La traducción literaria es la traducción de textos que tienen la consideración de obras literarias (novelas, cuentos cortos, obras de teatro, poemas, etcétera). El texto debe tener en la lengua a la que es traducido las características de un texto literario. Por ello la traducción de obras literarias, ya sean prosa, poesía, etcétera, se considera una actividad literaria en sí misma. Igualmente la labor de los traductores es inequívocamente una actividad literaria. Son muchos los traductores que han alcanzado reconocimiento por la calidad literaria de sus traducciones.
También es frecuente el caso de escritores que se han hecho un nombre como traductores. La lista incluye a creadores literarios como Charles Baudelaire, Vasili Zhukovski, Tadeusz Boy-Żeleński, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, César Aira, Javier Marías y Haruki Murakami.
Historia La primera traducción importante en Occidente fue la de la Septuaginta, una colección de escrituras judías traducidas a la koiné temprana en Alejandría entre los siglos III y I a. C. Los judíos dispersados habían olvidado su idioma ancestral y necesitaban de versiones griegas (traducciones) para entender sus escrituras.J.M. Cohen, "Translation", Encyclopedia Americana, 1986, vol. 27, p. 12.
A lo largo de la Edad Media, el latín era la lingua franca, o lengua vehicular, del Occidente conocido. Durante el , Alfredo el Grande, rey de Wessex, Inglaterra, se avanzó a su tiempo al encargar traducciones en anglosajón vernáculo de la Historia eclesiástica de Beda y de la Consolación de la filosofía de Boecio. Mientras tanto, la Iglesia católica rechazó incluso las adaptaciones parciales de la Biblia Vulgata de San Jerónimo del 384 d. C. aproximadamente,J.M Cohen, pp. 12-13. la Biblia estándar en latín.
En Asia, la difusión del budismo llevó a continuos esfuerzos de traducción que abarcaron más de mil años. El Imperio tangut era particularmente eficiente en dichos esfuerzos; valiéndose de la recién inventada xilografía, y con pleno apoyo del gobierno (algunas fuentes contemporáneas describen al Emperador y a su madre contribuyendo a las traducciones, así como a eruditos de nacionalidades diversas), los tanguts consiguieron traducir, en apenas unas décadas, tomos que a los chinos les había llevado siglos producir.
Los árabes emprendieron esfuerzos a gran escala en la traducción. Tras haber conquistado el mundo griego-helenístico del Levante y Egipto, hicieron versiones en árabe de sus obras filosóficas y científicas, dentro de un importante movimiento de traducción greco-árabe (contribuyendo así de manera destacada a la transmisión de los textos clásicos griegos). Durante la Edad Media, las traducciones de algunas de estas versiones árabes de los clásicos griegos se pasaron al latín, principalmente en Córdoba, España.J.M. Cohen, p. 13. El rey Alfonso X el Sabio promovió está tendencia en el con su apoyo e impulso a la Escuela de Traductores en Toledo. Los textos árabes, hebreos y latinos se tradujeron de una lengua a otra a cargo de eruditos musulmanes, judíos y cristianos, quienes también debatieron los méritos de sus respectivas religiones. Las traducciones al latín de las obras de erudición y ciencia griegas y árabes ayudaron a que la escolástica europea y, por ende, la ciencia y cultura europea avanzaran.
En la Europa de los siglos XV-XVI la traducción recibió un impulso decisivo de los humanistas del Renacimiento. En la Italia renacentista de comienzos del , las primeras generaciones de humanistas, dentro de su interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica, promovieron el estudio filológico de las obras griegas y latinas. Su objetivo era dar a conocer esas obras editándolas con textos depurados; pero mientras el latín era la lengua de cultura dominante en la época en Europa occidental, el conocimiento del griego clásico no estaba muy difundido entre las personas cultas. Por ello, junto a la misión de editar a los clásicos, los humanistas asumieron en algunos casos la tarea de traducir obras griegas al latín. Así, el bizantino Manuel Crisoloras, asentado durante un tiempo en Florencia, tradujo al latín la obra de Homero y la República de Platón. Entre los humanistas que recibieron su enseñanza, Leonardo Bruni tradujo a Platón (Fedro, Apología, Critón) y a Aristóteles, con el hito en 1417 de la Ética a Nicómaco; y Ambrosio Traversario tradujo igualmente al latín a Diógenes Laercio y el Pseudo Dionisio Areopagita (así como numerosas obras de la Patrística de lengua griega).
Ese impulso en la Italia renacentista al conocimiento y traducción de la cultura de la Grecia clásica se reforzó con la llegada a la corte de Cosme de Médici en Florencia del erudito bizantino Georgios Gemistos Pletón poco antes de la caída del Constantinopla a manos de los turcos (1453). Entre los humanistas italianos que recibieron la influencia de Pletón figuraba Marsilio Ficino, que hizo una rigurosa tarea como traductor de importantes obras griegas al latín: a él se deben traducciones de varios diálogos de Platón, incluido El banquete, sobre el que además escribió un influyente comentario (1484), de Plotino (1492), del Corpus hermeticum (1471) y algunos textos del Pseudo Dionisio Areopagita.
Estas aportaciones, junto a la traducción latina del Nuevo Testamento de Erasmo de Rotterdam (que acompañó a su edición rigurosa del texto griego), condujeron a una nueva actitud frente a la traducción. Por primera vez, los lectores reclamaban rigor en las traducciones, ya que las creencias filosóficas y religiosas dependían de las palabras exactas de Platón, Aristóteles y Jesús. thumb|150px|Geoffrey Chaucer Las amplias tendencias históricas en la práctica de la traducción occidental pueden ilustrarse tomando como base el ejemplo de la traducción hacia el inglés:
- Las primeras traducciones de calidad hacia el inglés corrieron a cargo de Geoffrey Chaucer en el , que adaptó del italiano de Giovanni Boccaccio sus propios Knight's Tale y Troilo y Crésida; también empezó una traducción del francés de Roman de la Rose; y completó la traducción de Boecio del latín. Chaucer fundó una tradición poética inglesa mediante adaptaciones y traducciones de estos primeros idiomas literarios.
