La autonomía (del griego auto, "uno mismo", y nomos, "norma") es un concepto moderno, procedente de la filosofía y, más recientemente, de la psicología, que, en términos generales, expresa la capacidad de cada persona para darse reglas a sí misma o de tomar decisiones sin intervención ni influencias externas. Se opone a heteronomía.

En el ámbito filosófico, se integra entre las disciplinas que estudian la conducta humana.

Autonomía y libertad La autonomía es ser responsable de sí mismo, y encara el problema de cómo se comporta la persona ante sí misma y la sociedad. Se ha estudiado tradicionalmente en la filosofía bajo el binomio libertad-responsabilidad, de manera que su opuesto sería el binomio determinismo-libertad. Los análisis sobre la libertad (o libre albedrío como se denomina dentro de la tradición cristiana) recorren la historia de la filosofía occidental desde sus inicios, y cobran especial importancia a partir de la introducción de la noción de pecado durante la expansión del Cristianismo. Eso explica que la cuestión de la libertad no haya sido analizada con la misma abundancia durante la Antigüedad clásica que durante las épocas posteriores.[cita requerida] Los planteamientos más recientes en el campo de la autonomía se deben a Jean Piaget y a su discípulo Lawrence Kohlberg.[cita requerida]

Autonomía y psicología

La autonomía según Kant Immanuel Kant (1724-1804) definió la autonomía mediante tres temas relativos a la ética contemporánea. En primer lugar, la autonomía como el derecho de uno a tomar sus propias decisiones excluyendo cualquier interferencia de otros. En segundo lugar, la autonomía como la capacidad de tomar tales decisiones a través de la propia independencia mental y tras una reflexión personal. En tercer lugar, como una forma ideal de vivir la vida de forma autónoma. En resumen, la autonomía es el Derecho moral que uno posee, o la capacidad que tenemos para pensar y tomar decisiones por uno mismo proporcionando cierto grado de control o poder sobre los acontecimientos que se desarrollan dentro de la vida cotidiana.

El contexto en el que Kant aborda la autonomía es en relación con la teoría moral, planteando cuestiones tanto fundacionales como abstractas. Él creía que para que haya moralidad, debe haber autonomía. "Autónomo" deriva de la palabra griega autonomos Oxford English Dictionary donde 'auto' significa uno mismo y 'nomos' significa gobernar (nomos: como puede verse en su uso en nomárchēs que significa jefe de la provincia). La autonomía kantiana también proporciona un sentido de autonomía racional, lo que significa simplemente que uno posee racionalmente la motivación para gobernar su propia vida. La autonomía racional implica tomar tus propias decisiones, pero no puede hacerse únicamente en aislamiento. Se requieren interacciones racionales cooperativas tanto para desarrollar como para ejercer nuestra capacidad de vivir en un mundo con otros.

Kant argumentó que la moralidad presupone esta autonomía () en los agentes morales, ya que los requisitos morales se expresan en imperativos categóricos. Un imperativo es categórico si emite un mandato válido independiente de los deseos o intereses personales que proporcionarían una razón para obedecer el mandato. Es hipotético si la validez de su mandato, si la razón por la que se puede esperar que uno lo obedezca, es el hecho de que uno desea o está interesado en algo más que la obediencia al mandato implicaría. "No conduzcas a gran velocidad por la autopista si no quieres que te pare la policía" es un imperativo hipotético. "Está mal infringir la ley, así que no vayas a toda velocidad por la autopista" es un imperativo categórico. La orden hipotética de no circular a alta velocidad por la autopista no es válida para ti si no te importa que te pare la policía. La orden categórica es válida en cualquier caso. Cabe esperar que los agentes morales autónomos obedezcan la orden de un imperativo categórico aunque carezcan de un deseo o interés personal en hacerlo. Sin embargo, queda abierta la cuestión de si lo harán.

El concepto kantiano de autonomía suele malinterpretarse, dejando de lado el importante punto de la autosujeción del agente autónomo a la ley moral. Se piensa que la autonomía se explica plenamente como la capacidad de obedecer un mandato categórico independientemente de un deseo o interés personal en hacerlo -o peor aún, que la autonomía es "obedecer" un mandato categórico independientemente de un deseo o interés natural; y que la heteronomía, su opuesto, es actuar en su lugar por motivos personales del tipo al que se hace referencia en los imperativos hipotéticos.

En su Fundamentación de la metafísica de la moral, Kant aplicó el concepto de autonomía también para definir el concepto de persona y dignidad humana. La autonomía, junto con la racionalidad, son vistas por Kant como los dos criterios para una vida con sentido. Kant consideraría que una vida vivida sin estos no merece la pena ser vivida; sería una vida de valor igual a la de una planta o un insecto.Shafer-Landau, Russ. "Los fundamentos de la ética". (2010). p. 161 Según Kant la autonomía es parte de la razón por la que hacemos a los demás moralmente responsables de sus acciones. Las acciones humanas son moralmente dignas de alabanza o culpa en virtud de nuestra autonomía. Los seres no autónomos como las plantas o los animales no son culpables debido a que sus acciones no son autónomas. La posición de Kant sobre el crimen y el castigo está influenciada por sus puntos de vista sobre la autonomía. Lavar el cerebro o drogar a los criminales para que se conviertan en ciudadanos respetuosos con la ley sería inmoral, ya que no se estaría respetando su autonomía. La rehabilitación debe buscarse de forma que se respete su autonomía y dignidad como seres humanos.Shafer-Landau, Russ. "Los fundamentos de la ética". (2010). p. 163

