miniaturadeimagen|Pintura bengalí: Mujer golpeando a un hombre con la escoba (1875). La violencia doméstica contra el varón o violencia intrafamiliar contra los hombres es un concepto utilizado para referirse a la violencia ejercida en el terreno de la convivencia familiar o asimilada por parte de la pareja del varón; comprende todos aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física, hasta el hostigamiento, acoso psicológico o la intimidación.

Los hombres que denuncian la violencia doméstica pueden enfrentarse a la estigmatización social por su percepción de falta de ser macho y otras denigraciones de su masculinidad. Además, la violencia de pareja (VPI) contra los hombres es generalmente menos reconocida por la sociedad que la VPI contra las mujeres, lo que puede actuar como un bloqueo adicional para que los hombres denuncien su situación.

Si bien la prevalencia de la VPI contra los hombres con respecto a la de las mujeres es muy controvertida, en 4 de 5 tipos de estudios se reportó que, cuando la violencia es unidireccional, las mujeres agreden más; los hombres tienen menos probabilidades que las mujeres de denunciar la violencia doméstica a la policía. Tanto para los hombres como para las mujeres, la violencia doméstica es uno de los delitos menos denunciados en todo el mundo.

El IPV contra hombres es un área de investigación controvertida, con términos como la «simetría de género», el «síndrome del marido maltratado» y el «VPI bidireccional» que provocan un gran debate. Algunos académicos han argumentado que quienes se centran en la violencia perpetrada por mujeres forman parte de una reacción antifeminista e intentan socavar el problema de los malos tratos perpetrados por hombres defendiendo la causa del hombre por encima de la causa de la mujer maltratada. Otros acádemicos argumentan que la VPI contra los hombres es un problema importante y que no se denuncia, que los investigadores de la violencia doméstica y algunas académicas feministas han ignorado para proteger los logros fundamentales respecto a la visibilidad de las mujeres maltratadas, concretamente la opinión de que el maltrato de la pareja es una extensión de la «dominación patriarcal». Una de las herramientas utilizadas para generar estadísticas sobre la perpetración de la VPI, la escala de tácticas de conflicto, es especialmente polémica.

Incidencia Debido a la reticencia por parte de los varones a hacer pública su situación o participar en estudios de campo, el alcance de esta problemática se torna difícil de evaluar, aunque diversas investigaciones indican que dentro de los distintos actos de violencia perpetrados contra estos se pueden encontrar: violencia sexual indirecta, como la ridiculización, acusaciones sin fundamento o ataques cuando no está en condiciones de responder sexualmente, violencia verbal, violencia física, violencia psicológica, entre otras.

Por otro lado, muchos hombres abusivos adoptan fácilmente una identidad de víctima. Por ejemplo, O. J. Simpson a menudo se refería a sí mismo como un «marido maltratado». En casos como este, reportar la victimización de IPV puede llevar a exponerse a sí mismos como abusadores. Las víctimas masculinas pueden temer a las personas asumiendo que la mujer es la verdadera víctima, y deben haber estado actuando en defensa propia o tomando represalias por el abuso.

Algunos investigadores sugieren que las estadísticas de violencia contra los hombres son poco concluyentes o contradictorias mientras que otros señalan que se producen ataques femeninos contra el hombre en igual medida que contra las mujeres; luego, los registros policiales y judiciales indican que el porcentaje de violencia masculina contra la mujer es significativamente superior, aunque puede deberse a la mencionada ausencia de denuncias y casos observables. La mayor revisión de estudios realizada hasta la fecha (con 1700 artículos científicos incluidos) indica una prevalencia comparable entre ambos sexos. Concretamente, las mujeres tienden a sufrir violencia de pareja en un porcentaje ligeramente superior (23,1% mujeres vs 19,3% hombres). Sin embargo, las mujeres también tienen tendencia a ejercerla con mayor frecuencia (28,3% mujeres vs 21,6% hombres). Además, los autores de la revisión revelan una menor tasa de victimización en varones cuando se les pide una respuesta libre a si han sufrido algún tipo de violencia, respecto a si se les pregunta por violencias concretas. En otras palabras, puede estar dándose el caso donde los varones, ante la misma situación vivida, tienen menor probabilidad de identificarla como violencia y buscar ayuda.

En este contexto, varios estudios realizados principalmente en Estados Unidos muestran una prevalencia que oscila entre de 0,2 a 1,4 por mil hombres, o que en 2005 aproximadamente un 19,1% de los varones casados son víctimas —donde se incluyen 8,3 puntos porcentuales correspondientes a violencia doméstica cruzada— y 16,9% de los varones en relaciones no maritales son víctimas —donde se incluyen 8,1 puntos porcentuales correspondientes a violencia cruzada—; en 2010, de acuerdo a la National Crime Victimization Survey del total de víctimas de violencia de pareja un 19,9% fueron varones; comparado con los datos de la National Crime Victimization Survey en 1977, donde sólo 3% de los actos de violencia dentro de la pareja implicaban actos perpetrados por mujeres y 97% a los varones, se observaría un crecimiento significativo en los reportes de prevalencia. Respecto a los asesinatos perpetrados por mujeres entre 1976 y 1987 en dicho país, se estima que un 31,4% fueron realizados contra su pareja o expareja —aunque aquí debiera incluirse el porcentaje de asesinatos provocados en la llamada «legítima defensa», en los cuales generalmente suelen haber casos de violencia contra la mujer—.

