Se denomina «literatura caribeña» a las literaturas producidas dentro de esta región geográfica. Hablar de literatura caribeña abre un conflicto por la complejidad cultural que representa la región del Caribe, que incluye las islas Antillas y algunas regiones continentales de México, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, y Guyana francesa. Algunas veces se ha reducido al Caribe a las islas, aunque geográfica, marítima y culturalmente, pertenecen a dicha región las partes continentales mencionadas. También se han tratado de incluir algunas regiones que, aunque ya no se encuentran geográficamente en el mar Caribe, mantienen relaciones culturales y económicas fuertemente ligadas a esta región, por ejemplo, el estado de Veracruz, en el Golfo de México, o las islas Canarias. No obstante, numerosos académicos, intelectuales y grupos sociales creen ver una identidad común que configura a los cuatro grandes bloques lingüísticos que han generado una literatura:Margarita Meteo Palmer, Arcadio Díaz Quiñones, James Arnold y los autores que participan en la importante compilación de textos críticos sobre literatura caribeña, comprendidos los tres tomos de A history of literature in the Caribbean coinciden en esta visión común. Caribe hispano, Caribe francófono, Caribe anglófono, Caribe Neerlandés.

La pluralidad lingüística en las literaturas del Caribe La composición lingüística del Caribe es sumamente compleja, ya que en él no se hablan solamente las lenguas europeas arraigadas durante la colonia, sino una multiplicidad de lenguas criollas que se fueron desarrollando a lo largo de la colonia como fruto de una profunda “hibridación”,Siguiendo a los críticos latinoamericanos Néstor García Canclini (Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad) y Antonio Cornejo Polar (Mestizaje e hibridez: los riesgos de las metáforas). tales como el créole o criollo haitiano en el Caribe francófono; el dialect o nation language -como le denomina Kamau Brathwaite- en el Caribe anglófono; o el Sranan Tongo y el papiamento en el Caribe neerlandés, por citar algunos ejemplos. Esta complejidad ha llevado al surgimiento de una literatura multilingüe en países tan pequeños como Curazao, o al bilingüismo en algunas zonas de Puerto Rico, o de diglosia en países como Haití, donde hay críticos que consideran la existencia de dos literaturas diferentes, una en créole y otra en francés.Mateo Palmer, Margarita, “Literatura Caribeña al cierre del siglo”, Universidad de la Habana. Consultado en línea en septiembre 2015: http://revista-iberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/viewFile/5175/5333, p. 618. En el Caribe hispano, vale la pena mencionar el caso de la literatura wayuu del Caribe colombiano y venezolano, donde algunos poetas que generalmente escriben sus obras en español utilizan la alternancia de esta lengua y la wayuu como recurso poético que expresa visiones del mundo distintas.Ferrer Ruiz, Gabriel, “La literatura del Caribe y su determinación social, cultural y estética”, Universidad del Atlántico. Consultado en línea en septiembre 2015: http://iiecaribe.unicartagena.edu.co/seminarios/V_VI_Seminario/Memorias%20V%20VI%20PDF/Panel%20IDENTIDAD%20E%20INTEGRACION/Autores/GABRIEL%20FERRER.pdf , p. 14. Ante esta gama de posibilidades, los creadores han seleccionado diversas formas de expresión literaria: escritores como Derek Walcott o Jacques Stephen Alexis utilizan principalmente lenguas de origen europeo; otros, como Claude McKay o Félix Morisseau-Leroy escribieron tanto en las lenguas criollas como en las metropolitanas; algunos, como Emile Roumer o Louise Bennet asumen principalmente el créole, o aquellos que como Joseph Sickman Corsen -considerado el padre e la literatura en papiamento-, Pierre Lauffer o Elis Juliana adoptan el bilingüismo y escriben tanto en papiamento como en holandés o incluso en español.Mateo, op. cit., 619.

