thumb|250px|El naufragio del Titanic, ocurrido en abril de 1912, ha generado con el tiempo multitud de mitos y leyendas en torno al desastre. alt=|miniaturadeimagen|250x250px|El en el puerto de Southampton, poco antes de iniciar su viaje inaugural (1912). Existen multitud de mitos y leyendas acerca del hundimiento del RMS Titanic, ocurrido en la noche del 14 al 15 de abril de 1912 en el océano Atlántico Norte. Desde su consideración de buque insumergible, hasta la polémica acerca de la última canción interpretada por la orquesta del barco en los momentos finales. La catástrofe del Titanic ha sido rememorada en una amplia variedad de formas en el siglo transcurrido desde el suceso, dando lugar con el paso del tiempo a muchos de estos mitos. De acuerdo a algunos autores, su hundimiento «se ha convertido en parte de nuestra mitología, firmemente enraizada en la conciencia colectiva, y sus historias continuarán siendo relatadas no porque las historias lo necesiten, sino porque nosotros lo necesitamos».

El interés del público por el Titanic que se produjo inmediatamente tras la catástrofe puede ser atribuido al profundo impacto psicológico que tuvo en la sociedad de la época, particularmente en el mundo angloparlante. El autor Wyn Craig Wade comenta que «en América, la profunda reacción al desastre puede ser comparada únicamente al impacto de los asesinatos de Lincoln y Kennedy... la esfera inglesa al completo fue sacudida; y para nosotros, al menos, la tragedia puede ser contemplada como un hito divisorio entre los siglos XIX y XX». John Wilson Foster caracteriza el hundimiento también como un evento que marcó «el final de una era de confianza y optimismo, con el sentido de un nuevo comienzo». Justo dos años después, lo que Eric Hobsbawm llamó el "largo siglo XIX" llegó a su final con el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Ha habido varias oleadas de interés por el Titanic a lo largo del . La primera tuvo lugar inmediatamente después del hundimiento, pero finalizó abruptamente un par de años más tarde con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, que se convirtió en una preocupación mucho más significativa para la mayor parte de la sociedad de la época. La segunda oleada de interés se produjo con la publicación del libro de Walter Lord A Night to Remember en 1955, y la película homónima en 1958. El descubrimiento del pecio del Titanic por Robert Ballard, en 1985 produjo una nueva ola de interés que continúa hasta el presente, reforzada por la popular película de James Cameron Titanic de 1997 protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.

Los primeros relatos tras la tragedia right|thumb|La portada del libro de Logan Marshall The Sinking of the Titanic, uno de los primeros publicados en 1912 tras la catástrofe, y que ha sido criticado por su sensacionalismo e inexactitud. La catástrofe del Titanic ha sido fuente de inspiración de un gran número de libros en el siglo transcurrido desde abril de 1912. La primera oleada de libros fue publicada poco después de la tragedia. Dos supervivientes publicaron sus relatos: Lawrence Beesley publicó The Loss of the S.S. Titanic, y Archibald Gracie The Truth about the Titanic. Beesley comenzó a escribir su libro poco después de ser rescatado por el y lo complementó con entrevistas a otros supervivientes. Fue publicado por Houghton Mifflin tan solo tres semanas después del hundimiento. Gracie llevó a cabo una investigación minuciosa así como entrevistas, además de asistir a la investigación del Senado estadounidense acerca de la tragedia. Murió en diciembre de 1912, justo antes de verlo publicado.

Otros autores de la primera oleada de libros publicaron compilaciones de reportajes de noticias, entrevistas y relatos de supervivientes. No obstante, como comenta W. B. Bartlett, estaban "marcados por un periodismo de una variedad sensacionalista y altamente sospechosa (...) que dice más acerca de los estándares del editorialismo periodístico de la época que de lo que realmente pasó en el Titanic." El libro Titanic del escritor británico Filson Young, descrito por Richard Howells como "oscuramente retórico (...) [y] muy cargado de pronunciamientos culturales", fue uno de los primeros en ser publicados, escasamente un mes tras la catástrofe. Muchos de los libros estadounidenses acerca del hundimiento seguían un patrón establecido que se había empleado para otros desastres como el huracán de Galveston de 1900 y el terremoto de San Francisco de 1906. Los editores prepararon a toda prisa libros "instantáneos" o "dollar books" que eran publicados en gran número en papel barato a un precio de un dólar por vendedores puerta a puerta. Seguían un estilo similar, que D. Bruce Anderson describe como el "uso liberal de capítulos cortos, subtitulares telegráficos, y una animada prosa sentimental". Resumían la cobertura de la prensa, suplementada por extractos de los relatos de supervivientes y elogios sentimentales hacia las víctimas. El libro de Logan Marshall The Sinking of the Titanic and Great Sea Disasters (también publicado como On Board the Titanic: The Complete Story With Eyewitness Accounts) era un típico ejemplo de dicho género. Muchos de estos "libros instantáneos", como el de Marshall Everett Story of the Wreck of the Titanic, the Ocean's Greatest Disaster: 1912 Memorial Edition, eran publicados como "memoriales" o ediciones "oficiales" en un intento de garantizar una falsa pátina de autenticidad.

