Giovanni Andrea Doria (1539–1606), también conocido como Gianandrea Doria , fue un almirante y armador genovés, sobrino nieto e hijo adoptivo de Andrea Doria. Fue marqués de Tursi y VI príncipe de Melfi, ambos títulos heredados de su relación y su tío.

Militó durante toda su vida como comandante y contratatista naval para la Monarquía Hispánica, combatiendo contra franceses y otomanos. A diferencia del afamado Andrea, careció de grandes victorias a su nombre y se vio marcado por polémicas participaciones en las batallas de Los Gelves y Lepanto, lo que le ganó en ambas ocasiones una reputación de incompetencia parcialmente inmerecida. Sin embargo, formó parte de una larga lista de campañas españolas victoriosas, a las que asistió con sus flotas y su logística.

Menos controvertible fue su carrera política y empresarial, por la que llegó a ser una de las figuras más influyentes de la política española mediterránea durante los reinados de Felipe II y Felipe III. Fue miembro vitalicio del partido proespañol de Génova, donde su mandato llevó a la familia Doria a nuevas cotas.Rodolfo Savelli, Dizionario Biografico degli Italiani - Volume 41, 1992

Biografía Era el hijo de Giannettino Doria, y el padre del cardenal Giovanni Doria. Se le tuvo por un niño inteligente y precoz, que con seis años ya había leído las crónicas de Julio César. Poco después su padre fue asesinado en la conjuración de los Fieschi, lo que llevó a su tío abuelo Andrea a comenzar inmediatamente su adiestramiento como su sucesor político y militar. Con ocho años comenzó a servir en las galeras de Andrea, y con catorce ya había comandado escuadras enteras de la flota genovesa. También durante su niñez se acordó su matrimonio con Zenobia del Carreto, la hija de Marco Antonio del Carreto, noble adoptado por Andrea Doria por motivos políticos. Giovanni y Zenobia se habían criado juntos y el genovés describe en su autobiografía que les unían lazos verdaderos.

Guerras italianas En 1554, con tan sólo quince años, Giovanni comenzó su carrera como almirante adjunto de Andrea en la última guerra italiana. Advertidos sobre una flota franco-otomana capitaneada por Antoine Escalin des Aimars y Salah Reis en el norte de Italia, el ya octogenario Andrea delegó en Giovanni la tarea de impedir que el enemigo desembarcara cerca de Porto Ercole. Sin embargo, Giovanni y sus 26 galeras genovesas y florentinas se toparon con que la armada franco-otomana sumaba 56, por lo que el genovés optó por cancelar el ataque y atacar en su lugar el puerto enemigo de Civitavecchia. Esta decisión fue muy criticada, señalándose que las naves enemigas eran débiles y que Doria habría contado con apoyo terrestre, pero empezaban a resultar patentes las expectativas que pesaban sobre Giovanni al pedirle que se hubiera enfrentado a una flota de más del doble de naves que la suya.

En octubre del mismo año, después de la victoria de Marciano sobre el ejército de Siena, aliada de Francia, Doria transportó refuerzos para el ejército hispanoflorentino de Gian Giacomo Médici, que sitiaba la ciudad. Poco después unió fuerzas con Bernardino de Mendoza, pero sus actuaciones no satisfacieron al duque Cosme I, que veía al joven genovés con descontento. En marzo de 1555, entre temores de una gran armada otomana avecinándose, Giovanni acudió con 42 galeras genovesas y napolitanas para bloquear las líneas de suministro de Piero Strozzi en el canal de Piombino, mientras el anciano Andrea reforzaba a Agostino Spínola en Córcega, ya mayormente reconquistada de manos francesas. En 1556 salió con vida por poco de una tormenta que hundió una de sus flotas en Córcega, lo que le llevó a proponer mejoras en la instrucción de los pilotos genoveses.

