Los fusilamientos de José León Suárez fueron una masacre clandestina en Argentina contra doce civiles, donde cinco resultaron asesinados, el 9 de junio de 1956, en los basurales de José León Suárez, en General San Martín, Gran Buenos Aires.

Tal masacre fue un episodio represivo del levantamiento del General Juan José Valle contra la dictadura gobernante, que por eso dispuso el fusilamiento público de Valle y diecisiete militares sublevados, así como el asesinato clandestino de 18 civiles, en las localidades bonaerenses de La Plata, Lanús y José León Suárez. El levantamiento se inscribió dentro de un movimiento más amplio, la Resistencia peronista, en el que actuaron civiles y hasta militares no peronistas opuestos a la dictadura.

Su mensaje incluía el compromiso de un llamado inmediato a elecciones y la garantía de una absoluta libertad de prensa, así como la liberación de todos los presos políticos, el reintegro de los derechos sindicales y la recuperación de la industria nacional.

Los fusilamientos clandestinos permanecieron desconocidos hasta que el periodista Rodolfo Walsh investigó los de JL Suárez, publicó su investigación en 1957 en sucesivas notas que fueron la base del histórico relato novelado en Operación Masacre. De los doce fusilados en Suárez, cinco murieron en el acto (Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez y Mario Brión); siete sobrevivieron. Debido a ello, la Revolución Libertadora recibió la generalizada denominación de Revolución Fusiladora.

Contexto La Revolución Libertadora

El septiembre de 1955, un golpe de Estado derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón impuso una dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora. Dentro de ella, un nuevo golpe depuso el general Eduardo Lonardi, impuso una dictadura aún más represiva de marcado antiperonismo encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu con el título de «presidente» y el almirante Isaac Rojas, titulado «vicepresidente».

Esa dictadura aplicó una política sistemática de «desperonización» de la sociedad, deteniendo o despidiendo de sus empleos a miles acusados de simpatizar con el peronismo; en el mundo de la cultura, los medios de comunicación, las universidades y el sistema educativo, se utilizaron listas negras para excluir a los peronistas.

El levantamiento de Valle

miniaturadeimagen|derecha|Alegoría a los fusilamientos que tuvieron lugar durante la Revolución Libertadora. En la noche del 9 de junio de 1956 se inició un levantamiento peronista liderado por el general Juan José Valle, para derrocar a la dictadura. El levantamiento fue derrotado, con escasos enfrentamientos armados, en los que murieron seis personas, los militares Blas Closs, Rafael Fernández y Bernardino Rodríguez del bando dictatorial; y los civiles Ramón Raúl Videla, Carlos Irigoyen y Rolando Zaneta, del peronismo.Gambini, Hugo: Historia del peronismo. La violencia (1956-1983) p.79, 2008, Buenos Aires. Javier Vergara Editor. ISBN 978-950-15-2433-8. El 14 de junio se produciría el último combate individual, donde resultará muerto el civil peronista Miguel Ángel Mouriño.;

El teniente general Pedro Aramburu y el almirante Isaac Rojas, sabían de la conjura pero habían decidido no abortarla con el fin de aprovecharla para extremar la represión. El día anterior fueron apresados cientos de dirigentes gremiales para restar base social al movimiento. Aramburu dejó firmado el Decretos 10.362 que imponía la ley marcial y dejó redactados los Decretos 10.363/56, de pena de muerte, y el 10.364/56 que incluiría a las personas seleccionadas para ser fusiladas.

Alertadas las fuerzas de seguridad, el levantamiento fue pronto contenido. Sólo unos pocos objetivos fueron tomados y esa noche la mayoría de los sublevados fueron detenidos. En Lanús seis detenidos serían fusilados entre las 2 y las 4 de la mañana. En el conurbano norte, doce detenidos serían llevadas por las fuerzas de seguridad a Suárez para asesinarlos.

