La iglesia de San Pedro es un templo católico ubicado en la ciudad gallega de Lugo (España).

La iglesia formó parte del convento de San Francisco de Lugo, que perteneció a la Orden Franciscana y uno de los más destacados de esta ciudad y también, en opinión de algunos autores, la «síntesis de la arquitectura franciscana y dominica en Galicia».

Historia La fundación del convento de San Francisco miniatura|San Francisco de Asís. Óleo sobre lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. (Catedral de Amberes) Según la tradición el convento de San Francisco de Lugo habría sido fundado por el propio San Francisco de Asís en 1214, durante su hipotética peregrinación a Santiago de Compostela, aunque hay numerosos monasterios en España que reivindican ese «honor», y otros autores afirmaron erróneamente que si no fue fundado personalmente por el propio San Francisco debió serlo por algunos de sus discípulos. Y la afirmación de que en 1267 los franciscanos aún no se habían instalado en Lugo «parece» ser cierta en opinión de Marta Pérez Martínez, ya que en el testamento que en esa fecha otorgó el obispo de Lugo, llamado Miguel, el prelado no dejó ningún legado ni a los dominicos ni a los franciscanos de Lugo, a pesar de que sí lo hizo a otros conventos mendicantes de Galicia, por lo que en opinión de dicha historiadora es muy probable que en esa fecha aún no hubiera sido fundado el convento de San Francisco.

Algunos autores afirman que entre los años 1280 y 1282 los franciscanos ya tenían convento en Lugo, y hay constancia indubitada de que en 1282 ya tenían uno, porque en esa fecha establecieron un «pacto de amistad» con los dominicos lucenses y se repartieron una propiedad que habían comprado. Además, en la Crónica de la Provincia Franciscana de Santiago se afirmó, como señaló Tarrío Carrodeaguas, que antes de 1332 el convento de San Francisco ya había sido fundado y que el rey Alfonso XI de Castilla le concedió un privilegio que se conservaba en el convento.En la Crónica de la Provincia Franciscana de Santiago se afirmó que el convento había sido fundado por un conde de Lemos, y que los herederos de este título, Pedro Enríquez y su hijo Fadrique Enríquez, que también fue duque de Arjona, fueron los que reedificaron el convento espléndidamente. Y de ello se derivaría, junto con el hecho de estar sepultados en la capilla mayor ambos personajes, el que hacia 1614 los condes de Lemos aún conservaran el patronato del convento. Cfr. Tarrío Carrodeaguas (2012), p. 523. Sin embargo, conviene señalar que esa afirmación es falsa, porque el conde Pedro Enríquez sí fue sepultado en el convento de San Francisco de Lugo, donde tenía un sepulcro con epitafio, pero su hijo y heredero, el duque Fadrique Enríquez, fue sepultado primero en la abadía de Santa María de Benevívere y posteriormente en el convento de Santa Clara la Real de Toledo, donde reposan sus restos en la actualidad. Cfr. Pérez Martínez (1996), p. 74. Pero no hay pruebas que confirmen que los franciscanos ya ocupaban el edificio actual hasta el año 1358, durante el reinado de Pedro I de Castilla, y en sus primeros momentos, ni la iglesia ni el convento tuvieron un patrocinador destacado que destacase.

Sin embargo, en el el patronato del convento quedó en manos de los condes de Trastámara, ya que Pedro Enríquez de Castilla, que era nieto de Alfonso XI de Castilla y conde de Trastámara, Lemos, Sarria, Viana y El Bollo, planeó enterrarse en la capilla mayor del convento junto con sus familiares. Y el mencionado conde financió buena parte de las obras de la capilla mayor del templo, aunque hay razones para creer que a su muerte, ocurrida en 1400, aún no había sido terminada, lo que obligó a su hijo, Fadrique Enríquez de Castilla, que fue duque de Arjona, a seguir financiando las obras y a construir «capillas y mausoleos» para los miembros de su familia. Y a la muerte del duque Fadrique, que murió preso en el castillo de Peñafiel en 1430, es probable que el patronato del convento pasara a manos de su hermana, Beatriz Enríquez de Castilla, y del esposo de esta última, el conde Pedro Álvarez Osorio, aunque no hay certeza absoluta sobre ello.

Otras familias nobles también tuvieron un protagonismo destacado, aunque inferior al de los condes de Trastámara, en la construcción del convento, y entre ellas figuraban la de los Ulloa, cuya vinculación con el mismo comenzó en 1402, la de los Bolaño, que empezó en 1422, y por último la de los Saavedra y la de los Goyos, que tuvo lugar en 1456.

El convento entre los siglos y miniatura|Vista general del claustro del antiguo convento de San Francisco El 8 de diciembre de 1638 el convento padeció los efectos de un terrible incendio del que solo se salvaron, por ser los elementos construidos casi enteramente con piedra, la iglesia y el claustro, y el obispo de Lugo, Juan Vélez de Valdivieso, se vio obligado a proporcionar, aunque con carácter temporal, un alojamiento provisional a los franciscanos, de lo que se infiere, como señaló Pérez Martínez, que el convento quedó destruido por completo a excepción de las partes ya mencionadas. Y posteriormente los frailes iniciaron apresuradamente, contando con las generosas limosnas del obispo y de los habitantes de Lugo, la reconstrucción del convento.

En 1809, durante la Guerra de la Independencia, las tropas británicas en primer lugar y posteriormente los soldados franceses causaron graves daños en el complejo conventual, que fue destinado a cuartel, y también en la iglesia, que llegó a ser utilizada como establo. Casi todo el mobiliario del templo fue convertido en leña por los soldados, aunque se salvaron algunos fragmentos de diversos altares, y aunque se desconoce si llegaron a adoptarse algunas medidas para reconstruir el mobiliario del edificio, estas debieron durar poco tiempo, ya que en 1835 el convento sufrió la Desamortización de Mendizábal, que afectó a casi todos los monasterios de España, y el día 30 de agosto de ese mismo año los franciscanos y los dominicos abandonaron la ciudad de Lugo y el convento de San Francisco fue incautado por el Estado y se ordenó su cierre por «circunstancias políticas».

