El pensamiento crítico es el proceso de dudar de las afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas. Por ello, el pensamiento crítico no aspira a alcanzar una verdad absoluta, sino a profundizar en prácticas y estrategias que nos permiten someter nuestras convicciones, y las de otras personas, a discusiones. Se trata de una actitud y una actividad desarrollada por la filosofía desde la antigüedad, teniéndola como corazón y método. Desde la mayéutica socrática que se iniciaba en la famosa frase «Solo sé que no sé nada» (Ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti oudèn oîda) y la "ironía socrática", hasta la duda hiperbólica cartesiana, la práctica del "pensamiento crítico" ha servido de motor al conocimiento humano y al saber, así como a su desarrollo moral y político siendo indispensable en la educación del ser humano, motivo por el que Matthew Lipman considera la enseñanza de la filosofía, entendida como medio fundamental en el desarrollo del pensamiento crítico, esencial en la educación. Definiciones Existen muchas definiciones de pensamiento crítico. Por ejemplo, Ennis (2016) enumera 14 definiciones académicas de orientación filosófica y tres definiciones de diccionario. Stanford Encyclopedia of Philosophy sintetiza una primera definición como "pensamiento meticuloso guiado por objetivos" en base a la caracterización descrita en Bailin et al.(1999).
En un estudio pionero sobre pensamiento crítico y la educación, Edward Glaser (1941) define la capacidad de pensar críticamente como una actitud dispuesta a examinar de forma reflexiva los problemas y temas que se encuentran dentro del ámbito de las propias experiencias; el conocimiento de los métodos de investigación y razonamiento lógicos; y cierta habilidad para aplicar dichos métodos.
Michael Scriven y Richard Paul, presentaron en la VIII Conferencia Internacional Anual sobre Pensamiento Crítico y Reforma Educativa (verano de 1987) la siguiente definición:El pensamiento crítico es el proceso, intelectualmente disciplinado, de conceptualizar, aplicar, analizar, sintetizar y/o evaluar de forma activa y hábil la información recopilada o generada a partir de la observación, la experiencia, la reflexión, el razonamiento o la comunicación, como guía para la creencia y la acción. Su uso ejemplar se basa en valores intelectuales universales que trascienden las divisiones temáticas: claridad, exactitud, precisión, coherencia, pertinencia, pruebas sólidas, buenas razones, profundidad, amplitud y equidad. La psicóloga Linda Elder escribió en 2007 una extensa definición donde se considera la importancia de los valores del pensador crítico: El pensamiento crítico es un tipo de pensamiento autónomo y auto-disciplinado que busca razonar con la máxima calidad y de forma imparcial. Las personas que piensan de forma crítica se esfuerzan constantemente por vivir de manera racional, razonable y empática. Son muy conscientes de la naturaleza intrínsecamente defectuosa del pensamiento humano cuando no se controla. Se esfuerzan por reducir el poder de sus tendencias egocéntricas y sociocéntricas. Utilizan las herramientas intelectuales que ofrece el pensamiento crítico: conceptos y principios que les permiten analizar, evaluar y mejorar el pensamiento. Trabajan con diligencia para desarrollar las virtudes intelectuales de la integridad intelectual, la humildad intelectual, la cortesía intelectual, la empatía intelectual, el sentido de la justicia intelectual y la confianza en la razón. Son conscientes de que, por muy hábiles que sean como pensadores, siempre pueden mejorar sus capacidades de razonamiento y que, en ocasiones, caerán presa de errores de razonamiento, la irracionalidad humana, los prejuicios, los sesgos, las distorsiones, las normas sociales y los tabúes aceptados acríticamente, el interés propio y los intereses creados. Se esfuerzan por mejorar el mundo de cualquier forma que puedan y contribuir a una sociedad más racional y civilizada. Al mismo tiempo, reconocen las complejidades que a menudo conlleva hacerlo. Evitan pensar de forma simplista sobre cuestiones complicadas y se esfuerzan por tener debidamente en cuenta los derechos y las necesidades de las personas relevantes. Son conscientes de las complejidades que entraña el desarrollo como pensadores y se comprometen a practicar a lo largo de toda la vida la superación personal. Encarnan el principio socrático: «Una vida sin examinar no merece la pena ser vivida», porque se dan cuenta de que muchas vidas sin examinar, en conjunto, dan lugar a un mundo acrítico, injusto y peligroso. Desde el punto de vista de las ciencias cognitivas y la educación, Daniel T. Willingham ofrece una definición intuitiva de un pensador crítico como aquél con un razonamiento original, es decir, que no se limita a sacar una conclusión a partir del recuerdo de una situación anterior; razonamiento autónomo, es decir, que no se limita a seguir instrucciones dadas por otra persona; y razonamiento eficaz, es decir, respetando ciertas convenciones que aumentan las posibilidades de que el razonamiento conduzca a conclusiones útiles.
Importancia del pensamiento crítico
El desarrollo del pensamiento crítico, estrechamente ligado a la expansión de conocimiento, requiere de los siguientes tres factores: Tendencia a los pensamientos críticos. Acceso a contenidos críticos. Entornos para practicar el conocimiento crítico (en sus dos tipos, conocimiento en sí y conocimiento como instrumento para contribuir a la mejora de la vida).Darceles, Maite. "Pensamiento crítico, conocimiento y emancipación intelectual". 2013
Ser capaz de utilizar un pensamiento crítico significa que no se acepte la opinión de la sociedad, teniendo así ideas individuales, se conocen los argumentos a favor y en contra y se toma una decisión propia respecto a lo que se considere verdadero o falso, aceptable o inaceptable, deseable o indeseable.
