La liturgia hispánica o rito mozárabe es la liturgia de la Iglesia católica que se consolidó en torno al en la península ibérica, en el Reino visigodo de Toledo, y que fue practicada en los territorios hispánicos hasta el , tanto en áreas bajo dominio cristiano como musulmán.
thumb|240px|Página miniada de la Biblia de León, a. 960.
Historia de la liturgia hispánica La organización de una historia de la liturgia hispánica es muy difícil, debido a que la mayoría de las fuentes literarias pertenecen, las más antiguas, a los siglos y , aunque la mayor parte del repertorio utilizado en Hispania y la Galia Narbonense se nos ha transmitido en códices procedentes de los siglos VIII al XII, con un importante número de copias realizadas en los talleres toledanos ya en el , con la consecuente pérdida de fidelidad a las notaciones musicales, que los copistas ya no conocían.
Origen de la liturgia hispánica Se sabe poco sobre el origen y la formación de la liturgia hispánica y sobre el canto asociado a ella. Obviamente, el origen se halla en relación con la expansión del cristianismo en la península ibérica durante los primeros siglos después de Cristo. Las provincias de Hispania figuran entre las que más pronto fueron cristianizadas en la parte occidental del Imperio romano, hecho favorecido por cuatro importantes factores:
La existencia de ricas comunidades judías antiguas, probablemente llegadas a las costas españolas en tiempos de la colonización fenicia —hecho atestiguado por las referencias al comercio con Tartessos que aparecen en la Biblia (1 Reyes, Tobías, Jonás)—, que fueron notablemente ampliadas tras el exilio de los judíos de Roma (bajo el emperador Claudio) y la diáspora producida con motivo de las guerras judaicas de los siglos y , bajo los emperadores Vespasiano, Tito, Domiciano y Adriano.
La numerosa población militar que se mantenía en el limes cántabro, caldo de cultivo para las nuevas religiones.
La romanización de toda la península, que hace que todo el Mediterráneo esté bien comunicado y las comunidades galileas de África y Siria sean conocidas incluso en el Norte de Hispania. Estas comunidades cristianas hispánicas apenas dejaron documentación por lo que se tiene poca información escrita de la labor de Santiago y los varones apostólicos.
La pronta conversión al catolicismo de los suevos (que fundan el primer reino independiente católico) en Gallaecia, ya en el con San Martín de Braga durante el reinado del rey suevo Teodomiro.
Influencia de la liturgia sinagogal Lo único conocido sobre las comunidades judías en Hispania en los primeros siglos de nuestra era es que la mayor parte de las antiguas comunidades permanecen fieles al judaísmo, que en Hispania tuvo desde muy pronto una organización sinagogal, y de la que derivaría posteriormente tanto el sefardismo como la cábala. Frente a ellos, parte de los recién llegados tras la destrucción de Jerusalén y las guerras judaicas se había convertido o se convertiría a la nueva religión cristiana, que en un primer momento no era sino una rama del judaísmo.
Tras el Concilio de Jerusalén y la integración de los gentiles con pleno derecho en las comunidades cristianas, estas se distancian definitivamente de las sinagogas y comienzan a desarrollar cultos propios, fundamentalmente centrados en tres aspectos: La celebración del domingo en lugar del sábado judío. La conmemoración de la Última Cena en los ritos eucarísticos. La lectura de las Sagradas Escrituras, que, poco a poco, irían incorporando los libros del Nuevo Testamento.
Formalmente, el culto cristiano no fue al principio sustancialmente diferente del judío y fue separándose poco a poco de la liturgia judía, aunque la presencia de elementos «gentiles» era cada vez más abundante. Algunos afirman que todavía a comienzos del no se había consumado de facto la escisión entre judíos y cristianos en la Península, y que las relaciones entre ambas comunidades eran estrechas y tenían prácticas litúrgicas comunes.
Realmente, el proceso de persecución desatada específicamente contra los cristianos bajo diversos emperadores romanos (Nerón, Vespasiano, Adriano, Septimio Severo, Decio, Diocleciano, etc.) y por los gobernantes locales fueron factor primordial de separación entre las dos comunidades. Así aparece recogido en las actas del primer concilio cristiano conocido, el de Elvira (ciudad cercana a la actual Granada), que se celebró hacia el año 300 o 303, antes de la gran persecución de Diocleciano. Convocado por el famoso obispo Osio de Córdoba, pero bajo la presidencia del Obispo Félix de Acci (actualmente Guadix), en él se determinan las relaciones de los cristianos con el resto de las comunidades, judíos, herejes y paganos y, específicamente, se alude a la celebración de la Misa y los sacramentos, transmitiendo las primeras noticias fidedignas de los ritos específicos de la Iglesia en Hispania.
De todas formas, la importancia del culto sinagogal en la liturgia cristiana es patente, sobre todo, en dos aspectos: La salmodia (recitación de salmos). La lectio (lectura de la Biblia).