El convento y el claustro, aunque no la iglesia, albergaron sucesivamente a lo largo del un asilo de beneficencia, una casa de maternidad y el Teatro Municipal de la ciudad, y a pesar de que los frailes franciscanos regresaron a Lugo en dicho siglo no volvieron a alojarse en su antiguo convento. Sin embargo, la iglesia conventual tuvo «innobles destinos», como señalaron algunos autores decimonónicos, y llegó a emplearse como presidio y almacenes municipales, siendo entonces cuando desaparecieron algunos de los sepulcros, de los que solo se conservan en la actualidad sus arcosolios, e incluso algunas de las losas del suelo del templo.miniatura|Cabecera de la iglesia de San Pedro de Lugo

En 1867 la antigua iglesia de San Francisco fue cedida a la Venerable Orden Tercera, y sus miembros la restauraron rápidamente para que al menos pudiera abrirse al culto, lo que se llevó a efecto el 10 de febrero de ese mismo año. Pero ello no impidió que en 1892 fuera demolida la sacristía del templo para construir un frontón de pelota.

La iglesia de San Francisco se convirtió en 1915 en la parroquia de San Pedro, que hasta entonces había tenido su sede en la catedral de Lugo, y aún permanece bajo dicha advocación en la actualidad. Y desde 1915 comenzó a restaurarse el antiguo templo gótico, se sustituyó buena parte de la techumbre antigua, y se hicieron grandes reparaciones en la torre, en la que se colocaron escaleras y campanas. Y en 1917, debido a su estado ruinoso, fue demolido el hastial del brazo norte del crucero del templo y vuelto a reconstruir aunque con una pérdida de 80 centímetros de longitud.

En 1931 la iglesia fue declarada Monumento nacional por el Estado español, y en la década de 1950 lo que quedaba del antiguo convento fue demolido para levantar un edificio de nueva planta que debería albergar el Museo Provincial de Lugo, que aún permanece allí. El claustro, la cocina y el refectorio del antiguo convento franciscano forman parte en la actualidad de dicho museo, que abrió sus puertas en 1957, y el arquitecto Francisco Pons Sorolla dirigió en la década de 1970 diversas obras de restauración en la iglesia de San Pedro.

La iglesia y las dependencias conventuales La iglesia de San Pedro miniatura|Interior de la iglesia La iglesia de San Pedro tiene planta de cruz latina, y su crucero, cubierto por un tejado a cuatro aguas que descansa sobre una estructura de madera sostenida por cuatro arcos torales, sobresale tanto en altura como en longitud, y es de «un sólo tramo en cada brazo, y de cinco tramos en la nave».

Y en la cabecera del templo, cuya nave está cubierta por un artesonado de madera plano y a dos aguas, hay tres ábsides, que constituyen otras tantas capillas, y que están cubiertos por bóvedas de crucería, aunque el ábside central, que es donde está situada la capilla mayor, es de mayor tamaño que los de los lados. Y el estilo y la tipología del templo, como señaló Pérez Martínez, es la que más frecuentemente emplearon las órdenes mendicantes en sus iglesias en esa época.

La única nave del templo está compuesta por cinco tramos divididos por «cuatro arcos de diafragma apuntados», y a los pies de la iglesia se halla el coro, que fue construido en el .

Portada principal Está situada a los pies del templo y en su lado occidental, y hay dos contrafuertes cuadrados que la enmarcan y que frenan el empuje de la nave del templo y de la misma portada, que está realizada con sillares graníticos que terminan en un «piñón a dos aguas» coronado por una cruz. En el cuerpo central hay un amplio ventanal, y en el inferior está la puerta, que permite el acceso al templo. Y junto a la portada se encuentran la torre, que está a su derecha, y la capilla de la Venerable Orden Tercera, que se halla a su izquierda y cuya portada está al mismo nivel de la fachada principal de la iglesia.

Capilla mayor Historia miniatura|Capilla mayor El conde Pedro Enríquez de Castilla dispuso en su testamento que su cadáver debería recibir sepultura en una capilla que había fundado en el convento de San Francisco de Villafranca del Bierzo y en la que deberían hacerle una sepultura «solemne e honrada». Y para ese fin legó al convento 200.000 maravedís que quedarían unidos a otros 2000 que había donado anteriormente al mismo procedentes del portazgo de la villa de Villafranca de Valcárcel, de la que el conde era señor, aunque Alfonso Franco Silva señaló que legó a ese convento únicamente 100.000 maravedís.

Pero a pesar de lo anterior, otros autores aseguran que Pedro Enríquez deseaba enterrarse en el convento de San Francisco de Lugo, donde finalmente recibiría sepultura, y afirman que no solo lo deseaba como lugar de enterramiento para sí mismo sino también para los miembros de su familia y «otros nobles relacionados con él». Y el conde fue posiblemente el primer titular del patronazgo de la capilla mayor de los franciscanos de Lugo, cuyas obras financió y donde deseaba que descansaran sus restos, y también costeó según algunos autores la mayor parte de la iglesia conventual y del convento y su propio enterramiento. Y Pérez Martínez señaló que, como era usual en aquella época, el conde posiblemente dejó antes de morir a los franciscanos de Lugo los fondos necesarios para que prosiguieran las obras de su convento, que también sería beneficiado por su hijo Fadrique Enríquez y posteriormente por los condes de Lemos.

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