Los enfrentamientos entre el Frente 22 de las FARC-EP y los paramilitares entre los años 1980 y la primera década del forman parte del conflicto armado interno en Colombia. En las provincias de Rionegro y Bajo Magdalena del noroccidente cundinamarqués, guerrilleros y paramilitares forzaron a miles de sus habitantes a abandonar sus tierras, y causaron la muerte de un número indeterminado de militantes y civiles.

En 1982 se creó el Frente 22 de las FARC-EP que se ubicó en los municipios del norte de Cundinamarca con el objetivo de financiar al Comando Conjunto Central de esa guerrilla. Este grupo cometió secuestros y extorsiones en las zonas bajo su dominio. Las Autodefensas de Cundinamarca, comandadas por Luis Eduardo Cifuentes, alias El Águila, utilizaron la fuerza para apropiarse de los negocios ilegales en la zona, desplazando a miles de personas.

A finales de los ochenta El Águila llegó a Cundinamarca y acordó una especie de pacto de no agresión con las FARC-EP. Los paramilitares se quedaron en el municipio de Yacopí, mientras los guerrilleros mantenían el control de La Palma. A mediados de los años 1990 este pacto se rompió porque los subversivos asesinaron a 12 paramilitares en Caparrapí. Desde entonces se presentaron enfrentamientos entre guerrilleros y paramilitares que se intensificaron en 2002.

Aunque para 2005, los grupos guerrilleros y paramilitares habían sido desvertebrados, uno por las fuerzas militares y el otro producto de la desmovilización, hasta por lo menos 2008 las FARC-EP permanecieron en La Palma.

Desarrollo

Frente 22 de las FARC-EP En 1982, tras la séptima conferencia de las FARC-EP en el departamento del Meta, los miembros del Secretariado de esta organización crearon el Frente 22. Este se ubicó en los municipios cercanos a Bogotá y su función principal fue suministrar recursos a esta guerrilla.

Anteriormente, la guerrilla ya contaba en la zona con el frente 11, ubicado en Yacopí desde 1970. Éste fue reemplazado por el frente 22, que originalmente estaba formado por 40 miembros. En 1998, las FARC-EP decidieron que uno de sus objetivos era controlar la Cordillera Oriental para acercarse de Bogotá. Fue así que se conformó su Comando Conjunto Occidental, comandado por Carlos Osorio Velásquez, alias Marco Aurelio Buendía, quien había iniciado su accionar en La Uribe (Meta) 18 años atrás.

Marco Aurelio Buendía llegó a Cundinamarca el primero de septiembre de 2001 y creó el bloque de occidente de las FARC-EP para cercar a Bogotá. La guerrilla envió grupos de cinco o seis guerrilleros, que para no ser detectados llegaban discretamente. Una vez conocían el terreno y convencían a varios campesinos de unirse a ellos, se reunían con el resto de los miembros del frente y asaltaban estaciones de policía.

Para el 2000, el Frente 22 fue el que más dinero aportó a las FARC-EP. Mensualmente entregaba 500 millones de pesos aproximadamente, que obtenían producto del secuestro y el robo. En abril de ese año, más de 200 pobladores de la inspección El Dindal en Caparrapí, tuvieron que partir luego de un enfrentamiento entre guerrilleros y paramilitares al mando de Luis Eduardo Cifuentes, alias El Águila. A raíz de ese desplazamiento, las tropas de la Decimotercera Brigada del Ejército, iniciaron operaciones en la zona. En mayo el Ejército dio muerte a diez guerrilleros, entre ellos dos menores de edad, desmantelando un campamento. Durante la balacera un murió un soldado y otro quedó herido. Además fue allada una fosa común con el cadáver de una mujer que al parecer había sido plagiada un mes atrás.

Según la Fundación País Libre, sólo en 2003 al frente 22 de las Farc se le atribuyeron 21 secuestros y al menos un centenar de casos de extorsiones permanentes.

La columna Esteban Ramírez del Frente 22, robó en dos oportunidades la Caja Agraria de La Palma. La primera vez en 1999 contrataron una banda de criminales que robaron 70 millones.

Paramilitarismo miniaturadeimagen|Gonzalo Rodríguez Gacha en los años 1980. A inicios de los años ochenta, aparecieron en la región grupos de autodefensa, impulsados por el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano oriundo de Pacho. Al mismo tiempo, el frente 22 intensificaba los secuestros y las extorsiones.