Otras aportaciones Aparte de la liturgia judía, hubo otros factores que influyeron en la formación y configuración de la liturgia y el canto hispánicos. Entre estos cabe citar elementos prerromanos y romanos. Las diversas liturgias religiosas de la Antigüedad contenían, todas ellas, sistemas de recitación y de organización musical. La interrelación cultural que se produjo en el territorio del Imperio romano hace muy difícil distinguir unas de otras, sobre todo cuando entran en contacto cristianos de otras áreas de Oriente y Occidente. Desde luego se puede apreciar un sustrato común en las liturgias cristianas de las distintas regiones del Imperio, sobre todo entre las occidentales que nos han llegado más completas: la romano-gregoriana, la milanesa o ambrosiana y la hispánica. Este sustrato común se ve reflejado, sobre todo, en la evolución de los responsorios, cantos salmódicos de origen judío que eran silábicos y que en estas tres liturgias se convierten en melodías muy melismáticas y adornadas. Otro ejemplo es la evolución común del recitativo.
thumb|Corona votiva de Recesvinto († 672), parte del llamado Tesoro de Guarrazar, M.A.N. (Madrid). La corona votiva es un objeto paralitúrgico propio de los reyes visigodos.
Consolidación de la liturgia hispánica Tras la caída del Imperio romano de Occidente (476) y con la instauración en Hispania de los invasores germánicos en reinos que se convierten a la ortodoxia nicena (el reino suevo en el y el reino visigodo en el ), se consolida la unidad y especificidad de la Iglesia hispana, aferrada a la tradición latina y en continua lucha con el priscilianismo, el arrianismo y el paganismo de la élite dirigente y el pueblo. De hecho, el caso español e irlandés es una excepción de desarrollo cultural en estos tiempos turbulentos; en el reino suevo los reyes organizan los concilios nacionales de Braga (el primero en 561, el segundo en 572) y Lugo (el primero en 569 y el segundo en 570). En el resto de la península la iglesia vivía al margen del Estado y en penuria debido al arrianismo de los visigodos, que se convierten al catolicismo con el rey Recaredo durante el III Concilio de Toledo en el año 587, cuando se convierte, con sus nobles visigodos, al catolicismo.
La fortaleza de la Iglesia hispana se ve reflejada tanto en su actividad conciliar (se celebraron catorce concilios nacionales en Toledo, más numerosos concilios provinciales en Zaragoza, Tarragona, Cartagena, Sevilla, etc.) como en la cantidad de eruditos eclesiásticos, que van: desde la monja Egeria a San Isidoro de Sevilla, pasando por personajes como Fructuoso, Martín de Braga, Leandro de Sevilla, Ildefonso de Toledo, Braulio de Zaragoza, Aurelio Clemente Prudencio, etc.
La fijación y la riqueza de la liturgia hispánica queda reflejada en los cánones conciliares y en los escritos eclesiásticos, especialmente De ecclesiasticis officiis y Regula monachorum de san Isidoro de Sevilla y las reglas de los santos Martín y Fructuoso de Braga. Definitivamente se incorpora el sistema musical grecorromano a través de las obras de Boecio, Casiodoro y Marciano Capella, popularizadas en las Etimologías de san Isidoro de Sevilla, y la organización de los distintos cantos se asume en los diversos misales, códices litúrgicos y reglas monásticas.
En este periodo cristaliza también la influencia de otras liturgias cristianas: de la ambrosiana se recoge el Himno, muchos compuestos por los padres españoles; se incorporan tradiciones, como la Schola, de la liturgia romana, y las melodías melismáticas de origen oriental se multiplican por la presencia bizantina, de más de cien años, en la costa oriental de la Península.
La iglesia mozárabe thumb|left|190px|«El pecado original», miniatura mozárabe del Beato de El Escorial, Real Biblioteca del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ms. II. 5 f.° 18.
Tras la conquista musulmana de la península ibérica en 711, la vitalidad y originalidad de la Liturgia hispánica se ve salvaguardada, tanto en los núcleos cristianos que quedan aislados al Norte (en Galicia el obispado de Iria Flavia, actual Padrón), como en las comunidades cristianas que permanecen bajo dominio musulmán.
Pronto, las marcas pirenaicas, asociadas a los avatares de los carolingios, van abandonando la Liturgia hispánica y adoptan modelos pregregorianos, con la implantación ya en el del rito romano en muchas de sus iglesias. Este fenómeno no ocurre en el resto de los núcleos cristianos, fundamentalmente Navarra y Asturias, que mantienen como seña de identidad la herencia visigoda y son reacios a asimilar el rito romano, siempre asociado al poder imperial de carolingios y, posteriormente, germanos.
Aunque el dinamismo de la sociedad andalusí permite a los cristianos participar en la cultura civil asumiendo el árabe o las lenguas bereberes como lengua culta, mantienen el latín como lengua de comunicación interna y ritual, y conservan intacto el legado litúrgico y musical de la época visigoda. La progresiva presión sobre esta población cristiana provoca un creciente movimiento migratorio hacia el Norte. El traslado de esta población y la creación de nuevos asentamientos mozárabes en zona cristiana dan origen a dos tradiciones litúrgicas que evolucionan diferentemente, y una tercera centrada en los monasterios hispánicos: La tradición castellana y leonesa (o A), con importantes centros en los principales monasterios mesetarios: Frómista, Silos, Sahagún; y en catedrales como León, Oviedo, Pamplona y Burgos. La tradición toledana (o B), más conservadora, en territorio musulmán. Su centro original fue, seguramente, Sevilla. Posteriormente, tras la emigración de mozárabes al Norte, se desarrolla en diversas localizaciones, principalmente en el reino de León. A estas dos tradiciones litúrgicas se suma una tercera, la tradición riojana, centrada, sobre todo, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y que surge del «pacto monástico» establecido por los diversos grupos de monjes mozárabes que se asientan por esas tierras tras emigrar de territorio musulmán.
La lucha con el rito romano