Este pensamiento también es un pensamiento objetivo, basado en el compromiso de las propias ideas según su entorno como creencias individuales. Lo crítico enfrenta y evalúa los prejuicios sociales constantemente.
La meta final de todo pensamiento crítico es que este pueda ser lo suficientemente sólido como para sostenerse por sí mismo en cualquier contexto, siempre y cuando mantenga su relación con el fenómeno implicado.
Derivado de las especificidades analíticas de esta forma de pensamiento, se ha desarrollado una perspectiva que tiende a inhibir el uso y sentido de la crítica porque se considera puede contravenir el orden que guarda la sociedad.En este sentido, puede revisarse el texto de H. Heid, The domestication of critique: Problems of justifying the critical in the context of educationally relevant thought and action.
Etimología La palabra viene del verbo latino "pensare", que ejerce como sinónimo de “pensar”, y el verbo griego "krinein", que puede traducirse como “decidir” o “separar”, son los dos vocablos que muestran lo que vendría a ser el origen etimológico.
Supuestos utilizados en el pensamiento crítico Autoridad. Una afirmación se acepta como verdadera por proceder de alguien a quien se concede crédito por su conocimiento de la materia. Correspondencia entre el pensamiento y la realidad. Lo que pensamos será verdadero si al comprobarlo coincide con la realidad empírica. Y como el pensamiento se expresa en el lenguaje, el criterio consiste en establecer la adecuación o correspondencia entre lo que se dice y lo que es. La comprobación experimental es una forma de buscar esta adecuación. Coherencia lógica. Es un criterio lógico-matemático, que consiste en comprobar que no existe contradicción entre los enunciados que pertenecen a un mismo sistema y que estos se derivan necesariamente de los axiomas o principios establecidos. Utilidad. Un enunciado será verdadero cuando sea beneficioso y útil para nosotros, cuando nos permita orientarnos en la realidad y avanzar en nuestras investigaciones. Evidencia. Es el criterio fundamental. Es evidente lo que se nos presenta como indiscutible, como intuitivamente verdadero, aunque a menudo sea necesario mostrarlo mediante razonamientos. Según las fuentes del conocimiento, si atendemos a su origen, podemos encontrar dos tipos de evidencia racional. Atendiendo a la razón se han considerado evidentes los primeros principios como el de identidad (A es A) o el de no contradicción(no es posible al mismo tiempo A y no A), y atendiendo a la sensibilidad son evidentes los datos de los sentidos, por lo que hablaremos de evidencia racional o evidencia sensible. Subjetividad. Para que algo sea admitido como verdadero ha de ser aceptable para cualquier sujeto racional. Este criterio se basa en la idea de que el conocimiento es compatible por todos, no exclusivo de una persona en particular. Aunque es cierto que un solo investigador puede defender la evidencia de una hipótesis científica, si esta no es aceptable públicamente por la comunidad no podrá ser admitida como verdadera. La verdad no es algo privado, sino que requiere del consenso de la comunidad. La verdad exige consenso en el sentido de que no es algo misterioso que esté reservado a unos pocos o que sólo unos pocos puedan alcanzar. La verdad, para serlo, ha de poder ser comunicada y comprendida por todos.
Objetividad y subjetividad Con frecuencia ser regularmente objetivo es visto como una actitud fría, sobre todo para quien prefiere guiarse a través de procesos emocionales del tipo: "Tened fe y dejad que vuestros sentimientos os guíen a la verdad" o "No dejes que los hechos o detalles interrumpan el camino hacia una historia interesante". La subjetividad unida a los argumentos emocionales se presenta como manipulación, pues apela a las necesidades primarias de las personas (véase pirámide de Maslow).
Por tanto, cuando se busca la verdad es necesario evitar las falacias o los vicios de razonamiento. Es muy importante no caer en el pensamiento desiderativo, que es el opuesto al pensamiento crítico, ya que carece de solidez racional y se basa en gustos, deseos, ilusiones o suposiciones injustificadas que carecen de evidencia o datos comprobables. La verdad obtenida a través del razonamiento crítico es sólida en comparación con la mentira feliz que se fabrica a través del pensamiento mágico.
Estándares intelectuales universales El Dr. Richard Paul y la Dra. Linda Elder, de la Fundación para el Pensamiento Crítico, señalan los siete Estándares Intelectuales Universales que deben aplicarse al pensamiento cada vez que se quiera evaluar la calidad del razonamiento sobre un problema, un tema o una situación; pensar críticamente implica dominar estos estándares.
Claridad: Modo en que se expresa la propuesta. Exactitud: Grado en que la estructura empleada tiene coherencia con el material a emprender. Precisión: La construcción o propuesta debe ser ajustada a los conocimientos. Pertinencia o relevancia: Entorno en el que se trata el tema. Profundidad: Cuando el nivel de análisis, investigación y explicación se encuentra lo suficientemente cuidado. Amplitud: Extensión del planteamiento. Lógica: Argumentación acorde a las normas.
La inteligencia y el conocimiento no implican que se deba tener un razonamiento o pensamiento crítico. Incluso alguien muy inteligente podría tener creencias irracionales u opiniones disparatadas. La teoría acerca del pensamiento crítico trata sobre cómo se debería usar la inteligencia y el conocimiento para alcanzar puntos de vista más racionales y objetivos con los datos que se poseen. Opiniones y creencias basadas en un razonamiento crítico pueden estar mejor establecidas, si se comparan con otras formuladas a través de procesos menos racionales. Al mismo tiempo, los buenos pensadores críticos suelen estar mejor equipados para tomar decisiones y resolver problemas, en comparación con quienes carecen de esta habilidad aprendida.