Teoría de la novela [Die theorie des romans] fue publicada por Georg Lukács en 1920. El primer manuscrito fue escrito el verano de 1914 y la versión final en el invierno de 1914-1915. Publicada por primera vez en 1916 en Zeitschrift fur Aesthetik und Allgemeine Kunstwissenschaft de Max Dessoir, después Paul Cassirer lo publicaría en forma de libro en 1920 en Berlín. Subtitulado como “ensayo histórico filosófico sobre las formas de la gran literatura épica", lo que busca es hacer un análisis hegeliano de las categorías estéticas y literarias, y la forma en que la novela se constituyó como modelo hegemónico en las sociedades actuales.

Historia del texto y ediciones Teoría de la novela fue realizada por Georg Lukács en 1920 y editada por Paul Cassirer en Berlín. Había sido publicado anteriormente en la revista Zeitschrift fur Aesthetik und Allgemeine Kunstwissenschaft de Max Dessoir en 1916. Lukács escribió el primer manuscrito en el verano de 1914 y la versión final en el invierno de 1914-1915. Fue su tercer libro después de El alma y las formas (1911) e Historia evolutiva del drama moderno (1912), no tomamos en consideración su texto La forma dramática (1909) pues integra la primera parte de Historia evolutiva. En español existen varias ediciones, la más conocida es la realizada a cargo de Manuel Sacristán por la editorial Grijalbo en 1985, Teoría de la novela se encuentra en el primer volumen junto con El alma y las formas. Existe una edición anterior hecha por Juan José Sebreli en 1966 en Buenos Aires. Otra edición más reciente es la de Ediciones Godot Argentina publicada en 2010 y con traducción de Micaela Ortelli.

Corriente teórica El mismo autor indica en uno de los prólogos a Teoría de la novela en 1962 (42 años después de la publicación del texto) que durante la realización de este trabajo se encontraba en un cambio de ideología, dejaba las ideas de Kant para entrar al idealismo hegeliano. Sin embargo, seguía usando como marco teórico a las “ciencias del espíritu” de Dilthey:

El método o moda del que habla Lukács consistía en elaborar generalizaciones a partir de características de un período o ámbito en específico, para luego proceder por deducción al análisis del fenómeno individual, para así comprenderlo en su extensión. De esta manera Teoría de la novela es un representante típico de las “ciencias del espíritu”. Su innovación se encuentra en ser uno de los primeros textos de esta escuela en tomar elementos hegelianos, ya no kantianos ni cerca del positivismo, para estudiar el arte y la literatura. La primera parte del libro está determinada por principios hegelianos, por ejemplo, la comparación entre los modos de totalidad en la épica y el drama, la idea histórico-filosófica sobre lo que la novela y la epopeya poseen en común y los diferencia, etc. También retoma ideas de Goethe, Schiller y Solger.Gyorgy Lukács. “Prólogo” en Teoría de la novela. Buenos Aires, Ediciones Godot, 2010. Pág. 7. Años después el mismo autor diría que su obra “no llegó tan lejos” y que “permaneció en el nivel de mero intento que fracasó tanto en diseño como en ejecución, pero aun así estuvo más cerca que otros estudios contemporáneos de alcanzar una solución verdadera”.Ibidem. Pág. 11-12. Para Karl Mannheim el libro de Lukács plantea un intento de interpretar un fenómeno estético, el de la novela, desde la filosofía de la historia.Karl Mannheim. “A review of the Theory of the Novel by Georg Lukács” en Revista Colombiana de Sociología. Núm 33, 2. Julio-Diciembre, 2010. Pág. 123.

Capítulos

Civilizaciones integradas Georg Lukács plantea en este capítulo una división social: sociedades cerradas y abiertas, en las primeras encontramos que no hay una escisión entre el ser y el mundo, el adentro y el afuera, no hay distinción entre el alma y la figura o acción. Son sociedades meramente homogéneas, lo cual permite que la naturaleza sea cerrada y se derive una secuencia de totalidad; es decir, hablamos del mundo de la absoluta inmanencia.Gyorgy Lukács. Teoría de la novela. Buenos Aires, Ediciones Godot, 2010. Pág. 22-23 Por el otro lado tenemos a las sociedades abiertas las cuales sí tienen una clara distinción entre el afuera y el adentro, se les denomina sociedades trascendentes. Un común denominador entre este tipo de sociedades es la relación del hombre con la naturaleza: en las sociedades cerradas el hombre está subordinado a la naturaleza, en las abiertas el hombre se vuelve sujeto y las controla. miniaturadeimagen Un claro ejemplo de sociedad cerrada es la primera etapa de la Grecia antigua, la Grecia de Homero, es aquí donde nace la épica, la cual busca resolver la pregunta: ¿Cómo puede la vida volverse esencial?Ibidem.Pág. 26. Cuestión contraria a otra etapa de la Grecia antigua, la del mundo de la tragedia, en ésta se perfila el nacimiento de la esencia, acto configurador de la filosofía que devela a destino trágico como la cruel arbitrariedad de lo empírico. Este héroe será transfigurado en una de las últimas etapas del mundo helénico, la de la trascendencia platónica, aquí el héroe o sabio deja de ser trágico y total, se transforma con su gran actividad cognitiva y visión creativa, es decir, pasamos del héroe épico, al trágico y al héroe cognitivo. Para Lukács la totalidad es la condición para que surja la literatura épica, una vez que se rompe este vínculo entre la esencia y el hombre este género se va desarticulando, solo hay casos específicos donde el mundo se completa nuevamente, donde se recupera la totalidad: Giotto y Dante, en Wolfram von Eschenbach y Pisano, en Santo Tomás y San Francisco; con estos autores la estética ha vuelto a ser metafísica por última vez.Ibidem. Pág. 29 y 30.

