Margarita de Saboya (en italiano: Margherita di Savoia) (Turín, 20 de noviembre de 1851-Bordighera, 4 de enero de 1926), consorte de Humberto I de Italia, fue la primera reina de Italia, tras la unificación, pues la esposa de Víctor Manuel II, María Adelaida de Austria, murió en 1855 antes de la proclamación.
En los años en los que fue princesa heredera y, desde 1878, como reina de Italia, ejerció una gran influencia sobre su marido y una gran fascinación en la población, haciendo un uso racional de sus propias apariciones públicas, diseñadas para atraer a personas con ropa sofisticada y su afabilidad constante. Según Ugoberto Alfassio Grimaldi, fue la figura política de una Italia unificada que, junto con Giuseppe Garibaldi y Benito Mussolini, consiguió despertar «el mayor entusiasmo en las clases altas y en las humildes».
Católica, fuertemente apegada a la Casa de Saboya y profundamente conservadora, fue una nacionalista convencida y apoyó la política imperialista de Francesco Crispi. La incitación a la represión de las manifestaciones populares en los disturbios de Milán de 1898 no comprometió su imagen, quizás porque fue la primera mujer italiana en sentarse en el trono del país recién establecido. En la corte dirigió un ciclo cultural que le granjeó la admiración de los poetas y los intelectuales y la colocó a la izquierda de las mujeres de la aristocracia. Además, sus bailes a menudo traían consigo motivaciones diplomáticas, y entre sus intenciones estaba el asegurar el trato con la Nobleza Negra, que permanencia leal a la Santa Sede después de la toma de Roma.
Fueron muchos los homenajes a la reina (desde la pizza Margarita hasta la famosa oda de Giosuè Carducci titulada «Alla regina d'Italia», escrita tras la visita a Bolonia de los reyes en noviembre de 1878), incluso en los años posteriores al asesinato de su esposo, cuando se convirtió en reina madre.
Biografía Nacimiento e infancia miniatura|Margarita de joven con su hermano Tomás y sus tutores en los años 1860.
Margarita nació en el palacio Chiablese, en Turín, a las 00:45 de la mañana del 20 de noviembre de 1851, hija de Fernando, duque de Génova, hijo de Carlos Alberto de Cerdeña, y de la princesa Isabel de Sajonia, hija del rey Juan I de Sajonia. Se bautizó en el mismo día en presencia del primer ministro Massimo d'Azeglio, de Alfonso La Marmora y del Camillo Benso, conde de Cavour, entonces ministro de Marina y de Agricultura y Comercio. Su padre murió cuando Margarita tenía cuatro años, dejándola a ella y a su hermano menor, Tomás, al cuidado de su madre. Paso su infancia y adolescencia en el Palacio Chiablese. Isabel fue confinada por Víctor Manuel II al castillo de Govone y luego a la villa de Stresa, como castigo por haber contraído un matrimonio morganático con un burgués, Nicola Rapallo (1856). La intercesión de Juan de Sajonia y de la zarina Alejandra Fiodorovna, permitió la rehabilitación de Isabel y la aceptación de su matrimonio, dándosele al novio el título de marqués de Rapallo.
