Wolfgang Streeck (27 de octubre de 1946, Lengerich, Alemania) es un sociólogo alemán. Es un especialista en el análisis crítico de la política economía capitalista desde un enfoque dialéctico entre el análisis institucional y las variedades más rígidas del capitalismo contemporáneo mostrando sus limitaciones y fallas, entre los que destaca la política de austeridad, el surgimiento de lo que denomina estado de la deuda como resultado de la revolución neoliberal de la década de 1980, la crisis fiscal del Estado, de los sindicatos y las relaciones laborales así como el incierto futuro de la Unión Europea.Página oficial Wolfgang StreeckEl capitalismo es un enfermo crónico, eldiario.es, Alternativas económicas, 20/11/2017

Biografía Wolfgang Streeck nació el 27 de octubre de 1946 en Lengerich, Alemania. Se graduó en 1972 de sociología de la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Fráncfort del Meno. Entre 1976 y 1980 fue investigador del Instituto Internacional de Gestión en Berlín mientras que realizaba estudios de sociología en la Universidad de Columbia donde se graduó en 1974. En este mismo año fue profesor asistente de sociología en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad de Münster. Entre 1988 y 1995 trabajó como profesor de sociología y relaciones industriales de la Universidad de Wisconsin-Madison. En 1995 regresó a Alemania para ocupar el puesto Director de Instituto Max Planck para los Estudios de Sociedades y profesor de sociológia de la Facultad de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad de Colonia. En 2014 se jubiló llegando a ser Director Emérito. Streeck está casado y tiene dos hijos.

Refundación de la Unión Europea Streeck ha analizado lo que el presidente francés Emmanuel Macron «en sus momentos más exuberantes, denomina una refondation de Europa». Así, en 2022 consideró que propuestas como la introducción de la votación por mayoría en el Consejo en lo concerniente a la política exterior de la UE, la reducción del número de carteras de la Comisión Europea o disposiciones más estrictas sobre el Estado de derecho en los Tratados serían inaceptables «para Polonia y Hungría, y presumiblemente también para otros países». Streeck ha recordado que acabar con la unanimidad en la UE «requiere unanimidad, un obstáculo que ni siquiera Angela Merkel había podido superar». El analista también destacó que la guerra ruso-ucraniana puso de manifiesto que «los sueños de una Europa dotada de “soberanía estratégica”» habían pasado a ser quimeras.

Críticas al capitalismo

¿Cómo terminará el capitalismo? - 2014

En 2014 Streeck escribió un artículo en New Left Review denominado ¿Cómo terminará el capitalismo?,Streeck, Wolfgang. 2014. “¿Cómo terminará el capitalimo? New Left Review 87: 38-68.Cómo terminará el capitalismo?, CTXT, Alex Roche, 29 de marzo de 2017 en el que planteó la crisis del capitalismo que se evidencia en una larga serie de problemas políticos y económicos que tienen su origen en el final de la prosperidad de la posguerra mundial a mediados de la década de 1960. Streeck escribió este artículo para hablar de la crisis del capitalismo, destacando tres tendencias a largo plazo en las trayectorias de los países capitalistas ricos y altamente industrializados: primero, el declive persistente de la tasa de crecimiento económico; segundo, la persistente deuda global en los principales Estados capitalistas, donde los gobiernos, los hogares y las empresas financieras y no financieras llevan más de cuarenta años acumulando obligaciones financieras; y tercero, la desigualdad económica, tanto de ingresos como de riqueza.

Para Streeck, lo que resulta más alarmante es que estas tres tendencias críticas pueden reforzarse mutuamente. El crecimiento constante, la moneda sólida y un mínimo de equidad social, que extienda algunos de los beneficios del capitalismo a los que no tienen capital, se han considerado desde hace mucho tiempo los prerrequisitos para que una economía política capitalista obtenga la legitimación necesaria. Sin embargo, la deuda creciente, además de no detener el declive del crecimiento económico, agrava la desigualdad por medio de los cambios estructurales asociados a la financiarización, que a su vez tenía por objeto compensar a los asalariados y a los consumidores por la creciente desigualdad de ingresos provocada por el estancamiento de los salarios y los recortes de los servicios públicos.

Streeck plantea que la crisis del capitalismo corresponde a un proceso continuo de declive gradual, aplazado, pero a pesar de ello aparentemente inexorable. Desde la crisis de 2008, los gobiernos –principalmente el de Estados Unidos- han seguido siendo manejados con firmeza por el capital financiero. El crecimiento sigue siendo anémico, como los mercados de trabajo; una enorme liquidez sin precedentes ha sido incapaz relanzar la economía; y la desigualdad está alcanzado cada vez cotas más sorprendentes, mientras que el 1 % de los rentistas se ha apropiado del poco crecimiento que existe.

Un problema con la democracia La crisis del capitalismo plantea necesariamente el declive de la relación entre capitalismo y democracia. Aunque el capitalismo y la democracia se han considerado adversarios durante mucho tiempo, el acuerdo de la posguerra pareció lograr su reconciliación. Sin embargo, actualmente han vuelto a emerger las dudas sobre la compatibilidad de una economía capitalista y un sistema de gobierno democrático. La legitimidad de la democracia de posguerra se basaba en la premisa de que los Estados tenían la capacidad de intervenir en los mercados y corregir los errores en pro del beneficio de los ciudadanos. No obstante, décadas de desigualdad creciente, así como la impotencia de los Gobiernos antes, durante y después de la crisis del 2008, han dejado dudas sobre dicha capacidad.

