Chamartín de la Rosa fue una villa y municipio al norte de Madrid (España), donde hoy se encuentran los distritos de Chamartín, Tetuán y la parte norte de Ciudad Lineal, conocida como Pinar de Chamartín.

Toponimia El origen del nombre de Chamartín no se conoce con seguridad. Una de las hipótesis más conocidas es la de Chez Martín, aludiendo a una supuesta fonda regentada por un francés y situada en dicha localidad. Al hilo de esta, una etimología claramente de tipo popular afirma que, en dicha taberna, le pedían vino al dueño gritándole: «¡echa, Martín!». También se ha propuesto como explicación una corrupción de San Martín en Chan-Martín, aunque esta última hipótesis tiene la dificultad de que el patrón del pueblo, así como del actual barrio, es San Miguel.

Sabiendo que formaba parte del sexmo de Vallecas, y que aparece en la Edad Media repoblado por vascones, el cha podría venir del euskera hablado por los primeros habitantes: etxe. En este caso, vendría a significar "casa de Martín". Sin embargo, la posición defendida por Menéndez Pidal es aquella de que vendría de aita, también vasco, significando "padre/jefe/cabecilla" (en documentos medievales, aita aparece también como ecta, egga, echa, etcétera, y se extiende por varios pueblos hasta Portugal), con lo que Chamartín significaría la "aldea del capitán Martín"; hipótesis que, por otro lado, concuerda con la existencia de una torre de vigía al otro lado del Abroñigal (en la actualidad la M-30) en el barrio que hoy es llamado, precisamente, de Atalaya.

El profesor universitario Emilio Nieto Ballester, en su obra Breve diccionario de topónimos españoles (Madrid, 1997), defiende esta última postura, con la salvedad de que afirma que tanto aita como su derivado castellanizado echa, eran usados en la Edad Media como nombres comunes de personas. De este modo, nos encontraríamos con un simple antropo-topónimo, tan común en la toponimia tanto local como universal: "(la aldea o quinta del señor) Echa Martín".

Geografía left|200px|Término municipal de Chamartín de la Rosa (en rojo) con respecto al actual término municipal de Madrid Chamartín de la Rosa limitaba con varios municipios. Al norte y al oeste con Fuencarral Al sur con Madrid, linde que con el paso del tiempo fue decreciendo, desde la glorieta de Bilbao hasta la de Cuatro Caminos. Al noreste con Hortaleza Al sureste con Canillas

Historia Los orígenes medievales son oscuros y no se sabe casi nada, aunque por una de las etimologías de Chamartín (cha- podría ser aita = padre), podríamos aventurar que fuera fundada por vascones o quizá navarros en el . Aparece documentado en el como un pequeño pueblo rural situado al norte de la villa de Madrid, entre Hortaleza y Fuencarral, en el camino hacia Alcobendas, habitado por propietarios, vasallos y arrendatarios, y rodeado de fincas de recreo pertenecientes a la aristocracia madrileña. Fue ligada a Madrid a través de su fuero en 1222 en el sexmo de Vallecas, junto con otras aldeas (Canillejas, Vallecas, Vicálvaro, etc). En algún momento obtuvo el título de villa, pues aparece así recogido en las relaciones topográficas de Felipe II y el catastro de Ensenada.

En 1477, Diego Hurtado de Mendoza, III duque del Infantado, adquirió la mayor parte de las tierras anejas al pueblo de Chamartín de la Rosa, iniciando una larga etapa en la que el territorio quedaría vinculado a grandes familias nobiliarias. En 1627, Francisco de Trejo y Monroy se convirtió en señor de las Rosas y posteriormente en Marqués de las Rosas, y en 1660 Juan de Góngora, alto cargo de la Corona, compró Chamartín a Ángela de Trejo y Monroy, III marquesa de las Rosas y de la Mota de Trejo. Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, VIII duquesa del Infantado y IV duquesa consorte de Pastrana, compró los terrenos a Luisa de Góngora, viuda de Juan de Góngora, y se dedicó a sanear la hacienda y reconstruir las principales casas y edificios de la finca. Tras la muerte de la duquesa, su hijo Gregorio María de Silva y Mendoza, IX duque del Infantado y V duque de Pastrana, convirtió la finca en un lugar de descanso estival, restaurando el palacio del Infantado, conocido como el palacio viejo.

