thumb|Emblema de la Agrupación Escolar Tradicionalista (años 30) La Agrupación Escolar Tradicionalista o Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) fue una asociación estudiantil carlista creada a principios del e integrada en la Comunión Tradicionalista. Estuvo constituida en numerosas ciudades de España y tuvo su auge en la década de 1930. A lo largo de su historia, sus miembros realizaron labores de divulgación del ideario tradicionalista en las universidades.
Historia Inicios
thumb|derecha|120px|Estandarte de la A.E.T. de Barcelona (1912) Desde finales del habían existido Juventudes Carlistas organizadas en diversas ciudades de España, siendo la primera de ellas la de Madrid, fundada en 1886 por Reynaldo Brea.
Los orígenes de la Agrupación Escolar Tradicionalista como tal se hallan en Barcelona. Ya a finales de 1897 Juan Bardina había participado en los primeros intentos de crear una Juventud Escolar Tradicionalista en Barcelona a imagen de la de Madrid. Una de las primeras menciones en la prensa de la Agrupación Escolar Tradicionalista con este nombre aparece en 1907, en el contexto de una velada carlista el día de San Carlos Borromeo (onomástica del jefe del partido, Carlos de Borbón) en la ciudad condal.
No obstante, no sería hasta octubre de 1910 cuando se inauguraría oficialmente la Agrupación Escolar Tradicionalista de Barcelona. Los periódicos carlistas El Correo Español de Madrid y El Norte de Gerona, entre otros, informaban de la inauguración de la Agrupación, con una junta directiva compuesta por un presidente honorario, un presidente efectivo, vicepresidente, secretario y cuatro vocales, representantes de las secciones de Derecho, Medicina, Farmacia y Ciencias.
En el discurso inaugural, su presidente, José María Gich, habló de un renacimiento católico tras la decadencia del espiritualismo desde el , criticó la filosofía positivista, calificó de obscena la literatura naturalista del y declaró admiración por movimientos católicos extranjeros como el Volksverein alemán, el del P. Rutten en Bélgica y el del Conde de Mun en Francia. Afirmó asimismo que los estudiantes tradicionalistas venían a acentuar el renacimiento espiritual, por lo cual habían decidido añadir al lema tradicionalista de «Dios, Patria y Rey» las palabras «Tradición y Ciencia», la primera de ellas —tradición— para que les inspirase, y la segunda —ciencia— para trabajar en pro de sus ideales en el orden intelectual.
En marzo de 1912, la revista tradicionalista La Hormiga de Oro publicaba una fotografía, con un breve reportaje, de la bendición de la senyera de la Agrupación Escolar Tradicionalista en la iglesia de San Francisco de Paula, que fue apadrinada por cuatro personalidades carlistas, entre las que se contaba el senador Manuel Polo y Peyrolón. Asimismo, La Correspondencia de España daba cuenta en diciembre de 1913 de la decisión de los estudiantes tradicionalistas de organizar «una agrupación escolar tradicionalista», análoga a la que habían tenido anteriormente, «siguiendo el ejemplo de los radicales». A tal fin se reunieron el 14 de diciembre en el Círculo Central Tradicionalista de Barcelona para tratar la reorganización y elegir los cargos de la nueva Junta.
Entre las primeras agrupaciones escolares tradicionalistas estuvo también la de Valencia, ciudad de importante presencia carlista, y la de Salamanca, constituida en noviembre de 1911. Posteriormente se iría extendiendo igualmente a otras capitales universitarias. Ya en 1911 hay constancia de la formación de agrupaciones escolares tradicionalistas en Zaragoza, Madrid y Valladolid, además de las de Barcelona, Valencia y Salamanca. Se constituían en los círculos jaimistas y en ocasiones empleaban también el nombre de Agrupación Escolar Jaimista. Sin embargo, algunas no debieron consolidarse en un principio, ya que, por ejemplo, en 1926 el presidente de la AET de Barcelona recibía una carta de los tradicionalistas de Zaragoza, en la que le pedían datos referentes al funcionamiento de la entidad para constituirla en la capital aragonesa. Tras la proclamación del Directorio militar de Primo de Rivera en 1923, la Agrupación Escolar Jaimista de Valencia dirigió una exposición sobre la cuestión escolar al General Primo de Rivera. La asociación se consolidaría por toda la geografía española a principios de la década de 1930, coincidiendo con el resurgimiento del movimiento tradicionalista.
