La Biología de la conservación surgió como una disciplina aplicada y de emergencia ante la rápida pérdida de biodiversidad que estamos experimentando, enfocada principalmente en procesos a nivel poblacional y de comunidades. Una de sus características es su multidisciplinaridad, integrando conocimientos de ecología, genética de poblaciones, ecología del paisaje, sociología y economía; sin embargo, el campo del comportamiento animal estaba prácticamente ausente de los primeros marcos conceptuales de la disciplina. Esta falta de integración comenzó a hacerse notar, principalmente en programas de reproducción en cautiverio y reintroducción que solían tener bajo nivel de éxito. De esta forma, a mediados de los años noventa, surgió la disciplina de “Etología de la Conservación” (Conservation Behavior en inglés) con el objeto de aplicar los conocimientos de la teoría comportamental a problemas de conservación. No obstante, el número de estudios en esta disciplina ha sido reducido, principalmente dado por las diferencias en escalas de trabajo, tanto temporal como del objeto de estudio. La biología de la conservación trabaja a nivel poblacional y sobre fenómenos actuales, mientras que la etología y la ecología del comportamiento se basan principalmente en preguntas a nivel de individuos y a escalas de tiempo evolutivo. Sin embargo, es el comportamiento, entre otros rasgos fenotípicos, el que eventualmente determina la supervivencia y la reproducción de los individuos; por lo tanto, estos accionares individuales pueden tener grandes repercusiones a nivel poblacional.

Vinculación entre comportamiento y conservación

La principal forma de relacionar las dos disciplinas y sortear los problemas de escala radica en identificar los mecanismos mediante los cuales el comportamiento modifica variables poblacionales. Los factores claves que entran en juego aquí son el hecho de que el comportamiento es adaptativo y que parte del repertorio comportamental de un individuo es dependiente de estado; es decir, no es fijo sino que depende de variables ambientales. Así, una modificación en el entorno puede llevar a variaciones comportamentales que pueden a su vez modificar la aptitud biológica (fitness) individual y, consecuentemente, la persistencia y nivel de vulnerabilidad de la población.

Sistemas de apareamiento y selección sexual

A medida que el sistemas de apareamiento se aleja de la monogamia hacia la poligamia, la cantidad de individuos reproductores disminuye ya que unos pocos monopolizan la mayoría de las cópulas. Este mismo fenómeno ocurre en especies con selección sexual, dado que solo algunos individuos serán seleccionados para reproducirse. Así, estos dos rasgos comportamentales modifican parámetros poblacionales principalmente mediante la reducción del tamaño poblacional efectivo (Ne) (ver deriva genética) ya que modifican la varianza en el éxito reproductivo de los individuos. Además, gran cantidad de rasgos sexualmente seleccionados suelen ser poco adaptativos desde el punto de vista de la selección natural ya que son energéticamente costosos y aumentan el riesgo de depredación. A su vez, la selección sexual cumple un rol importante estableciendo barreras reproductivas; por lo tanto, una disrupción en los rasgos o señales utilizados puede llevar a hibridación y pérdida de biodiversidad. Un caso de ello son los cíclidos (Pundamilia sp) del Lago Victoria que presentan altas tasas de hibridación en aguas eutroficadas dado que las especies se diferencian en la coloración de los machos; por lo tanto, en aguas oscuras las hembras no pueden distinguir entre conespecíficos y los machos de la otra especie.

Los rasgos seleccionados son dependientes de estado (i.e. su expresión o intensidad de expresión dependen de la condición en que se encuentra el macho), por lo cual ante modificaciones del ambiente las hembras podrían encontrar menor cantidad de parejas aceptables. Esto puede traducirse en una menor inversión reproductiva por parte de las hembras o pueden incluso hasta no reproducirse en absoluto si utilizan umbrales fijos de decisión y no encuentran machos que los sobrepasen. Otro factor a tener en cuenta es que un gran número de especies presentan monogamia social pero cópulas extra pareja; por lo tanto, es una “poligamia enmascarada” que de no ser tomada en cuenta puede generar resultados inesperados que se desvían de lo predicho bajo sistemas monogámicos.

Especies que presentan leks son especialmente vulnerables ya que, además de presentar una fuerte selección sexual y alto riesgo de depredación durante los despliegues, dependen de la disponibilidad de sitios de despliegue apropiados. Estos suelen ser muy tradicionales, utilizados durante generaciones, y presentan características ambientales específicas, por ejemplo un ambiente lumínico que resalte las ornamentaciones, de las cuales se sabe poco. Por lo tanto, modificaciones del hábitat pueden tener consecuencias reproductivas difíciles de predecir. Asimismo, estos sitios generalmente no coinciden con los sitios de forrajeo ni el hábitat durante la época no reproductiva, algo importante a tener en cuenta a la hora de diseñar reservas.

Cuidado parental, infanticidio y fratricidio

La explotación sustentable suele soportarse en el hecho de que la caza de machos tiene bajo impacto en el crecimiento poblacional, a diferencia de una reducción en el número de hembras. Sin embargo, ciertas estrategias comportamentales podrían desviarse de este supuesto. Por ejemplo, especies con cuidado biparental son más propensas a este tipo de explotación ya que ambos padres son necesarios para asegurar la supervivencia y un buen desarrollo de las crías; en consecuencia, la caza o remoción de los machos conlleva una mayor tasa de mortalidad de las crías, disminuyendo así el crecimiento poblacional. Por otro lado, el infanticidio es una práctica común en varias especies. En estos casos, la remoción de machos dominantes, que suelen ser los más buscados por su mayor tamaño, da lugar a que machos periféricos obtengan acceso a las hembras y maten sus crías para poder aparearse con ellas. Este fenómeno también es importante a la hora de crear corredores o realizar translocaciones ya que la entrada de nuevos machos a zonas de grupos familiares podría aumentar las tasas de mortalidad de las crías.