El catastro del marqués de la Ensenada de 1752 recoge que Chamartín tenía una extensión de 3000 fanegas, la mayor parte dedicadas al secano, pero con algunas huertas, pastos comunales y un bosque que para entonces ya era un descampado; que poseía una taberna, un puente que cruzaba el arroyo Abroñigal y un médico, llamado Juan Sánchez que lo era también de Fuencarral. La mayoría de la población estaba constituida por jornaleros (con 10 pobres) y había un cura.

La primera vez que entra en la Historia es durante la Guerra de Independencia, como narra Benito Pérez Galdós en uno de sus Episodios Nacionales, titulado precisamente Napoleón en Chamartín. Napoleón entró en Madrid el 6 de diciembre de 1808 y se alojó en el palacio nuevo del Duque del Infantado en Chamartín (colegio del Sagrado Corazón), del que dicen que apenas salía. Allí firmó el histórico decreto de anulación de la Inquisición y se fue el 22 de diciembre dejando en la capital a su hermano José Bonaparte como regente, con un ejército de sesenta mil hombres, que acamparon en el olivar de Chamartín. La aldea tenía en ese momento menos de 700 habitantes. A mediados del , se fijó su término municipal, que llegaba hasta lo que más tarde sería la prolongación de la calle de Alcalá. Alcanzó los 800 a comienzos del y se comunicó con la capital a través de un tranvía (subiendo por la Castellana, y sirviendo así también al barrio de Tetuán).

La mayor parte de los terrenos de Chamartín de la Rosa pertenecía a los duques del Infantado, familia que desde 1676 ostentaba también el ducado de Pastrana. Cuando ambos ducados volvieron a ser separados en 1852 por deseo de la Corona (que veía mal tantos títulos acumulados en una sola persona), las tierras chamartinenses quedaron en manos de Manuel Álvarez de Toledo Lasparre, convertido en esa fecha en el XII duque de Pastrana, y que estaba casado con Dionisia Vives y Zires, condesa de Cuba. Ambos muy religiosos y desprovistos de descendencia, decidieron donar en 1859 todo su patrimonio a la Iglesia: una parte de los terrenos, lo que era el entorno del palacio nuevo, fue a parar a manos de la congregación de Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús para la fundación de un colegio; la otra parte, la llamada quinta del Recuerdo, recayó en la Compañía de Jesús (a la que admiraban mucho los Pastrana) para la fundación del colegio Nuestra Señora del Recuerdo, conocido como «los Jesuitas de Chamartín». Mantuvieron el viejo caserón de la Casa del Infantado y los grandes jardines, que eran parte del antiguo palacio. La iglesia del colegio se inauguró en 1883. Con el paso del tiempo, el palacio viejo se fue deteriorando, hasta que en 1916 fue demolido porque ya no servía para un centro educativo. En su lugar, el arquitecto Modesto López Otero construyó en 1920 un nuevo edificio con un estilo neogótico-mudéjar, inspirado en la casa natal de San Ignacio de Loyola en Azpeitia.

Tras la muerte de Fernando VII en 1833 y durante la regencia de María Cristina, se promulgó en 1837 una ley que suprimía los señoríos jurisdiccionales, lo que afectó directamente a Chamartín de la Rosa al poner fin al dominio señorial sobre el territorio.

miniatura|Chamartín (c. 1866)

Desde 1848, el financiero francés Louis Guilhou Rives comenzó a adquirir grandes extensiones de terreno en Chamartín, creó industrias como una tahona y una fábrica de curtidos, y construyó el palacio con jardines conocido como la quinta de San Enrique, hoy propiedad de la ONCE, marcando el inicio de su transformación hacia el Madrid moderno.