La relación de Margarita con su madre fue bastante difícil, ya que la niña nunca aceptó a su nuevo esposo. Pasó su infancia entre el palacio de Chiablese, el castillo de Agliè y la villa rosminiana de Stresa. Fue educada por la condesa Clelia Monticelli di Casalrosso y su institutriz austriaca Rosa Arbesser. Según se informa, recibió una educación más avanzada que la mayoría de las princesas de la época. Hubo gran interés en proporcionar a la princesa una educación completa: después de las primeras nociones de cultura general dadas por don Cipriano Mottura, un sacerdote liberal, el profesor Andrea Tintori le enseñó historia y literatura italiana, y Ernesto Allason dibujo, mientras que Carlo Uria y Stefano Tempia se encargaron de las lecciones de piano. Aunque era un plan educativo muy ambicioso en bastantes disciplinas, carecía de una buena base. Las cartas a Marco Minghetti revelan cómo la princesa prefería leer a Dante (estaba particularmente fascinada por la Divina Comedia) antes de estudiar gramática, y cómo se impuso un programa de secundaria sin tener una preparación suficiente. Esto explica por qué Margarita desarrolló conocimiento en muchas áreas, pero siempre superficial, y también explica los numerosos errores ortográficos y de sintaxis que habría en su correspondencia. De adolescente, desarrolló un gran interés en la poesía y el arte, y a los quince años escribió un breve poema de temática medieval titulado Le Gantelet, ilustrándolo de su propia mano. Margarita recibió al mismo tiempo una educación profundamente católica: su religiosidad nunca vería comprometida, ni disminuyó cuando, al convertirse en reina, la Casa de Saboya se enfrentó con la Santa Sede y el Pontífice.
miniatura|La princesa Margarita de Savoya-Génova a caballo en el castillo de Racconigi.
Como persona, fue descrita como sensible, orgullosa y con una fuerte fuerza de voluntad, pero sin ser dura, además de tener la capacidad de ser encantadora cuando ella quería. En cuanto a su apariencia, se la describía como rubia, alta y majestuosa, pero nunca fue considerada como una belleza.
Se ha rumoreado sobre su enamoramiento adolescente con su primo, el príncipe Amadeo, duque de Aosta y hermano de su futuro esposo, con quien compartía clases de baile. Aunque los estudiosos normalmente han respaldado la hipótesis del romance juvenil, no existen evidencias concretas que permitan afirmar con rotundidad este hecho. Se dijo en su momento que en la celebración de la boda de María Pía de Saboya con el rey Luis I de Portugal, en julio de 1862, Margarita solo tenía ojos para su primo, y que fue aquello vez, cuando que vio a Humberto por primera vez. Seguramente a Margarita le gustaba la «adorable compañía» del duque y probablemente, como argumentó Biancotti, una punzada de dolor sorprendió a la joven cuando supo de la boda de su primo con la princesa María Victoria dal Pozzo della Cisterna. Ciertamente les unía una personalidad muy similar, basada en el amor por la pompa y la religiosidad piadosa.
Rubia y de hermosa figura, la joven Margarita desarrolló un marcado carácter religioso y conservador, demostrando excelentes cualidades como comunicadora, que alcanzará gran popularidad entre la mayoría de los italianos por su participación en numerosas obras de caridad y filantrópicas, dedicando gran interés por actividades promocionales de las artes, incluso las menores, y por numerosas visitas y legados conspicuos a hospitales, orfanatos y diversas instituciones.
Matrimonio miniatura|izquierda|Boda de Margarita y Humberto en la catedral de Turín.
En 1864, el político Filippo Gualterio fue el primero en sugerir al rey el matrimonio entre su hijo Humberto y su sobrina. Sin embargo, Margarita tenía entonces solo trece años y el proyecto quedó en el olvido durante un tiempo. Después de 1866 y tras la fugaz alianza de los Saboya con Prusia, Víctor Manuel II pretendía unir a su primogénito con una Habsburgo para fortalecer los lazos entre las dos dinastías. Por lo tanto, se decidió que Matilde de Austria-Teschen se casara con Humberto, pero el compromiso quedó en nada con la trágica muerte de la joven archiduquesa, que se quemó viva cuando su vestido de fiesta salió ardiendo tras pretender ocultar el cigarrillo que fumaba bajo su falda.
El general Menabrea, presidente del Consejo, propuso al rey un matrimonio dentro de la misma casa real, y, a pesar de la reticencia inicial del soberano, el compromiso pronto se hizo oficial: Humberto se reunió con la princesa para la petición formal el 28 de enero de 1868. Muy vinculada a su país, Margarita estaba feliz de casarse con un italiano, tras negarse a casarse con el príncipe Carlos de Rumania.
miniatura|izquierda|Margarita de Saboya en una fotografía de 1868, año de su matrimonio.