De acuerdo a los resultados de un estudio en Australia en 2005, el 0,9% de los encuestados varones habría recibido violencia de su pareja actual —versus 2,1% de las mujeres encuestadas—, mientras que un 4,9% adujo haberla recibido de sus exparejas —versus 15% de las encuestadas—. Otro estudio del mismo país que se realizó en 1999 estimó que 12,1% de los hombres reportó abuso físico o emocional por parte de su actual o expareja.Una campaña privada que se realizó en Australia puede consultarse on-line publicado bajo el título *

Este porcentaje de violencia femenina puede ser mayor que la ejercida por los hombres, como en Finlandia, donde una cuarta parte de los varones jóvenes ha declarado haber sido agredido por su pareja femenina.Villar Mir, Carmen (26/08/2009). Una cuarta parte de los jóvenes finlandeses ha sido agredido por su novia, "ABC".

Para el caso de parejas homosexuales, en una encuesta realizada en Inglaterra se observó que al menos el 35,2% de los sujetos sondeados indicaba haber experimentado violencia por parte de su pareja.

Violencia de pareja General La violencia de pareja que se ejerce contra los varones es generalmente menos reconocida por la sociedad que aquella donde las mujeres son las víctimas, lo que puede actuar como un ulterior bloqueo para que los hombres reporten su situación. Se requiere suscripción En parejas en las cuales la violencia no es recíproca, el 71% de las agresiones violentas provienen de la mujer. Se ha dado incluso que mujeres periodistas o cantantes han golpeado a sus parejas varones.

La prevalencia y frecuencia ha generado innumerables debates, con diferentes estudios que arriban a conclusiones distintas para diferentes naciones, y muchos países que carecen totalmente de datos. Algunos investigadores creen que el número real de víctimas masculinas probablemente sea mayor de lo que las fuerzas policiales sugieren, debido al alto número de hombres que no reportan estos abusos.

Violencia en relaciones heterosexuales miniaturadeimagen|derecha|"Mujer golpeando a su marido"; grabado del de Alberto Durero. Desde esta perspectiva y, en el marco de parejas heterosexuales, la violencia femenina sería socialmente menos reconocida que la masculina, y en ciertos casos, negada por los varones quienes no aceptan que son víctimas. Las mujeres por lo general utilizarían formas indirectas para expresarla y se sugiere que muchas veces cuando éstas han sido violentas, lo son con justificación por haber sido previamente víctimas; de esta idea nace el concepto de «agresor primario», que relaciona la actitud violenta de la mujer con la existencia ex ante de antecedentes como víctima. Sin embargo, también podrían encontrarse aquellas causales explicativas clásicas de la violencia, tales como el haber experimentado este problema durante la niñez y adolescencia, la edad, bajo nivel educacional y consumo de sustancias ilícitas.

Para algunos autores, el varón no denuncia a su pareja cuando es agredido porque la ideología sexista predominante influye en el sentido de que sienten «orgullo de hombre» y tienen «temor al ridículo». Dentro del contexto sociocultural del estereotipo de masculinidad, es frecuente que algunas de las víctimas encubran o disimulen el estar sufriendo este problema por temor a ser juzgados negativamente por el resto de la sociedad, por la policía —en el caso de la denuncia— o por cualquier tipo de autoridad encargada de acoger este tipo de atropellos. En algunos hombres, este comportamiento evasivo podría estar justificado por el temor a sentirse ridiculizados por sus amistades o compañeros de trabajo, o simplemente por retraimiento ante sus semejantes, mientras que vistos por las mujeres, al contrario, suelen asociar al hombre en algunos casos como unas verdadera víctima, necesitada de ayuda y relativamente «buena persona» al abandonar el machismo y actuar de manera sumisa ante la violencia que sufren.

Violencia en relaciones de parejas del mismo sexo Para el caso de la violencia doméstica que se observaría en este grupo, su estudio y análisis de prevalencia es de reciente data, toda vez que la concepción inicial de este tipo de violencia no incluía aquella que podía ocurrir en relaciones afectivas entre personas del mismo sexo; aquí, se observaría una actitud similar al del concepto de «agresor primario», aunque dentro de una lógica errada de «combate mutuo» ante situaciones de violencia de una de las partes hacia la otra.

Este grupo poblacional tendría mayor probabilidad de experimentar violencia de pareja versus la que tendrían los hombres heterosexuales, manifestándose esta de manera verbal, física y sexual; tal flagelo se vería alimentado también por la «heteronormatividad» —y la homofobia—, ya sea esta a nivel familiar —debido a la permanencia «en el armario» y la imposibilidad de salir de él—, laboral o sociocultural, lo que impediría aún más la apertura a hablar del tema o hacerlo saber a estas escalas sociales y, por lo tanto, dificultaría o imposibilitaría la denuncia. Por otro lado, aquellos que se catalogan como bisexuales experimentarían mayores tasas de victimización y mayor probabilidad de ser violentado por una pareja de sexo opuesto por las mismas razones.

Críticas Muchos críticos han rechazado la investigación citada por activistas de los derechos de los hombres y disputan sus afirmaciones de que tal violencia es «simétrica de género»,Miller, Susan L.; Lilley, Terry G. (2008), "Female perpetrators of intimate partner violence", in argumentando que el enfoque de los activistas por los derechos de los hombres sobre la violencia de las mujeres contra los hombres se deriva de una «agenda política antimujeres» para minimizar el problema de la violencia sufrida por la mujer a manos del hombre y para «socavar los servicios a las mujeres maltratadas». Pdf.