thumb|315px|El sello de la azulejería hispano-musulmana en la cúpula de la Iglesia de Santa Teresa y San José, obra del ceramista Daniel Zuloaga y el arquitecto Jesús Carrasco-Muñoz, entre 1915 y 1921. La azulejería urbana en Madrid está representada por el conjunto de manifestaciones decorativas y arquitectónicas que en un amplio abanico manifiestan el uso del azulejo y la cerámica en la capital de España. Con un temprano origen en los alfares de los alarifes moriscos del siglo y , incentivada por algunos arquitectos al servicio de los Austrias instalados en Madrid,Que tuvieron sus artífices en artistas como Hernando de Loaysa y Alonso de Figueroa. y tras un tímido preámbulo ilustrado en el ámbito urbano en el siglo , la azulejería madrileña tuvo su máximo apogeo en el último cuarto del siglo y primer tercio del siglo , impulsada por la ideología pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza y materializada por algunos nombres propios de ceramistas como Daniel Zuloaga, la saga talaverana de los Ruíz de Luna, y maestros menos conocidos como Enrique Guijo, Alfonso Romero Mesa y Francisco Arroyo; junto con arquitectos como Velázquez Bosco, José Espelius o Teodoro Anasagasti.

Tuvo su cúspide como proceso artístico entre 1919 y 1921 con la celebración en Madrid de la Exposición de Cerámistas Españoles en el Salón del Círculo de Bellas Artes y la participación de algunos de estos especialistas en la Exposición de Artistas Madrileños (1921). thumb|Sota de diamantes en la fachada de "El Sotanillo" de la calle Ponzano. Firmado por Alfredo Ruiz de Luna.

En la arquitectura thumb|Azulejería policroma en la Posada del Peine, en el nº 17 de la calle de Postas. El edificio fue proyectado por Antonio de Cachavera y Lángara y construido de 1857 a 1858. La actual fachada es de 1891 a 1892. Los investigadores coinciden en que el primer ejemplo notable de cerámica aplicada a la arquitectura en la ciudad de Madrid fue el Palacio Nacional de las artes y las Industrias, al que siguió en 1886 la casa palacio de Guillermo de Osma, ampliada treinta años después para albergar el Museo e Instituto Valencia de Don Juan, y otros edificios 'menores' como la casa del número 21 de la calle Juan de Mena (obra de José Marañón entre 1888-1889), el edificio de la calle Galileo, 4 (de Ángel Teresa Marquina en 1890); la casa de la calle Cenicero esquina a Almadén (1891); y el edificio en la calle de Cervantes, 6 (construido entre 1907-8 por Luis Sanz de los Terreros. Cerrando la relación puede citarse también la sede de la Real Academia Española, diseñada por Miguel Aguado de la Sierra y concluida en 1894.

Otro edificio madrileño con sello propio y original obra de cerámica, ya a comienzos del siglo fue la Sociedad General de Autores (en su origen palacete de Fernández Longoria, obra de José Grases Riera en 1902-3) que introdujo en su atrevido diseño la técnica del mosaico de azulejo, que en la arquitectura modernista catalana tomó el nombre de "trencadís" y cuya 'invención' se ha atribuido a Gaudí.

