La batalla de Borgerhout fue un enfrentamiento de la guerra de los Ochenta Años librado el 2 de marzo de 1579 en el que el Ejército español de Flandes liderado por Alejandro Farnesio, duque de Parma, atacó un campamento fortificado en la villa de Borgerhout, cerca de Amberes, donde estaban acuartelados varios miles de soldados franceses, ingleses, escoceses y valones al servicio de la recién creada Unión de Utrecht. La batalla tuvo lugar durante la reconquista por los ejércitos de Felipe II de España de los Países Bajos Borgoñones, cuyas diferentes provincias se habían unido en 1576 tras la firma de la Pacificación de Gante con la finalidad de expulsar a las tropas extranjeras y garantizar la libertad de culto a los protestantes.
A pesar de la victoria rebelde en la batalla de Rijmenam en julio de 1578, durante el otoño gran parte de los Países Bajos meridionales cayeron en manos del ejército español, Bruselas estaba amenazada y los Estados Generales de los Países Bajos se habían trasladado a la más segura ciudad de Amberes. Aprovechándose de la indisciplina del ejército de los rebeldes holandeses, Farnesio decidió a comienzos de 1579 poner sitio a la ciudad de Maastricht, pero antes, para distraer a los rebeldes de su verdadero objetivo y al tiempo amedrentar a los bruselenses, movió a sus fuerzas para sorprender a su enemigo en Borgerhout, muy cerca de Amberes, donde estaban acuarteladas una parte de las tropas de los Estados Generales. Allí se encontraban entre tres y cuatro mil soldados de infantería que suponían la columna vertebral del ejército rebelde y entre ellos había calvinistas franceses dirigidos por François de La Noue y tropas inglesas y escocesas a las órdenes de John Norreys.
El 2 de marzo, Farnesio desplegó elementos de su ejército en una llanura que se extendía entre su posición en la villa de Ranst y el campamento holandés de Borgerhout, el cual había sido fortificado por Norreys y De la Noue con fosos, empalizadas y montículos de tierra. El ejército español se dividió en tres columnas para el asalto, cada una de ellas provista de un puente móvil para atravesar el foso. Tras uno de los ataques, ejecutado por tropas valonas, se consiguió asegurar uno de los puentes y las fuerzas españolas pudieron penetrar para combatir a los soldados de los Estados Generales dentro de su campamento. Los hombres de Norreys y De la Noue opusieron una férrea defensa, pero Farnesio lanzó a su caballería ligera al combate y forzó al ejército holandés a abandonar Borgerhout y buscar refugio bajo la artillería de las murallas de Amberes. Guillermo de Orange, líder de la rebelión holandesa, y el archiduque Matías de Habsburgo, gobernador general de los Países Bajos nombrado por los Estados Generales, fueron testigos de la batalla desde las murallas de Amberes.
La batalla significó la destrucción de las villas de Borgerhout y Deurne y costó la vida a unos mil quinientos soldados de ambos bandos. Farnesio se dirigió a continuación hacia Maastricht, ciudad que fue puesta bajo sitio por el ejército español menos de una semana después de esta batalla y que fue tomada al asalto el 29 de junio de ese año. La exitosa campaña del príncipe de Parma abrió el camino para un período de nueve años en que los españoles reconquistaron gran parte de los Países Bajos.
Situación histórica
thumbnail|upright=1.3|izquierda|La vaca lechera, pintura anónima inglesa que representa a Felipe II, Guillermo de Orange, Isabel I y al duque de Anjou luchando por los Países Bajos, encarnados por una vaca (c. 1585, Rijksmuseum).
En 1566 los Países Bajos Borgoñones, que pertenecieron al emperador Carlos V y que había heredado su hijo Felipe II tras su abdicación en 1556, estaban muy agitados por las tensiones religiosas entre protestantes y católicos, pero también por la renuencia de la nobleza y las ciudades a costear las guerras del rey español y ceder sus poderes a la administración real. En 1567 Felipe II envió un ejército a los Países Bajos dirigido por Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, con la misión de restaurar su autoridad. Sin embargo, la dureza del duque en la persecución religiosa y política llevó a Guillermo de Orange, líder de la nobleza neerlandesa, a exiliarse en Alemania y preparar desde allí una invasión para expulsar al duque de Alba. Guillermo invadió los Países Bajos en dos ocasiones, en 1568 y 1572, pero en ambas fue derrotado por las tropas españolas. Sin embargo, en su segundo intento, la rebelión se extendió por las provincias de Holanda y Zelanda y el duque español fue incapaz de reprimirla. En 1576, la falta de autoridad generada tras la muerte de Luis de Requesens, sucesor del duque de Alba, unido a la quiebra de las arcas reales españolas, llevó a los soldados de los tercios españoles a amotinarse y saquear varias ciudades, incluida Amberes. En respuesta a ello, tanto las provincias leales como las rebeldes se unieron para expulsar a las tropas extranjeras previa firma de un acuerdo que se llamó la Pacificación de Gante.
