Matías López y López fue un empresario, diputado y senador vitalicio y filántropo gallego que vivió en el periodo comprendido entre 1825 y 1891. Condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica y caballero de la Legión de Honor. Fue el fundador de la fábrica chocolatera Chocolates y Dulces Matías López.

Biografía Infancia miniaturadeimagen|izquierda|Placa en la fachada de la casa natal de D. Matías López Matías López y López nació en la villa de Sarria, en Lugo, en fecha incierta. Mientras que la partida de bautismo de su iglesia parroquial señala como fecha de nacimiento el 17 de mayo de 1825, los documentos oficiales relacionados con su actuación política y sus biógrafos personales dan como fecha el 21 de febrero de 1826. Era miembro de una familia de cinco hijos. Sus padres fueron Don Francisco López, hombre humilde y trabajador, y Doña Rosa López, quien ejerció una fuerte influencia sobre Matías. Ambos residían en el número 77 de la calle Maior de la comarca de Sarria. Sus abuelos paternos fueron José López y Juana Rivas, a los cuales Matías no conoció. Con quien sí tuvo una relación más estrecha fue con sus abuelos maternos: Don Lázaro López y Doña Rosa López, naturales de la parroquia de San Salvador de la Pinza, una pequeña aldea situada en la carretera que une Sarria con Puertomarín. Todos estos datos muestran la naturaleza extremadamente humilde de sus orígenes. Viaje a Madrid Con quince años cumplidos Matías abandona su pueblo de origen para dirigirse a Madrid. No se han encontrado referencias que acrediten la presencia de su madre en la capital, y además esta época de su vida es bastante oscura, pero sabemos que allí entra de dependiente en una casa de comercio y más tarde comienza a trabajar en una fábrica de chocolate, en la cual empieza a estudiar y a elaborar dicho artículo. Sus años de juventud son igualmente difusos, pero según fuentes biográficas, fueron años “difíciles y peligrosos llenos de amarguras y desilusiones”. Asimismo nos consta que entre 1840 y 1849 Matías “renunció a los placeres de la juventud y mientras sus iguales se divertían el consagraba sus horas de ocio al estudio”. En efecto, no fueron fáciles en absoluto aquellos años en los cuales desarrolló estudios específicos y propios del mundo mercantil. Matías López daría buena cuenta de su formación amplia empresarial en años posteriores. Durante esta época de su vida formó parte de la misma un personaje totalmente desconocido pero al que Matías recuerda en enorme gratitud durante sus años de gloria en frase misteriosa:

La figura de esta extraña persona queridísima que debió ser crucial en sus años de formación entendemos que es femenina, puesto que su nombre fue el que se le dio al eje principal del barrio obrero construido por Matías López, este es: Juliana. Este personaje desconocido que mediante su relación con él indujo a Matías una conciencia social al mismo tiempo que le causó “crisis dolorosas que él salvó varonilmente”, en palabras del redactor de su solemne epitafio. En 1850 Matías López dispone de 6000 reales de ahorro que había acumulado durante los 9 años en los que trabajó como empleado por medio de un ascético estilo de vida. En 1851, con 26 años de edad, se establece por su cuenta en un pequeño molino de chocolate en la calle Jacometrezzo, comprado con sus ahorros y adquirido a precio de ocasión. En este momento es cuando su aprendizaje como chocolatero, sus dotes comerciales y su carácter laborioso y austero cristalizan para dar paso a sus logros industriales. En el año 1853 Chocolates Matías López ha empezado a funcionar y él está en condiciones económicas de contraer matrimonio con la hija de D. Felipe Santiago Andrés y Doña Julia Sánchez: una jovencita de 18 años que vive bajo la protección de una familia modesta y se hace llamar Andrea. Ella vivía en la Calle Jacometrezzo esquina a Oliva, muy próxima por tanto al lugar donde trabajaba Matías. Por aquel entonces él tiene 28 años de edad y un patrimonio que a día de hoy se estima en 20.000 reales. Vida política La necesidad de un reconocimiento social de sus triunfos que se le exigía a un hombre de su tiempo unida al problema burocrático que le supuso la construcción de su taller en la calle Palma n.º8, hacen que Matías López se plantee la necesidad de entrar en política. Esta posibilidad le llega con la revolución de 1868 y es facilitada por la aureola de éxito empresarial que luce en aquellos años. Su entrada en la política se produce, pues, en ese mismo año y desde el escalafón más bajo: concejal del Ayuntamiento de Madrid. En el año 1872 obtiene el escaño de Diputado a Cortes por Sarria (Lugo), su localidad natal, con 7.170 votos sobre un total de 9.372 en las elecciones de abril de 1872.Diputados electos, en el Congreso de los Diputados Matías López, por aquel entonces de talante progresista se incorporará al ala más izquierdista de dicho grupo político: El Partido Radical de Manuel Ruiz Zorrilla. Dos meses más tarde Don Matías desaparece de la estela política al disolverse las Cortes. Volverá a la Cámara Baja como diputado en febrero de 1876 tras obtener de nuevo su escaño por aquella circunscripción por la cual siempre se presentó: la de Sarria. Se incorpora como miembro de pleno derecho a la Cámara que aprobó la Constitución de 1876, que estuvo vigente hasta 1931.Diputados electos en 1876, en el Congreso de los Diputados Es entonces (en 1876) cuando se ve obligado a renunciar por ese mismo motivo a su escaño como diputado Provincial por Madrid. En esta época no tenemos datos de su línea ideológica, pero todo parece apuntar a que es un monárquico alfonsino totalmente integrado en el régimen, defensor de la Constitución del 76 aunque con un cierto tono progresista que se pone de manifiesto en su doctrinalismo librecambista. Siente la necesidad de participar en la acción política, pero al lado de los grandes de la cámara como Cánovas y Sagasta poco tiene que hacer. Sus escasas intervenciones en el Parlamento se reducen a la defensa del citado doctrinalismo librecambista. Fue por ello que en junio de 1877 consiguió un escaño en el Senado que no llegó a ocupar debido a presiones que recibió por parte de sus "amigos y comitentes". Sin embargo, dada su exitosa posición empresarial y su perfecta sintonía con el régimen Canovista, el rey Alfonso XII, conocedor de que Matías López defiende los valores fundamentales de la sociedad de su tiempo ("espíritu moderno, orden público y monarquía"), le nombra Senador Vitalicio en virtud de los poderes que le confieren los artículos veinte y veintidós de la Constitución:

