La Vaquilla del Ángel es la fiesta de mayor arraigo en la ciudad de Teruel. Dedicadas al santo Ángel Custodio, patrono de la ciudad, rememoran la legendaria fundación de Teruel por parte de unos caballeros aragoneses tras tomar la fortaleza musulmana a la que les condujo un toro bravo. El festejo más arcaico es el del toro ensogado, que corre por las calles el lunes entre los quiebros de los mozos. Sin embargo, la puesta del pañuelico —el acto más conocido de todos—, la quita del pañuelico y las diferentes actuaciones musicales de las peñas son los actos más populares y que más público congregan.

Se celebra, anualmente, el fin de semana más cercano al 10 de julio, incluyendo viernes, sábado, domingo y lunes. En la misma, 21 asociaciones culturales programan y ponen en escena más de cien propuestas musicales durante los cuatro días, todas ellas de manera gratuita y de libre acceso, con artistas de primer nivel y de muy diferentes estilos.

Orígenes Hunde sus raíces en época medieval y ha ido transformándose a lo largo de la historia. Ya en vida del venerable Francés de Aranda (1356-1441) era costumbre llevar a la cárcel de la ciudad varios toros para que fueran capeados por los presos y muertos después para su consumo. Debido a la bravura de las reses eran transportados atados con dos fuertes cuerdas para impedir que se desmandaran. La gente que se hallaba por las calles, encontró un aliciente emocional en la provocación a los astados por los lugares donde pasaban, amparados en la seguridad de las maromas. Cuando eso se extendió los que los conducían aflojaban cuerda para que pudieran avanzar y asustar a la gente. Es posible que así naciera La Vaquilla Del Ángel.

Otra de las leyendas más extendidas sobre el origen del nombre de la ciudad explica que, en tiempos lejanos, la ubicación de las villas se realizaba sirviéndose de un animal salvaje: se perseguía a éste y en el lugar en que se le abatía se erigía un santuario. Alrededor de este altar se construía el pueblo.

Los aldeanos que habitaban en la zona salieron en busca de un toro salvaje que recorría los alrededores. Una noche, el animal se detuvo bajo una estrella y comenzó a bramar. Los adalides tomaron como buenas las señales que el Cielo y la Tierra les presentaban, y construyeron allí la villa. Tomaron del toro tres letras, «Tor», y de la estrella, llamada Actuel, otras tres, «Uel». Estas seis letras juntas dieron el nombre a la villa: «Toruel».

El lugar donde el toro y la estrella se detuvieron es ahora la plaza del Tórico.

Con esos antecedentes y diversas épocas de prohibición a lo largo de la historia, llegamos a nuestros días en el que La Vaquilla del Ángel es una fiesta variable y se desarrolla el segundo domingo después de San Pedro, o el más próximo a San Cristóbal, en el mes de julio, desde el viernes al lunes.

Estructura de las fiestas Aunque las peñas, a partir de los años 70, comenzaron la fiesta el viernes, el rezo de la salve es el inicio oficial de la misma, pero no es hasta la primera hora de la tarde cuando se inicia popularmente. Cuando el reloj da las cuatro y media, el alcalde sale al balcón del Ayuntamiento para proclamar: «¡Vaquilleros, la vaquilla es vuestra!, que suene el campanico». Se refiere a una pequeña campana que se halla en el tejado del Ayuntamiento y que sólo suena en esta ocasión.

Sin duda, el mayor momento de emoción es el de ponerle el pañuelo al Torico, pues todas las personas de la plaza vibran en ese momento de clímax, momento en que la plaza estalla de júbilo y las charangas suenan a tope, propagando la alegría de tres intensos días de fiesta.

La fiesta en la calle Sobre todo es una fiesta popular y callejera, con multitud de actuaciones musicales en todos los rincones del centro de la ciudad. Los turolenses se echan a las calles y las 21 peñas inician sus actividades tanto en sus locales (ubicados en diferentes calles y plazas de la ciudad y cuya entrada es libre), como por las calles con sus respectivas charangas y grupos de calle.

En los locales de las peñas se come, se bebe y se baila con las diferentes actuaciones de grupos y deejays de muy diversos estilos.

El domingo En la tarde del domingo todos los peñistas y gran cantidad de turolenses se concentran en la Plaza de Toros para conocer los cuatro toros que recorrerán las calles de Teruel el lunes y para celebrar la tradicional merienda. Peñistas, grupos familiares y de amigos probarán el rico «regañao» de jamón o de sardina junto a otras delicias, que regarán con abundantes bebidas.

En este acto es cada vez más habitual que los asistentes a la plaza lo hagan disfrazados, lo cual le da un mayor colorido, si cabe, a la fiesta.

Los ensogados El lunes de La Vaquilla el protagonista es el toro, ya que a las 5 de la mañana se produce la espectacular salida del primer toro a la plaza. Uno a uno, los cuatro toros ensogados se trasladarán desde la plaza de toros hasta la Ronda, acompañados por cientos de corredores. Los toros de esta fiesta no van sueltos por la calle, sino que van amarrados por cuerdas que se conocen como la soga y la baga. Los toros llevan ya la soga puesta, anudada a la testuz. Es impresionante la salida del toro de los toriles con toda su fuerza y verle embestir a un muñeco de paja, en ese momento se le añade la baga que es otra cuerda que limita más los movimientos del toro. Hay un grupo de personas que son los encargados de realizar todas estas labores, son los miembros de la soga y la baga; personas que respetan y aman al toro y que lo dominan para evitar percances a los vaquilleros.

A las 11 de la mañana, serán los más pequeños, acompañados casi siempre por sus abuelos, los que puedan disfrutar de pequeños becerros ensogados en la plaza del Tórico.

