º de enero de 1799, tropezó con las reticencias del Directorio francés ante un diplomático amigo enviado a un país hostil. Las trabas de las autoridades le obligaron a demorarse en París al menos hasta marzo.E. Beerman, op. cit. , p. 846, con remisión a Beatriz Badorrey Martín, Los orígenes del Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid, 1999), p. 414.
Desde Madrid se le ordenó viajar a Dresde, donde se hallaba en abril de 1799, para explorar en la corte de Federico Augusto III la posibilidad de un matrimonio del príncipe de Asturias con una princesa sajona: misión oficiosa que simultanearía con la oficial ante el zar. Tras una breve estancia en San Petersburgo, a finales de 1799 regresó a Dresde, donde se hallaba de nuevo en septiembre de 1800.
En 1802 fue relevado al frente de la legación en Rusia y pasó a Amberes, desde donde solicitó en vano volver a España. El ministerio, que no deseaba tener en la corte a un declarado partidario del príncipe de Asturias, le envió a París, donde sería vigilado por el embajador Gravina. Se le autorizó a regresar a España el 1.º de noviembre de 1804.Didier Ozanam. Les diplomates espagnols du XVIIIe siècle: introduction et répertoire biographique (1700-1808) (Madrid: Casa de Velázquez, 1998), s.v. «Cañas Acuña y Portocarrero, Vicente María de», pp. 208-209.
Abdicaciones y Junta de Bayona
A principios de 1808, el duque del Parque era teniente general, capitán de la tercera compañía del Real Cuerpo de Guardias de Corps y gentilhombre de cámara del rey Carlos IV, con ejercicio y servidumbre. Gozaba de bastante predicamento en la corte y era declarado partidario del príncipe Fernando. Por entonces aconsejó al rey que acudiera a Bayona de Francia para entrevistarse con Napoleón. Lo que daría ocasión, en mayo de dicho año, a las abdicaciones que entregaron la corona de España a José Bonaparte.
En marzo, vio cumplidos sus anhelos políticos cuando el Motín de Aranjuez provocó la caída de Godoy y el ascenso al trono de Fernando VII. Poco después viajó a Bayona en el séquito del nuevo rey, quien allí le designó su representante personal para cumplimentar al gran duque de Berg, cuñado de los Bonaparte. Comisión análoga a la que desempeñaron con el emperador otros tres grandes de España: el duque de Frías, el conde de Fernán-Núñez y el duque de Medinaceli.
Fue uno de los 38 nobles —y uno de los diez grandes— que tomaron parte en un simulacro de Cortes que se llamó Junta de Bayona. Reunida del 15 de junio al 7 de julio de 1808, debatió y aprobó con pocas modificaciones el proyecto de Constitución preparado por el Corso.Álvarez Alonso, Clara. «Documentos constitucionales de España 1808-1845.» En: Dippel, Horst (coordinador) Constitutions of the World from the late 18th Century to the Middle of the 19th Century, pp. 177-8. De Gruyter, 2010. En Google Books. Consultado el 5 de mayo de 2016.
Respecto al texto de la Constitución de Bayona propuesto a la Junta, Parque rehusó emitir el dictamen que se le requería, manifestando «que habiéndome dedicado exclusivamente al estudio del arte militar que profeso, carezco de los conocimientos necesarios para juzgar la Constitución de un Estado».El original de este documento, fechado en Bayona a 26 de junio de 1808, obra en el ACD, Archivo Reservado de Fernando VII, t. 3, f. 21, y puede verse digitalizado en la web del Congreso de los Diputados.
También figuró entre los firmantes de una proclama destinada a contener los movimientos de insurrección que se propagaban por España, en la que se exponía la necesidad de someterse a la fuerza de los hechos consumados.
Al servicio de José Bonaparte
El 3 de julio de 1808 juró fidelidad a dicha Constitución y al rey José I, quien cuatro días después le confirmó como capitán de su guardia de corps.Gaceta de Madrid, pág. 796. Imprenta Real, 1808. En Google Books. Consultado el 5 de mayo de 2016. Mientras que otros guardias, disconformes con la usurpación, abandonaban el cuerpo o pedían ser separados del mismo.
Tal como había hecho en Bayona por orden de Fernando VII —pero ahora obedeciendo al rey José—, en diciembre acudió a Chamartín de la Rosa a ponerse a las órdenes del gran duque de Berg, que llegaba a Madrid al mando del Cuerpo del Ejército francés acompañado por el mariscal Moncey y el general Dupont. El día 31, instalado ya el gran duque en su cuartel general, el duque del Parque le hizo entrega de la espada de Francisco I.Pérez de Guzmán y Gallo, Juan. El Dos de Mayo de 1808 en Madrid, pp. 177-205, 221. Editorial MAXTOR, 2008. En Google Books. Consultado el 5 de mayo de 2016.
Guerra de la Independencia
Avanzada la Guerra de la Independencia, depuso el tibio afrancesamiento que había profesado hasta entonces. Tras la batalla de Bailén se abstuvo de seguir al rey intruso en su retirada hacia el Ebro y se pasó a las filas nacionales.
En su deserción del bando francés le acompañó otro teniente general: Pedro Rodríguez Laburia. A principios de marzo de 1809, ambos se pusieron a las órdenes del general García de la Cuesta, que estaba reorganizando el ejército de Extremadura. La Junta patriótica de Extremadura no vio con buenos ojos estas incorporaciones, y comunicó a Cuesta que «Los tenientes generales destinados al ejército de esta Provincia, el Duque del Parque y Don Pedro Rodríguez Laburia, no gozan de la más favorable opinión pública a vista de la conducta que han observado con los franceses: el primero en Bayona y Madrid y el segundo a la entrada de ellos en el Reyno.»Juan José Sañudo Bayón. «Campaña y Batalla de Medellín», en J. Á. Calero Carretero y T. García Muñoz (coord.) Actas de las Jornadas de historia de las Vegas Altas: La batalla de Medellín (28 de marzo de 1809): Medellín-Don Benito, 26 y 27 de marzo de 2009 (2009, ISBN 978-84-613-5602-7), pp. 111-160.
Pese a ello, se le dio el mando de la 1.ª división de dicho ejército, con la que tomó parte en la batalla de Medellín contra el ejército del mariscal Víctor. El resultado de esta batalla fue desastroso para los nacionales, pero el duque del Parque jugó un buen papel defendiendo la posición de Mesas de Ibor, y fue elogiado así por Cuesta: «En realidad todas las tropas que mandó el duque del Parque aquel día con su acostumbrada serenidad y pericia, hicieron olvidar las pasadas derrotas y dispersiones».
Ejército de la Izquierda
En junio de 1809, la Junta Central le nombró capitán general de Castilla la Vieja, con sede en Ciudad Rodrigo, y le dio el mando del Ejército de la Izquierda.
En otoño consiguió dos importantes victorias contra las tropas franceses: la primera y más importante el 8 de octubre en Tamames (Salamanca), donde derrotó al ejército del general Marchand, lo que permitió recuperar Salamanca y comprometer el dominio francés en Castilla la Vieja. Y una segunda, más dudosa, en Carpio (Valladolid), donde venció al general Kellermann el 23 de noviembre.