José Fernando Leopoldo de Baviera (Viena, 28 de octubre de 1692 - Bruselas, 6 de febrero de 1699) fue príncipe elector de Baviera y heredero de todos los reinos, estados y señoríos de la Monarquía Hispánica desde 1696, por testamento del rey Carlos II de España, hasta su muerte en 1699.
Biografía El príncipe José Fernando Leopoldo nació en Viena el 28 de octubre de 1692, hijo del duque elector Maximiliano II Manuel de Baviera y de la archiduquesa María Antonia de Austria, única hija superviviente del emperador Leopoldo I y su primera esposa, la infanta Margarita Teresa de Austria. Era, por tanto, bisnieto del rey Felipe IV de España y de su segunda mujer, la reina Mariana de Austria, y sobrino nieto del rey Carlos II de España.
Poco tiempo después de su nacimiento (24 de diciembre), su madre moría a consecuencia de una mala recuperación del parto. El pequeño príncipe quedó entonces a cargo de su abuelo el emperador Leopoldo I, pues su padre se encontraba en Bruselas, donde ejercía como gobernador de los Países Bajos españoles desde marzo de 1692Kalken, van F.: "La fine du régime espagnol aux Pays Bas". Boletín de la Real Academia de la Historia. Comentarios de Antonio Vives. Madrid, 1908 (pág. 300)
El 2 de mayo de 1693, José Fernando, acompañado por la antigua casa de su madre, dejaba Viena rumbo a Múnich, a donde llegó el 2 o 3 de junio.Baviera y Borbón, Adalberto, Príncipe de; Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura: Carta del Elector de Baviera Maximiliano Manuel a la reina madre Mariana de Austria de 4 de junio de 1693 en: "Documentos inéditos referentes a las postrimerías de la Casa de Austria en España (1678-1703)" Volumen I. Real Academia de la Historia (pág. 329)
El príncipe elector había venido al mundo en medio de las angustias por conseguir un heredero para la Monarquía Hispánica: Carlos II, tras la muerte de su primera esposa, la reina María Luisa de Orleans, había contraído segundas nupcias con la hija del elector palatino y hermana de la tercera mujer del emperador Leopoldo I, Mariana de Neoburgo, con el fin de conseguir el hijo y heredero que en sus dos primeros matrimonios no había podido tener.
Mujer intrigante, ambiciosa y de fuerte carácter, Mariana de Neoburgo llegó a Madrid en la primavera de 1690, comenzando a ejercer su influencia sobre el rey tras la destitución del conde de Oropesa, presidente del Consejo de Castilla y primer ministro del rey, y de Manuel de Lira, secretario de Estado y mano derecha del anterior, en 1691. A partir de ese momento, la reina consorte, apoyándose en su camarilla alemana, inició un período de intento de monopolización de la voluntad regia,Oliván Santaliestra, Laura: "Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII" (pág. 421) lo que creó una gran división en la corte entre partidarios y detractores. Mientras tanto, subsistía el problema sucesorio, pues parecía ya evidente la imposibilidad del rey para engendrar un heredero. thumb|200px|left|La reina madre Mariana de Austria, principal valedora de los derechos sucesorios de su bisnieto José Fernando. Retrato de Claudio Coello (c. 1685-1693). La reina madre Mariana de Austria no aprobaba los comportamientos de este grupo cortesano liderado por su nuera, por lo que intentó contrarrestar el poder que esta ejercía sobre su hijo. Un primer enfrentamiento entre ambas reinas (madre y consorte) tuvo lugar con ocasión de la elección del gobernador de los Países Bajos, en el que ambas lucharon por imponer a sus respectivos candidatos. En esa contienda, la reina madre salió finalmente victoriosa al conseguir el puesto para Maximiliano Manuel (nombrado por Carlos II gobernador de aquellos estados por real decreto de 26 de diciembre de 1691 Kalken, van F.: "La fine du régime espagnol aux Pays Bas". Boletín de la Real Academia de la Historia. Comentarios de Antonio Vives. Madrid, 1908), su querido elector de Baviera y esposo de su nieta María Antonia, padres ambos del príncipe José Fernando.Oliván Santaliestra, Laura: "Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII" (pág. 422) Además, la llegada al mundo poco después del príncipe Elector llenó de gozo a la reina madre La propia Mariana reconocía que "llevo a ese niño dentro de mi corazón, por ser lo único que ha quedado de mi hija". Tomado de Oliván Santaliestra, Laura: "Mariana de Austria: imagen, poder y diplomacia de una reina cortesana". al tiempo que abría un nuevo frente por la sucesión: José Fernando era considerado por Mariana de Austria como el heredero directo de la Monarquía Hispánica, pues estaba convencida de que su hijo nunca podría concebir.