A partir de las 18:00 h. los toros ensogados corridos por la mañana recorrerán las calles del centro.

El final de la fiesta A la fiesta se pone fin con una gran traca, la quitada del pañuelo al Tórico y los actos musicales hasta que la noche acaba cuando ya despunta el sol del martes.

Historia La fiesta de los toros ha estado muy arraigada en Teruel desde los orígenes de esta ciudad. En el Libro verde ya se relaciona a Teruel con el mito del toro. Varios son los testimonios sobre las fiestas de toros que dieron como resultado La Vaquilla del Ángel.

Según Jaime Caruana, el 18 de junio de 1397 el rey Martín I el Humano, con motivo de su visita a la ciudad de Teruel, fue agasajado con bailes, música, vino y un par de toros bravos que se corrieron por las calles turolenses. Los albaranes de la compra de dichos toros, con fecha 11 de junio de 1397, todavía se conservan en el archivo municipal. Tal hecho bien pudo ser un precedente histórico de la actual Vaquilla, pues los tres ingredientes básicos no han cambiado.

Ángel Novella Mateo aporta nuevas luces al tema cuando, según indagaciones propias, constata lo siguiente: «Notario, Bernat Plaza, 20 de abril de 1450 (dos días antes de San Jorge): Los regidores mandan pagar 10 sueldos jaqueses al mayordomo de la Compañía de Caballeros de San Jorge en ayuda del buey o novillo que desean correr en la plaza Mayor los de la compañía».

Todo parece indicar pues, que el origen de La Vaquilla se remonta a la Edad Media ya que todas las fiestas taurinas celebradas en Teruel durante los siglos , y ponen de manifiesto el gran arraigo de las mismas en esta ciudad desde los primeros siglos de su historia.

Ramón Navarro, en su libro Cincuenta años fiel a una afición, expone: «La fiesta, tal como hoy la celebramos, bajo el amparo del Santo Ángel de la Guarda, arranca de finales del merced a una donación hecha por el venerable Francés de Aranda (1356-1441) con el fin de que la carne de los toros corridos fuera a remediar el hambre de los pobres, repartiéndola preferentemente en los hospitales y entre los presos de las cárceles». Las reses bravas, costeadas con la donación del ya mencionado Francés de Aranda y procedentes de una ganadería cercana a la capital, eran transportadas atadas con fuertes maromas a fin de evitar que se desmandaran. En su traslado, la gente que se encontraba por las calles de los distintos lugares por donde pasaban, amparados en la seguridad de las maromas, encontraba un aliciente emocional provocando a los astados. Los que conducían los toros aflojaban la cuerda, para que pudieran avanzar y asustar a la gente.

En 1522, la festividad del Ángel Custodio, que se celebraba desde antaño el 2 de octubre, se trasladó al 6 de julio con el fin de dar realce a una fiesta que empezaba a tener mayor importancia. Los datos sobre este traslado de la fiesta se conservan en un misal gótico de la diócesis de Zaragoza.

Según la tradición, La Vaquilla del Ángel debe celebrarse el segundo domingo después de San Pedro (29 de junio), o el más próximo a San Cristóbal (10 de julio), pues así queda reflejado el Libro verde: «El segundo domingo después del día de San Pedro es el Ángel Custodio, hace fiestas la ciudad y las vísperas se dice una salve a las 6 horas de la tarde. Con la música córrese un toro, el cual tienen obligación de dar los carniceros».

Yagüe de Salas, en el , hizo referencias jocosas a los toros ensogados que se toreaban en Teruel y las grandes palizas que se les propinaban, motivo que ocasionó la suspensión de la fiesta en varias ocasiones. En cualquier caso, según las anotaciones de este notario, la fiesta de La Vaquilla del era básicamente similar a la actual.

Los primeros documentos en los que se habla de la fiesta del Ángel Custodio, ya como algo tradicional, datan de los albores del , cuando en un escrito religioso se da cuenta de los honorarios de la misa, lo que queda ratificado en el libro de actas del Ayuntamiento, que hace referencia a las fiestas de 1621. Otra fecha interesante de este mismo siglo es la del 31 de agosto de 1679, cuando la ciudad de Teruel celebró con un toro ensogado la fiesta del casamiento del monarca Carlos II con María Luisa de Orleans.

Según Cosme Blasco, otra tradición que existió en Teruel era la siguiente: «En el llano de San Cristóbal (en la carretera de Alcañiz), existía una ermita dedicada al mencionado santo, donde acudían los turolenses en romería y se corría un toro embolado llamado Toro de la Ciudad».

En el , una rica dama turolense, inspirada en la tradición de correr toros y celebrar las fiestas del Ángel Custodio, tuvo a bien elegir la fiesta del Ángel para obsequiar todos los años a la ciudad con un par vaquillas o toros que eran corridos por la plazoleta de la catedral, calles adyacentes y plaza del Mercado. Hasta 1880 dos fueron los toros que conformaban la corrida de la tarde del domingo y el lunes, siguiendo el ritual de que al menos uno de los dos toros había que llevarlo a dar lo que se llamaba la vuelta del Ángel, la cual consistía en correr cada toro enmaromado saliendo del Mercado por la calle de los Amantes y pasando por la calle de la Constitución devolverlo al Mercado por la calle de la Pescadería. A esta fiesta se le adjudicó el nombre de La Vaca del Ángel. A partir de 1880, cuando esta dama ya no pudo costear el festejo el Ayuntamiento se hizo cargo del mismo. Junto a este festejo taurino, los otros actos festivos que se celebraron hasta 1880 fueron: la salve de la víspera y la misa solemne del domingo.