La Guerra bizantino-búlgara de 913-927 (en búlgaro: Българо-византийска война от 913-927) fue un conflicto entre el Imperio búlgaro y el Imperio bizantino durante más de una década. Aunque la guerra fue provocada por la decisión del emperador bizantino, Alejandro, por haber suspendido el tributo anual que se pagaba a Bulgaria, la iniciativa militar e ideológica estuvo en manos de Simeón I de Bulgaria que exigió ser reconocido como zar, un título equivalente al de emperador bizantino, y tuvo como objetivo conquistar Constantinopla y el Imperio bizantino.

En 917 el ejército búlgaro asestó una aplastante derrota sobre los bizantinos en la batalla de Aqueloo que resultó en la total supremacía militar búlgara en la península balcánica. Los bizantinos fueron derrotados nuevamente en Katasyrtai en 917 y en Pegai en 922. Los búlgaros capturaron la importante ciudad de Adrianópolis en Tracia y se apoderaron de la capital del Thema de la Hélade, Tebas, en el sur de Grecia. Después del desastre de Aqueloo la diplomacia bizantina incitó al Principado de Serbia para atacar a Bulgaria en su retaguardia hacia el oeste, pero la amenaza serbia fue contenida con facilidad. Sin embargo, en 924 los serbios lograron emboscar y derrotar a un pequeño ejército provocando una importante campaña de represalia que terminó con la anexión de Serbia a finales de ese mismo año.

Simeón era consciente de que necesitaba apoyo naval para conquistar Constantinopla y en 922 envió emisarios al califa fatimí Abdullah al-Mahdi Billah en Mahdía para negociar el concurso de la poderosa armada árabe. El califa acordó enviar a sus propios representantes de vuelta a Bulgaria para concertar una alianza. Sin embargo, los enviados fueron capturados en el camino por los bizantinos, cerca de la costa de Calabria. El emperador Romano I Lecapeno logró disolver la alianza búlgaro-árabe con generosos regalos. Para la fecha de su muerte, el 27 de mayo de 927, Simeón I controlaba casi todas las posesiones bizantinas en los Balcanes, pero no pudo apoderarse de Constantinopla.

En 927 ambos países estaban agotados por los enormes esfuerzos militares, que tuvieron alto precio para la población y la economía. El sucesor de Simeón, Pedro I, negoció un tratado de paz favorable. Los bizantinos acordaron reconocerlo como emperador de Bulgaria y de la Iglesia ortodoxa búlgara, con un Patriarcado independiente, así como pagar un tributo anual. La paz fue reforzada con un matrimonio entre Pedro I y la nieta de Romano I, Irene Lecapena. Este acuerdo marcó el comienzo de un período de cuarenta años de relaciones pacíficas entre las dos potencias, una época de estabilidad y prosperidad para Bulgaria y el Imperio bizantino.

Preludio Antecedentes políticos Poco después de su ascensión al trono en 893, Simeón I defendió con éxito los intereses comerciales de Bulgaria, adquiriendo territorios entre el Mar Negro y las montañas de Istranca, e impuso un tributo anual al Imperio bizantino, como resultado de la guerra búlgaro-bizantina de 894-896. El resultado de la guerra confirmó la dominación búlgara en los Balcanes, pero Simeón era consciente de que necesitaba para consolidar su base política, cultural e ideológica con el fin de cumplir su objetivo final, asumir el trono de Constantinopla. Puso en marcha un ambicioso programa de construcción en la nueva capital de Bulgaria, Preslav, por lo que la ciudad pudo rivalizar con Constantinopla. Simeón continuó la política de su padre, Boris I, para establecer y difundir la cultura búlgara, convirtiendo al país en el centro literario y espiritual de la Europa eslava. La escuela literaria de Preslav y la escuela literaria de Ohrid, fundadas por Boris I, alcanzaron su apogeo durante el reinado de su sucesor. Fue en este momento que el alfabeto cirílico fue inventado, probablemente por el académico búlgaro Clemente de Ohrid.