Los grupos de autodefensa relacionados con El Mexicano, se ubicaron en municipios como El Peñón, Guaduas, La Palma, San Cayetano, Vergara, Yacopí, Paime, Pacho y Puerto Salgar. Al final de esa década, las autodefensas de Cundinamarca se asentaron en Yacopí y las FARC-EP en La Palma.

Tras la muerte de Rodríguez Gacha en diciembre de 1989, sus grupos paramilitares se desintegraron. Este hecho fue aprovechado por el Frente 22 de las FARC-EP para ampliar su presencia en la zona.

En 1991 murió el jefe paramilitar Henry Pérez y las Autodefensas de Puerto Boyacá quedaron a cargo de Luis Antonio Meneses alias Ariel Otero, que en diciembre de 1991 se desmovilizó. En 1994, sin embargo, Arnubio Triana Botalón, hizo un acuerdo con otros dos grupos paramilitares para defender al Magdalena Medio, Boyacá y Cundinamarca de la guerrilla.

Luis Eduardo Cifuentes, alias El Águila

En este contexto, Luis Eduardo Cifuentes, alias El Águila, puso bajo su mando a Zipaquirá, Pacho, Llano Mateo, La Palma, Topaipí, Caparrapí y Yacopí, con este último pueblo como sede de su grupo. El Águila instauró un acuerdo de no agresión con las FARC-EP, sin embargo la guerra entre los dos bandos se inició cuando la guerrilla asesinó a doce paramilitares en Caparrapí.

Paradójicamente, El Águila provenía de los núcleos políticos de las FARC-EP y había sido secretario de la Juventud Comunista Colombiana. Fue obligado a ingresar a las autodefensas en 1986 por orden de Henry Pérez. Recibió entrenamiento en la escuela militar financiada por el Gonzalo Rodríguez Gacha. Más tarde fundó las Autodefensas Campesinas de Yacopí, que prestaban “servicios de seguridad a las pequeñas y medianas propiedades de ganaderos y cafeteros”. Tras la toma de Yacopí por parte de las FARC-EP en 1998, El Águila unificó los grupos de autodefensas que operaban en el departamento para constituir el bloque Cundinamarca, al cual adhirió en 2003 el frente Héroes de Boyacá.

Los paramilitares se sostuvieron gracias al robo de al menos 12 millones de galones de gasolina que fueron extraídos del poliducto Puerto Salgar-Mancilla entre 2001 y 2004. Además, obtuvieron recursos producto de la extorsión, las contribuciones voluntarias y la protección a los narcotraficantes.

El Águila intentó conformar una base social en sus territorios de influencia con el fin de constituir su anillo de seguridad. Capitalizó la situación de abandono de predios para repoblar la zona con personas leales a sus fines. Destió recursos para construir redes eléctricas y vías.

Masacres A mediados de los noventa hubo cuatro masacres en la zona: en Topaipí con cinco víctimas en 1994; en La Palma 14 personas asesinadas en el 1995; Yacopí 5 muertos y 4 asesinatos por parte de las FARC-EP en La Peña en 1998. En las tres primeras masacres no se identificó al autor de los hechos. En 1991 las FARC-EP asesinaron a un concejal de La Peña, a un líder cívico de la vereda Hoya de Tudela, al comisario de la vereda La Hermosa y a una familia en la vereda El Potrero. En la región imperó la ley del silencio y la gente quedó confinada ya que los insurgentes prohibieron a los habitantes salir de las casas después de las seis de la tarde.

En marzo de 1999, el Frente 22 masacró a nueve habitantes de la vereda Mata de Plátano en Caparrapí. La acción fue perpetrada por 14 guerrilleros que llegaron a la calle principal y procedieron a llamar a lista a varias personas, que una vez identificadas fueron ejecutadas con un disparo en la cabeza. En la lista figuraban otros siete habitantes que se salvaron porque no se encontraban presentes.

En 2002 se intensificó la guerra entre las FARC-EP y los paramilitares. La mayoría de las víctimas eran campesinos de La Palma, donde desaparecieron más de 30 personas y fueron desplazadas más de 680. La tasa de homicidios en Rionegro fue de 100 en 2002 y 130 en 2003.