Los coroneles sublevados Ricardo González y Agustín Digier, el capitán Néstor Bruno y el suboficial Andrés López, llegaron hasta la embajada de Haití, donde recibieron alojamiento en el anexo de la residencia del embajador. Al día siguiente, el embajador haitiano Jean Francoise Brierre se trasladó a la Cancillería a informar el otorgamiento de asilo a los refugiados. En la madrugada del jueves 14 se apersonó en la sede diplomática otro perseguido en busca de amparo, el general Raúl Tanco. A poco de abandonar Brierre la residencia, se estacionaron enfrente dos vehículos del que descendió una veintena de hombres armados, comandados por Domingo Quaranta, jefe del Servicio de Informaciones del Estado (SIDE), que penetró con violencia en la sede diplomática, sacó por la fuerza a los siete asilados. El grupo asaltante se posicionó con sus armas para fusilarlos. Ante ello, Therese Brierre, esposa del embajador, salió. Quaranta la apartó con brusquedad mientras le espetaba insultos racistas. El escándalo atrajo a vecinos, por lo que los prisioneros fueron llevados a un colectivo para fusilarlos lejos. Brierre denunció por teléfono el hecho a las agencias internacionales de noticias y se comunicó con el Ministerio de Asuntos Exteriores haitiano, solicitando su intervención ante la violación al derecho internacional y el asalto a la sede diplomática.Panella, Claudio. Los socialistas y la Revolución Libertadora. «La Vanguardia» y los fusilamientos de junio de 1956, en Anuario del Instituto de Historia Argentina N.º7, Bs.As., 2008.

Los hechos thumb|250px|Casa de la calle Hipólito Yrigoyen 4519, Florida, donde estaban reunidos un grupo de civiles y fueron secuestradas las personas que asesinadas en el basural de José León Suárez.

La sublevación La revuelta estaba planeada para el sábado 9 de junio a las 23:00. A esa hora comenzaba una popular jornada de boxeo en el Luna Park transmitida al país por radio. Las órdenes para los militantes era escuchar la pelea por el título sudamericano entre Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loayza y esperar oír la proclama revolucionaria para actuar. La insurrección fracasó antes de iniciarse, debido a que, media hora antes, los encargados de instalar la radio en Buenos Aires fueron detenidos. Solo en La Pampa el comando pudo transmitir la proclama. Ese día, Aramburu había viajado a Rosario y le había encomendado al almirante Isaac Rojas hacerse cargo de la represión.

Una de las casas utilizadas como punto de reunión de los sublevados durante el levantamiento de Valle, fue la que estaba en Hipólito Yrigoyen 4519, en Florida, zona norte de Gran Buenos Aires. El dueño de casa era Horacio di Chiano que habitaba el departamento delantero y le alquilaba a Juan Torres el departamento del fondo. En este último lugar se reunió un grupo de peronistas para esperar la señal del levantamiento. A la hora señalada había diez hombres: Torres, Carlos Lizaso (21 años), Nicolás Carranza (militante sindical ferroviario), Francisco Garibotti (obrero ferroviario, cinco hijos), Vicente Rodríguez (obrero portuario, tres hijos), Mario Brión (empleado de Siam, un hijo), Horacio Di Chiano (no peronista, aunque opositor a la dictadura), Norberto Gavino (militante peronista incluido en las listas negras), Rogelio Díaz (suboficial retirado de la Marina, dos o tres hijos) y Juan Carlos Livraga (sólo había ido a oír la pelea).

La detención A las 23:30, la casa fue allanada por el jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, acompañado del jefe de la Unidad Regional de San Martín, inspector Rodolfo Rodríguez Moreno y el subjefe inspector Cuello. Buscaban a Tanco, pero al no encontrarse, la Policía se llevó detenidos a todos los mencionados excepto a Torres, quien logró escapar. Fue secuestrado Miguel Ángel Giunta, de la casa vecina, quien no tenía ninguna conexión con la Resistencia peronista.

