El Asedio neogranadino de Cartagena de Indias (1815) fue un breve enfrentamiento militar librado entre facciones revolucionarias, por un lado, el gobierno del Estado Libre de Cartagena, y por el otro, las Provincias Unidas de la Nueva Granada. El sitio acabó con un acuerdo de paz y sólo contribuyó a debilitar a las fuerzas patriotas ante la llegada de una expedición realista.
Antecedentes Planes de Bolívar Después de capturar y saquear Santafé de Bogotá, el 15 de diciembre de 1814 el general de división Simón Bolívar fue nombrado por el gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada Capitán General de los Ejércitos de la República. Por su intervención en la campaña, su lugarteniente, Rafael Urdaneta, fue nombrado general de división el 5 de enero de 1815. Sin embargo, Bolívar tuvo que soportar un juicio militar por las acusaciones de sus rivales, siendo absuelto. Luego, el 13 de enero, el Congreso federal neogranadino se trasladó de Tunja a Bogotá tiempo que Bolívar aprovechó para decidir cuáles serían sus próximos movimientos militares.
Bolívar se decidió a marchar sobre Santa Marta para seguir sobre Riohacha, Maracaibo, Coro y toda la costa norte de la actual Venezuela hasta tomar el «corazón» del país. Posteriormente, esperaba regresar a la Nueva Granada por Cúcuta y seguir con nuevas campañas en el sur hasta el Virreinato del Perú. Este plan incluía conducir parte del material militar en los pocos buques que tenía, los cuales también serían usados para bloquear el puerto de Santa Marta. Para esto contaba con el apoyo del Congreso federal, pues sus integrantes deseaban recuperar Santa Marta y asegurarse que Cartagena no fuera vulnerable a un ataque por tierra.
Bolívar salió de Bogotá el 23 o 24 de enero, y debió dejar algunas unidades en la ciudad, pero tenía cuadros veteranos de los batallones de Urdaneta con los que esperaba reclutar y organizar un ejército de 6.000 hombres en Tunja y Socorro. Llevaba dinero para cuatro meses y una orden al gobierno cartagenero de entregarle las armas, municiones, artillería y bagaje necesarios. Al parecer, contaba que podía tomar Santa Marta y Riohacha con los hombres bajo su mando y luego hacer levas en esas provincias para atacar Maracaibo. Siguió el camino de Honda, por donde pasó al día siguiente, y luego el río Magdalena para llegar a Cartagena. Recuperó la villa de Ocaña, ocupada el 30 de enero por el capitán realista Ignacio de La Rus.
Santa Marta era importante, era el único puerto neogranadino aún en poder monárquico y ahí estaba el capitán general neogranadino (luego virrey), Francisco José Montalvo y Ambulodi, quien temía que un ejército de 3500 o 4000 revolucionarios atacara su ciudad. Según fuentes decimonónicas, como un estudio del filósofo alemán Karl Marx, apenas tenía 200 hombres. Por su parte, José Manuel Restrepo, historiador colombiano, afirma que eran 300 soldados de línea más algunas milicias. Su colega y compatriota, Enrique Uribe White, los eleva a 2.000 entre soldados y milicianos, pero igualmente Montalvo no creía ser capaz de resistir si Bolívar atacaba. Bolívar menciona que no había más de 1.500 realistas entre Plato, Tenerife y Ocaña. La plaza tenía tan pésimas condiciones defensivas que Montalvo ya había reservado un barco francés para huir, mientras los vecinos habían enviado cartas prometiendo abrir las puertas de la villa y expulsar a la guarnición en cuanto llegara el Libertador.