Operación Libertad Uno y desmovilización Por otra parte en desarrollo de la Operación Libertad Uno, ejecutada en 2003 con el fin de expulsar a las FARC-EP de las cercanías de Bogotá, El Águila prestó guías al Ejército para ubicar los campamentos de la guerrilla. Durante la operación militar en la que participaron cerca de 15 mil soldados, mataron a Marco Aurelio Buendía, a alias Rumba en que dirigía la Reynaldo Cuéllar, y a Javier JJ, jefe del frente Esteban Ramírez.

El 4 de julio, en la vereda Los Micos de Topaipí, murió José Darío Canchi, cabecilla de finanzas de la columna Esteban Ramírez, que estaba presente en la Provincia de Rionegro. Esta columna, que contaba más de 300 hombres, al mando de Marco Aurelio Buendía y alias Rumba, llegó a Cundinamarca por orden del Mono Jojoy tras el fin de la zona de distensión para sostener a los frentes 22, 42 y Policarpa Salavarrieta para lograr una arremetida contra Bogotá.

El 20 de julio, en la vereda Corrales del municipio de Guaduas, alias Luis o Julián, considerado cabecilla de finanzas del frente 22 de las FARC-EP, murió en una acción del Ejército, mientras que el 27 de agosto, en la vereda Toquiza de Medina cayó Pedro Maturana, alias Cotoplo, segundo comandante de la cuadrilla Vladimir Stivel, presente en esa zona del departamento.

A mediados de septiembre en la vereda Alto de Izacas de La Palma cayó Milton Tovar, segundo jefe de finanzas de la columna Esteban Ramírez. El 16 de septiembre, tras enfrentarse con el Ejército en la vereda Quitasol de Topaipí, fue dado de baja alias Rumba, comandante de la columna Reinaldo Cuéllar (célula de la columna Esteban Ramírez). Con esa columna Rumba adelantó acciones en las poblaciones de Albán, El Peñón, Nimaima, Nocaima, Pacho, Paime, Puerto Salgar, San Cayetano, Topaipí, Utica y Villeta. El 23 de septiembre en la vereda Cámbulos de Caparrapí cayó Andrés Pérez, alias El Peruano, segundo cabecilla del frente 22, quien fue dado de baja junto con otros dos subversivos que actuaban en Utica, Quebradanegra y la inspección de La Magdalena.

Un mes después, en la vereda Llanocuesta de Pacho fue abatido José Abel Luengas alias Pablo Morillo, comandante del frente Policarpa Salavarrieta. Morillo fue el responsable del secuestro del obispo de Zipaquirá Jorge Enrique Jiménez, y del asesinato del alcalde de Topaipí y de cuatro concejales: tres de La Peña y uno de Vergara, además se le atribuyó la destrucción de los puentes de Paso del Rejo y Charco Largo en Pacho. Entre de los documentos que tenía en su haber figuraban planes de ejecutar acciones en El Peñón, Nimaima, Pacho y Vergara.

El 31 de octubre en la vereda Quitasol de Topaipí el Ejército dio de baja a Marco Aurelio Buendía, considerado como el hombre de confianza del Mono Jojoy. Con él fueron abatidos otros ocho guerrilleros, lo que constituyó el mayor golpe de la operación Libertad Uno. Minutos después, en el mismo sector, cayeron Javier Gutiérrez, alias JJ, comandante de la columna Esteban Ramírez y Gustavo Lasso Céspedes, alias El Gato, segundo comandante de esa cuadrilla.

Gutiérrez fue el responsable del ataque a un helicóptero que llevaba una remesa de 500 millones a Topaipí y de organizar células de las FARC-EP en el occidente del departamento. Además ordenó el secuestro y asesinato de los esposos Bickenbach.

Ese mismo año, algunas de las familias que retornaron fueron nuevamente desplazadas. Las FARC-EP asesinaron a 14 campesinos y los paramilitares amenazaron a quienes se negaron a colaborarles e incendiaron fincas. Por su parte el alcalde de La Palma abandonó su oficina.

En diciembre de 2004, las Autodefensas de Cundinamarca de alias El Águila se desmovilizaron en Yacopí. Tras el proceso de desmovilización algunos exintegrantes del Bloque Cundinamarca de las Autodefensas Unidas de Colombia volvieron a la región.

Crímenes