thumb|350px|Relieve de un poeta sentado (Menandro) con máscaras de la comedia nueva, - principios del , Museo de Arte de la Universidad de Princeton. El teatro (del griego: θέατρον, théatron «lugar para contemplar»),«teatro.» Diccionario de la lengua española. Consultado el 29 de junio de 2015. o más específicamente, teatro de la Antigua Grecia, es la cultura teatral que floreció en la antigua Grecia entre 550 a.C. y 220 a.C., época en que las polis griegas comenzaron a caer bajo dominio romano.
Todos los grandes teatros se encuentran al aire libre. Así pues, el desarrollo del espectáculo se daba en un espacio al aire libre llamado orchestra, en el que se ejecutaban una gran variedad de espectáculos artísticos (danzas, recitados y piezas musicales), así como eventos cívicos y religiosos. Fue a través del teatro griego que se presentaron, por primera vez, los géneros teatrales (drama, comedia y tragedia), inspirados, principalmente, en aspectos de la sociedad, como las guerras entre las polis, las guerras médicas, o el conjunto de creencias sobre la mitología griega y los dioses olímpicos.
Las construcciones se llevaban a cabo sobre superficies planas y con estructuras que permitiesen la acústica (en griego, ακουστικό, acusticó), que, a diferencia de los teatros actuales, permitían una visualización de más de 170°. Dicha disposición acústica y visual permitían la representación de cantos corales mixtos, es decir, interpretaciones musicales, una de cuyas variedades, el ditirambo, fue el progenitor de la tragedia ática.
Atenas: una nueva experiencia política La democracia y el teatro fueron consustanciales con la ciudad de Atenas y, en tal sentido, consta que este último ejerció un papel de verdadero laboratorio político para los ciudadanos de las polis durante el Fue el tirano Pisístrato (543 a. C.), cuando la palabra tirano aún no tenía una connotación peyorativa, quien instituyó los primeros certámenes dramáticos buscando, de cierta manera, atraerse el favor del pueblo ateniense.
Tras las primeras tentativas a cargo de Solón y Clístenes (ca. 500 a. C.), fue perspicacia del estadista Pericles (en pleno Siglo de Oro ateniense) llegar al convencimiento de que el ciudadano de Atenas podía ser educado políticamente mediante el teatro, y fue él precisamente quien ilusionó al pueblo con los ideales de coparticipación en la toma de decisiones y la corresponsabilidad en las mismas, esto es, con los conceptos de "igualdad ante la ley" (isonomía) y de "libertad de expresión" (parresía, isocracia). Así, frente a los antiguos ideales aristocráticos de un poeta como Píndaro, que ensalzaban los triunfos de las clases nobles y adineradas, en el teatro se naturaliza el nuevo régimen democrático.
Los integrantes del coro dramático eran ciudadanos corrientes de Atenas, que recibían un módico salario por participar en los concursos que se celebraban como parte de festivales populares.
Durante las representaciones de las tragedias, la ciudad de Atenas se convertía en un auténtico escaparate para el resto del mundo, ya que a ella acudían vecinos de la región del Ática y del resto de las ciudades estado de toda Grecia. En ocasiones, los poetas, de acuerdo con los dirigentes políticos y para halagar a los ciudadanos, trasladan el escenario de la acción a la ciudad de Atenas. Por ejemplo, las dos primeras piezas de la trilogía de Orestes (Agamenón y Las Coéforas, de Esquilo) se desarrollan convencionalmente en Argos, en un pasado alejado y en relación con aspectos más primitivos del mito; en cambio la tercera pieza, Las euménides, representa un decorado ateniense, ante unos espectadores atenienses y en defensa de una institución ateniense tan noble como son los nuevos y más humanos tribunales de justicia.
Gracias a las representaciones teatrales, tanto de la tragedia como de la comedia, géneros literarios esencialmente ciudadanos y específicos atenienses, el teatro fue un importante vehículo que contribuyó a difundir y hacer enraizar los nuevos ideales democráticos entre el pueblo. Por ejemplo, en una obra tan temprana como Los persas, puesta en escena por Esquilo en el año 472 a. C. y costeada probablemente por el propio Pericles, se trasladó al pueblo ateniense el sentimiento de honor político/ cívico de la polis, frente a los antiguos, insolidarios y particulares honores y privilegios aristocráticos del siglo anterior. Un breve fragmento de Los persas de Esquilo dice así:
De modo similar, en el Prometeo encadenado, Esquilo escenifica entre otros muchos mensajes el tema del ejercicio del poder y lo que cuesta mantenerlo. Hasta al propio Zeus le supuso quebraderos de cabeza conseguirlo de Prometeo. Poco a poco iba calando entre los ciudadanos el profundo significado de la validez de conceptos políticos como son la noción de un cierto orgullo nacional ateniense, la bondad ética de sus nuevas instituciones políticas, el concepto de poder con sus grandezas y miserias, o el respeto moral debido a las "leyes no escritas" y sin embargo enraizadas desde siempre en la conciencia del ser humano. En relación con esto, cabe mencionar y leer un fragmento del famoso discurso fúnebre de Pericles, según palabras del historiador Tucídides, II 37:
Y estas palabras en relación con la Antígona de Sófocles (vv. 450-460) o con los versos de Edipo Rey 863-870:
También en Eurípides, el menos involucrado personalmente en la cotidianeidad de la vida política de la ciudad, se encuentran pasajes de educación cívica en los que se ensalza la magnanimidad de Atenas como ciudad hospitalaria y acogedora de suplicantes y exiliados. En Los Heráclidas (235-288), Atenas da la bienvenida a los desvalidos hijos de Heracles, a quienes persiguen sus enemigos de la ciudad de Argos. El rey de Atenas hace ver que una ciudad libre no recibe órdenes de nadie. Esta es la grandeza de la ciudad que promueve Pericles. La misma idea se expone también en Las suplicantes (398-408). El heraldo de Tebas, enviado por Creonte, quiere imponer su voluntad a Atenas para que deniegue auxilio a las madres de los guerreros argivos que habían acompañado a Polinices contra Tebas; más el rey de Atenas, Teseo, interviene para dejar bien claro cuáles son los usos, normas y prácticas legales por las que se rige una ciudad democrática como Atenas.
