El atentado de Enpetrol fue un atentado sin víctimas mortales que se perpetró la madrugada del 12 de junio de 1987 contra la refinería que la empresa ENPETROL (actual Repsol) tenía ubicada en Morell (Tarragona) España. Se produjeron dos explosiones simultáneas como resultado de una o dos bombas colocadas a lo largo de un fajo de cañerías del oleoducto del Complejo Petroquímico, que atravesaba el término municipal de Tarragona; 45 minutos más tarde detonó otra bomba a dos kilómetros y medio de distancia, sobre una cañería similar. Se atribuyó a la organización armada ETA (que reivindicó posteriormente el atentado) y formó parte de una campaña de ataques a la zona costera catalana.
La acción terrorista, que se produjo minutos después de medianoche, cogió por sorpresa a los habitantes de los municipios adyacentes a la zona industrial. El desconocimiento de la magnitud de los hechos, unido a la violencia de las llamas, provocó la fuga de hasta 20 000 ciudadanos de la capital tarraconense campo a través o por la Autovía del Mediterráneo que transcurre junto al municipio. Por otro lado, supuso un punto de inflexión en la relación entre la población de los municipios cercanos con la industria petroquímica —que se había establecido dos décadas antes en la zona—. La ciudadanía, que se congregó en multitudinarias protestas inéditas en Tarragona, ejerció una presión que resultó en un esfuerzo institucional y privado para fortalecer el nivel de seguridad de las instalaciones y, en general, del territorio limítrofe.
Contexto terrorista en el territorio La situación terrorista desde el inicio de la década de los 80 había sido marcada por la actividad de varias organizaciones armadas como los Terra Lliure, los GRAPO o ETA en un periodo político difuso posterior a la transición democrática española.
En cuanto al grupo vasco, la situación bélica se había agravado para forzar las negociaciones con el gobierno español, y los atentados masivos e indiscriminados hacia la ciudadanía se constituyeron como precedente dentro del rango de violencia que la organización había mostrado hasta aquel entonces. Mientras que en 1980 se habían dado periodos de hasta un muerto cada 60 horas, la cifra se redujo los años posteriores, pero no la tensión política. El 1986 fueron 39 las víctimas de ETA —la mayoría guardias civiles— y el 1987, 53 (gran parte de ellas civiles), 8 de las cuales contabilizadas antes del atentado de Enpetrol.
En Cataluña, en el 1986 se había constituido una facción de ETA denominada comando Barcelona, la cual se consideró hasta la disolución de la banda terrorista uno de los mandos más activos y el responsable del atentado más mortífero de todos los perpetrados por la organización, el atentado de Hipercor de Barcelona. Fue necesario desmantelarla hasta 6 veces, la primera de ellas el mismo 1987.
El modus operandi de esta ramificación se había basado hasta entonces en la utilización de coches bomba y amonal (una sustancia explosiva) para atentar contra las calles barcelonesas. Así mismo, los precedentes más directos a los hechos de Enpetrol habían sido el asesinato de un guardia civil en el Puerto de Barcelona el 27 de marzo con la misma táctica y la decomisación, 3 días antes del ataque al conjunto petroquímico, de 120 kilogramos de amonal y otras herramientas y aparatos para realizar atentados en un área de servicio de la AP-7, en el municipio de Castellbisbal.«Un guardia civil muerto y otras 18 personas heridas al estallar un coche bombea junto al puerto de Barcelona» (Archivo) (en castellano). Fuentes oficiales revelaron que con estos explosivos se podrían haber fabricado hasta 6 coches bomba y que la intención del grupo era proyectar varios ataques al litoral catalán durante el mes de julio.
En cuanto a ataques terroristas contra instalaciones petrolíferas o gasísticas en el ámbito español, hasta el 1987 se habían contabilizado 3 antecedentes. El febrero de 1978 el MPAIAC colocó dos bombas de goma-2 en unas instalaciones de CEPSA en Santa Cruz de Tenerife, mientras que cuatro años más tarde, el septiembre de 1982, fue un ataque simultáneo entre ETA y Tierra Libre en una terminal de CAMPSA en Badalona el que se registró como primer atentado de estas características en territorio catalán. El grupo armado vasco volvió a la carga el diciembre de 1984 contra un oleoducto militar de Calatayud, donde se explosionaron 4 cargas de goma-2.
Desde hacía más de dos meses varios miembros del Grupo Operativo Especial (GOE) de la IV Zona de la Guardia Civil estaban investigando la estructura del Comando Barcelona. a pesar de que, según las mismas autoridades, había fuertes indicios que la banda podía perpetuar un ataque días después de las Elecciones al Parlamento Europeo del 10 de junio, no se pudieron evitar las detonaciones dos días después.
Pero este no acabaría siendo el único ataque hacia el complejo industrial tarraconense. En septiembre de 1990, los GRAPO volverían a atentar a 150 metros de donde lo había hecho ETA tres años antes y contra la misma empresa (por aquel momento rebautizada como Repsol), por el que se conoce como el Atentado de Repsol. La metodología de la acción fue bastante similar a la de 1987, pero las consecuencias fueron considerablemente menores gracias a las medidas de seguridad tomadas a raíz de los primeros hechos.
Hechos
El atentado se produjo a las 00:31 de la noche, a través de dos bombas de relojería formadas por 54 kilogramos de amonal colocadas en un rack (fajo de distribución de cañerías para el transporte de líquidos y gases) de 22 conductos y de una extensión de 14 kilómetros que unía el Puerto de Tarragona con la refinería. Concretamente, el ataque se realizó en un punto de operación de todo este paquete de canalizaciones que comunicaba el embarque de carga marítima de productos con las instalaciones de la refinería; a 4 kilómetros de las instalaciones marítimas y a 10 de la refinería, el que corresponde en el Polígono Sur del Complejo Petroquímico.
