La batalla de Hulao () del 28 de mayo de 621 constituyó una victoria decisiva para el príncipe Li Shimin de la dinastía Tang, gracias a la cual sometió a dos señores de la guerra rivales, Dou Jiande y Wang Shichong. El combate se libró en Hulao, un paso al este de Luoyang de gran importancia estratégica. Li Shimin había puesto bajo asedio la ciudad de Luoyang, la capital del autoproclamado emperador Wang Shichong, quien solicitó ayuda a Dou Jiande, un señor que tenía sus dominios al este. Sin embargo, Dou Jiande se retrasó demasiado y cuando por fin llegó, Li Shimin había reunido fuerzas suficientes para enfrentar la amenaza externa. El ejército Tang evitó el enfrentamiento en campo abierto hasta que las tropas enemigas estuvieron exhaustas, momento en el que ordenó una carga de caballería que arrasó las líneas de Dou Jiande y le tomó prisionero. Wang Shichong, no viendo otra alternativa, rindió Luoyang, y tanto su estado como el de Dou Jiande fueron absorbidos por Li Shimin. Dou Jiande sería ejecutado posteriormente, lo que llevó a algunos de sus antiguos seguidores, dirigidos por Liu Heita, a levantarse en una rebelión sin éxito contra los Tang. Hulao marcó el punto de inflexión en las guerras civiles que siguieron al colapso de la dinastía Sui, después de la cual la perspectiva de un triunfo final Tang nunca fue puesta en duda.
Antecedentes
Durante los últimos años del reinado del segundo emperador de la dinastía Sui, Yang (r. 604-618), la autoridad de la dinastía comenzó a desvanecerse: los inmensos costes materiales y humanos de los prolongados e infructuosos intentos de conquistar el reino coreano de Goguryeo, unidos a los desastres naturales, causaron disturbios en las provincias, a la vez que los sucesivos fracasos militares erosionaban el prestigio del emperador y su legitimidad —«Mandato del Cielo»— entre los gobernadores provinciales. Yang, sin embargo, insistió con las campañas en Corea y cuando se percató de la gravedad de la situación, ya era demasiado tarde: mientras las revueltas se extendían en 616, abandonó el norte y se retiró a Yangzhou, donde permaneció hasta su asesinato en 618.
Los dirigentes y magnates locales reclamaron el poder a raíz de la retirada de Yang. En esta situación de anarquía, aparecieron numerosos señores que buscaron legitimarse en sus nuevas posesiones territoriales asumiendo títulos nobiliarios, reclamando algunos incluso la dignidad imperial. Entre los pretendientes mejor posicionados estaba Li Yuan, duque de Tang y gobernador en el noroeste de Taiyuan —región de la moderna Shanxi—. Descendiente de una noble familia relacionada con la dinastía hasta entonces reinante, y con una destacada trayectoria a sus espaldas, Li Yuan parecía un candidato bien situado para el trono. Su provincia poseía excelentes defensas naturales, una población fuertemente militarizada y se encontraba cerca de las capitales de Daxingcheng —Chang'an— y Luoyang. En el otoño de 617, Li Yuan y sus hijos Li Shimin y Li Jiancheng, dirigieron sus tropas hacia el sur. En una campaña relámpago derrotaron a las fuerzas Sui que trataban de obstaculizar su marcha y, el 9 de noviembre, irrumpían en Chang'an. Li Yuan estaba ahora firmemente situado como un importante competidor por el Imperio, y el 16 de junio de 618 se autoproclamaba como primer emperador de la dinastía Tang.
