thumb|El icónico edificio Flatiron, de Nueva York, poco después de su construcción en 1903. thumb|Skyline del Bajo Manhattan en diciembre de 1941 Los primeros rascacielos fueron una serie de edificios altos, de uso comercial, construidos entre 1884 y 1939, principalmente en las ciudades estadounidenses de Nueva York y Chicago. Tradicionalmente, las ciudades de los Estados Unidos estaban compuestas por edificaciones de baja altura, pero la economía creció significativamente después de la guerra de Secesión y el uso cada vez más intenso del suelo urbano alentó el desarrollo de edificios más altos en los años 1870. Las mejoras tecnológicas permitieron la construcción de estructuras de hierro a prueba de incendios, con cimentaciones profundas, equipadas con nuevos inventos como el ascensor y la luz eléctrica. Esto hizo que fuera viable, tecnológica y comercialmente, construir una nueva clase de edificios altos, siendo el Home Insurance Building de Chicago de de altura el primero en inaugurarse en 1884. El número de este tipo de edificios creció rápidamente y en 1888 se les etiquetó como «rascacielos».

Al principio, Chicago fue pionera en el diseño de rascacielos, y muchos de ellos fueron construidos en el centro del distrito financiero a finales de los años 1880 y principios de los 1890. Estos rascacielos, considerados a menudo como los frutos de la escuela de arquitectura de Chicago, intentaron aunar estética con la practicidad comercial, produciendo edificios grandes y rectangulares, de estilo palazzo, que alojaban tiendas y restaurantes en la planta baja y oficinas en los pisos superiores. En contraste, los rascacielos de Nueva York eran con frecuencia torres más estrechas de estilo ecléctico, a menudo criticadas por su falta de elegancia. En 1892, Chicago prohibió la construcción de nuevos rascacielos con una altura mayor a , dejando el desarrollo de edificios más altos a Nueva York.

La primera década del vio aparecer una nueva ola de rascacielos, debido a una mayor demanda de espacio para acomodar a los oficinistas. Los avances de la ingeniería facilitaron la construcción y la ocupación de edificios mucho más altos. En este periodo se construyeron inmuebles emblemáticos como el Flatiron (87 m), la Singer Tower (), la Metropolitan Life Insurance Company Tower () y el Woolworth Building (). Aunque estos rascacielos fueron rentables económicamente, suscitaron muchas críticas por alterar el ordenado skyline de la ciudad y por sumir en una sombra perpetua las calles y los edificios colindantes. Esto, sumado a la crisis económica, llevó a la introducción de restricciones urbanísticas en Nueva York en 1916.

En el período de entreguerras, se edificaron rascacielos en casi todas las grandes ciudades de los Estados Unidos y también empezaron a construirse en otros países occidentales. El auge económico de los años 1920 y la especulación inmobiliaria alentaron una ola de nuevos proyectos de rascacielos en Nueva York y Chicago. La Ley de Zonificación de 1916 de Nueva york fue un factor que contribuyó a dar forma al característico estilo de rascacielos art déco con retranqueos, dando lugar a edificaciones que se centraban en el volumen y en siluetas llamativas, a menudo ornamentadas profusamente. Las alturas de los rascacielos continuaron aumentando; el Edificio Chrysler y el Empire State Building establecieron en su momento un nuevo récord, con y respectivamente. Con el comienzo de la Gran Depresión, el mercado inmobiliario se derrumbó y las nuevas construcciones se suspendieron. La cultura popular y académica acogió al rascacielos a través del cine, la fotografía, la literatura y el ballet, viéndolos o bien como símbolos de modernidad y del avance científico o como ejemplos de los males de la vida y sociedad modernas. Los proyectos de rascacielos posteriores a la Segunda Guerra Mundial rechazaron los diseños de los primeros rascacielos y en su lugar adoptaron el Estilo Internacional; y numerosos rascacielos antiguos fueron rediseñados para adaptarse a los gustos contemporáneos o incluso llegaron a ser demolidos, como le sucedió a la Torre Singer, que en su momento fue el rascacielos más alto del mundo.

Contexto histórico (1850-1879) Impulso comercial y social Los primeros rascacielos surgieron en los Estados Unidos debido al crecimiento económico, la organización financiera de las empresas estadounidenses y el uso intensivo del suelo urbanizable. Este fenómeno se concentró en Nueva York, un puerto marítimo clave situado en la isla de Manhattan, en la costa este de los Estados Unidos. Como resultado de su historia colonial, el suelo urbanizable de Nueva York estaba dividido en pequeñas parcelas de tierra con apenas solares grandes. Durante la primera mitad del , la ciudad se convirtió en el centro de las finanzas estadounidenses y los bancos de Wall Street competían ferozmente con sus competidores ingleses por el dominio internacional.

El Gran incendio de 1835 destruyó gran parte de los viejos edificios financieros, y en su lugar nuevos inmuebles fueron construidos y demolidos a su vez en los años 1840 y 1850; el viajero Philip Hone afirmó que la ciudad entera era reconstruida cada diez años. La mayoría de las construcciones adoptaron el estilo neorrenacentista italiano denominado palazzo (popular entre sus rivales de Inglaterra) y se elevaron a una altura de hasta seis pisos. Nueva York no tenía restricciones en la altura, pero se construyeron edificios de poca altura al menos hasta 1865, de modo que las iglesias siguieron siendo los edificios más altos de la ciudad. Entre 1840 y 1870 la población de Nueva York se triplicó y entre 1860 y 1875 los valores inmobiliarios aumentaron más del 90 %.

thumb|Mapa de Chicago, de Currier e Ives en 1874, mostrando los edificios de poca altura construidos tras el incendio de 1871.