El primer artefacto explosivo tenía un solo detonador y estaba conformado por 3 cargas de esta sustancia separadas a una distancia de 9 metros entre ellas, lo que suponían unos 16 o 18 kilogramos de amonal. Se colocó en un puente en forma de "u" invertida; estas estructuras logísticas ubicadas a lo largo del oleoducto permitían la dilatación o contracción de las canalizaciones a consecuencia de los cambios de temperatura. Junto a la zona de la explosión se encontraban varios depósitos de gas y butano. Como resultado de esta deflagración, 400 metros de cañerías quedaron totalmente destruidos, concretamente los situados en el borde de la autovía Tarragona-Salou y la línea férrea Tarragona-Valencia. Las dos vías quedaron cerradas al tránsito. Además, 10 kilómetros del rack sufrieron daños.
La segunda bomba, sin metralla y que explotó simultáneamente a la primera, no dio lugar a ningún incendio; provocó una ligera fuga y afectaciones en la estructura metálica de uno de los tubos, aparte de daños menores en la protección antitèrmica del rack. Estaba a 2,5 kilómetros de la primera, bajo una cañería de combustible para barcos.
A partir del momento de la detonación, se liberaron más 10 000 metros cúbicos de líquidos y gases inflamables, entre los cuales había 1800 toneladas de crudo, 1100 toneladas de fueloil y 50 de naftaAdemás, se dio el escape de sustancias como etileno, propileno, gas licuado y gasolinas. Estos componentes provocaron un incendio con llamas de hasta 50 metros de altura —el equivalente a un bloque de más de 15 pisos—, que pudieron ser divisadas a una distancia de 20 kilómetros y provocaron el pánico de la población de los municipios más cercanos.
A partir de aquel momento se activó el Plan de Emergencia Exterior del Sector Químico de Tarragona (PLASEQTA), en el marco de actuación y coordinación de los servicios de bomberos, Protección Civil, Policía Nacional y Guardia Civil. No obstante, a pesar de que este dispositivo de emergencias estaba redactado desde el mes de abril del mismo año, en el momento del siniestro el proceso de implantación se encontraba en una etapa muy prematura, lo cual dificultó notablemente su aplicación.
Los primeros servicios de socorros que acudieron al lugar de los hechos fueron los bomberos de Tarragona y los bomberos privados de Enpetrol, que intentaron succionar el flujo de productos derramados a través de los tubos dañados. También protegieron de las radiaciones de calor los edificios e instalaciones más cercanos. Durante las horas inmediatas a la deflagración, los esfuerzos se centraron a impedir que el fuego se propagara a los almacenes periféricos al rack, concretamente a unos depósitos de 20 000 toneladas de propileno cada uno que la multinacional química BASF tenía ubicados en escasos metros de la zona crítica del ataque.««Enpetrol» intentó contactar rápidamente cono Protección Civil sin conseguirlo». Afortunadamente, gracias al hecho que el viento no soplaba con intensidad y que la ola expansiva de la explosión había estado a ras de tierra, se evitó una catástrofe de dimensiones mucho más graves.
La misma madrugada del atentado se activó también el Pacto de Ayuda Mutua (PALMO), constituido el 1978 y que tenía como finalidad sumar esfuerzos de todos los cuerpos de seguridad de las empresas del Complejo Petroquímico en caso de riesgo por posibles accidentes. También se pusieron a disposición de la empresa efectivos de los parques públicos de bomberos de Cambrils, Reus, Valls, Vendrell, Mora de Ebro, San Feliú de Llobregat, Tortosa, Amposta, Villanueva y Geltrú, Martorell, Villafranca del Panadés, Hospitalet de Llobregat, Sabadell, Sardañola del Vallés, Balaguer, Lérida, Tárrega, Bellaterra y Cervera, repartidos en 27 dotaciones móviles. Según el Gobierno Civil, se movilizaron un total de 400 agentes.
La virulencia del fuego quedó controlada a las 06:10 horas del mismo 12 de junio. Se aislaron todos los puntos de emergencia y bloquear todas las válvulas del rack, y el día 13 se realizaron dos purgas; un proceso consistente al inyectar nitrógeno procedente de la empresa vecina Messer a las cañerías para arrastrar los gases restantes en el interior. La primera se ejecutó a las 12:00 horas y la segunda a media tarde. Esto provocó una reavivada del fuego por una presión excesiva de nitrógeno, y a la vez desencadenó una mayor salida de gases y líquidos (con su consecuente combustión).
La situación anterior, unida a complicaciones meteorológicas, llevó al hecho que el día 16 se publicara un comunicado de alerta en que se afirmaba que la extinción total no se daría por acabada en los plazos previstos y se alargaría bastantes jornadas más. Este aviso, emitido por un comité formado por el alcalde de Tarragona, el delegado del Gobierno de Cataluña, el director de Enpetrol y un representante del Gobierno Civil informaba de la situación del rack, que seguía quemando de manera reducida y controlada. La metodología que se siguió —y perduró hasta el final del incendio— fue dejar quemar los gases escapados y mantener las llamas, mientras que, paralelamente, se procedió a refrigerar todas las conducciones con espuma a presión. Sin embargo, en ciertos momentos se tuvo que sofocar la intensidad de las llamas por la fuerza del viento, el que provocó un retraso en el consumo de los combustibles y la correspondiente extinción definitiva, que finalizó 22 días después del siniestro.
Reacciones y autoría
Primeras reacciones y fuga de la población