left|thumb|300px|alt=A page from a medieval manuscript|Una delegación búlgara y León VI, Madrid Skylitzes. La devastación magiar de las regiones nororientales del país durante la guerra de 894-896 expuso la vulnerabilidad de las fronteras búlgaras a la intervención extranjera bajo la influencia de la diplomacia bizantina. Tan pronto como se había firmado la paz con Bizancio, Simeón trató de asegurar las posiciones búlgaras en los Balcanes occidentales. Después de la muerte del príncipe Mutimir, varios miembros de la dinastía gobernante disputaron el trono del Principado de Serbia. En 892 Pedro Gojniković se estableció como príncipe. En 897 Simeón accedió a reconocer a Pedro y lo puso bajo su protección, lo que resultó en un período de veinte años de paz y estabilidad en el oeste. Sin embargo, Pedro no estaba satisfecho de su posición de subordinado y buscó maneras de lograr la independencia.

La situación interna del Imperio bizantino a principios del fue interpretado por Simeón como un signo de debilidad. Hubo un intento de asesinar al emperador León VI el Sabio en 903 y una rebelión por parte del general Andrónico Ducas en 905. La situación se deterioró aún más cuando el emperador entró en enemistad con el patriarca Nicolás I el Místico sobre su cuarto matrimonio con su amante Zoe Karbonopsina, y lo había depuesto.

Crisis de 904 right|thumb|300px|alt=A page from a medieval manuscript|El Saqueo de Tesalónica por los árabes, Madrid Skylitzes. A comienzos del los árabes completaron su conquista de Sicilia y en 902 comenzaron a atacar a los navíos bizantinos y pueblos en el Mar Egeo. En 904 saquearon la segunda ciudad del imperio, Tesalónica, tomando veintidós mil prisioneros y dejando la ciudad prácticamente vacía. Simeón tomó medidas para aprovechar esa oportunidad y el ejército búlgaro apareció en las cercanías de la ciudad desierta. Al asegurar asentarse en Tesalónica, los búlgaros habrían adquirido un importante puerto en el Mar Egeo y cimentado su dominio sobre los Balcanes occidentales, creando una amenaza permanente a Constantinopla. Conscientes del peligro, los bizantinos enviaron al experimentado diplomático León Querosfactes para negociar una solución. El transcurso de las negociaciones se desconoce —en una carta que sobrevive al emperador León VI el Sabio Querosfactes se jactó de que había «convencido» a los búlgaros no tomar la ciudad, pero no mencionan más detalles—. Sin embargo, una inscripción encontrada cerca del pueblo de Narash testifica que desde 904 la frontera entre ambos países estaba a sólo 20 kilómetros al norte de Tesalónica. Como resultado de las negociaciones, Bulgaria aseguraba las conquistas adquiridas en Macedonia durante el reinado del kan Presian I (reino entre 836 y 852) y expandía su territorio más al sur, tomando posesión de la mayor parte de la región. La sección occidental de la frontera bizantino-búlgara bordeaba desde la montaña Falakro por la ciudad de Serres, que yacía en el lado bizantino, luego pasaba hacia el suroeste a Narash, cruzando el río Vardar en el actual pueblo de Axiohori, corría a través del monte Paiko, pasando el este de Édessa a través de las montañas Vermio y Askio, cruzando el río Haliacmón al sur de la ciudad de Kostur, que se encontraba en Bulgaria, pasaba a través de las montañas Grammos, luego seguía el río Aoos hasta su confluencia con el río Drino y finalmente pasaba hacia el oeste, alcanzando el Mar Adriático en la ciudad de Himarë.