Ya en su época, el elevado interés del público por el Titanic provocó fuertes opiniones contrarias. El novelista Joseph Conrad (que había sido marino anteriormente) escribió: «No me consuelan los falsos, compuestos aspectos teatrales tipo Drury Lane del evento, que no corresponden al drama, ni al melodrama, ni a la tragedia, si no a una locura arrogante.» Otros, sin embargo, contemplan la historia del Titanic de forma teatral, con su rígida segregación entre clases y la arquitectura histórica de sus interiores. El viaje inaugural en sí mismo tiene connotaciones teatrales; la publicidad previa remarcaba la naturaleza histórica del viaje en el barco más grande del mundo, y un sustancial número de pasajeros se encontraban a bordo específicamente para la ocasión. Los pasajeros y la tripulación pueden ser contemplados como arquetipos en sus propios papeles, que Foster sumariza como «hombre rico, socialité, héroe, cobarde, mártir, desertor, leal, emigrante pobre, etc».

Basándose en dichas interpretaciones, la historia del Titanic puede verse como un tipo de obra moral. Un punto de vista alternativo, contempla el Titanic como algo intermedio entre una tragedia griega y otra del periodo isabelino; el tema del hibris, en forma de riqueza y vanagloria, que encuentra un destino indiferente en una catástrofe final parece sacada de cualquiera de las tragedias griegas clásicas. La historia también se asemeja al patrón de las tragedias isabelinas con sus episodios de heroísmo, comedia, ironía, sentimentalismo y tragedia final. En resumen, el hecho de que su historia pueda ser fácilmente comparada con un patrón dramático clásico, la ha convertido en algo fácil de interpretar en ese sentido.

Describiendo el desastre como «uno de los eventos únicos más fascinantes en la historia humana», Stephanie Barczewski identifica un número de factores detrás de la continua popularidad de la historia del Titanic. La creación y destrucción del transatlántico son símbolos de "lo que el ingenio humano es capaz de conseguir y cómo ese mismo ingenio puede fracasar fácilmente en un breve, aleatorio encuentro con las fuerzas de la naturaleza." Los aspectos humanos de su historia constituyen también una fuente de fascinación, en la que diferentes personas reaccionaron de formas muy diferentes ante la amenaza de la muerte, desde la aceptación de su destino, hasta la lucha por la supervivencia. Muchas mujeres tuvieron que tomar decisiones difíciles o imposibles: permanecer a bordo con sus maridos y sus hijos o escapar, probablemente solas, sobreviviendo pero afrontando un futuro incierto. Por encima de todo, concluye Barczewski, la historia del Titanic sirve para sacudir a la gente de su arrogante complacencia: «en el fondo [se trata de] una historia que nos recuerda constantemente nuestras limitaciones.»

Antes del hundimiento El mito del barco insumergible Contrariamente a la creencia popular, el Titanic no fue descrito como un "barco insumergible" hasta (irónicamente) después de su naufragio.

Tres publicaciones (una de las cuales nunca fue publicada) describieron al Titanic como "prácticamente" insumergible, antes de su hundimiento, pero no hay evidencia acerca de que la noción de la insumergibilidad del barco se hubiera popularizado hasta después de la tragedia:

Un extracto de un folleto publicitario de la White Star Line destacaba la seguridad del y del , afirmando que estaban diseñados para ser insumergibles, pero no afirmando explícitamente que lo fueran: «Estos dos maravillosos buques están diseñados para ser insumergibles, tanto como es posible».The Titanic – Why Did People Believe Titanic Was Unsinkable? ("diseñado para ser insumergible"). History on the Net. Consultado el 15 de abril de 2011. En junio de 1911, los periódicos Irish News y Belfast Morning New publicaron un informe que describe el sistema de compartimientos estancos y el funcionamiento de las puertas estancas y llegaron a la conclusión de que el Titanic era prácticamente insumergible. En 1911, un artículo de la revista técnica naval The Shipbuilder hablaba sobre la construcción del Titanic y concluía que tanto él como el eran prácticamente insumergibles.

thumb|500px|left|Disposición general de los 16 compartimientos estancos del Titanic. El doble fondo del casco tenía 7 pies de alto y estaba dividido a su vez en 44 compartimientos estancos. Además, había 13 compartimentos adicionales sobre la cubierta más baja del barco. Estas afirmaciones de que los barcos eran insumergibles o prácticamente insumergibles, no eran únicas de la o de otros barcos de la White Star. Se habían realizado afirmaciones similares sobre los barcos y de la Cunard Line, así como de varios barcos alemanes como el y el . Las avanzadas medidas de seguridad en estos transatlánticos eran publicitadas haciendo hincapié en la remota posibilidad de su hundimiento a consecuencia de un accidente serio.

La primera afirmación literal al respecto de la insumergibilidad del Titanic parece haber sido la publicada en el New York Times el 16 de abril de 1912, un día después de la tragedia. Philip Albright S. Franklin, vicepresidente de la International Mercantile Marine Company (la compañía que poseía las acciones de la White Star Line) afirmó después de ser informado del hundimiento: «Pensé que era insumergible, basándome en la opinión de los mejores expertos disponibles. No lo entiendo». Este comentario fue recogido por la prensa, y la idea de que la White Star Line había previamente declarado que el Titanic era insumergible (sin matices) ganó popularidad de forma inmediata.

El iceberg que hundió al Titanic