En la primera mitad del la posibilidad de escribir en diferentes lenguas habladas en la región fue explorada por diversos autores. En un afán por asumir las raíces más populares de su cultura, con una orientación que no difiere básicamente de las tendencias predominantes en el resto de la literatura latinoamericana de entonces, los escritores caribeños trataron de incorporar a su escritura el habla coloquial de su nación.Mateo, op. cit., p. 619. Hubo quienes consideraron que el único modo de afirmar una identidad nacional y mantener una postura descolonizadora era utilizando las lenguas de los subalternos.Subalterno entendido como “una posición social que cobra cuerpo y carne en los oprimidos, o aquella condición que genera la colonialidad del poder” (Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos, México: Siglo XXI Editores-Instituto Mora, 2009, p. 256.)

A esta marginalidad lingüística debe agregarse que las principales vías de difusión de la literatura del área se realizan, durante todo el y gran parte del XX, a través de casas editoras europeas, interesadas en mantener determinadas normas lingüísticas.

Identidad caribeña y sus literaturas Entre los rasgos históricos y socioculturales que unen a la mayoría de las islas y regiones continentales del Caribe están la esclavitud, la negritud –concepto desarrollado por Aimé Césaire–, el colonialismo, el imperialismo, el sistema de plantaciones y su estado de dependencia y subdesarrollo económico e institucional frente a la metrópolis, la piratería, las migraciones, los exilios y las revoluciones.

La mayoría de los críticos parten de algunos de elementos históricos y sociales que se ven reflejados en la realidad actual del Caribe para entender una identidad aún dentro de las mismas contradicciones y pluralidades de esta región, una identidad de carácter unitario y al mismo tiempo diverso. Así, por ejemplo, la identidad caribeña está también en:“La pluralidad lingüística; la convergencia de diferentes etnias y el consiguiente y variadísimo proceso de transculturación; el desfase cronológico en la evolución literaria de las distintas áreas culturales del Caribe, y, por éste y otros factores, la no sincronía del discurso literario caribeño; el hecho de la muy escalonada obtención de la independencia política, que se vincula, además, a importantes diferencias en las interrelaciones metrópoli y colonia o ex-colonia”.Mateo, op. cit., 605. En esta misma dirección, Sidney Mintz menciona algunos procesos históricos que ayudarían a demostrar la existencia de una identidad común caribeña: una ecología insular subtropical; una rápida extirpación de poblaciones indígenas; la definición de las islas como una esfera de capitalismo agrícola europeo dominado por el sistema de plantación; el desarrollo concomitante de estructuras sociales marcadas por la dominación externa, diferenciación bien definida en el acceso al poder político y la riqueza de la tierra; el juego continuo entre la plantación y propiedades agrícolas pequeñas que determina divisiones socioculturales; las sucesivas olas migratorias extranjeras; la ausencia de una ideología de identidad nacional; y la persistencia del colonialismo.Sidney W, Mintz., “The Caribbean as a socicultural area”, en Michel M. Horowitz (ed.), Peoples and Cultures of the Caribbean, The Natural History Press, New York, 1971, pág. 20. Citado por Gabriel Ferrer, op. cit.

Por otro lado, también se ha dicho que el Caribe como unidad es sólo un imaginario y una elaboración ideológica de algunos grupos.Premdas, Ralph, “Ethnicity and Identity in the Caribbean: Decentering a Myth”. Consultado en línea en septiembre 2015: https://kellogg.nd.edu/publications/workingpapers/WPS/234.pdf Incluso, varios críticos, ensayistas y escritores, como Jorge Mañach, José Antonio Portuondo, Jacques Stephen Alexis, entre otros, se cuestionaron sobre si existía una literatura del Caribe o simplemente una literatura escrita en el Caribe.Ileana, Rodríguez. “Introduction: towards a theory of Caribbean unity” en Ileana Rodríguez y Marc Zimmerman (eds) . Process of Unity in Caribbean Society: Ideologies and Literature, Institute for the Study of Ideologies and Literatures, Minneapolis, 1983, págs 14 -18.