El matrimonio se celebró en Turín en abril de 1868: el 21 se firmó el acto nupcial en el salón de baile del Palacio Real, al día siguiente los príncipes herederos se unieron en matrimonio en la catedral de San Juan, en una ceremonia presidida por el arzobispo de Turín, asistido por los arzobispos de Milán (Luigi Nazari di Calabiana) y Udine, y por los obispos de Mantua y Savona y Noli. La Casa de Saboya quiso que representaciones de trabajadores y plebeyos comunes estuvieran presentes junto a la aristocracia y a las figuras prominentes en la política nacional. Después del suntuoso baile, el 23 los recién casados asistieron a la fiesta organizada en su honor por la Sociedad Filodramática de Turín. Escucharon poemas declamados en su honor y asistieron a La Festa della Colomba, una comedia-opereta con letra de Vittorio Bersezio. Margarita recibió como regalo el ensayo de Alessandro Manzoni Sobre la unidad de la lengua italiana y los medios para difundirla (Sull'Unità della lingua italiana e sui mezzi di diffonderla), con un autógrafo del poeta milanés.
La fiesta continuó: en el baile ofrecido por la Academia Filarmónica tuvo lugar una conocida anécdota en la que el príncipe Federico de Prusia (futuro Federico III de Alemania) desgarró una solapa del vestido de Margarita bailando la cuadrilla. El príncipe alemán lo cosió a su pecho como acto galante ante la expectación de los asistentes. En la Piazza Carlo Emanuele, se celebró un torneo en memoria del regreso a la ciudad de Manuel Filiberto de Saboya en 1559. Los nobles tuvieron la oportunidad de demostrar sus habilidades ecuestres, mostrando destreza y precisión. Cada vez que rotaban un mecanismo con la lanza construido para la ocasión, cientos de pájaros se elevaban entre la multitud.
La luna de miel respondió a demandas políticas precisas. La idea era descender por toda la península para dar a conocer a los futuros soberanos en la recién unificada Italia y asentar los sentimientos monárquicos hacia la Casa de Saboya. Los recién casados se dirigieron a la capital, Florencia en un viaje de tres días en los que visitaron Alessandria, Piacenza, Parma, Módena y Bolonia. En Florencia fueron recibidos con gran entusiasmo de la multitud, recibiendo como regalo del alcalde Lorenzo Ginori Lisci «un lirio salpicado de rubíes con una margarita con hojas de brillantes», un homenaje al nombre de la princesa y también a la flor que es el símbolo de la ciudad. Más tarde, el viaje continuó hacia Génova y Venecia, y después del verano en Monza en la villa de Casa Savoia, pasaron el invierno a Nápoles y Sicilia.
Debido a la falta de una reina, Margarita se convirtió en la primera dama de Italia inmediatamente después de su matrimonio, y le dieron muchos deberes de representación destinados a hacer que la nueva casa real de la Italia unificada fuera popular en toda el país. Se convirtió en un gran activo para este papel, con su habilidad para decir y hacer las cosas correctas para despertar el entusiasmo y los sentimientos públicos en sus apariciones públicas. Durante sus giras de representación por Italia, para despertar la popularidad de la casa real y, por lo tanto, de un sentimiento nacional italiano, tuvo cuidado de usar trajes típicos locales y demostrar interés por las costumbres, tradiciones y cultura locales, un método que la hizo tan popular que logró eclipsar la popularidad de su esposo.
Años napolitanos y nacimiento de Víctor Manuel III Un mensaje de la unificación tenía que continuar. En este sentido las razones políticas también dictaron la elección de la residencia de los herederos: Nápoles. La ciudad todavía estaba dividida entre la población proborbónica y la favorable a los nuevos gobernantes, y se pensó que establecer allí la corte de los futuros monarcas haría entender que los Saboya extendían sus intereses, no limitándolos sólo a Piamonte.
miniatura|Cuna de Víctor Manuel III, Domenico Morelli, Palacio Real de Caserta. miniatura|Margarita y Humberto durante su residencia napolitana.