Segunda República y Guerra Civil
thumbnail|280px|derecha|Cabecera de la revista a.e.t, fundada en Pamplona en 1934. Debido a la fuerza del carlismo en Navarra, durante los años 30 fue especialmente importante la AET de Pamplona, que lideraba Jaime del Burgo y que mantuvo posiciones cercanas al llamado Núcleo de la Lealtad auspiciado por el periódico El Cruzado Español. La AET navarra tuvo una significativa faceta cultural, escribiendo diversas obras de teatro (Lealtad, Cruzados, Al borde de la traición, etc.) que ambientadas en las pasadas guerras carlistas fueron presentadas con gran éxito en distintos locales de Navarra. Una entidad bastante afín a la AET era el Muthiko Alaiak, grupo de espata-dantza (tradicional danza vasca con espadas), del cual surgiría la famosa Peña de los Sanfermines.
Su órgano de expresión, a.e.t., proclamaría la doctrina tradicionalista. El primer número apareció el 26 de enero de 1934 y se preguntaba: «¿Es que vamos a ser siempre unos empedernidos jugadores de tresillo, asiduos concurrentes de café? No, no y no. Somos jóvenes carlistas, y nuestra juventud comprende que eso no es Carlismo. Carlismo es actividad, es movimiento, es organización, es lucha constante, es sacrificio y es hermandad». La publicación afirmaría en ocasiones la necesidad de una «revolución carlista» para destruir tanto el marxismo como el «capitalismo explotador». Dentro de esta preocupación social se defendía la reforma agraria, que estaba siendo obstaculizada por «el egoísmo feudal de los odiosos dominadores del agro». También se opuso al nacionalismo vasco, mostrándose contraria a la anexión tanto de Navarra como de Álava por parte de lo que llamaban «engendro nacionalista de Euzkadi».
La revista criticó asimismo al líder de la CEDA a raíz de su visita a Pamplona, acusó a los autores de un atentado en el ferrocarril de Sangüesa la noche anterior a un mitin tradicionalista en dicha localidad y sostuvo una destacada campaña contra el socialismo, tras ser asesinados en Pamplona en abril de 1934 el contratista de obras Ezequiel Lorca y su cajero Andrés Oricáin, debido a la expulsión por parte de Lorca de varios obreros que pertenecían a la Casa del Pueblo para sustituirlos por otros del Sindicato Católico. El curso 1934-1935 la revista dejó de publicarse en Pamplona para trasladarse a Madrid. thumb|300px|izquierda|Mitin organizado por la AET de Madrid en el Cine de la Ópera (enero de 1934). En noviembre de 1934 tuvo lugar un congreso nacional de las AA.EE.TT. en el que actuaron 45 delegados en representación de unos 7000 estudiantes. En el transcurso del mismo, miembros de las comisiones de Madrid, Barcelona, Zaragoza y otros distritos universitarios desarrollaron diversas ponencias, algunas de ellas tituladas «Definición y organización de la A.E.T.», «Actividades de la A.E.T.», «El Bachillerato en las AA.EE.TT.», «Creación del Boletín de la A.E.T.», «Los deportes en la A.E.T.», «Centro de Acción Hispánica» y «Acción Internacional de la A.E.T.».
La AET de Madrid publicó entonces un manifiesto, según el cual los fines de la organización eran, en el orden político, «desterrar de la Universidad toda acción política» (en referencia a la politización de la Universidad por parte de republicanos, socialistas, comunistas, etc.) y, en el orden profesional, «proporcionar cuantos medios son necesarios al estudiante para desarrollar con eficiencia su labor escolar». En el mismo manifiesto afirmaba aspirar hacer a la Universidad autónoma del ministerio de Instrucción pública y reclamaba la Universidad Tradicional española.