En una serie de campañas entre 618 y 620, los Tang, liderados por el talentoso Li Shimin, lograron neutralizar a sus rivales en el noroeste y repeler un ataque de Liu Wuzhou, que se había hecho con el dominio de Shanxi, pero aún tenían que expandir su potestad a la llanura nororiental y las actuales provincias de Hebei y Henan, lo que en palabras del historiador Howard Wechsler decidiría si la nueva dinastía «seguiría siendo un régimen regional o si tendría éxito en la unificación del país bajo su control». A principios de 620, dos grandes estados se habían establecido sobre aquella región. Henan estaba dominada desde su capital en Luoyang por Wang Shichong, un antiguo general Sui que se declaró a sí mismo primer soberano de la dinastía Zheng tras derrotar a otro caudillo sublevado, Li Mi, en la batalla de Yanshi y fagocitar su ejército y territorio. Hebei era administrada por Dou Jiande, otrora un cabecilla de bandidos que había protagonizado una revuelta contra los Sui ya en 611. Desde su base en el centro de Hebei había ampliado sus posesiones al sur del río Amarillo, reclamando para sí el título de «rey de Xia», y al igual que Wang y los Tang, también hacía uso del aparato burocrático preexistente para mantener su reino.
La campaña de Li Shimin contra Wang y la marcha hacia el oeste de Dou Jiande 180px|miniaturadeimagen|Li Shimin como Emperador Taizong (r. 626-649).
En agosto de 620, cuando Li Shimin apenas había concluido su victoriosa campaña contra Liu Wuzhou, empezó un enérgico avance desde Shanxi hacia Luoyang. Su progreso fue rápido: en septiembre las tropas Tang habían iniciado la construcción de un anillo de campamentos fortificados en torno a la ciudad, mientras que los destacamentos que habían penetrado hacia el sur, este y norte del territorio de Wang provocaron la defección de la mayoría del Henan central. Los monjes del monasterio colindante de Shaolin también se pusieron del lado de Li Shimin, derrotando a una partida de guerreros de Wang en el monte Huanyuan y capturando en el transcurso de la refriega a su sobrino, Wang Renze. Wang Shichong se encontraba ahora aislado en su capital y sus inmediaciones. Los Tang rechazaron sus repetidos intentos de romper el cerco, y la escasez de suministros de Luoyang fue a peor en el transcurso del invierno y peor aún durante la primavera. En marzo, la gente buscaba ya rastros de comida entre la basura, o comían tortas de arroz y barro.
En aquel momento, la única esperanza para Wang era la intervención de Dou Jiande, a quien había enviado emisarios en una fecha tan temprana como el año 620. Para Dou, la situación, tal como la presentaba su consejero Liu Bin, ofrecía tanto riesgos como oportunidades: si Luoyang caía, los Tang se fijarían entonces en él, pero si Dou intervenía y salvaba Luoyang, sería sencillo derrocar a un debilitado Wang y anexionar Henan a su propio estado Xia. Por lo tanto, fue probablemente intencionado el que Dou aguardase hasta abril, cuando la situación de Wang era crítica, para desplazarse al oeste a levantar el asedio de Luoyang. El ejército de Dou era una colosal hueste de aparentemente más de 100 000 efectivos, que las dos fuentes más coetáneas a los hechos elevan incluso a 120 000. Aunque posiblemente se trate de una exageración, un ejército de este tamaño entraba dentro de las capacidades de la época, ya que las tropas Xia iban igualmente acompañadas de un voluminoso tren de suministros que comprendía tanto carros como barcos.
Ante las noticias de su inminente llegada, algunos de los generales de Li Shimin le sugirieron que abandonase el sitio y se replegase por el oeste hacia Guanzhong, pero el príncipe Tang se negó a atenderles. Dejó la mayor parte de sus combatientes manteniendo el asedio, y con el resto se trasladó hacia el paso de Hulao, 97 km al este, y lo ocupó el 22 de abril. El paso estaba formado por la quebrada del río Sishui, rodeado en ambas orillas por escarpes y colinas empinadas que crecían desde el sur hasta las montañas Songshan, ofreciéndole una importancia estratégica de primer nivel —ha sido descrito como unas «Termópilas chinas»— ya que la ruta de este a oeste cruzaba a lo largo de la orilla meridional del río Amarillo.
