Las relaciones España-Irán son las relaciones exteriores entre el Reino de España y la República Islámica de Irán.
Relaciones históricas Los contactos entre iraníes y españoles se empiezan a registrar durante la época del Califato omeya, debido a los contactos entre viajeros persas al Occidente del Imperio Árabe, concretamente visitadores a Al-Ándalus y peregrinos Moriscos andalusíes a La Meca y otros Lugares sagrados del islam, encontrándose con gente de todo el Medio oriente. El viajero Ibn Battuta (1304-69) menciona que existían comunidades de persas Faquir (provenientes de Khorasan, Tabriz, Samarcanda e India) asentadas en la Granada musulmana, los cuales podían detectarse por sus nombres exactos.
Los primeros intentos de desarrollar lazos diplomáticos formales se dieron con los contactos entre el Ilkanato mongol en Persia y los Reinos ibéricos de la Edad Media. Durante el reinado de Jaime I de Aragón, el kan de Tartaria, Abaqa Kan (soberano Budista de Persia), envió correspondencia al rey aragonés y al Papa Clemente IV, por el que pedía que unan fuerzas los mongoles y los cristianos occidentales para emprender una cruzada contra los musulmanes (en específico contra el Sultanato mameluco de Egipto, con los que estaba en guerra desde 1260). Jaime y Clemente enviaron al embajador Jayme Alaric de Perpignan para desarrollar una Alianza franco-mongola que debía activarse en la Octava cruzada. También se registró que Abaqa escribió al rey Jaime, diciendo que iba a enviar a su hermano, Aghai, para unirse a los aragoneses cuando llegaron a Cilicia. Aquello pudo haber motivado a la fallida cruzada de los infantes de Aragón de 1269.Knobler Previo al fracaso, Alfonso IX de Castilla le advirtió en carta que no se podía confiar en los mongoles.Los acercamientos del Concilio de Lyon II de 1274, donde el Papa Gregorio X ratificó la alianza de Occidente con Bizancio y el Ilkanato de Abaqa para una proyectada Novena cruzada, no contaron con el apoyo de los demás monarcas europeos, que habían perdido el entusiasmo por las Cruzadas, excepto por el anciano Jaime I. Posteriormente, Jaime II de Aragón y Ghazan Kan se escribieron cartas para desarrollar una alianza contra enemigos comunes del mundo islámico, ofreciendo los aragoneses su apoyo militar a los persas mongoles para conquistar Jerusalén en el año 1300.
Un siglo más tarde, Enrique III de Castilla envió una misión diplomática al Imperio timúrida, mandando a los embajadores Payo Gómez de Sotomayor y Hernán Sánchez Palazuelos a reunirse con Tamerlán (conquistador turco-uzbeko de Persia y su actual gobernante). Tales misiones fueron bien recibidas y Tamerlán respondió con una carta a Enrique III, en gran medida motivado por querer formar una alianza contra los mamelucos egipcios y el Imperio Otomano. Posteriormente, Enrique envió al embajador Ruy González de Clavijo a la corte de Tamerlán en Samarcanda, quien dejó testimonio de Irán en su obra Embajada a Tamorlán.
Tras la Caída de Granada, los acercamientos de España con Persia fueron motivados en gran medida para lograr una Alianza habsburgo-persa contra el Imperio Otomano y el temor a sus conquistas en Europa, además de contrarrestar la Alianza franco-otomana. Fue así que el Papa León X ya andaba sugiriendo a Fernando El Católico que hiciera una alianza con el Shah Ismaíl I de Persia (quien ya había escrito al Reino de Hungría y al Reino de Portugal) para unirse en una guerra contra los Otomanos. Noticias del Shah Ismaíl I, y sus negociaciones con la República de Venecia, llegaron a la corte española por el italiano Pedro Mártir de Anglería (quien se quiso informar de todo lo posible sobre la Persia safávida en su embajada al Egipto mameluco) y sus cartas a Pedro Fajardo y Chacón, atestiguando a un soberano poderoso capaz de desafiar a todos los príncipes del mundo, generando fascinación entre la diplomacia española.Aquello fue lo que motivo a que Carlos I de España enviara misiones a Irán en 1516 a 1519, más aún cuando el Papa había dicho a los Caballeros Hospitalarios que el Shah se convertiría al Cristianismo, dando una romántica idea a la corte española de la existencia de un rey Persa cristiano, algo que atestigua la Descripción de la Sinapia y su utopía de una sociedad persa cristiana llamada Sinapia.También fueron de gran impacto, para acrecentar el interés de España en Persia, las noticias de las Guerras turco-persas (llena de victorias para los persas hasta la Batalla de Chaldiran) y los testimonios de viajes de exploradores, tanto extranjeros como el italiano Ludovico de Varthema, como los de españoles como Martín Fernández de Figueroa (soldado español en el Imperio portugués durante sus expediciones al Golfo Pérsico y la India) y su obra Tratado de la conquista de las Islas de Persia y Arabia, editada por Juan Agüero de Trasmiera. Inclusive Fernando Colon le diría al rey Carlos I que España tenía derecho a conquistar Persia.Sin embargo, poco se sabía en España sobre lo que pasaba en Irán por dificultades tecnológicas, siendo así que el enviado de Luis II