miniaturadeimagen|América invertida, de Joaquín Torres García (1943). El poscolonialismo, o estudios poscoloniales (en inglés, ), es un campo de investigación que estudia la herencia cultural del colonialismo y del imperialismo. Apareció en la década de 1970, impulsado por académicos originarios del «tercer mundo» vinculados a universidades de Estados Unidos: el palestino Edward Said y los indios Gayatri Spivak y Homi Bhabha, a quienes el medio académico llegó a llamar la «santísima trinidad» de los estudios poscoloniales. Los tres cuestionaron la primacía política, cultural, económica y moral de la civilización occidental. El campo se extendió después a Europa y a América Latina. Su punto de partida es que el fin de los imperios no acabó con las formas de dominación que estos habían creado: las maneras de nombrar, clasificar y representar a los pueblos colonizados siguieron funcionando en la cultura, en la literatura y en el saber académico. El adjetivo «poscolonial» remite a esta corriente de pensamiento. «Post-colonial», con guion, designa sin más el periodo posterior a la colonización.
El campo se ocupa sobre todo de los territorios de los antiguos imperios británico, francés, español y portugués: África, la India, la antigua Indochina francesa, Asia Occidental, el Caribe y América Latina. También se ocupa de la literatura de los pueblos indígenas de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Orientalismo, de Edward Said, se publicó en 1978. Los antropólogos Eduardo Restrepo y Axel Rojas lo consideran el referente fundacional de los estudios poscoloniales, y añaden que autores anteriores como Frantz Fanon fueron redescubiertos e incorporados después a esa genealogía. Otros especialistas sitúan sus cimientos en la obra de Frantz Fanon, sobre todo en Piel negra, máscaras blancas (1952) y Los condenados de la tierra (1961). Junto a Said, Homi Bhabha y Gayatri Spivak forman el trío de autores fundadores, y cada uno se apoya en una figura distinta del pensamiento francés: Said en Foucault, Spivak en Derrida y Bhabha en Lacan.
El campo analiza sobre todo el discurso colonial, es decir, la manera de hablar y de escribir sobre los pueblos colonizados que los presenta como inferiores. Bhabha añadió la hibridez cultural: la mezcla que se produce cuando dos culturas conviven bajo el dominio colonial. De Spivak vienen otros dos conceptos: la subalternidad, que nombra a los grupos a los que nadie escucha, y el esencialismo estratégico, que consiste en adoptar a propósito y por un tiempo una identidad simple para poder actuar en política. El campo se divide en dos corrientes. Una se fija sobre todo en el lenguaje y en las imágenes; la otra, en la economía y en el reparto del poder en las antiguas colonias. A América Latina los estudios poscoloniales llegaron pronto y levantaron polémica. Allí nació una corriente propia alrededor de la colonialidad del poder, un concepto del sociólogo peruano Aníbal Quijano.
El poscolonialismo ha recibido críticas muy distintas entre sí. Desde el marxismo se le reprocha haber sustituido el análisis económico por el estudio del discurso. Desde América Latina se le objeta haber trasladado a la región problemas ajenos y haber dejado de lado el trabajo que los investigadores de la región ya venían haciendo. Desde la metodología se le señala una falta de rigor en buena parte de lo que se publica con esa etiqueta.
Historia del poscolonialismo
El poscolonialismo nació como corriente de pensamiento en lengua inglesa entre las décadas de 1980 y 1990. Sus autores estudian lo que dejó el dominio colonial británico en la India, Australia, África y Oriente Medio durante los siglos y . Se apoyan sobre todo en la lectura del marxismo heterodoxo que impulsó Antonio Gramsci. También recogen los intentos de ir más allá del marxismo, el posestructuralismo —la corriente francesa que sostiene que el lenguaje construye la realidad— y la crítica de la metafísica occidental.
La obra de Edward Said Orientalismo. El Oriente creado por Occidente, publicada en Nueva York en 1978, marca el punto de partida de los estudios poscoloniales. Su aportación más reconocida es haber mostrado las representaciones que clasifican, jerarquizan y esencializan a los no occidentales. Esencializar significa aquí atribuirles rasgos fijos e inmutables. El anticolonialismo de siglos anteriores se dirigía sobre todo contra las conquistas militares de territorios lejanos, la explotación de los colonizados por los colonizadores o el racismo. Orientalismo, en cambio, critica una epistemología —esto es, un modo de producir y validar el conocimiento— y un discurso colonial.
Said sigue el rastro de lo que escribieron los eruditos occidentales sobre Oriente, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, desde finales del siglo . Toma de Michel Foucault la noción de discurso y sostiene que el orientalismo fabrica un saber mientras acumula datos. Ese saber construye a la vez una imagen de uno mismo y una imagen del otro, ajustada «al ejercicio directo e indirecto de la dominación occidental». Los marxistas explicaban esa dominación como una dependencia sobre todo económica y política. Said añade que también se ejerce al producir conocimiento. Insiste en que hace falta desmontar los mecanismos ideológicos que la descolonización dejó en pie, y con ello dio nuevo impulso al anticolonialismo.
Said formuló su propuesta cuando se agotaban las esperanzas revolucionarias que había suscitado el periodo de las independencias. Sibeud describe ese planteamiento como un «programa intelectualmente seductor» que mantiene «el equilibrio entre erudición y compromiso político», y cuyo objeto principal pasa a ser el «discurso colonial». Said dio un sentido político a esta empresa crítica, que debía permitir la construcción de otro discurso.