Un aspecto esencial de la retórica antidemocrática actual es la crisis fiscal del Estado contemporáneo, como se ve reflejado en el aumento de la deuda pública desde la década de 1970. El deterioro de la deuda pública relacionado con las bajadas generales de los niveles de tributación, Streeck afirma que está siendo, utilizada políticamente para justificar los recortes en el gasto estatal y la privatización de los servicios públicos, constriñendo la intervención democrática redistributiva en la economía capitalista.

La protección institucional de la economía de mercado en relación con las interferencias democráticas ha avanzado en las últimas décadas. Los sindicatos, en muchos países están en declive y la política económica se ha entregado en muchos Estados a bancos centrales independientes. Así como los ciudadanos corrientes como las élites, (por motivos opuestos) están perdiendo la fe en los gobiernos democráticos y su idoneidad para reestructurar la sociedad de acuerdo con los imperativos del mercado.

¿El capitalismo al borde del precipicio? Wolfgang Streeck afirmó que en vista de las décadas de caída del crecimiento, del aumento de la desigualdad y del endeudamiento creciente (así como la agonía constante de la inflación, de la deuda pública y de la implosión financiera desde la década de 1970) el capitalismo se debe definir como un fenómeno histórico, que no sólo tiene un comienzo, sino también un final. Bajo esta premisa Streeck, sugiere que nos acostumbremos a pensar en el final del capitalismo sin asumir la responsabilidad de contestar a la pregunta de qué proponer en su lugar. Pues el prejuicio de que el capitalismo sólo terminará cuando una sociedad nueva y mejor este lista, implica un grado de control político sobre nuestro destino común que aún estamos lejos de alcanzar. Esto se evidencia en que ni si siquiera los tecnócratas máximos del capitalismo tienen la menor idea de cómo recomponer el sistema de nuevo.

Para Streeck, el avance capitalista ha destruido ya prácticamente todas las agencias que pudieran estabilizarlo a base de limitarlo; la clave está en que la estabilidad del capitalismo como sistema- económico depende de que se contenga su dinámica interna por medio de fuerzas compensatorias: por intereses e instituciones colectivas que sometan la acumulación capital a controles y equilibrios sociales. Sin embargo, Streeck plantea que el capitalismo puede debilitarse por exceso de éxito.

La imagen que Streeck propone del final del capitalismo es la de un sistema social con un fallo crónico, por sus propias causas y al margen de la ausencia de una alternativa viable. Aunque no se pueda saber con certeza cuándo y cómo desaparecerá el capitalismo, y que vendrá en su lugar, lo importante, para Streeck, es que no existe ninguna fuerza disponible de la que pueda esperarse que cambie las tres tendencias en caída libre: el crecimiento económico, la igualdad social y la estabilidad financiera.

Concebir el final del capitalismo como proceso en lugar de como acontecimiento, exige plantear la cuestión de como definir el capitalismo. Streeck plantea que para determinar si el capitalismo está vivo, moribundo o muerto, se debe definir "como una sociedad moderna que asegura su reproducción colectiva como un efecto colateral no intencionado de la optimización racional individualizada de los beneficios competitivos en busca de la acumulación de capital, por medio de un «proceso de trabajo» que combina capital de propiedad privada con fuerza de trabajo mercantilizada, cumpliendo la promesa de Mandeville de convertir los vicios privados en beneficios públicos". Para Streeck es esta la promesa que el capitalismo contemporáneo ya no puede cumplir: la de terminar su existencia histórica como un orden social que se auto reproduce, sostenible, previsible y legítimo.

Una victoria pírrica Aparentemente, existen muchas razones para que el capitalismo no haya llegado a su fin. Respecto a la desigualdad, se podría pensar que la gente puede acostumbrarse a ella. También existen numerosos ejemplos de Gobiernos que son reelegidos tras recortar el gasto social y privatizar los servicios públicos con el objetivo de aplicar una política monetaria ortodoxa beneficiosa para los propietarios del dinero. En cuanto al deterioro medioambiental, se podría pensar que tiene lugar con lentitud en comparación con la duración de la vida humana individual. Y los avances tecnológicos con los que se compra tiempo, como el fracking, no pueden ser descartados, y si la capacidad pacificadora del consumismo tiene límites, está claro que estamos lejos de alcanzarlos.

Sin embargo, Streeck plantea que el hecho de que el capitalismo no tenga oposición puede constituir más una desventaja que una ventaja. Los sistemas sociales progresan principalmente por la heterogeneidad interna, por el pluralismo de los principios organizativos que los protegen de la dedicación exclusiva a un objetivo único, excluyendo otros que también deben ser perseguidos para que el sistema sea sostenible. Bajo este contexto, el capitalismo se ha beneficiado del ascenso de movimientos contradictorios, pero éste sólo puede sobrevivir mientras no sea completamente capitalista; ya que ni el capitalismo ni la sociedad que lo alberga, se han librado de las “impurezas necesarias”. En este sentido, la derrota de la oposición al capitalismo puede que haya sido una victoria pírrica, que elimina las fuerzas de contrapeso, que si bien pueden ser molestas, lo habían apoyado en la práctica. Así Streeck plantea ¿Podría ser que el capitalismo triunfante se haya convertido en su propio peor enemigo?

Fronteras de la mercantilización