La autonomía según Piaget Jean Piaget estudió el desarrollo cognitivo de los niños, analizándolos durante sus juegos y mediante entrevistas, estableciendo (entre otros principios) que el proceso de maduración moral de los niños se produce en dos fases: la primera de heteronomía y la segunda de autonomía:

Razonamiento heterónomo: Las reglas son objetivas e invariables. Deben cumplirse literalmente, porque la autoridad lo ordena, y no caben excepciones ni discusiones. La base de la norma es la autoridad superior (padres, adultos, el Estado), que no ha de dar razón de las normas impuestas ni ha de cumplirlas en todo caso. Existe una tendencia demostrada a las sanciones expiatorias y a identificar el error como una falta, así como a la búsqueda indiscriminada de un culpable (pues una falta no puede quedar sin castigo), de manera que es admisible el castigo del grupo si el culpable no aparece. Además, las circunstancias pueden llegar a castigar al culpable.

Razonamiento autónomo: Las reglas son producto de un acuerdo y, por tanto, pueden modificarse. Se pueden someter a interpretación, y caben excepciones y objeciones. La base de la norma es la propia aceptación, y su sentido ha de explicarse. Las sanciones han de ser proporcionales a la falta, asumiéndose que en ocasiones las ofensas pueden quedar impunes, de manera que el castigo colectivo es inadmisible si no se encuentra al culpable. Las circunstancias no pueden castigar a un culpable.

El tránsito de un razonamiento a otro se produce durante la pubertad.

La autonomía según Kohlberg El psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg (1927-1987) continúa los estudios de Piaget, planteando dilemas morales a diferentes adultos y ordenando las respuestas. Sus estudios recogieron información de diferentes latitudes para eliminar la variabilidad cultural, y se centraron en el razonamiento moral, y no tanto en el comportamiento o sus consecuencias. A través de entrevistas a chicos adolescentes y jóvenes, que debían intentar resolver "dilemas morales", Kohlberg profundizó en el desarrollo de los estadios del desarrollo moral. Las respuestas que daban podían ser una de dos cosas. O bien elegían obedecer una determinada ley, figura de autoridad o norma de algún tipo, o bien elegían llevar a cabo acciones que sirvieran a una necesidad humana pero que a su vez rompieran esta norma o mandato dado.

Sus estudios recogieron información de diferentes latitudes (Estados Unidos, Taiwán, México) para eliminar la variabilidad cultural, y se centraron en el razonamiento moral, y no tanto en la conducta o sus consecuencias. De esta manera, Kohlberg estableció tres estadios de moralidad, cada uno de ellos subdividido en dos niveles. Se leen en sentido progresivo, es decir: a mayor nivel, mayor autonomía.

El dilema moral más popular era el de la mujer de un hombre que se acercaba a la muerte debido a un tipo especial de cáncer. Como el medicamento era demasiado caro para obtenerlo por su cuenta, y como el farmacéutico que lo descubrió y vendió no sentía compasión por él y sólo quería beneficios, lo robó. Kohlberg pregunta a estos adolescentes (de 10, 13 y 16 años) si creen que eso es lo que debería haber hecho el marido o no. Por lo tanto, en función de sus decisiones, dieron respuestas a Kohlberg sobre razonamientos y pensamientos más profundos y determinaron lo que valoran como importante. Este valor determinaba entonces la "estructura" de su razonamiento moral.

Kohlberg estableció tres estadios de moralidad, cada uno de los cuales se subdivide en dos niveles. Se leen en sentido progresivo, es decir, niveles más altos indican mayor autonomía.

Estadio preconvencional: las normas se cumplen o no, en función de las consecuencias hedonistas o físicas. [Nivel 0: Juicio Egocéntrico: No existe un concepto moral independiente de los deseos individuales, incluida la falta de concepto de normas u obligaciones]. Nivel 1: Orientación egocéntrica o castigo-obediencia: La norma se obedece sólo para evitar el castigo. Las consecuencias físicas determinan la bondad o la maldad y se acata el poder sin cuestionarlo, sin respeto por el valor humano o moral, ni por el significado de estas consecuencias. La preocupación es por uno mismo. (ejemplo: No le pego a mi compañero de pupitre porque, si no, me castigan.). Nivel 2: Orientación individualista o instrumental-relativista: La moral es individualista y egocéntrica. Existe un intercambio de intereses pero siempre bajo el punto de vista de la satisfacción de las necesidades personales. Los elementos de equidad y reciprocidad están presentes pero se interpretan de forma pragmática, en lugar de una experiencia de gratitud o justicia. Egocéntrico por naturaleza, pero empieza a incorporar la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de los demás. La norma se cumple para obtener un premio (ejemplo: Hago mis tareas escolares porque así mis padres me compran una moto.).

Estadio convencional/conformidad con el rol: las normas se cumplen en función del orden establecido. Se obedecen las reglas de acuerdo con las convenciones establecidas de una sociedad. Nivel 3: Orientación Buen Chico-Niña Buena o gregaria: La moral se concibe de acuerdo con el rol social estereotipado. Se obedecen las normas para obtener la aprobación del grupo inmediato y las acciones correctas se juzgan en función de lo que agradaría a los demás o daría la impresión de que uno es una buena persona. Las acciones se evalúan en función de las intenciones. La norma se cumple para satisfacer a los demás (Debo ser buen chico, para que mis padres se sientan orgullosos de mí.). Nivel 4: Orientación hacia la ley y el orden o comunitarista: La moral se juzga de acuerdo con la autoridad del sistema o las necesidades del orden social. Se da prioridad a las leyes y al orden. La norma se cumple para mantener el orden social (Debo cumplir con mi función dentro de la sociedad.).