Más hacia el oeste, la ciudad de Chicago se convirtió también en un lugar destacado en la construcción de los primeros rascacielos. A diferencia de Nueva York, Chicago surgió como gran metrópolis a mediados del , creciendo de un pueblo de unos cincuenta habitantes en 1830 hasta una ciudad de en 1850 y cerca de en 1870. Chicago se convirtió en el centro ferroviario del Viejo Oeste y en la primera ciudad de intercambios para los territorios emergentes, famosa por su cultura comercial. Se consideraba diferente a las otras ciudades de la costa este y se enorgullecía de su vertiginoso crecimiento urbano.

Hacia 1870, Chicago se había convertido en el principal centro financiero del Oeste, pero en octubre de 1871 un gran incendio destruyó el centro de la ciudad construido con madera. La ciudad fue reconstruida repartiendo el suelo en grandes áreas dentro de una urbanización en cuadrícula, con nuevas ordenanzas que prohibían las construcciones de madera. Estos factores alentaron la construcción de edificios más altos con diseños innovadores, que al igual que Nueva York, agrupaban negocios y servicios diferentes en un único edificio.

La construcción de edificios altos durante 1870 fue obstaculizada por el pánico financiero de 1873 y la consiguiente depresión económica que duró hasta 1879. La edificación se detuvo y el valor de los inmuebles se desplomó. No obstante, en 1880 ya se encontraba en recuperación y la aparición de nuevos edificios en Nueva York alcanzaba el ritmo de 1871. La recuperación económica hizo que la construcción de edificios de mayor altura fuera otra vez una opción financiera atractiva, estableciéndose así muchas de las precondiciones para el desarrollo del rascacielos.

Desarrollos tecnológicos

thumb|En el Produce Exchange de 1884 se introdujeron avances en el diseño de la estructura metálica.

El surgimiento de rascacielos fue posible gracias a la aparición de innovaciones tecnológicas durante los años centrales del . Una de estas innovaciones fue la estructura de hierro. En los edificios tradicionales los pisos intermedios eran soportados por las paredes, pero cuanto más alto era el edificio, más gruesas tenían que hacerse las paredes, particularmente en la base: los edificios de gran altura veían rápidamente sus plantas inferiores devoradas por ladrillo o mampostería. En 1860, unos ingenieros franceses experimentaron con el uso de vigas prefabricadas hechas de hierro forjado para construir edificios soportados por estructuras internas de metal. Estas estructuras eran más fuertes que la mampostería tradicional y permitían paredes mucho más delgadas. La metodología fue descrita extensivamente en revistas de ingeniería y se empleó inicialmente para construir almacenes.

El uso de estas estructuras para edificios altos llevaba a exponerlos a los posibles efectos devastadores del viento. Como consecuencia, hubo que emplear puntales anti-viento, posibilitados por el trabajo de Augustin-Jean Fresnel quien elaboró las ecuaciones de cálculo de cargas y momentos en edificios de gran tamaño. Los edificios con estructura de metal eran también particularmente vulnerables al fuego y requerían una protección contra incendios específica. Los ingenieros franceses ya habían hecho progresos en este campo a principios del , pero los avances decisivos solamente llegaron con el trabajo del arquitecto Peter Wight hacia 1860. Estimulado por los catastróficos incendios de Chicago, en 1871, y de Boston, en 1872, sus hallazgos dieron lugar a varios productos de protección contra incendios durante la década de 1870.

Los edificios altos y pesados como los rascacielos también requerían cimientos más resistentes que los utilizados en los edificios más ligeros. Los primeros edificios tenían, típicamente, sus cimientos reposando sobre escombros, que estaban a su vez depositados sobre una capa blanda llamada de residuo. A medida que los edificios se volvían más altos y pesados, la capa de residuo no podía soportar su peso y los cimientos necesitaban apoyarse directamente en la roca subyacente. Tanto en Nueva York como en Chicago esto requería una excavación considerablemente más profunda a través de un suelo blando y a veces encharcado, corriendo el riesgo de que el hoyo se llenara de agua antes de que los cimientos estuvieran terminados. Cuanto más profundos tenían que ser los cimientos mayor era el problema. Para solucionarlo se inventaron en Inglaterra, hacia 1830, unas cajas estancas especiales llamadas caissons, que fueron adoptadas en los Estados Unidos a lo largo de las décadas de 1850 y 1860.

thumb|Cimentación mediante caissons en los primeros rascacielos, 1898.

El desarrollo del ascensor fue también esencial para la aparición de los primeros rascacielos, ya que un edificio de oficinas de más de seis pisos no hubiera sido práctico sin ellos. Los ascensores aparecieron por primera vez en Inglaterra hacia 1830, extendiéndose a las fábricas y hoteles de los Estados Unidos en la década de 1840. Los ascensores a base de cables, sin embargo, solo podían funcionar con efectividad en edificios de poca elevación y esta limitación alentó a introducir el ascensor hidráulico en 1870, pese a que los modelos iniciales sufrían de peligrosos defectos de diseño. Estos defectos fueron resueltos en 1876, proporcionando una solución para el equipamiento de los primeros rascacielos.