El golpe de Estado en Argentina de 1930 también llamada Revolución de 1930, derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen, al Congreso Nacional y a doce de los catorce gobiernos provinciales (no fueron derrocados los gobiernos de San Luis y Entre Ríos), dando inicio al periodo conocido como «Década Infame» (1930-1943). Los miembros de la Corte Suprema (José Figueroa Alcorta, Roberto Repetto, Ricardo Lavalle y Antonio Sagarna) y el procurador general (Horacio Rodríguez Larreta), permanecieron en sus cargos y avalaron el golpe mediante la doctrina de los gobiernos de facto. El golpe de Estado fue ejecutado por un grupo de militares y civiles encabezados por el teniente general José Félix Uriburu, quien estableció una dictadura, con apoyo de influyentes grupos políticos, empresariales y mediáticos.

El golpe de 1930 fue el primero de una serie de golpes de Estado cívico-militares que interrumpieron los mandatos constitucionales hasta 1983, luego de que en 1912 se sancionase el sufragio secreto y obligatorio para varones.

Antecedentes Posición de los radicales Hasta la aprobación de la Ley Sáenz Peña, la Unión Cívica Radical desarrolló una serie de acciones insurreccionales como la Revolución de 1890 y la Revolución radical de 1905, en la que junto a los militantes radicales participaron militares de carrera, siendo estos últimos jóvenes oficiales que habían pasado por la etapa de cadetes formados en una disciplina de obediencia a la prusiana.

En la rebelión que estalló el 4 de febrero de 1905, que llevó a la captura del vicepresidente y que estuvo a punto de triunfar, también participó una parte del ejército en unión con los sublevados civiles. En la concepción de Yrigoyen, los gobiernos del “régimen” eran ilegítimos y rechazaba el propósito del gobierno y del Estado Mayor de profesionalizar en forma estricta la institución, y para él, el militar era, ante todo, un ciudadano que tenía el sagrado deber de “ejercitar el supremo recurso de la protesta armada”, como rezaba el manifiesto del 4 de febrero. En conclusión, los radicales consideraban que los militares debían estar sometidos a los civiles, pero solamente a los que defendían, desde el gobierno o desde la oposición, al ideal democrático.

Con el fracaso del golpe de Estado de 1905, muchos militares perdieron sus carreras. No obstante, Yrigoyen seguía confiando en las fuerzas armadas al punto que convino con el gobierno en que de ellas dependiera el padrón electoral, e incluso pidió a éste que fuesen las mismas las que garantizaran la elección del gobernador de Santa Fe en 1912.

La elección de Yrigoyen como presidente El 12 de octubre de 1916, Yrigoyen asumió la presidencia de la Nación. La oposición gobernaba diez de las catorce provincias, y tenía mayoría en la cámara de Senadores y en la de Diputados. La falta de audacia e imaginación política de Yrigoyen, cualidades que se hicieron más necesarias en el período de gran efervescencia social que le tocó gobernar, originaron en las clases adineradas y en amplios sectores del ejército una reputación de demagogo partidario de los trabajadores.

Contexto económico Desde el final de la Primera Guerra Mundial, la posición del Reino Unido como potencia hegemónica en el campo de la economía mundial fue declinando, al mismo tiempo que era paulatinamente reemplazada por los Estados Unidos como centro económico y financiero. Respecto de Argentina, los productos industriales estadounidenses se adaptaban mejor a sus necesidades, pero los Estados Unidos eran, al mismo tiempo, su competidor en la producción agrícola y además iban incrementando sus medidas proteccionistas. De esta forma, el Reino Unido era su principal cliente para las exportaciones agropecuarias y la fuente de las libras esterlinas que, una vez convertidas, pagaban las importaciones de productos estadounidenses.

Los salarios reales disminuían desde 1914, el armisticio ocasionó la caída de los precios internacionales de los alimentos que el país exportaba, el número e intensidad de los conflictos obreros se incrementó al punto que la cantidad récords de días perdidos por huelgas en 1920 no fue igualado en las dos décadas posteriores. Si por una parte Yrigoyen mantuvo las leyes represivas de residencia y de seguridad social y en ocasiones utilizó fuerzas de la policía, la marina y el ejército para combatir huelgas, por la otra contribuyó, más por sus actitudes que por su política social, a afianzar en aquellos sectores descontentos de la burguesía y las fuerzas armadas la imagen de un demagogo que buscaba el apoyo de las clases “bajas”.

Entre 1922 y 1927 hubo una cierta bonanza económica en el país, que se comenzó a revertir a partir de 1928. Menos exportaciones, más gastos del Estado, menor tasa de interés, mayor salida de capitales ocasionaron un deterioro del valor de la moneda nacional que obligó a Yrigoyen a interrumpir en 1929 la convertibilidad del peso argentino. Esta medida significaba que el Estado no estaba más obligado a canjear pesos por el oro que le servía de respaldo. A invitación del gobierno llegó una misión comercial británica a la Argentina que llegó a un acuerdo que es un antecedente valioso del pacto Roca-Runciman: Argentina se comprometía comprar durante dos años los materiales e insumos para los ferrocarriles del Estado en el Reino Unido y este se obligaba a seguir las compras normales de carnes argentinas.

Enfrentamiento político La Unión Cívica Radical asumía una forma de “religión cívica” y se identificaba a sí misma como una “causa” providencial y mesiánica que se oponía a “la oligarquía” que había gobernado hasta entonces. Se erguía como representante del “pueblo” o de “la nación”, un conjunto de ciudadanos con límites imprecisos, apoyada en la creencia imperante en grandes sectores de la población en la vigencia –real o imaginada- en los principios de la movilidad social y de las posibilidades de progreso individual.