Durante durante la reanudación en 1557 de la guerra, ahora bajo el rey Felipe II, Giovanni y su anciano pariente Antonio Doria, con quien Andrea y él mantenían una rivalidad política, salieron con sus escuadrones de galeras. Al tener ahora los franceses y papales muy poco poderío naval comparado con el de Felipe, los genoveses no tuvieron mucho que hacer, dedicándose principalmente a transportar tropas y a expugnar las fortalezas costeras de los rebeldes francófilos de Córcega que quedaban. Ayudaron en particular a transportar los tercios del Duque de Alba a los Estados Pontificios, aliados de Francia. En 1558, Doria logró obligar al almirante turco Pialí Bajá a huir de las costas de Italia. thumb|200px|Moneda con la efigie de Doria. A pesar de los escepticismos, durante la guerra italiana resultó un comandante altamente efectivo, aunque se le criticó por tener una vocación más comercial y cortesana que militar; alternaba sus servicios con constantes emprendimientos comerciales, preocupado por el vacío en las arcas familiares que habían provocado la generosidad de Andrea Doria y el retraso de las pagas habitual en el imperio español. Ello llevó a Giovanni y su tío a chocar con su suegro Marco Antonio, requiriendo una reconciliación obrada por el propio Felipe II para que el matrimonio con Zenobia pudiera tener lugar. En 1559, participó de mano de su tío en conversaciones secretas con Felipe en Bruselas, tratando entre ellos una intervención militar en Génova para asegurar los intereses comunes, pero el final de la guerra trajo consigo una solución pacífica.

Guerra contra los otomanos Los Gelves En 1560 se le conferiría el mando de una flota cristiana combinada de 100 naves para una proyectada reconquista de Trípoli en favor de la Orden de Malta. Sin embargo, aunque contaba con el consejo de su tío Andrea, que se abstuvo de participar a causa de su avanzada edad, la expedición se vio enturbiada por una combinación de mala preparación y procederes cuestionables. Llegados a África, Giovanni enfermó gravemente de una epidemia causada por los pantanos locales, hasta el punto de que su preceptor y asistente Plinio Tomacelli tuvo que encargarse de mediar por él entre los demás comandantes del consejo.

El general terrestre de la expedición, Juan de la Cerda, duque de Medinacelli, insistió en construir una fortaleza en la isla de los Gelves, decisión que Doria y los malteses de la flota criticaron como inútil y peligrosa. Sin embargo, días después de su construcción se supo que Pialí Bajá acudía desde Constantinopla con 80 velas, por lo que cundió la discordia en el campamento cristiano. Doria, enfermo de nuevo por una recaída que casi había acabado con su vida, urgió a zarpar y huir para no arriesgar la flota española, ya muy perjudicada, mientras que otros recomendaron quedarse y defender la posición.

La salida de la flota cristiana se vio dificultada además por un viento hostil, con lo que la flota turca les encontró finalmente. Doria no dio ninguna nueva orden, y cuando su buque insignia dio contra un arenal en la huida, cedió al pánico y lo abandonó para refugiarse en tierra. El cronista Herrera atribuye su conducta a su enfermedad. Sea como fuere, la flota quedó sin mando y confusa, por lo que gran parte de ella fue capturada en la consiguiente batalla. Rescatado por Álvaro de Sande de la guarnición del fuerte, Doria planeó reunir a los barcos que hubieran escapado y recabar refuerzos en Sicilia y Malta, pero una vez allí Felipe II desautorizó la operación de rescate.

Tras regresar Giovanni a Génova, falleció el viejo Andrea Doria, que tuvo el único consuelo de que su sobrino había sobrevivido. El desastre de Los Gelves tuvo un efecto pésimo sobre la reputación de Giovanni y la escuadra genovesa, incluso aunque Giovanni hizo notar que sus consejos habían sido rechazados desde el principio, y ello se vio empeorado por la grave pérdida en galeras de las que eran propietarios. Giovanni ocupó el siguiente verano en comandar una veintena de naves, pero debido al desastre ya no era posible oponerse a la flota de Dragut, que saqueaba a sus anchas. Aunque la flota española fue reconstruida en 1561, Giovanni fue sustituido al mando por su suegro Marco Antonio, que emprendió su propia caza de Dragut, sin éxito.