La causa bávara, liderada por la reina madre, encontró numerosos adeptos entre los nobles descontentos con la camarilla alemana de Mariana de Neoburgo. Poco a poco los cortesanos fueron desencantándose de la sucesión imperial, ya que la reina consorte estaba desprestigiando al grupo alemán con sus modos inadecuados y su imprudencia política. Con el nuevo heredero varón, la reina madre cumplía su sueño: el nacimiento de un bisnieto que podía garantizar la presencia de su sangre en el trono de la monarquía.ibidem Su abuelo y hermano de la reina Mariana, el emperador Leopoldo I, no recibió, sin embargo, la noticia del nacimiento de José Fernando con la misma alegría. Su nieto era un claro competidor en la jugosa herencia de Carlos II, por lo que buscó diversas estrategias para limitar sus derechos sucesorios: en el lecho de muerte, el emperador Leopoldo I obligó a su hija María Antonia (madre del príncipe elector) a renunciar a sus derechos sucesorios con el fin de limitar los poderes del recién nacido, acto que enervó a Mariana que, desconsolada por la muerte de su nieta, decidió apoyar la causa bávara hasta el final.
A partir de estos hechos se inició una auténtica guerra entre las dos Marianas, la reina madre y la consorte. El período comprendido entre 1693 y 1696 (año de la muerte de la reina madre) fueron años de tensión política permanente y de intrigas políticas emanadas de la enemistad de las dos reinas. Fueron momentos de luchas de poder que sellaron el inicio del desprestigio progresivo del partido alemán en la corte de Madrid. La camarilla alemana articulada en torno a la reina consorte se ganó los odios de la nobleza, abriendo fisuras insalvables en la facción imperial. En 1695 se llegó a elevar una consulta al Consejo de Estado para acabar definitivamente con sus miembros más relevantes: Wiser, el secretario de la reina; la Berlips, su camarera mayor, amiga y confidente, y su confesor, el padre Gabriel de Chiusa.Oliván Santaliestra, Laura: "Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII" (pag. 423) El cardenal Portocarrero y el conde de Monterrey, cabezas junto a la reina madre del partido bávaro, suscribieron sus votos a favor de la expulsión de esta tríada de personajes. Según circulaba por la corte, existía una conjura bávara que pretendía encerrar a la reina consorte y traer a Madrid al príncipe José Fernando, para colocarle en el trono bajo la regencia de la reina madre, principal valedora de sus derechos.Maura, Gabriel: "Vida y reinado de Carlos II". Madrid, 1954 (pág. 74). thumb|200px|left|El príncipe elector José Fernando de Baviera (c. 1692). El secretario Wiser fue finalmente expulsado, hecho que ayudó a calmar los ánimos pero que en ningún momento logró acabar con la famosa camarilla política, que siguió actuando bajo los designios y caprichos de la consorte. Las malas relaciones de la reina con los distintos embajadores imperiales: Lobkowitz, Fernando Buenaventura de Harrach y su hijo Aloisio, junto con el escaso entendimiento de esta con el emperador Leopoldo I, causaron un daño irreparable a la facción imperial, revirtiendo en beneficio del grupo de poder bávaro dirigido por la reina madre Mariana de Austria y respaldado por aristócratas y ministros tan importantes como el cardenal Portocarrero, el duque de Montalto, el marqués de los Balbases o el conde de Oropesa.