Situación en Cartagena Después de una gran derrota en la Ciénaga Grande, el 28 de marzo de 1814, las fuerzas cartageneras quedaron en crisis, motivando un motín al mando del coronel venezolano Miguel Carabaño el 25 de mayo. Esta intentona fue suprimida con facilidad, pero desprestigió al vicepresidente de Cartagena, Gabriel Gutiérrez de Piñeres, cuya familia tenía fuertes lazos con el coronel y se creía lo habían animado; cuando Bolívar estuvo ahí, el 25 de septiembre, encontró a la ciudad portuaria dividida.La pugna entre Bolívar y Manuel del Castillo y Rada. Periódico El Universal. Publicado el 10 de abril de 2011. A finales de año, el Congreso neogranadino decretó la centralización de los ministerios de Guerra y Hacienda y la formación de un triunvirato como poder ejecutivo, medidas que requerían la reforma de la Constitución de Cartagena. Se debían nombrar a las nuevas autoridades, que serían un poder ejecutivo (un gobernador y un teniente que lo supliría), un poder legislativo (un Senado con 3 miembros y una Cámara de representantes con 7) y un poder judicial (un Tribunal de Justicia con 3 miembros). Para ello, el 24 de noviembre se reunió un Colegio o Consejo Electoral que nombró como su presidente al doctor Miguel Díaz Granados.
El 17 de diciembre, el Consejo Electoral se reunió y eligió al doctor venezolano Pedro Gual como representante de la provincia ante el Congreso. Luego se eligió como nuevo presidente de Cartagena a José María García de Toledo por quince votos, venciendo al vicepresidente Gutiérrez de Piñeres con diez. Esto llevó a los piñeristas a reclamar violentamente, pues consideraban a la elección como viciada y que García de Toledo era hispanófilo, pues anteriormente había sido crítico de la independencia y nunca se había retractado. Cincuenta piñeristas, al mando del doctor Ignacio Muñoz, tomaron machetes y sables y empezaron a amenazar a los electores para que eligieran al vicepresidente. El presidente del Consejo, Miguel Díaz Granados y Núñez de Dávila, pidió la intervención a Gutiérrez de Piñeres pero este último no hizo nada. Todo empeoró cuando uno de los alcaldes ordinarios, José María Castillo Ponce, ordenó cerrar el edificio de la legislatura, dejando atrapados dentro a los electores. Fue entonces que Germán Gutiérrez de Piñeres, hermano del vicepresidente, propuso que se eligiera a ambos candidatos como cónsules, lo que chocaba con la Constitución de la ciudad, que establecía un ejecutivo unipersonal. Obviamente, García de Toledo y sus partidarios abandonaron el lugar pero se dio por aceptado el compromiso. La situación se mantuvo tensa, pero Gutiérrez de Piñeres desplazó a su rival porque contaba con el apoyo del capitán Luciano D'Elhuyar, comandante de la plaza. Así, ambos cónsules acordaron renunciar el 19 de diciembre. El Consejo Electoral no se sentía seguro como para tomar la decisión y se negó a aceptar las renuncias, limitándose a renombrarlos como gobernadores y a aplazar toda decisión definitiva para el 1 de enero de 1815, cuando se reuniera de nuevo. Como los partidarios de ambos hacían presión para que los eligieran y viendo que no se podía resolver el entuerto, los gobernadores prefirieron que se eligiera un tercer candidato de consenso, quien resultó ser Gual, considerado un hombre culto, íntegro y neutral.
Sin embargo, los partidarios de García de Toledo informaron de los eventos al coronel Manuel del Castillo y Rada, comandante de la línea del Magdalena, quien vio la oportunidad de entregar el gobierno a su amigo y preparar la defensa de la ciudad, pues Bolívar se aproximaba y no deseaba entregarle el equipo militar de sus almacenes. Además, estaba ocupado lanzando una ofensiva contra Santa Marta. Los cabildos en el partido de Tierradentro y Mahates le pidieron su intervención y recibió dinero y víveres de Barranquilla, Soledad, Sabanalarga y Turbaco, los pueblos de Aguada de Pablo, San Estanislao y Ternera también le dieron provisiones. El 5 de enero, Castillo salió de Sabanalarga y llegó a Turbaco, donde se encontró con García de Toledo y una tropa reclutada en Tierraadentro y Mahates. Ahí proclamó a su amigo como presidente legítimo y avanzó a la ciudad con 1.200 soldados, de los que mil eran infantes y el resto un grupo de caballería. El mismo día, García de Toledo declinó la proclamación y Gual asumió como gobernador encargado al ser nombrado por la legislatura y D'Elhuyar arrestó a los cónsules. En dicha situación, los piñeristas pretendieron derrocar a Gual y poner en su lugar a Pedro Medrano, hombre inculto pero dispuesto a todo, pero fueron vencidos en la Puerta de la Media Luna (cerca del actual monumento a los Zapatos Viejos). El 8 de enero, Castillo se entrevistó con Gual, quien viendo los desórdenes en la plaza le dejó entrar. Castillo aprovechó para expulsar a los jefes piñeristas a las islas Antillas, lo que los salvó de la represión de la reconquista monárquica (la sentencia de los García de Piñeres, Muñoz y otros era de seis años de destierro en Estados Unidos).