Punto muerto en Hulao y dilema estratégico de Dou
Cuando Dou Jiande y sus soldados llegaron al paso, se toparon con una ciudad amurallada y firmemente defendida por los Tang desde atrás, en los cerros occidentales. Dou acampó con sus tropas en Banzhu, una planicie 16 km al este del paso, y en las semanas siguientes se dirigió en varias ocasiones a Hulao para ofrecer batalla. Li Shimin, sin embargo, se limitó a permanecer atrincherado en su poderosa posición defensiva, desde la que su fuerza numéricamente inferior podría contener fácilmente a los Xia en caso de ataque. El príncipe Tang sabía que el tiempo jugaba en su favor, pues cada día de punto muerto acercaba todavía más a la guarnición de Luoyang a la hambruna y a la capitulación, y cuando esto ocurriese volvería a disponer de todos sus efectivos para lanzar una ofensiva.
Había otros pasos de montaña alternativos a través de las colinas cercanas a Hulao, pero eran más angostos e igualmente podían estar defendidos. Dado el tamaño del ejército Xia, la única alternativa que quedaba era sortear la posición Tang, ya fuera cruzando el río Amarillo hacia el norte o aventurándose más al sur hacia el paso de Huanyuan. En este sentido, uno de los funcionarios civiles de Dou, Ling Jing, sugirió cambiar radicalmente de estrategia, es decir, evitar cualquier choque con Li Shimin, cruzar a la orilla norte del río Amarillo y golpear directamente el corazón Tang en Shanxi, debilitándolos y forzándolos así a desatender la empresa de Luoyang, todo ello sin que significara bajas entre los Xia. El plan fue secundado por la esposa de Dou, pero no fue aprobado por la vehemente oposición de sus generales. Aparte del menosprecio natural de los militares profesionales hacia la recomendación de alguien a quien consideraban un «general de sillón», esta negativa es también atribuida por fuentes posteriores como el Libro Nuevo de Tang a los sobornos que algunos de ellos habrían recibido de manos de agentes de Wang Shichong, en una maniobra encaminada a asegurar que el socorro de Luoyang no saliera de los planes de Dou.
Cualesquiera que fuesen los motivos reales, el historiador militar David Graff sostiene que las preocupaciones logísticas habrían jugado el papel más importante en la decisión de Dou de continuar en Banzhu, ya que el abastecimiento de su multitudinario ejército dependía por completo de su proximidad al río Amarillo y su red de canales. Por otra parte, la naturaleza heterogénea de la hueste Xia, que incluía miembros de facciones derrotadas por Dou en el pasado y cuya lealtad era dudosa, le impedía dividir su ejército y asignar destacamentos a misiones independientes.
La batalla del paso de Hulao 180px|miniaturadeimagen|Escultura de terracota de un caballero pertrechado de la dinastía Wei del Norte (386-534). La caballería era escasa en los ejércitos chinos, y jugaba un papel decisivo en las batallas. En contraste con esta estatuilla, la mayoría de los jinetes Tang estaban dotados de armadura, pero no sus caballos, a fin de darles mayor movilidad.
Transcurrido un mes, el príncipe Tang decidió forzar un enfrentamiento. Las razones de Li Shimin para este movimiento son desconocidas: Graff sugiere que «es posible que creyera que la moral de los hombres de Dou se había deteriorado, y es muy probable que no quisiera permitir al expuesto ejército Xia retirarse a la seguridad de Hebei después de que Luoyang hubiera caído», o bien que estuviera frustrado por la denodada resistencia de Luoyang. Al mismo tiempo, Li Shimin parecía evidentemente decidido a aprovechar la oportunidad que le ofrecía la situación táctica para anotarse una victoria contundente sobre Dou, que daría lugar a una rápida absorción de sus dominios por los Tang.