Orán y Vélez Desposeído del favor de los grandes militares, Doria ya no volvió a ocupar puestos tan elevados, que él mismo terminaría por reconocer en su autobiografía inadecuados para la juventud e inexperiencia que padecía. El joven genovés, siempre más cómodo en la política y el comercio que en el campo de batalla, se centró entonces reorganizar sus asuntos comerciales de Génova mientras comenzaba de nuevo con su carrera en la corte filipina. Por esta época remodeló la flota y las propiedades familiares en la república. Entre sus negociaciones, convenció a Felipe II de no reducir el número de galeras familiares contratadas por España. thumb|200px|Grabado de Giovanni Andrea Doria. En 1563 fue llamado para levantar el asedio otomano de Orán. Giovanni esperaba que se le diera el mando de la flota de socorro, pero sólo recibió el mando de la escuadra genovesa, hecho que protestó a Felipe II, pero el rey le convenció de transigir a las órdenes de Francisco de Mendoza por aquella vez. Giovanni decidió no correr ningún riesgo y cedió incluso el mando de la escuadra de Génova a su hermano Pagano, participando exclusivamente como voluntario. En todo caso, la flota de Mendoza fue exitosa, sorpendiendo a la de Dragut cuando se había dividido para traer suministros de Argel, ahuyentándola en el proceso. A la muerte por enfermedad de Mendoza, y a pesar de las pretensiones de Doria, Felipe nombró como capitán general a García de Toledo, de muy necesaria veteranía.

Al año siguiente, Doria sirvió a las órdenes de Toledo, ahora virrey de Sicilia, en la conquista del Peñón de Vélez de la Gomera. El genovés comandó la colocación de la artillería terrestre y reconoció la fortaleza tras advertir que su guarnición había claudicado. El éxito de la operación le hizo cosechar alabanzas de nuevo. Más tarde fue enviado a la colonia genovesa de Córcega para ayudar a reprimir la sublevación francófila de Sampiero Corso, que fue aplastada.

Malta y las Alpujarras En 1565 sirvió una vez más García de Toledo en el socorro al Gran Sitio de Malta, en la que él y Álvaro de Bazán llevaron a Sicilia escuadrones de galeras para conformar la flota de rescate. El genovés, que tenía una estrecha relación con el gran mestre de Malta, Jean de La Valette, hasta el punto de llamarse de padre e hijo, abogó desde el primer momento por acudir al rescate de la isla, llegando a pedir permiso al virrey para unirse personalmente a los defensores con cuatro galeras si se decidía no llevar a cabo un socorro. También ofreció su propio dinero a la empresa y estipuló que sus herederos la costeasen si él caía en su transcurso.

Al armarse la flota de socorro por inspiración de Bazán, liderada por el propio Toledo, se encargó a Doria ir de batidor con una galera. Antes de alcanzar Malta fue descubierto por un bergantín de vigías turcos, no logrando alcanzarle debido a la poca profundidad de su pasaje, pero una vez llegó el resto de la flota, que debía desembacar con rapidez, obró con gran arrojo para mantener la comunicación con las posiciones maltesas durante el desembarco. En el ir y venir fue perseguido por turcos y herido de una flecha turca en la cara. El socorro, sin embargo, tuvo éxito, obligando a la flota turca de Pialí y Mustafá Baja a retirarse con grandes bajas. El asedio de Malta se convirtió así en una de las grandes victorias de la época.

En 1568 asistió durante la rebelión de las Alpujarras a Juan de Austria, con quien le unió una gran amistad, apresando varios buques berberiscos. Sin embargo, su eterno esfuerzo por cuadrar las cuentas de la familia Doria le llevaron el mismo año a vender el condado de Tursi, que no recuperaría hasta mucho después.

Guerra turco-veneciana Chipre