Muchas especies exhiben fratricidio, donde el hermano más grande y fuerte mata al más débil, que puede ser facultativo u obligado. En el primero, el nivel de agresión viene dado principalmente por la disponibilidad de alimento; por lo tanto, modificaciones en la calidad del hábitat pueden dispararlo disminuyendo el crecimiento poblacional. Conocer qué especies presentan fratricidio obligado ha ayudado a aumentar el crecimiento poblacional de varias especies amenazadas. Separar a los hermanos y que uno sea criado por padres adoptivos o en cautiverio aumenta considerablemente el número de crías que sobrevive y así la población puede experimentar un crecimiento más acelerado. Sin embargo, hay que tener en cuenta los problemas que puedan surgir por impronta con la especie adoptiva; es decir, que la cría reconozca a la especie adoptiva como la propia. Esto puede generar problemas a la hora de reconocer pareja, comunicarse, entre otros.

Estímulos y estructura social

En un gran número de especies los estímulos sociales resultan determinantes en numerosos aspectos de la vida del animal. De esta forma, una reducción en el número de individuos de la población (o la liberación de un número reducido de ejemplares) puede llevar las tasas de crecimiento poblacional a cero o incluso a valores negativos. Esto se denomina efecto Allee. Entre los factores causantes se cuentan una reducción en la posibilidad de encontrar pareja (potenciado si hay selección sexual fuerte), disminución en la defensa de grupo y falta de adultos experimentados para transmisión social. Algunos ejemplos incluyen a la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) que era muy abundante pero ante números reducidos disminuía fuertemente su reproducción por lo que la explotación la llevó a la extinción o una población de cisnes trompeteros (Cygnus buccinator) que perdieron su conocimiento migratorio ya que los adultos fueron matados antes de que los juveniles aprendieran la ruta.

Algunas especies sociales exhiben estructuras jerárquicas donde los dominantes suprimen la reproducción de subordinados, ya sea en forma directa por agresión o indirecta mediante señales químicas. De esta forma, el número efectivo de individuos reproductivos se ve fuertemente disminuido, afectando el crecimiento poblacional. Conociendo qué especies presentan este fenómeno es posible elaborar planes de manejo donde una remoción temporal o translocación de los individuos dominantes permita la reproducción de los subordinados y aumente así la tasa reproductiva de la población. Por ejemplo, en el tití cabeza blanca (Saguinus oedipus) se ha visto que las hembras que permanecen en su grupo natal se encuentran suprimidas, presentando bajos niveles tanto hormonales como de comportamientos reproductivos; sin embargo, al separarlas de su grupo natal aumenta el nivel de hormonas, comienza la ciclicidad ovárica y aumenta el comportamiento de marcado odorífero. En otros, la estructura social resulta crucial en el desarrollo de comportamientos adecuados, como es el caso del elefante africano (Loxodonta africana). Juveniles huérfanos o translocados sin su grupo social desarrollan comportamientos agresivos tanto hacia otros machos como hacia heteroespecíficos, matando por ejemplo a rinocerontes. Estudios mostraron que esa agresividad se debe a picos de testosterona durante la época reproductiva y que la presencia de machos adultos dominantes suprimen esos patrones y evitan el desarrollo de la conducta antisocial; por lo tanto, este conocimiento modificó el protocolo de translocación: en lugar de mover juveniles se transloca el grupo familiar completo.

Selección de hábitat y señales ambientales

miniaturadeimagen|izquierda|Efímeras atraídas por el vidrio de un camión Entender los requerimientos de hábitat de las especies es un paso básico de cualquier programa de conservación. Sin embargo, la clave radica no solo en la caracterización del nicho ecológico sino más bien en cuáles son las señales que el animal utiliza para seleccionar dicho hábitat, dado que pequeñas modificaciones, que pueden resultar imperceptibles para nosotros, son de gran importancia para la toma de decisiones del animal. El concepto de trampa ecológica hace referencia al fenómeno de desacoplamiento entre la señal de calidad de hábitat y su verdadera calidad debido a cambios ambientales; en consecuencia, previas reglas de decisión resultan en una reducción del fitness. Una de las principales causas es la introducción de especies exóticas predadoras, competidoras o heteroespecíficas con los cuales puedan hibridar. Otros ejemplos incluyen efímeras (Ephemeroptera) depositando huevos en vidrio o asfalto (donde no eclosionan) ya que reflejan la luz polarizada horizontalmente como los cuerpos de agua o las avefrías europeas (Vanellus vanellus) seleccionando campos verdes asociados a agricultura intensiva de cereales que, debido a fertilización, crecen rápidamente obligando a las aves a abandonar sus nidos antes de que eclosionen los huevos. Este concepto resulta crucial para evaluaciones de degradación de hábitat y también en el diseño de reservas y creación de nuevos hábitats, de forma que sean atractivos para la especie de interés; es decir, tener en cuenta no solo la calidad actual sino la calidad percibida por el animal.