Precursores del poscolonialismo
Desde la década de 1920 se alzaron voces contra la violencia del sistema colonial. Nguyen Ai Quoc, más conocido como Ho Chi Minh, publicó en 1925 El proceso de la colonización francesa. Al final de esa recopilación, Nguyen lanzó una llamada unitaria bajo la forma de un «Manifiesto de la “Unión Intercolonial”, asociación de los indígenas de todas las colonias».
Frantz Fanon, psiquiatra nacido en Martinica en 1925, criticó con dureza el colonialismo y el daño socioeconómico y psicológico que causaba a los colonizados. También participó de forma activa en las luchas anticolonialistas, entre ellas la guerra de liberación de Argelia. Sus escritos y su compromiso ayudaron a la descolonización en África y en otras regiones, y pusieron las bases del pensamiento poscolonial. Sus dos libros más conocidos son Piel negra, máscaras blancas (1952) y Los condenados de la tierra (1961). Ambos influyeron mucho en los tres autores fundadores del campo: Edward Said, Homi Bhabha y Gayatri Spivak, que se inspiraron en Fanon sin adoptar todos la misma actitud ante sus ideas.
Fanon separa dos violencias que, a su juicio, no valen lo mismo. La violencia colonial existe para conservar la dominación y la explotación, y se ejerce mediante la muerte y el abuso. Frente a ella sitúa la «contraviolencia» del colonizado. La considera legítima porque responde a una situación que el colono creó y mantiene por la fuerza. Para Fanon esa contraviolencia es la vía por la que el colonizado recupera lo que el colonialismo le quitó. La lucha rompe las divisiones y la marginación que impusieron el colonialismo y el imperialismo europeos. Devuelve la justicia y la dignidad, y permite al oprimido volver a ser sujeto de su propia historia. En sus propias palabras, la descolonización es «creación de hombres nuevos». Apunta a un humanismo nuevo que solo llega cuando desaparecen a la vez el colono y el colonizado. El papel de la violencia en la descolonización es el punto más discutido de su obra, tanto entre quienes lo admiran como entre quienes lo rechazan.
Fanon reformula también las clases sociales del marxismo. Sostiene que en las colonias el obrero de la ciudad ocupa una posición relativamente privilegiada. La fuerza revolucionaria está, según él, en el campesinado y en el lumpenproletariado, es decir, en la población desempleada y desclasada de los suburbios. Su razón es que en la colonia la división de clases está atravesada por la raza: la riqueza y el color de piel se explican mutuamente.
La difusión de estas tesis dio lugar, en las décadas de 1960 y 1970, a una corriente de lectura conocida como «fanonismo». Immanuel Wallerstein advirtió en 1979 de un riesgo: ideas como la de que la violencia siempre resulta catártica pueden apoyarse en frases sueltas de Fanon, pero juntas dibujan un autor que se parece poco al que escribió los libros.
Los condenados de la tierra se tradujo al español dos años después de su primera edición y tuvo en América Latina más lectores que Piel negra, máscaras blancas. Roberto Fernández Retamar presentó la obra al público de la región en 1965, en la revista Casa de las Américas. Desde finales de la década de 1980, la crítica poscolonial volvió a leer a Fanon con menos urgencia política y más atención a los aspectos discursivos de su obra.
Fundadores del poscolonialismo
Edward Said
miniaturadeimagen|Pintura orientalista de Gaspard de Toursky, principios del siglo . La crítica considera a Edward Said el padre fundador de esta corriente. Es también el teórico en quien más se nota la huella de Frantz Fanon. Al analizar el discurso colonial y las representaciones de los colonizados, Said retoma el esquema binario de Fanon: colonizador frente a colonizado, centro frente a periferia, Occidente frente a Oriente.
Said rechaza igualmente el esencialismo culturalista y la lógica del enfrentamiento. Reprocha a los eruditos orientalistas haber contrapuesto de manera simplificadora un «Occidente» y un «Oriente» supuestamente homogéneos. Él mismo rechaza ese enfoque binario, que justifica políticas agresivas hacia los grupos extranjeros. También rechaza el esencialismo que hay detrás de esa forma de partir el mundo en dos bandos. Ese esencialismo consiste en dar por sentado que las culturas se definen por rasgos típicos inmutables y que tales «culturas» distinguirían a unos pueblos de otros.
Said propone así una «desterritorialización» de la reflexión, para evitar la trampa de tratar las culturas como si fueran cosas fijas, en la que habrían caído los estudios orientalistas. Con ello busca también evitar los peligros de la «geografización ideológica», que atribuye de manera sumaria a determinadas áreas regionales unas particularidades morales, intelectuales o espirituales.
Según Anne-Emmanuelle Berger, el poscolonialismo de Said deconstruye los sesgos del discurso colonialista. En esa tarea se esfuerza por no reproducir la valoración de uno mismo ni el menosprecio del otro, rasgos propios del lenguaje eurocéntrico. Berger añade que Said ofrece la imagen de un Occidente obsesionado por dominar a los pueblos no occidentales. Aun así, al rechazar los análisis que aspiran a explicarlo todo, Said señaló un método que protege de las generalizaciones abusivas y de las «retóricas oposicionales».
Homi Bhabha y la crítica de las ideas de Said miniaturadeimagen|Homi K. Bhabha, autor de The Location of Culture (1994).
El modelo de análisis de Said, fundado en la oposición colonizador-colonizado, predominó en la crítica poscolonial hasta la década de 1990. En esos años empezó a recibir críticas, en particular del indio Homi Bhabha, profesor de literatura inglesa y estadounidense en la Universidad de Harvard.