Yrigoyen era la expresión máxima de esa ya había sabido despertar en la campaña electoral de 1928 una gran expectativa acerca de lo que podía realizar.

Los gobiernos de Yrigoyen y de Alvear fueron, junto con el de Urquiza, los que hasta 1930 más utilizaron la vía de la intervención federal (19 ocasiones). Todas las provincias –salvo Santa Fe- fueron intervenidas por lo menos una vez (algunas hasta 3 veces) durante el primer gobierno de Yrigoyen, lo cual “no deja de ser una paradoja: la principal fuerza propulsora de la democratización política apeló a una práctica institucional que, de hecho, ocluía la posibilidad de afirmar y profundizar la democracia…Por añadidura, cuando el radicalismo tuvo el control del Parlamento, básicamente el de la Cámara de Diputados, no vaciló en aplicar la ‘tiranía del número’ para rechazar los diplomas de legisladores representantes de la oposición e incluso cuando procedían de escisiones del tronco partidario, como en los casos de los elegidos por las producidas en Mendoza (lencinismo) y en San Juan (cantonismo).”

Segunda presidencia de Yrigoyen En las elecciones de 1928 la UCR obtuvo el 61.68 % de los votos. El 12 de junio de 1928 se reunieron los colegios electorales y eligieron como Presidente de la Nación a Hipólito Yrigoyen y como Vicepresidente a Francisco Beiró, pero el fallecimiento de este último ocurrido el 22 de julio de ese año planteó una situación institucional inédita ante la cual se reunieron nuevamente los colegios el 6 de agosto y eligieron Vicepresidente a Enrique Martínez, quien había asumido el cargo de gobernador de la provincia de Córdoba el 17 de mayo de 1928, por lo que renunció a la gobernación. El día 12 del mismo mes la Asamblea Legislativa proclamó los resultados: 245 electores para Yrigoyen, 71 para Melo, 3 para Matienzo y 57 en blanco o anulados.

Los inicios de la crisis económica que desembocó luego en el crack de 1929 afectaron la economía argentina ocasionando un aumento de la inflación, una baja en el poder adquisitivo de los salarios y un menor gasto público y si bien no hubo una situación de conflicto social intenso como durante el primer mandato de Yrigoyen, decayó acentuadamente la adhesión al presidente. En un escenario político en el que tanto el oficialismo como la oposición tendían a construir identidades totalizantes deslegitimadoras del adversario, la crisis vino acompañada de una creciente tensión.

Entre 1928 y 1930 el gobierno trató de obtener más senadurías mediante métodos que incluyeron discutibles intervenciones federales a las provincias de Corrientes, Mendoza, San Juan y Santa Fe. Fue subiendo un clima de violencia comenzando por proclamas como la del antipersonalismo entrerriano que clamaba por un nuevo Urquiza capaz de derrocar al tirano Rosas y continuando con manifestaciones en las calles e incluso actos todavía más graves como el asesinato de Carlos Washington Lencinas en diciembre de 1929 –hecho por el que los lencinistas imputaron a Yrigoyen- o el frustrado intento contra el presidente que si bien fue ejecutado por un militante anarquista solitario fue atribuido desde el personalismo a los opositores. Durante las elecciones legislativas nacionales llevadas a cabo en marzo de 1930 tanto en la campaña electoral como los propios comicios hubo enfrentamientos armados con saldo de muertos, presiones policiales y maniobras de fraude. En las provincias de San Juan y Mendoza los interventores federales actuaron desembozadamente para obtener resultados favorables, en Córdoba la policía detuvo a fiscales opositores y después se denunció la presencia de urnas abiertas. La UCR en su conjunto no hizo una mala elección pero tuvo mucho impacto que en la ciudad de Buenos Aires triunfara el Partido Socialista Independiente, el Partido Socialista obtuviera el segundo lugar y los radicales salieran terceros.

En las sesiones preparatorias de la Cámara de Diputados la UCR impugnó los diplomas de los que habían sido elegidos por la minoría en las provincias de Mendoza y de San Juan, lo que provocó un debate político que ocupa casi todo el período legislativo de ese año, por lo que el Poder Ejecutivo recién en agosto pudo convocar a sesiones ordinarias.

Después de la elección, Yrigoyen tenía partidarios en la mayoría de las gobernaciones provinciales y mayoría propia en la Cámara de Diputados. La Cámara de Senadores, en la que la oposición era mayoría, se convirtió en un obstáculo clave para las medidas propuestas por un Poder Ejecutivo que no pudo o no supo encontrar los medios para contrarrestar la declinación económica.

Crisis interna El deterioro de la salud del presidente aceleró e incentivó las apenas disimuladas disputas entre colaboradores cercanos al mismo que pugnaban por su herencia política. Al mismo tiempo que eran conocidas las actividades conspirativas de civiles y militares que sin disimulo tenían reuniones, por ejemplo en la sede del diario Crítica o en la casa del general José Félix Uriburu, en el gabinete se configuraron dos tendencias: la encabezada por el ministro de Guerra general Luis Dellepiane, partidario de utilizar los recursos del Estado, incluida la fuerza, para desbaratar la conspiración, y la otra integrada, entre otros, por el vicepresidente Enrique Martínez, el ministro del Interior Elpidio González y el ministro de Relaciones Exteriores Horacio Oyhanarte, que quitaba importancia a esos hechos y consideraba preferible no irritar los ánimos. Yrigoyen, enfermo y recluido en su casa, fue convencido para adoptar esta segunda opción y el 3 de septiembre se conoció la renuncia de Dellepiane producida después que el ministro González desautorizara su orden de detención contra varios supuestos conspiradores.

La conspiración