Los problemas de la filosofía de una historia de las formas La transformación de un mundo inmanente en uno trascendente condujo al sometimiento de las formas de arte a una dialéctica histórica. Después de la épica, los géneros artísticos se cruzarán unos con otros, la suma de ellos es solo una totalidad histórica de lo empírico y de las condiciones empíricas en las que nació cada forma. Así, el sentido histórico – filosófico de la periodicidad ya no se hallará en las formas simbólicas – artísticas. Pero mientras la perturbación de las relaciones trascendentales hace desaparecer la inmanencia, así la esencia escindida puede empalidecer pero nunca desaparecer por completo. Por eso, la tragedia, a pesar de sus transformaciones, ha sobrevivido hasta nuestros días con su esencia intacta, mientras que la épica debió desaparecer y dar lugar a una forma enteramente nueva: la novela.bidem. Pág. 32-33.

La relación de la esencia puede ser de dos tipos, una esencia cercana a la vida, donde encontramos a la plenitud como una forma de aproximación y a la transparencia, el otro tipo es la forma abstracta de la esencia, alejada de la vida. Esto hace necesario la dualidad estilística de la tragedia moderna, cuyos polos modernos son Shakespeare y Alfieri. A diferencia de estos autores, los griegos nunca entraron en el dilema de la esencia, por ello, el coro griego otorga vida y plenitud a la esencia situada por fuera y más allá de toda vida, esto es, de forma interna y externa. El coro y corifero en la tragedia griega poseen la misma esencia, son completamente homogéneos, por eso pueden cumplir funciones por separado sin destruir la estructura de la obra.Ibidem. Pág. 34-35 200px|izquierda

La vida no se encuentra ausente del drama moderno, puede ser desterrada como lo hacen los clasicistas, lo cual implica un reconocimiento, no solo de la existencia de lo desterrado sino de su poder. Este tipo de tragedia consume la vida. Ubica a sus héroes sobre el escenario como hombres vivos en medio de un mundo aparentemente vital. De esta manera, la figura del héroe se vuelve polémica y problemática; ser un héroe ya no es la forma natural de la existencia en la esfera de la esencia, sino el acto de enaltecerse por sobre lo meramente humano, ya por sobre la masa que los rodea, como por sobre sus propios instintos.Loc. cit.

En el drama griego las figuras se encuentran a la misma distancia de la esencia, están en el mismo nivel y tiene los mismos deseos: formar una unidad. A diferencia del drama moderno donde la jerarquía es una condición de su existencia, el dramatis personae está sujeto al destino y a su resultado último, la soledad trágica. Así, uno de los problemas de la tragedia moderna es el de la confianza, las figuras confían que esa jerarquía desaparecerá y se fundirán todos con la unidad, pero esto no pasa. La soledad dramática y psicológica constituye la experiencia de vida del hombre en proceso de convertirse en héroe. Podemos separar al héroe según su relación con la esencia, el héroe inmanente o épico es un yo empírico dominado por el deber ser, esto mata la vida y cancela la muerte del héroe, este debe vivir. El drama, más alejado de la vida, muestra el yo inteligible del hombre el cual asume los atributos simbólicos de la vida, por ejemplo, una ceremonia simbólica, la muerte.Ibidem. 38 - 41.

La épica conforma una visión utópica que se ayuda del efecto lírico, lo elegíaco y la grandeza de las acciones para consolidarse. El drama no busca la grandeza de los temas, ignora el contraste entre la totalidad y la segmentación; busca existir, es decir, constituir un universo y capturar su esencia, poseer la totalidad empírica y metafísica, pues combina la trascendencia y la inmanencia.Ibidem. Pág. 42.

La epopeya y la novela La epopeya y la novela no están diferenciadas por sus intenciones fundamentales sino en sus realidades histórico – filosóficas. Como indica Lukács: “La novela es la epopeya de una época en que la totalidad extensiva de la vida no está determinada, en que la inmanencia del sentido tampoco está directamente determinada, pero que aún busca la totalidad.” (p 44). De esta forma, uno de los constituyentes de la tragedia y la épica es el verso trágico, el cual es según Lukács, duro, contundente, aísla y crea distancia para abrigar a los héroes en las profundidades de su soledad. El verso épico también crea distancia pero genera felicidad y ligereza, transforma el tiempo en un nivel de existencia; la armonía establecida presupone que este tipo de verso debe cantar a la totalidad sagrada de la vida. La ligereza es una característica de la gran literatura épica, es solo una forma de utopía, fuerza creadora de la realidad y privadora de su totalidad. Cuando esa ligereza ya no es concedida, el verso es desterrado de la épica, o se transforma en verso lírico. De esta forma solo la prosa puede incluir el sufrimiento y el éxito, solo su flexibilidad y su rigidez no rítmica pueden abrazar la pesadez y la ligereza. miniaturadeimagen