thumbnail|200px|La Acrópolis de Atenas. Ante este trasfondo cívico-político del teatro ateniense, no cabe duda de que su contenido, sus expectativas y sus intereses son algo más que pura propaganda política. El teatro es básicamente un complejo y rico espectáculo de arte auspiciado por la propia ciudad, con motivo de ciertas celebraciones religiosas, para poner en escena piezas de tragedia o de comedia compuestas por algunos autores de éxito. A dichas representaciones asistían buena parte de los ciudadanos atenienses como espectadores, interesados en presenciar, en forma dramático-mimética las aventuras y peripecias vividas y sufridas por los principales héroes de las antiguas sagas épicas, o para reírse y burlarse con los tipos "antiheroicos" que constituían los protagonistas de las comedias. Por otra parte, están los actores, que interpretan los diversos papeles, con sus máscaras y su vestuario; está el coro, integrado normalmente por un grupo de compañeros o amigos del personaje principal de la obra, con sus imponentes cantos corales; están lo que hoy llamaríamos "productores" encargados de la financiación de los ensayos y de los gastos de la puesta en escena; están los propios edificios que dan acogida al espectáculo, y todo el personal secundario que se necesita para la organización del festival (policía y guardias de seguridad, vendedores, etc.); estaba finalmente el jurado encargado de conceder los premios. En suma, toda una rica manifestación cultural, religiosa y festiva, en la que participan los ciudadanos de Atenas.
Los festivales de teatro y la puesta en escena
Mitos, rituales y costumbres en el teatro griego
Independientemente de cuál sea la definición que se le dé a la palabra mito o leyenda, puede entenderse que con ella se designa a una serie de antiguos relatos referidos a los héroes e incluso a los dioses, de los que se narran hazañas espectaculares, y en los que el imaginario colectivo posterior de un pueblo ha creado un conjunto de símbolos culturales. La literatura griega está repleta, desde sus más remotos orígenes homéricos, de personajes y sagas míticas locales; así, suele hablarse del ciclo troyano (en torno al cual se agrupan los principales héroes y familias que participaron en la expedición de la guerra de Troya: Agamenón, Menelao, Electra, Orestes) y del ciclo tebano (en el que aparecen las figuras de Edipo, Antígona, Eteocles y Polinices, los dioses Dionisio, Zeus y el héroe local Heracles, entre otros). miniaturadeimagen|Lisístrata, una comedia de Aristófanes. En ella, las mujeres de toda Grecia se complotaron y cerrarían sus piernas a los hombres si estos continuaban haciendo guerras, donde es muy conocida la escena en la que los soldados vuelven con sus miembros en carretillas, clamando el amor de sus esposas. No obstante, la postura que han mantenido ante el mito los diversos autores de tragedias dista mucho de ser homogénea. En una progresiva evolución, se observa cómo al principio Esquilo se muestra respetuoso y crédulo ante el mito y la religiosidad tradicional, mientras que no muchos años más tarde Eurípides asumirá una crítica revisionista de los personajes míticos y de las antiguas creencias religiosas. Con ello, este último no hacía sino seguir probablemente los pasos de filósofos y pensadores como Jenófanes de Colofón, quien defendía la idea de que los dioses de Homero no eran sino una pura ficción. De otro lado, si hay una característica singular del mito es su anticanonicidad. No existe una única versión de un mito. En todo caso, para los antiguos griegos no estaba tan nítida como para nosotros la contraposición entre mito e historia o entre pensamiento mítico y pensamiento racional. Sin duda, los antiguos griegos creían que Agamenón fue un antiguo rey que, con toda certeza, había acudido a una antiquísima guerra de Troya, y seguían respetando y venerando las tumbas de los «antiguos héroes» a los que continuaban rindiendo culto como criaturas benéficas, incluso después de muertos, para la comunidad. Incluso cabría recordar que el mito es un producto de una sociedad esencialmente oral, un conjunto de relatos que pueden transmitirse en un formato múltiple: como canto, como recitado poético, como representación plástica e iconográfica. El repertorio mítico entronca por otra parte con los rituales religiosos a los que también desde antiguo estuvo vinculado al teatro como parte de una serie de celebraciones o fiestas religiosas insertas en la tradición de antiguos rituales. Para los antiguos griegos, la base de la religión se encuentra más en el ritual y en el conjunto de creencias, y aquí de nuevo la civilización contemporánea se halla alejada de los griegos. La sociedad ateniense estaba más ritualizada que la europea moderna. Por otra parte, entre ritual y teatro antiguo existen una serie de enlaces muy sugestivos que interactúan en uno y otro sentido, del ritual al teatro y del teatro al ritual. Estos son los elementos: el ritual de súplica, los rituales funerarios, la purificación o catarsis de la «oración».
En una sociedad primitiva donde la protección personal no está asegurada institucionalmente, los ritos del suplicante adquieren una extraordinaria importancia. De hecho se interpreta como un acto abominable no proporcionar derecho de acogida a un suplicante o expulsarlo del santuario donde ha buscado asilo. En el teatro abundan las escenas del suplicante que implora el auxilio del poderoso, y es posible que los propios autores de tragedia aprovecharan la existencia de este ritual de súplica porque encontraron en él un mecanismo de enorme impacto escénico y dramático.