de Hungría y Carlos V de Alemania, Petrus de Monte Líbano, se demoro como 7-8 años en comunicar las propuestas de alianzas entre ambos gobiernos (y demorándose Carlos 3 años en conocer la muerte del Shah). Aun así, se involucraron españoles como Martín de Salinas como intermediarios para embajadas de otras potencias europeas a Persia, que sean favorables al Imperio Habsburgo (en su caso sirviendo al Archiducado de Austria de Francisco Fernando), quien en 1524 comunico que un embajador persa se presentaría en Burgos para comunicarse con Carlos, en respuesta a las propuestas de alianza con el Sacro Imperio Romano Germánico que fueron enviadas por Fernando de Austria.Otra embajada se apareció en España a fines de 1528, en el que el embajador Gabriel Sánchez imploro durante 1529 para acelerar la concertación de una alianza. Por ende, se envío otro embajador, Jean de Balbi (saboyano de la Orden de San Juan de Jerusalén), a través de la Goa portuguesa, que debía comunicar sobre las actualizaciones de los eventos en Europa (sobre todo el Tratado de Madrid (1526), la Liga de Cognac y la Batalla de Mohács) para comprometer a los persas en la alianza y comprometer unidad contra el enemigo común. Finalmente, nunca se dio una alianza formal entre el Imperio de Carlos V, pero dejó una mirada favorable a la propuesta en la opinión general en España. Aquella convicción fue tan fuerte que incluso surgieron rumores durante la época de que ya habían llegado españoles y portugueses a combatir en el Golfo Pérsico del lado de los persas contra los turcos. Aquello propagaron Aloigi di Giovanni Venetiano en su Viaggio di Colocut (afirmando que habían 1500 soldados ibéricos en 1529 en Persia, algo sin registro histórico) o Francisco López de Gómara (afirmando que habían soldados y artillería española en 1534 al servicio del Shah Tahmasp I).A su vez, Álvaro de Bazán, durante su crónica, testimonio que Solimán el Magnífico tenía temores de una guerra de 2 frentes contra España y Persia en simultáneo.Posteriormente, en la década de 1540, otro emisario persa acudió a Carlos V en Alemania, y también habría existido una misión encubierta a España (posiblemente llevada a cabo por el veneciano Michele Membré); sin embargo, no hay información precisa del encuentro.
Tanto España como Persia establecieron sus primeros contactos diplomáticos formales a finales del , concretamente durante los reinados del rey Felipe II y el sah Tahmasp I, cuando en marzo de 1558, tanto el rey de España, como el Papa Pío IV decidieron enviar un emisario a Persia a través de Michel Cernovic, el jefe dragomán de los venecianos y agente de Fernando I del SIRG, como de España, en Constantinopla. Sin embargo, estuvo más ocupado en negociar, junto al embajador flamenco Ogier Ghislain de Busbecq, los tratados fronterizos de los otomanos con los Habsburgo de Viena en Transilvania, que en concretar algo con Persia. Posteriormente, en 1566, Felipe le ordenó a su embajador en Portugal, Alonso de Tovar, para que prepare una embajada a Persia y que le informara si los persas iban a romper la Paz de Amasya con los otomanos tras el fallecimiento de Solimán el Magnífico (sin embargo, nunca llegó la misión a Irán). Otro intento de acercamiento a los persas fue con la cuarta guerra otomano-veneciana, donde todos los participantes de la Santa Liga prepararon en 1572 una embajada para informar al Shah Tahmasp I sobre la derrota del ejército otomano en la Batalla de Lepanto y proponer renovar la alianza para luchar contra los turcos; pero tras enfermar gravemente Tahmasp I en 1574 y su posterior muerte 2 años después, tales planes no se pudieron concretar al estallar una guerra civil en Persia (en la que los turcos aprovecharon en invadir Irán). También Íñigo López de Mendoza, virrey del Reino de Nápoles (a través de un mensajero armenio llamado Juan Bautista) envió regalos al monarca persa en nombre del rey de España, con una oferta de amistad. El Shah respondió positivamente y envió al propio Juan Bautista y a un emisario persa con su respuesta, lleno de regalos para Felipe II. Finalmente, tras poner Felipe a Portugal bajo la Casa de Austria y dar inicio a la Unión Ibérica, España se tuvo que hacer cargo del Imperio Colonial Portugués, entablando contacto diplomático en Medio Oriente con el Reino de Ormuz (territorio persa bajo protectorado portugués) y la Persia safávida, buscando amenazar a los otomanos de guerra en 3 frentes (en el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico). Fue así que Felipe envió a Dom Francisco de Mascarenhas (virrey de la India Portuguesa) en 1581 para proponer nuevas alianzas contra los otomanos, enviando este al armenio Juan Bautista y al Fray Simón de Morais (experto en Lengua persa por su estadía en Ormuz) vía Goa, junto a regalos. Mando nuevos envíos al Imperio persa con los portugueses Matias de Albuquerque en 1594, y Francisco de Gama en 1596, insistiendo antes de morir en que se mandara gente de alto rango (Fidalgo) como embajadores y preservar las relaciones más amistosas con Persia.