Los diez fueron conducidos por la fuerza a la Unidad Regional de San Martín. Fracasada la detención de Tanco, Fernández Suárez volvió de inmediato a La Plata. Poco después llegaron a la Comisaría otros dos: Julio Troxler (exoficial de policía y miembro activo de la Resistencia) y Reinaldo Benavidez que había ido a la casa en Yrigoyen y fue detenido por policías que habían quedado esperando a otros militantes. Allí se enteraron del fracaso de la insurrección y de la declaración de la ley marcial, en vigencia desde las 00:30 del 10 de junio. A las 2:30, el vicealmirante Rojas declaró que la sublevación había sido controlada. Quince minutos después, el Jefe de la Brigada comenzó a recibir la declaración de los detenidos y se les retiraron sus posesiones.

La orden Rodríguez Moreno recibió por teléfono la orden de Fernández Suárez de fusilar a los detenidos. Para esa hora, se había ordenado fusilar a los seis integrantes del comando detenidos en la Escuela Industrial de Avellaneda, encargados de montar la radio desde donde se transmitiría la proclama: Teniente coronel José Albino Yrigoyen, capitán Jorge Miguel Costales, Dante Hipólito Lugo, Norberto Ross, Clemente Braulio Ross y Osvaldo Alberto Albedro.

Rodríguez Moreno se dirigió primero al Liceo Militar de San Martín para intentar que los fusilamientos se llevasen a cabo allí, pero se le negó toda colaboración. Retornó a la comisaría cerca de las 5:00 y buscó confirmar la orden llamando de nuevo al teniente coronel Fernández Suárez, quién la ratificó y le exigió que lo hiciera de inmediato en cualquier lugar.

El traslado A las 5:30 los doce detenidos fueron colocados en un camión celular, custodiados por quince policías. En un auto se desplazaban Rodríguez Moreno; su segundo, el comisario Cuello, y el oficial Cáceres. Tomaron la ruta 8 y se desviaron por el Camino de Cintura. Cuando se detuvieron, comenzaron a bajar a los detenidos, pero los policías consideraron que el lugar no resultaba adecuado y continuaron la marcha otros trescientos metros, donde se hallaba un basural.

La masacre Los detenidos, a punta de pistola, fueron obligados a bajar y caminar hacia el basural, iluminado por los faros de los vehículos policiales. Cuando fue evidente que iban a ser asesinados, Gavino corrió mientras le decía a Carranza que había que huir. Carranza, muy corpulento para correr, suplicó por sus hijos segundos antes de que lo matasen. Los detenidos corrieron en todas las direcciones mientras los policías disparaban. Díaz logró escabullirse del camión sin ser visto y desaparecer. Livraga, Di Chiano y Giunta se tiraron y se hicieron los muertos. Garibotti fue alcanzado por los disparos y cayó muerto. Giunta aprovechó para salir corriendo y logró escapar. Rodríguez cayó herido y fue rematado en el piso. Brión tenía una polera blanca que facilitó su asesinato por la espalda mientras corría. Troxler, Benavídez y Lizaso intentaron luchar cuerpo a cuerpo con los policías: los dos primeros lograron huir, pero Lizaso fue tomado entre tres y fusilado.

Al cesar la balacera y la caza, Rodríguez Moreno caminó entre los cuerpos para verificar sus muertes. Dio por muerto a Di Chiano; vio parpadear a Livraga y ordenó que lo rematasen. De tres tiros, uno le rompió la nariz, otro le atravesó la mandíbula y la dentadura, el tercero le dio en un brazo. Lo dieron por muerto, pero, luego de un calvario, lograría sobrevivir.

En el basural quedaron muertos Brión, Carranza, Garibotti, Lizaso y Rodríguez.

La supervivencia Siete sobrevivieron: Reinaldo Benavidez, Rogelio Díaz, Horacio Di Chiano, Norberto Gavino, Miguel Ángel Giunta, Juan Carlos Livraga y Julio Troxler.