En enero de 1935, Francisco de Ozaeta, presidente de la AET de Madrid, comentaba en una entrevista a El Siglo Futuro la labor cultural de la organización, destacando las conferencias y actos de propaganda tradicionalista, además de la reciente incorporación de una biblioteca con cientos de volúmenes sobre cuestiones religiosas, históricas, filosóficas, etc. Resaltaba asimismo la actividad de la Agrupación Deportiva Tradicionalista (ADT), vinculada a la AET, afirmando haber puesto en marcha gimnasios, boxeo, natación, atletismo, alpinismo, fútbol, remo, tenis, etc., y señalando que los deportistas tradicionalistas eran demostración evidente de que «sólo el tradicionalismo posee esas cualidades supremas de disciplina y fervor que han mantenido erguido nuestro estandarte contra toda clase de maquinaciones y luchas».
El 7 de marzo de 1935 se impuso a la bandera de la AET madrileña un corbatín con crespón negro con la palabra «Gibraltar» que en lo sucesivo llevaron todas las banderas de la agrupación, como muestra del pesar nacional hasta la recuperación del peñón.
Los estudiantes tradicionalistas se vieron envueltos en tentativas contra la República desde la sublevación del General Sanjurjo del 10 de agosto de 1932, en la que resultó muerto el estudiante José María Triana, de la AET de Sevilla. Los jóvenes afiliados a la AET protagonizarían en diversas capitales de España actos de protesta contra lo que consideraban desórdenes del régimen republicano, motivando en ocasiones la suspensión de las clases. Así, por ejemplo, en enero de 1936 irrumpieron en la Facultad de Derecho de Madrid, repartiendo hojas «contra el separatismo, el socialismo y la masonería», colocando en el balcón un cartel «de afirmación antirrepublicana, monárquica y españolista», tras lo cual auxiliares del decanato intentaron agredir a los estudiantes con una pistola y un arma blanca. El incidente motivó la dimisión del decano Adolfo González Posada. En medio de una escalada de atentados y represalias entre izquierdistas, por un lado, y tradicionalistas y falangistas, por el otro, el 11 de marzo de 1936 era asesinado un estudiante afiliado a la AET. Al estallar la Guerra Civil Española, muchos aetistas ingresaron en el Requeté, combatiendo en el bando nacional. thumb|180px|derecha|Carné de la AET de Vizcaya en los años 30. Durante la guerra, la AET permaneció activa en la zona nacional, manifestando su voluntad de restaurar en el «nuevo Estado» la Universidad Tradicional del Siglo de Oro. En un manifiesto publicado por la AET en marzo de 1937 en el Noticiero de Soria, titulado El Tradicionalismo y la Enseñanza, se mostraba favorable a una «gran hermandad entre todos los componentes del Claustro Escolar», y afirmaba querer formar «con el estudio al mismo tiempo que con las armas, la España Imperial, con la Cruz y la Corona», así como su voluntad de seguir luchando contra el comunismo.
En abril de 1937 se produjo el Decreto de Unificación entre la Comunión Tradicionalista y Falange Española de las JONS en el nuevo partido único: FET y de las JONS. En un principio, un sector de la AET se adhirió, como el jefe nacional José María Zaldívar y el jefe provincial de Navarra, Miguel Ángel Astiz. Sin embargo, el 12 de octubre de 1937, en un acto destinado a sellar la unificación de las juventudes de ambos partidos, los requetés se negaron a desfilar delante de Franco y los jóvenes tradicionalistas provocaron algunos alborotos. Como consecuencia de los incidentes, Astiz resultó detenido y Zaldívar expulsado del partido único. Comenzó entonces la oposición al régimen franquista por parte de la AET en bloque y de buena parte del carlismo, que se negaba a integrarse en el partido único con preponderancia de la Falange, a la que consideraban revolucionaria. Las juventudes tradicionalistas mantuvieron su simbología y sus propios locales.
Primer franquismo