thumb|300px|Proporción de la población judía en África. La historia de los judíos en África se centra en las tres principales comunidades judías del continente africano: Los judíos sefardíes y mizrajíes que viven principalmente en la zona del Magreb (norte de África), entre ellos Marruecos, Argelia, Libia y Túnez, así como en Sudán y Egipto. Algunos se establecieron tempranamente en la diáspora; otros, después de que la Inquisición los expulsara de la península ibérica hacia finales del siglo . Los judíos de Sudáfrica, que son en su mayoría descendientes de judíos asquenazíes, inmigrantes lituanos de antes y después del Holocausto. Los Beta Israel que viven principalmente en las regiones de Amhara y Tigray de Etiopía. La historia de la aparición, aparentemente reciente, de algunas poblaciones igbo de Nigeria que se sienten judías y afirman ser una tribu perdida de Israel, descendientes de Gad, hijo de Jacob, pero que habrían surgido, según detractores igbo y de la comunidad judía israelita, en medio de los traumas de la Guerra de Biafra (1967-1970), en la que los igbo fueron avasallados por el gobierno central nigeriano. La identidad judía de estos igbo, según los críticos, se habría visto reafirmada por cierto paralelismo en las prácticas étnicas de ambos grupos, como la circuncisión masculina entre otras. Esta comunidad aspira ser reconocida como judíos tradicionales, con una creencia transmitida inmemorialmente, por lo que no aceptan ser integrados como nuevos conversos.
Comunidades antiguas Las más antiguas de las comunidades de judíos africanos son los judíos de Etiopía, los judíos sefardíes y los judíos mizrajíes del norte de África y el Cuerno de África.
En el lucharon contra los invasores árabes musulmanes del norte de África entre las décadas de 680 y 690 junto a la tribu jarawa. Con la derrota de la resistencia bereber, ninguna de las comunidades judías se vio obligada, inicialmente, a convertirse al islam.Hirschberg, Haim Z. "The Problem of the Judaized Berbers," Journal of African History 4, no. 3 (1963): 317.Ausbel, Nathan. Pictorial History of the Jewish People. New York: Crown, 1953. 225–227.
Etiopía En 1975, las autoridades religiosas de Israel y el Gobierno reconocieron a los Beta Israel de Etiopía como legalmente judíos. Cientos de personas que querían emigrar a Israel lo lograron bajo el liderazgo del primer ministro Menachem Begin. La inmigración a Israel continuó siendo significativa aún en el siglo . Begin obtuvo una resolución oficial del gran rabino sefardí de Israel (o Rishon LeZion) Ovadia Yosef de que los Beta Israel eran descendientes de las diez tribus perdidas. Los rabinos creían que, probablemente, eran descendientes de la tribu de Dan.
Debido a ciertos aspectos de las leyes matrimoniales ortodoxas judías, el rabino Yosef dictaminó que, a su llegada a Israel, los Beta Israel tendrían que someterse a una conversión pro forma al judaísmo. Tenían que declarar su lealtad a una forma de vida halájica y al pueblo judío, además de su conformidad con las prácticas seguidas por la ortodoxia judía. No se les exigieron los requisitos normales que la halajá impone a potenciales conversos gentiles, como un brit milá o la inmersión en una mikve.
Con el tiempo, debido al aislamiento de la comunidad de Europa y Medio Oriente, las prácticas de los Beta Israel se diferenciaron significativamente de las de otras formas de judaísmo. En Etiopía, la comunidad Beta Israel vivía en general aislada del Talmud, aunque tenían su propia ley oral. En algunos casos, tenían prácticas análogas a las del judaísmo caraíta y, en otros, más similares al judaísmo rabínico.
En muchos casos, la clase conocida como kessim o qessotch (la clase sacerdotal) interpretó la ley bíblica del Tanaj de una manera similar a diferentes comunidades judías en otras partes del mundo. En ese sentido, el Beta Israel tuvo una tradición análoga a la del Talmud, aunque a veces en desacuerdo con las prácticas y enseñanzas de otras comunidades judías.
Una diferencia importante es que la Beta Israel carecía de las festividades de Purim y Janucá, probablemente debido a que se separaron del cuerpo principal del judaísmo antes de que estas fiestas no bíblicas comenzaran a celebrarse. Hoy en día, la mayoría de los miembros de la comunidad Beta Israel que viven en Israel celebran estos días festivos.
Son una comunidad en transición. Algunos de los kessim aceptan la tradición rabínica/talmúdica practicada por los judíos ortodoxos no etíopes. Muchas de las generaciones nuevas de etíopes-israelíes fueron educados en yeshivás y recibieron la ordenación rabínica (semikha). Una parte de los kessim tradicionalistas insisten en mantener su forma distinta y especial del judaísmo, como había sido practicada en Etiopía y Eritrea. Muchos de los jóvenes judíos de Etiopía que han inmigrado o nacido en Israel se han asimilado a la forma dominante del judaísmo ortodoxo, o al estilo de vida secular.
La comunidad de Beit Avraham de Etiopía tiene unos miembros y también reclama la herencia judía. Varios estudiosos piensan que se desprendieron de la comunidad Beta Israel hace varios siglos, escondieron sus costumbres judías y exteriormente adoptaron el cristianismo ortodoxo etíope.
Los Beit Avraham han estado tradicionalmente en los rangos inferiores de la vida social de Etiopía. Han trabajado en oficios similares a los de la Beta Israel, como la artesanía. Recientemente, la comunidad de Beit Avraham ha tratado de contactar con la comunidad judía mundial. Formaron la Organización Sionista Etíope Shewa del Norte en un intento de preservar su identidad judía. Este grupo se identifica como el Falashmura. Como no tienen pruebas fiables de su ascendencia judía, las autoridades religiosas de Israel y otras comunidades judías religiosas los obligan a completar una conversión formal para ser reconocidos como judíos. Los que lo hacen son considerados conversos.