Fuerzas enfrentadas Provincias Unidas El militar irlandés y amigo personal de Bolívar, Daniel Florencio O'Leary, en sus diarios compilados en unas Memorias, dice que el Libertador creía que los 2.000 hombres que mandaba bastarían para conquistar Santa Marta y Riohacha, aunque él considera el plan una locura por ser muy pocos. El mismo general venezolano concuerda con esa cifra, agregando que incluye a los reclutas de Mariquita y el Bajo Magdalena. Esto sirvió de inspiración al historiador, José Manuel Restrepo, para afirmar esos 2.000 hombres estaban organizados en tres batallones de infantería y el escuadrón Dragones de Caracas. El militar venezolano, Feliciano Montenegro Colón, da la misma cifra y agrega que esos batallones eran los venezolanos La Guaira, Barlovento y Valencia, a los que se suman los dragones y algunas compañías de neogranadinos. El historiador, también venezolano, Rafael María Baralt, también apoya ese número.
En cambio, el filósofo Karl Marx estimaba al ejército de Bolívar en 2.400 efectivos al inicio del sitio, y en un informe del capitán monárquico Ignacio de la Rus, atemorizado por el avance patriota, se los calcula en 680 infantes y 100 jinetes desmontados. El número más alto lo da el educador colombiano Pedro Fernández Madrid, unos 3.000 revolucionarios. Acorde al historiador Fabio Lozano Lozano, los 2.000 soldados de Bolívar habían sido reclutados en Cundinamarca, Tunja, Socorro, Cartagena y Pamplona y contaban con 22 cañones, 1200 saquetes de metralla, 11600 balas, más de 1000 cartuchos de pólvora, 1100 fusiles, 300 sables, 600 lanzas, 140000 cartuchos con balas, 3 quintales de pólvora en grano, 92 tiendas de campaña, 10 quintales de plomo en pasta, 500 armas en composición, vestuario, vituallas, víveres y brigadas, y el oro y la plata de sus arcas.
Tanto Restrepo como Baralt y Fernández Madrid sostienen que menos de 500 hombres portaban fusiles, de ahí que necesitaran los pertrechos bélicos y suministros que Cartagena podía proporcionarles. O'Leary cree que eran apenas 300 armas de fuego, muchas inútiles. Según Marx, su única artillería era una pieza pequeña, lo que le obligó a dedicarse a bloquear la ciudad. Según el político venezolano Felipe Larrazábal, cuando pasó por Mompox y el Bajo Magdalena no tomó la artillería que se encontró, esto se debió a que no deseando provocar a los cartageneros.
Cartagena Según historiadores decimonónicos como Restrepo o Montenegro Colón, las tropas de la provincia de Cartagena estaba formada por 3.000 hombres y 22 barcos de guerra cuando Castillo asumió. El historiador francés Clément Thibaud la reduce a 924 soldados. En cambio, Bolívar afirma que Castillo se había apoderado de la plaza con 1.200 soldados. El investigador cartagenero Gabriel Jiménez Molinares menciona que después de asumir en agosto de 1814, Cortés Campomanes disponía de 1.720 soldados y 18 barcos bien armados y tripulados, eran el «residuo que quedara después de la disolución del Ejército del Magdalena ocasionada por la conducta de Carabaño». Tuvo que reorganizar la línea defensiva del río Magdalena hasta ser reemplazado por Castillo en noviembre.
Acorde a Marx, la ciudad tenía 80 piezas de artillería.
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