Los Zuloaga y la Real Fábrica de La Moncloa

Diversos estudios coinciden en que la nueva estética decorativa de la arquitectura madrileña del último cuarto del siglo parte de los conocimientos técnicos y artísticos del tándem formado por el arquitecto Velázquez Bosco y el ceramista Daniel Zuloaga Boneta, y culmina con el conjunto de su obra, en gran parte todavía visible en la ciudad de Madrid. El renacimiento de los recursos alfareros y su aplicación cerámica tuvo dos focos de referencia artesanal en la Real Fábrica de La Moncloa y la Escuela de Cerámica Francisco Alcántara. La primera, fue creada en 1817 como sustituto de la antigua Real Fábrica del Buen Retiro, fundada en 1760 por Carlos III de España, destruida por las tropas británicas comandadas por Wellington en el transcurso de la Guerra de la Independencia Española. Tras periodos alternativos de esplendor y decadencia, en 1874 y por iniciativa del secretario de Alfonso XII de España, el conde Morphy, los talleres de La Moncloa fueron encomendados a los hermanos Daniel y Guillermo Zuolaga, que habían realizado unos años de estudio en Sèvres. La experiencia en La Moncloa, sometida a diversos factores (políticos, económicos, sociales y familiares) apenas duró poco más de una década. thumb|400px|left|Mural oeste de la Escuela de Ingenieros de Minas, realizado por Daniel Zuloaga entre 1888 y 1892. En 1885 Daniel, ya sin Guillermo (que se había establecido en Bilbao) y con Germán enfermo, montó taller propio en el ensanche de Vallehermoso, donde es posible que realizase la decoración del Palacio de Cristal del Retiro, por encargo de Velázquez Bosco, con quien había trabajado ya en el Palacio de Velázquez, también en el Parque del Retiro madrileño.Una relación elemental de edificios con diseño y obra cerámica de Daniel Zuloaga, en Madrid, incluiría: Los palacios de Velázquez y de Cristal en el Retiro, la Escuela de Minas en Ríos Rosas, el Ministerio de fomento en el paseo Infanta Isabel, el edificio ABC en la calle Serrano y el de "Nuevo Mundo" en la calle Larra, la Compañía Colonial Madrileña en la calle Mayor 16-18, el Hospital de Jornaleros de Maudes, la casa-museo Sorolla, la Fábrica de cervezas "El Aguila", el museo de Ciencias Naturales, el edificio "Regium" en la calle Campoamor. A estos habría que añadir otros edificios ubicados en las calles García de Paredes, 45; Velázquez, 63; Jorge Juan, 2; Gran Vía, 1; Canalejas, 3; Paseo de las Acacias, 59; Juan Álvarez Mendizabal, 81; Isabel la Católica, 15; y Fortuny, 35.

Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo Frente al modelo innovador de los Zuloaga,Daniel Zuloaga, colorista innato y maestro del reflejo y los lustres, investigador de nuevas técnicas cerámicas -con muy diverso éxito-, aprendió técnicas y oficio gracias al consejo y apoyo de su padre, Eusebio Zuloaga, y su hermano Guillermo. la estética tradicional de Juan Ruiz de Luna y su alumno-socio Enrique Guijo quedaría definida por Miguel de Unamuno cuando, tras conocer al primero de ellos por mediación de Francisco Alcántara, dejó escrito en el Álbum de Nuestra Señora del Prado, la fábrica de los Luna en Talavera:

Ruiz de Luna, siguiendo una ideología más cercana al empresario que al artesano, se mantuvo fiel a los modelos tradicionales, alejándose de forma progresiva de las propuestas vanguardistas de la mayoría de los maestros de la época, hasta el punto de enfrentarse con sus colegas del ramo y dejar por escrito sentencias como está escrita en 1932: "Esta industria artística está hoy atravesando una crisis de muerte". Este espíritu quedó bien acuñado en el importante volumen de obras concebidas por Juan Ruiz de Luna en Madrid, la mayoría de ellas realizadas por sus lugartenientes, con Enrique Guijo a la cabeza. Así puede percibirse en la obra cerámica de edificios tan madrileños como la Casa de Cisneros, el edificio de Seguros la Estrella en la Gran Vía, el Teatro Reina Victoria en la Carrera de San Jerónimo, la casa-museo del pintor Joaquín Sorolla o el curioso conjunto de decoración comercial urbana de la Vaquería del Carmen (1928-9), en lo que fueron los desmontes de La Moncloa, y que acabaría convertida en un restaurante de la calle Islas Filipinas.En un catálogo elemental de edificios con diseño y obra cerámica de Juan Ruiz de Luna, en Madrid, cabe anotar los situados en las calles Piamonte, 10; Antonio de Acuña, 9; Mejía Lequerica, 8; Gran Vía 7 y 11; Doctor Velasco esquina a Alfonso XII; Alonso Cano, 39; Don Ramón de la Cruz, 14; San Bernardo, 67 y 112; Castelló, 31-33; Trafalgar esquina a la plaza de Olavide; Padilla esquina a General Díaz Porlier y O'Donell, 15.