Somalia Yibir es una tribu que vive en Somalia, el este de Etiopía, Yibuti y el norte de Kenia. A pesar de que han sido musulmanes durante siglos, afirman que son descendientes de hebreos que llegaron al Cuerno de África mucho antes que los nómadas somalíes. Dicen que yibir significa 'hebreo' en su idioma.
Bilad el-Sudan Hoy en día se puede encontrar a los descendientes de estos judíos en los países de África occidental, como Sierra Leona, Liberia, Senegal, Ghana, Nigeria y muchas otras áreas. De acuerdo con el Tarikh al-fattash del siglo y el Tarikh al-Sudan, varias comunidades judías existieron como parte de los imperios de Ghana, Malí y Songhai. Una de estas comunidades fue formada por un grupo de judíos de Egipto, que, supuestamente, viajó por el corredor del Sahel a través de Chad en Malí. El manuscrito C del Tarikh al-fattash describe una comunidad llamada los Bani Israel en 1402, que vivía en Tindirma, poseía 333 pozos y tenía siete príncipes y un ejército.
Otra de estas comunidades era la del gobernante Zuwa de Koukiya (ubicada en el río Níger). Su nombre era conocido solo como Zuwa Alyaman, que significa 'Él viene de Yemen'. Según una leyenda local, Zuwa Alyaman era miembro de una de las comunidades judías, transportado desde Yemen por los abisinios en el siglo , tras la derrota de Dhu Nuwas. Se decía que Zuwa Alyaman había viajado a África occidental junto con su hermano. Ellos establecieron una comunidad en Kukiya, en las orillas del río Níger, río abajo de Gao. Según el Tarikh al-Sudan, después de Zuwa Alyaman hubo 14 gobernantes Zuwa en Gao antes del surgimiento del islam en la segunda mitad del siglo .
Otras fuentes indicaron que otras comunidades judías en la región se desarrollaron a partir de personas que emigraron desde Marruecos y Egipto; otros más tarde vinieron de Portugal. Se dice que algunas comunidades han sido pobladas por algunos judíos bereberes, como un grupo tuareg conocido como Dawsahak o Iddao Ishaak ('hijos de Isaac'). Hablan una lengua relacionada con la songhai, viven en el noreste de Malí (en la región de Ménaka) y antiguamente eran los pastores de los nobles tuareg. Además, algunos emigraron a la zona del norte de África, lejos de la dominación musulmana.
Llegadas medievales Norte de África y el Magreb
Durante el , las persecuciones y expulsiones provocaron la dispersión de numerosas comunidades judías de al-Ándalus hacia los reinos cristianos de la península ibérica y hacia el norte de África. Un ejemplo destacado fue Maimónides, nacido en Córdoba, cuya familia abandonó al-Ándalus durante la expansión almohade y terminó estableciéndose en Egipto. A finales del tuvo lugar una nueva y decisiva expulsión. En 1492, los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos que no aceptaran convertirse al cristianismo, lo que provocó la salida de decenas de miles de personas. La medida se extendió posteriormente a otros territorios de la monarquía hispánica, entre ellos el reino de Sicilia, donde las comunidades judías fueron expulsadas en 1492-1493.
Muchos de los judíos expulsados, conocidos posteriormente como sefardíes, se establecieron en el norte de África y en territorios del Imperio otomano, donde fundaron o reforzaron comunidades en ciudades como Salónica, Constantinopla, Esmirna, Sarajevo y otras localidades mediterráneas. En el norte de África, las comunidades sefardíes se asentaron especialmente en Marruecos, Argelia, Túnez y Egipto, donde convivieron con comunidades judías que ya existían en la región desde la Antigüedad y la Edad Media.
En los territorios sometidos al Imperio otomano, los judíos constituían una comunidad religiosa reconocida dentro del sistema conocido como millet. Este sistema permitía a determinadas comunidades religiosas no musulmanas administrar algunos asuntos internos —como el culto, la educación, el matrimonio y determinadas cuestiones jurídicas— a través de sus propias autoridades, aunque permanecían sometidas al poder del sultán y carecían de la igualdad jurídica propia de los ciudadanos de los Estados modernos. Los judíos del Imperio otomano no formaban, por tanto, un grupo étnico homogéneo ni puede hablarse propiamente de «judíos otomanos africanizados»: coexistían comunidades sefardíes procedentes de la península ibérica con comunidades judías autóctonas de distintas regiones.
Tampoco es correcto afirmar que estuvieran «obligados por las leyes del Talmud y la Torá». Estas obras constituyen textos fundamentales de la tradición religiosa judía, pero su observancia pertenecía al ámbito de la ley y la vida religiosa de la propia comunidad, no a una imposición de las autoridades otomanas. Del mismo modo, la relación política de los judíos con el Imperio otomano no puede describirse simplemente como una «lealtad al califato de Constantinopla». Lo más preciso es señalar que las comunidades judías reconocían la autoridad política del sultán otomano, al tiempo que conservaban importantes instituciones religiosas y comunitarias propias.
Así, entre los siglos y se desarrolló una extensa red de comunidades judías sefardíes en el Mediterráneo y el norte de África. Estas comunidades conservaron elementos de la tradición hispánica, entre ellos el judeoespañol o ladino, y desempeñaron un importante papel en la vida comercial, cultural y religiosa de numerosas ciudades del mundo otomano.
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