Comienzo de las hostilidades y coronación de Simeón I right|thumb|300px|alt=A page from a medieval manuscript|Arriba: Fiesta en Constantinopla en honor de Simeón I; Abajo: Un ataque búlgaro sobre los bizantinos, Crónica de Manasés. En 912 León VI murió y fue sucedido por su hermano, Alejandro, que se dedicó a revertir muchas de las políticas de su hermano y reinstaló a Nicolás el Místico como patriarca. Como el protocolo diplomático de la época prescribe, Simeón envió emisarios para confirmar la paz a finales de 912 o principios de 913. Según el cronista bizantino Teófanes Continuatus Simeón informó que «iba a honrar la paz si era tratado con amabilidad y respeto, como lo fue bajo el emperador León. Sin embargo, Alejandro, abrumado por locura e insensatez, ignominiosamente rechazó a los enviados, haciendo amenazas a Simeón y pensando que lo iba a intimidar. La paz fue rota y Simeón decidió alzar las armas contra los cristianos [los bizantinos]»."Cronografía de Teófanes Continuatus" en GIBI, vol. V, Academia de Ciencias de Bulgaria, Sofía, p. 125 El gobernante búlgaro, que buscaba un casus belli para reclamar el título imperial, aprovechó la oportunidad para hacer la guerra. A diferencia de sus predecesores, la última ambición de Simeón fue asumir el trono de Constantinopla como un emperador romano, creando un estado búlgaro-romano unido. El historiador John Fine argumenta que la política provocadora de Alejandro hizo poco para influir en la decisión de Simeón, ya que había planeado una invasión, teniendo en cuenta que en el trono bizantino se sentaba una persona impopular, sin experiencia y, posiblemente, alcohólico, cuyo sucesor, Constantino VII, era un niño enfermizo, y considerado por muchos como ilegítimo. Mientras Bulgaria se preparaba para la guerra, el 6 de junio de 913 Alejandro murió, dejando a Constantinopla en el caos con un emperador menor de edad bajo la regencia del patriarca Nicolás el Místico. left|thumb|300px|alt=A medieval wall|Las Murallas de Constantinopla. Los primeros pasos de la regencia fueron para tratar de desviar el ataque de Simeón. Nicolás el Místico envió una carta en la que, aunque elogiaba la sabiduría de Simeón, lo acusaba de agredir a un «niño huérfano» (es decir, Constantino VII) que se había hecho nada para insultarlo, pero sus esfuerzos fueron en vano. A finales de julio de 913, el monarca búlgaro emprendió una campaña al frente de un gran ejército y en agosto llegó a Constantinopla sin oposición. El jefe de la cancillería bizantina, Teodoro Dafnopates, escribió acerca de la campaña quince años más tarde: «Hubo un terremoto, sentido incluso por aquellos que vivían más allá de las Columnas de Hércules». Los búlgaros sitiaron la ciudad y construyeron zanjas desde el Cuerno de Oro hasta la Puerta Dorada, en el mar de Mármara. Dado que Simeón había estudiado en la Universidad de Constantinopla y era consciente de que la ciudad era inexpugnable a un asalto por tierra y sin apoyo marítimo, esas acciones fueron una demostración de poder, no un intento tomar la ciudad. Pronto abandonó el asedio y despachó a su kavján (primer ministro) Teodoro Sigritsa a ofrecer la paz a los sitiados. Simeón presentó dos exigencias: ser coronado emperador de los búlgaros y desposar a su hija con Constantino VII, lo que haría de él el suegro y tutor del emperador infante.

Después de las negociaciones entre Teodoro Sigritsa y la regencia, se organizó una fiesta en honor de los dos hijos de Simeón en el palacio de Blanquerna presidida personalmente por Constantino VII. El patriarca Nicolás el Místico fue al campamento búlgaro para encontrarse con su señor en medio de su séquito. Simeón se postró ante el patriarca que, en vez colocarle una corona imperial, le puso sobre la cabeza su propia corona patriarcal. Las crónicas bizantinas, que eran hostiles a Simeón, presentan la ceremonia como una farsa, pero los historiadores modernos, como John Fine, Mark Whittow y George Ostrogorsky, argumentan que Simeón tenía demasiada experiencia como para que lo engañasen y que fue en efecto coronado emperador de los búlgaros (zar en búlgaro). Las fuentes indican que Nicolás el Místico también aceptó la segunda condición de Simeón, que debía facilitar su ascenso al trono como coemperador y, luego, emperador de los romanos. Después de haber logrado su objetivo, Simeón volvió a Preslav triunfante, después de que él y sus hijos fueran colmados de regalos. Para celebrar este logro, Simeón cambió sus sellos, en los que se acuñó la inscripción: «Simeón, emperador hacedor de paz».

Batalla de Aqueloo