Enrique Guijo Cordobés nacido en 1851, y mano derecha de Juan Ruiz de Luna desde 1908, con la creación de la mencionada fábrica talaverana, y director en Madrid de su sucursal en el taller y tienda de la calle Mayor, Enrique Guijo, tras la disolución de la sociedad en 1917, continuó durante unos años en el local de Mayor y en 1920 montó fábrica propia en Carabanchel, en la que trabajaron su hija Enriqueta (que luego sería profesora de la Escuela de Cerámica), su sobrino Joaquín Bustillo («dibujante y acuarelista de talento» según Aniceto García Villar), y un socio de lujo, Alfonso Romero Mesa.

Además de su obra con Ruiz de Luna, el trabajo de Guijo está presente en los zócalos del Matadero y Mercado Municipal de Ganados; en los rótulos de la Librería de Bibliófilos Españoles en la Travesía del Arenal, elaborados a la cuerda seca en un estilo renacentista y una estética culta; en la Casa de Cisneros -junto con Ruiz de Luna-; y en algunos ejemplos mayores del uso publicitario del azulejo en el comercio madrileño, como los paneles costumbristas de la casa de comidas La Mina de Oro, en el número 58 de la avenida de la Ciudad de Barcelona, o los Laboratorios Juanse en la calle de San Andrés.Otros ejemplos de la obra de Guijo en Madrid se encuentran en las calles Altamirano, 10; Princesa, 57; Roma, 50; Piamonte, 10; y diversos establecimientos con obra de azulejo clásico como la vaquería "La Tierruca" (en Monte Igueldo, 103), "La Andaluza" (en Muñoz Grandes, 2), la frutería de Espíritu Santo, 40, o la antigua huevería de San Vicente Ferrer, 28. Otro excelente trabajo -ya irrecuperable- fueron los frontones dorados de la antigua estación de metro de la Red de San Luis.

La escuela de cerámica institucionista

En el inicio del siglo , el humanista y pedagogo del entorno de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Alcántara puso en marcha el centro de enseñanza que concebido como Escuela Nacional de Cerámica acabaría con el tiempo llevando su nombre. Para ello contaría desde un principio con un veterano Daniel Zuloaga y una joven promesa, el cordobés Enrique Guijo, dos artistas que se conocieron en 1910 por mediación de Alcántara. En 1934, los talleres que inicialmente estuvieron en unos locales pertenecientes al antiguo Asilo de San Bernardino (en la calle de Fernando el Católico), fueron trasladados a los terrenos llamados de "La Tinaja", junto a la ermita de San Antonio de la Florida, y en los que estuvo también la Escuela-Fábrica de los hermanos Zuloaga.

Con el tiempo, el propio edificio, diseñado por Luis Bellido González y emplazado en el jardín diseñado por Javier de Winthuysen, dentro del parque del Oeste de Madrid, es un ejemplo más de la presencia de la decoración cerámica en el urbanismo monumental.

En la decoración comercial urbana thumb|Detalle de la azulejería de los laboratorios Juanse, centro de farmacia fundado en 1892, en la esquina de la calle San Andrés con San Vicente Ferrer, con "orlas de cuerda seca" de Enrique Guijo, y escenas con estilo decorativo de los años veinte firmadas por un tal Mardomingo.

La historiadora y especialista en alfarería y cerámica Natacha Seseña glosó en su día el valor de la narrativa de Galdós como analista y cronista de la expansión del pequeño comercio en Madrid a partir de 1880, y que en el capítulo del uso decorativo de la azulejería se extendería hasta 1930.