Arcadio Díaz Quiñones precisa que hay que analizar esta literatura como producto de sociedades caribeñas atravesadas por lazos en común como largas experiencias coloniales, modernidades contradictorias generadas por la coexistencia de la esclavitud y el capitalismo, sucesivas y masivas emigraciones a las metrópolis europeas y norteamericanas, entre otros aspectos.Díaz Quiñones, Arcadio en Sobre los principios. Los intelectuales caribeños y la tradición, Quilmes, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, 2006, Consultado en línea en: www.orbistertius.unlp.edu.ar/article/download/OTv12n13r04/3844 Marc Zimmerman arguye que una teoría de la literatura del Caribe se fundamentaría en la creolización y la totalidad, las cuales permitirían establecer grados de énfasis caribeños y extracaribeños que ayuden a comprender hasta dónde puede haber o no adherencia a patrones definitorios de dicha literatura y hasta dónde existe, por el contrario, adherencia a patrones internacionales o nacionales que no están en conformidad con la concepción caribeña totalizante.Zimmerman, Marc, “The Unity of the Caribbean and its Literature” en Rodríguez y Zimmerman, Process of Unity in Caribbean Society: Ideologies and Literature, citado por Ferrer Ruiz, Gabriel, en “La literatura del Caribe y su determinación social, cultural y estética”, Universidad del Atlántico. Consultado en línea en septiembre 2015: http://iiecaribe.unicartagena.edu.co/seminarios/V_VI_Seminario/Memorias%20V%20VI%20PDF/Panel%20IDENTIDAD%20E%20INTEGRACION/Autores/GABRIEL%20FERRER.pdf

Durante el , las literaturas del Caribe han sido revalorizadas desde el ámbito intelectual e institucional, manteniendo una fuerte relación con los Estados nacionales que colonizaron este espacio sociocultural. Tal interés se ve reflejado de algún modo en la cantidad de premios que se otorgan a escritores de esta región, particularmente en el Caribe no hispano: Derek Walcott, de Santa Lucía, Premio Nobel de Literatura; Rafael Confiant, de Martinica, Prix Décembre, entonces llamados Prix Novembre, de la prensa de París; Patrick Chamoiseau, también de Martinica, Premio Goncourt y Premio Príncipe Claus; o los Prix littéraire des Caraïbes o el de más reciente creación OCM Bocas Prize for Caribbean Literature.Mateo, op. cit. p. 606.

Si bien el primer contacto cultural entre Europa y América se produjo precisamente en el Caribe en 1492, no fue sino hasta el que los grupos hegemónicos y las corrientes culturales provenientes de Europa reconocieron en el Caribe un valor literario. Es a partir de entonces cuando surgen los estudios de las literaturas caribeñas, en los que comúnmente se plantea que aunque anteriormente hubo grandes figuras, éstas fueron enmarcadas durante los siglos de la colonia en el ámbito de los imperios a los que pertenecían, de modo que no había como tal una producción literaria netamente caribeña.Arnold, Díaz, Ferrer, Mateo y Zimmerman, entre otros.

Sin embargo, en esta diversidad de textos escritos en distintas lenguas puede apreciarse un mismo afán: el de reivindicar la imagen del hombre negro y sus tradiciones como parte integral de un Caribe que no puede llegar a realizarse cabalmente sin asumir esa importante herencia, aunque algunas de las preocupaciones estrictamente raciales tienden a diluirse en líneas de pensamiento más generales que, como la antillanidad, un concepto largamente elaborado por Édouard Glissant, la insularidad, que tiene una larga tradición regional -recuérdese, por ejemplo, el diálogo de José Lezama Lima y Juan Ramón Jiménez-, la creolidad o la caribeñidad, tienden a afianzar una apertura en la sensibilidad de la región.Mateo, op. cit.