Es así como Matías López adquiere el reconocimiento social que llevaba buscando durante aquella década, y se convierte en el típico hombre hecho a sí mismo de la Restauración, elegido Senador Vitalicio del Reino en virtud de su participación fiscal en el sostenimiento de los gastos del Estado (Mayores Contribuyentes).

Uno de los principales objetivos que se marcó cuando ya estaba consagrado como uno de los proveedores de dulces más importantes de toda España, fue que sus chocolates atravesaran fronteras y empezar a distribuir a países europeos. Llevó a cabo diversos esfuerzos con intervenciones en el Congreso para conseguir una reducción arancelaria tanto para importaciones como para exportaciones. Sin embargo estos esfuerzos no surtieron efecto alguno, y desde la Cámara Alta era imposible influir en la política de los próceres de la Restauración. Por eso, Matías López y otros empresarios se unieron para crear lo que denominaron Círculo de la Unión Mercantil, durante los meses de mayo y junio del año 1887. Dicho círculo, es lo que un mes más tarde se denominará, y hoy día es, la Cámara de Comercio de Madrid. Desde ahí, Matías López como socio cofundador y vicepresidente intentará presionar al gobierno para que lleve a cabo una reforma de la economía española que le permita realizar sus exportaciones.

Última etapa Tras el apogeo de su éxito, consagrado en la Exposición Universal de París de 1889, vendrá en sus últimos dos años la que quizá sea la etapa más dura de su vida. En mayo del año 1890 fallece su hijo Pablo López a causa de una enfermedad. El 14 de enero de 1891 su otro hijo varón, Matías, que ayudó activamente en el trabajo de la empresa y ya empezaba a regentar la fábrica de El Escorial, se encontraba revisando el manómetro del contador del gas cuando este explotó delante de él quitándole la vida a la edad recién cumplida de 28 años. Veinte días después Matías modificará tan solo una parte de su testamento ológrafo para legar todos los bienes que hubieran sido heredados por Matías y Pablo a María del Carmen López Andrés, marquesa de Torrelaguna por matrimonio y la menor de sus tres hijas. Carmen asumirá del mismo modo la dirección de la fábrica de chocolates Matías López; probablemente el bien más preciado de su padre. Si bien, de acuerdo a los tiempos que le tocó vivir, ella nunca se encargó directamente de la fábrica si que se mantuvo muy próxima a ella, y su marido Eugenio Fernández del Pozo presidió durante muchos años el consejo de administración de la "Sociedad Anónima Viuda e hijos de Matías López", por lo que probablemente su padre pensó que ella era la más indicada para el cargo.

El día 13 de febrero de 1891, en un sobre lacrado con márgenes enlutados, Matías López encierra sus últimas voluntades que no serán ya descubiertas hasta el 18 de junio de ese mismo año, cuando finalmente fallece a las 11 de la noche en su domicilio de la calle Palma n.º8, a la edad de 66 años. A fecha de la muerte de su propietario, Chocolates y dulces Matías López facturaba anualmente productos por valor de 8 millones de pesetas, daba empleo directa o indirectamente a unas 500 personas y contribuía anualmente al sostenimiento del Estado en concepto de derechos de aduanas e impuestos de consumo con alrededor de 1 millón de pesetas.

Chocolates Matías López

Los inicios El molino de Jacometrezzo En el año 1851 Matías López adquiere por buen precio un modesto molino de chocolate situado en la calle Jacometrezzo. Por aquel entonces, el mercado madrileño chocolatero estaba caracterizado por una extraordinaria fragmentación. En una capital donde los pequeños molinos como el suyo abundaban, solo elaborando un producto de calidad y a un precio más bajo que el de sus competidores era posible abrirse paso con éxito. Para ello, Matías López hizo gala de un ingenio reconocido por todo su entorno social y elaboró todo un sistema nuevo de marketing, consistente en darse a conocer generando la demanda de sus productos. La anécdota se presenta de varias formas, pero fundamentalmente es la siguiente: Dos meses antes de que su producto saliera al mercado, Matías enviaba a todas las personas que podía (familiares, amigos...etc) a las tiendas de ultramarinos a preguntar por chocolate Matías López. Los tenderos, naturalmente desconocían tal producto, pero el nombre se les quedaba grabado en la memoria. Semanas más tarde, con su producto elaborado por él mismo en su molino de Jacometrezzo, Matías aparecía ofreciéndolo. Entonces el comerciante no dudaba en hacer un sustancioso pedido ya que "últimamente todo el mundo me lo pide". Fueron tácticas como éstas las que hicieron despegar a Matías López y sacar adelante una industria de la nada, unidas a su laboriosidad y entrega comentadas anteriormente, que se obvian en otras anécdotas como la de que en numerosas ocasiones Matías se quedaba a dormir en su expendiduría de chocolate debajo del mostrador. El negocio de la calle Tudescos