El "partido bávaro" tras la muerte de la reina Mariana de Austria Mariana de Austria falleció el 16 de mayo de 1696 víctima de un cáncer de pecho. Su triunfo póstumo fue el testamento que suscribió su hijo Carlos II en septiembre de 1696 decretando heredero universal de la monarquía a su sobrino nieto José Fernando de Baviera.
La opción sucesoria del partido bávaro rompía con los austríaco-palatinos pero no con los príncipes alemanes (eje de Baviera), lo que suponía una buena estratagema para derrotar a la reina Neoburgo y a su grupo proimperial. De hecho, entre los principales defensores de tal postura se encontraban importantes germanófilos del antiguo partido de la reina madre: el marqués de los Vélez, el marqués de Astorga, el duque de Osuna, el duque de Pastrana y antiguos juanistas, como el duque de Alba. Por lo tanto, la propuesta de sucesión bávara era el resultado de un movimiento político de profundo calado a partir del cual se restructuraron los partidos y se resituaron sus miembros.Peña Izquierdo, Antonio Ramón: "La Crisisis Sucesoria de la Monarquía Española: el Cardenal Portocarrero y el primer gobierno de Felipe V (1698-1705)". Universidad Autónoma de Barcelona. 2005 (pp. 946-947)
Carlos II pasó todo su reinado con problemas de salud, pero su situación empeoró realmente a partir de 1693. El 13 de junio de 1696, el estado de salud del rey se volvió tan grave que el Consejo de Estado se reunió de urgencia para llegar a un acuerdo sobre la sucesión y redactar un testamento. Al mismo tiempo se redoblaba la propaganda en contra de la reina Mariana de Neoburgo, que también había caído enferma el 14 de agosto, y contra su camarilla.
En el Consejo de Estado de ese 13 de junio de 1696 fue tomando cuerpo una posición intermedia entre la sucesión francesa y la imperial, en la que el príncipe José Fernando se postuló como el candidato más idóneo para la sucesión. Al final se redactó un testamento en el que se declaraba sucesor al príncipe elector.
En septiembre de ese mismo año, Carlos II tuvo una grave recaída que hizo pensar a toda la corte que se moría, por lo que el Consejo de Estado se reunió de urgencia resolviendo obligar al rey a firmar el testamento de junio. Mientras, en las cercanías de palacio habían estallado grandes tumultos. El rey, que parecía haber recuperado la salud, tuvo una nueva recaída el 9 de octubre,ibidem (pag. 951) por lo que el Consejo de Estado volvió a reunirse. En dicha reunión los bavieristas consiguieron sacar adelante el testamento de junio y al concluir el Consejo, el cardenal Portocarrero entró en la cámara del rey y le obligó a firmar nuevamente aquel testamento.ibidem (pag. 952) Ante tal situación Mariana de Neoburgo se había preparado para salir de palacio, pero la multitud congregada a las puertas se lo impidió a base de pedradas. Entre tanto, la situación de los austracistas en el Consejo de Estado empeoró de manera notable: el cardenal Portocarrero había conseguido imponer el testamento a favor del príncipe electoral de Baviera y solo el almirante de Castilla, el condestable y tres consejeros apoyaban al archiduque Carlos.
Ante la minoría de edad de José Fernando, el testamento instituía una Junta de Regencia similar a la establecida por Felipe IV para apoyar a Mariana de Austria durante la minoría de Carlos II. Esta Junta tendría que gobernar hasta que el nuevo heredero alcanzase la mayoría. La Junta estaría encabezada por el cardenal Portocarrero, que sería regente gobernador con muy amplios poderes, pretendiéndose así evitar los problemas que habían marcado la minoría de Carlos II.Maura, Gabriel: "Vida y reinado de Carlos II". Madrid, 1954 (pp. 464-465). thumb|150px|El cardenal Portocarrero, cabeza del partido bávaro.