Juan de Austria, vencedor de Lepanto y sustituto de Requesens no tuvo más elección que firmar el Edicto perpetuo de 1577, en el que aceptaba la Pacificación de Gante pero después, frustrado por la intransigencia de Guillermo de Orange y sus aliados, se apoderó de la ciudadela de Namur y puso a su ejército en pie de guerra. A la aplastante victoria de Juan de Austria en la batalla de Gembloux en enero de 1578, siguió la derrota táctica en Rijmenam en julio y la muerte del propio Juan en octubre víctima de la peste. Sin embargo, a pesar de que los españoles no pudieron aprovechar militarmente su éxito en Gembloux, esa victoria dio importantes réditos políticos a la causa de la monarquía española porque acabó con la unidad de los rebeldes neerlandeses. En efecto, los jefes de las principales familias de las provincias meridionales perdieron su fe en la causa de los Orange y en la promesa de ayudarles que había hecho la reina Isabel I de Inglaterra, algo que supuso un importante revés. Con el objetivo de restaurar la capacidad militar de los rebeldes, Isabel I acordó con Juan Casimiro, hijo del elector calvinista del Condado Palatino del Rin, la formación de un ejército alemán sufragado con dinero inglés que ayudase a los rebeldes neerlandeses. Juan Casimiro trajo a los Países Bajos once mil hombres, pero en lugar de combatir contra los españoles, se alineó con los calvinistas extremistas de Gante y abrió todavía más la brecha entre los católicos y los rebeldes protestantes. Los Estados Generales pidieron ayuda a Francisco, duque de Anjou, hermano y heredero del rey de Francia, que entró en la ciudad de Mons en julio de 1578 pero regresó a Francia poco después.
En febrero de 1579 la recién creada Unión de Arras abrió negociaciones con Alejandro Farnesio, sucesor de su tío Juan de Austria como gobernador general de los Países Bajos, para reconciliarse con la monarquía hispánica. En respuesta, las provincias septentrionales de los Países Bajos firmaron una alianza. Además, Farnesio estaba planeando la toma de la ciudad de Maastricht y su importante puente de piedra sobre el río Mosa para usarla como base para conquistar Bruselas y Amberes en futuras campañas. En noviembre de 1578, el ejército español partió de Namur y cruzó las Ardenas y Limburgo. Sin embargo, el comandante de las fuerzas hispanas consideró demasiado arriesgado emprender el asedio en mitad del invierno y con la amenaza latente de un ataque de la numerosa caballería de Juan Casimiro.
Campaña thumbnail|upright|izquierda|Alejandro Farnesio, duque de Parma según un grabado de Emanuel van Meteren.
Para la campaña de 1579, Farnesio planeó dos movimientos diferentes. Una parte de sus fuerzas, bajo mando de Cristóbal de Mondragón, debía despejar de guarniciones holandesas la zona comprendida entre Maastricht y la frontera alemana, mientras que el propio Farnesio, a la cabeza del ejército principal, se movería hacia Amberes con dos objetivos: neutralizar el ejército neerlandés y especialmente su caballería alemana, para después sitiar Maastricht y así distraer a los rebeldes de la verdadera finalidad de su campaña. La primera parte del plan se cumplió cuando Mondragón tomó las localidades de Kerpen, Erkelenz y Straelen entre el 7 y el 15 de enero. El 24 de ese mismo mes, Farnesio se trasladó para atacar al ejército de los Estados Generales, que se encontraba en Weert, al este de Amberes. Superado en número, François de la Noue, que actuaba como comandante de las fuerzas de los Estados tras la muerte del conde de Bossu, dejó una parte de sus hombres en el castillo de Weert y se retiró con el resto, los que todavía no habían recibido la paga, a Amberes. Solicitaron al consejo de la ciudad permiso para entrar, pero se lo denegaron y De la Noue no tuvo más remedio que atrincherarse con su ejército fuera de las murallas de Amberes, en la cercana villa de Borgerhout.
Mientras tanto, Farnesio confió al duque Hannibal d'Altemps la misión de tomar Weert y él continuó su avance hacia el ejército neerlandés. D'Altemps rodeó Weert con seis mil soldados y abrió brecha en sus muros con los disparos de sus dos cañones. Los defensores se rindieron incondicionalmente, pero por orden de Farnesio fueron colgados de las ventanas, algo que el conde hizo de buen grado porque su mayordomo había perdido un ojo durante el asedio. En lugar de seguir a las fuerzas enemigas hasta su campamento, Farnesio detuvo a sus hombres para reponer fuerzas en Turnhout, tras lo cual se ocupó del ejército alemán de Juan Casimiro derrotando a sus reiter cerca de Eindhoven el 10 de febrero. Además, y puesto que Juan Casimiro se hallaba en Inglaterra negociando con Isabel I, Farnesio acordó con su teniente, Mauricio de Sajonia-Lauenburg, la retirada de las tropas calvinistas, a las que los españoles permitieron salir de los Países Bajos con libertad. Resuelto este asunto, Farnesio puso rumbo a Borgerhout.
Orden de batalla
Las tropas de los Estados Generales acuarteladas en la villa de Borgerhout eran entre veinticinco y cuarenta compañías de infantería que sumaban entre tres y cuatro mil soldados, además de cien unidades montadas. Eran la columna vertebral del ejército rebelde y Guillermo de Orange se refería a ellos como «sus valientes». Estaban dirigidos por oficiales de renombre como François de la Noue y John Norreys. Para hacer frente al ejército español, estaban destacados a lo largo de Borgerhout, que ellos mismos habían fortificado excavando un foso y levantando un talud de tierra alrededor de la villa desde el puente de Deurne, sobre el arroyo Groot Schijn afluente del río Escalda, hasta el camino de Voetweg, que corría paralelo al canal de Herentals. Orange desplegó otros cuatro regimientos de infantería francesa y valona, procedentes de las cercanas guarniciones de Ath y Termonde, detrás de Borgerhout y bajo la protección de la ciudadela de Amberes. La guardia cívica de Amberes, compuesta por ochenta banderas de burgueses armados y entrenados, estaba lista para defender la ciudad si fuera necesario pero no tenía intención de salir para unirse a la batalla ni permitía la entrada en la ciudad de las tropas regulares. El soldado y cronista español Alonso Vázquez afirmó que el ejército de Orange tenía en total veinticinco mil hombres.