- La primera gran traducción al inglés fue la Biblia de Wiclef (alrededor del 1382), que mostraba la fragilidad de una prosa inglesa subdesarrollada. Solo al final del empezaría la gran época de la traducción de prosa al inglés, con la traducción de La muerte de Arturo de Thomas Malory, una adaptación de romances artúricos tan libre que, de hecho, apenas puede denominarse una verdadera traducción. Las primeras grandes traducciones del periodo Tudor son la Biblia de Tyndale (1525), que influyó a la Versión Autorizada (1611), y la versión de lord Berners de las Crónicas de Jean Froissart (1523-25). thumb|100px|Marsilio Ficino - En líneas generales, durante el Renacimiento la literatura no erudita, en las lenguas vernáculas de Europa, siguió dependiendo de la adaptación. Así la Pléyade francesa, los poetas ingleses del período Tudor y los traductores isabelinos adaptaban los temas de Horacio, Ovidio, Petrarca y los escritores latinos modernos, creando un nuevo estilo poético basado en esos modelos. Los poetas y traductores ingleses buscaron proveer al nuevo público, fruto del surgimiento de la clase media y del desarrollo de la imprenta, de obras tales como los autores "las habrían escrito" de haber vivido en Inglaterra por aquel entonces.
thumb|100px|Edward Fitzgerald
En España la misma tendencia aparece, por ejemplo, en Juan Boscán, que en su poesía aborda la imitación de Petrarca y de clásicos como Horacio, a quien sigue y adapta en su Epístola a Mendoza; Boscán dejó además una excelente traducción del libro El cortesano del italiano Baltasar Castiglione. En la misma línea sobresalen también las traducciones y adaptaciones de Horacio que hizo Fray Luis de Leon, así como sus traducciones de la Biblia hebrea: el Cantar de los Cantares.
- Al avanzar la cultura renacentista y la expresión literaria en las lenguas vernáculas europeas, el concepto de la traducción experimentó un considerable progreso más allá de la mera paráfrasis hacia un ideal de equivalencia estilística. Pero, incluso al final de este período, que de hecho se extendió hasta mitades del , no hubo una preocupación por la exactitud verbal.J.M. Cohen, p. 14.
En la segunda mitad del , el poeta John Dryden intentó hacer hablar a Virgilio con "las palabras con las que habría escrito de estar vivo y ser inglés". De cualquier manera, Dryden postuló que no había necesidad de emular la sutileza y concisión del poeta romano. De manera similar, en la Inglaterra del Homero sufrió el empeño de Alexander Pope de reducir el "salvaje paraíso" del poeta griego a algo ordenado. thumb|95px|Benjamin Jowett A lo largo del , el lema de los traductores fue la facilidad de lectura. Omitían cualquier cosa que no entendían, o que, en su opinión, aburriría al lector. Supusieron alegremente que su estilo propio de expresarse era el mejor, y que los textos debían hacerse de tal manera que su estilo tuviera cabida en la traducción. No se preocuparon por la erudición mucho más que sus predecesores, y no rehuyeron de hacer traducciones de traducciones a terceras lenguas, o de traducir de lenguas que apenas conocían (o como en el caso especial de la falsa traducción de Ossian de James Macpherson, traducir de textos que realmente eran obra del propio "traductor").
- El trajo consigo los nuevos baremos y estándares de exactitud y estilo. En cuanto a exactitud, según J. M. Cohen, la nueva política pasó a ser "el texto, todo el texto y nada más que el texto", a excepción de cualquier pasaje de humor satírico y la inclusión de copiosas notas a pie de página.Por ejemplo, la traducción de Henry Benedict Mackey del "Tratado del amor de Dios" de San Francisco de Sales omite constantemente las analogías del santo que comparan a Dios con una madre lactante y referencias a la Biblia, como la violación de Tamar, entre muchas otras. En cuanto a estilo, el objetivo victoriano, conseguido a través de la metáfrasis (literalidad) o pseudometáfrasis de amplio alcance, recordaba constantemente a los lectores que estaban leyendo un clásico "extranjero". Una excepción durante este período fue la espectacular traducción de Edward Fitzgerald de The Rubaiyat de Omar Jayam (1859), que adquirió su sabor oriental mayoritariamente gracias al uso de nombres persas y discretos ecos bíblicos y que, de hecho, cogió muy poco material del original persa.
Anticipándose al , Benjamin Jowett, que tradujo las obras de Platón a un idioma simple y directo, sentó un nuevo patrón en 1871. El ejemplo de Jowett, de cualquier manera, no se siguió hasta bien entrado el nuevo siglo, cuando la exactitud, más que el estilo, se convirtió en el criterio principal de la disciplina.
Traducción moderna A medida que los idiomas cambian, los textos en una versión anterior del idioma (ya sean textos originales o traducciones antiguas) pueden resultar difíciles de comprender para los lectores modernos. Así pues, los textos se pueden traducir a una lengua más moderna (denominada "traducción moderna" o "traducción modernizada") para adecuarse al público.
Esto se hace, particularmente, con la literatura escrita en los idiomas clásicos (como el latín o el griego), o con la Biblia (para la que existen una multitud de traducciones).