En 1860 el ejército victorioso que venía de la guerra de África acampaba en las dehesas al norte de Madrid, pertenecientes a Chamartín de la Rosa, mientras se preparaba la entrada triunfal en la capital, que nunca sucedió. Alrededor del campamento, que de provisional se iba convirtiendo en permanente, se fueron instalando comerciantes y se creó el barrio de Tetuán de las Victorias.

En Chamartín vivió Ramón Menéndez Pidal, que se interesó por la historia local; su casa se mantiene en el olivar. También Elena Fortún tuvo aquí su casa, adquirida con el éxito de ventas de la saga infantil del personaje Celia, llamada Los Álamos. Esta casa tiene una importante presencia en el libro Celia en la Revolución (1943, publicado por primera vez en 1987).

A comienzos del , Chamartín de la Rosa creció muy deprisa por la llegada de inmigrantes y la creación de barrios muy pobres y sin higiene. Para solucionar ese problema, el Estado aprobó la Ley de Casas Baratas (1911), que fijaba unas condiciones mínimas de salubridad y ayudaba a construir viviendas obreras con subvenciones y ventajas fiscales. Como esa ley no permitía regalar terrenos, funcionó mal, y fue sustituida por otra en 1921, que sí cedía parcelas, daba préstamos públicos y ampliaba las ayudas. En 1925 se volvió a cambiar la ley: se sustituyeron los préstamos por primas a la construcción. Primero se favoreció a cooperativas y sociedades benéficas, pero al no dar resultado, se permitió intervenir a empresas privadas, que muchas veces construyeron buscando solo beneficio y sin respetar las normas. Hubo debate sobre si las viviendas debían ser pisos o casas individuales, y finalmente se eligió el modelo de casas unifamiliares en pequeños conjuntos, llamadas colonias, que se extendieron mucho por Chamartín. Una de las más importantes fue la Colonia Socialista, impulsada por el Instituto de Reformas Sociales, con participación de dirigentes obreros como Pablo Iglesias y Jaime Vera. Se construyó entre 1919 y 1928 mediante una cooperativa de 116 trabajadores vinculados a la Casa del Pueblo, que compraron solares baratos detrás de la actual avenida de Alfonso XIII. Las casas costaban entre 12 000 y 19 000 pesetas, pagadas a plazos mensuales. El primer grupo de 21 viviendas se terminó en 1921. Gracias a un decreto de Primo de Rivera (1924), que protegía las casas baratas para militares y funcionarios, la cooperativa pudo levantar 87 viviendas más, completando la colonia. Estaba bien comunicada por tranvía, pero tras la guerra civil española, el 11 de octubre de 1939, el Estado disolvió la cooperativa y se quedó con todas sus propiedades.

La plaza de toros de Tetuán de las Victorias empezó a construirse en 1870, pero el asesinato de su propietario hizo que las obras quedaran paralizadas y que el recinto se usara durante años como corral para el ganado que iba camino del matadero de Madrid. Finalmente, la plaza se inauguró oficialmente en 1900. Al principio tenía capacidad para 7000 personas, que después se amplió hasta 9000 con varias reformas. Durante la guerra civil quedó totalmente destruida y desapareció.

En 1917 estalló una gran huelga general en toda España contra el sistema político de la Restauración y por el alto precio de los alimentos. En Chamartín de la Rosa hubo enfrentamientos violentos entre vecinos y autoridades, porque el ejército reprimió la protesta con dureza. Esta crisis marcó el inicio del fin del sistema político de la Restauración.

A partir de entonces, la zona empezó a crecer rápidamente. En 1919 se inauguró la línea de metro de Madrid Sol-Cuatro Caminos, que diez años después se amplió hasta Tetuán, lo que impulsó mucho el desarrollo del barrio y su integración en Madrid. En los años veinte se construyeron edificios emblemáticos como Los Titanic en Cuatro Caminos, la glorieta dejó de ser un suburbio, aparecieron merenderos alrededor de la plaza de toros de Tetuán y del estadio Metropolitano, y se trazaron calles en Tetuán con nombres relacionados con la guerra de África.