Milenko Antonio Mihovilović Eterović fue un dirigente sindical nacido en Punta Arenas, Magallanes, el 1 de octubre de 1932 en el seno de una familia de inmigrantes croatas procedentes de la isla de Brac, en Dalmacia. Sus padres fueron Antonio Mihovilovic Kusanovic y Marulina Eterovic Eterovic.

Luchador incansable, siempre con un maletín bajo el brazo, con su boina y abrigo grueso y largo, solía vérsele en las oficinas públicas y en los servicios del Estado, siempre abogando por lograr avances que favorecieran a los sindicados y a los trabajadores de Chile. Nunca perdía la oportunidad de conversar sobre alguna petición en el lugar que fuese: si es que caminando por la calle se encontraba con algún personero público relevante, no dudaba en convencerlo en la importancia de la aprobación de una ley que beneficiara al trabajador, dedicando largos argumentos para su fundamentación. Cabe destacar que a pesar de las penas ante las injusticias, Milenko destacaba por ser un hombre estudioso y prolijo. Jamás perdió una lucha, porque fundamentada muy bien su hacer, dedicando jornadas completas a enriquecer sus propuestas con información de fuentes reales y certeras. En eso radicaba su firme convicción por defender con voz muy alta el trabajo que realizaba. En este carácter forjado con hidalguía y empeño, no faltaba la gracia de la palabra segura y honesta. Estudioso y con una voluntad incansable, a pesar del dolor de los años, no dejaba de cantar o recitar, de escribir versos y de recordar a su amada ciudad natal, Punta Arenas. Muchas veces recordaba que los vientos magallánicos le habían ayudado a mantenerse en pie. Sin duda, la experiencia de pasar la infancia en un lugar tan apartado con un clima tan severo, le permitieron valorar el esfuerzo que significa levantarse y salir adelante entre la nieve y el viento. Amaba el canto y no dudaba en hacer cantar a todo aquel que estuviera a su lado. En una ocasión, decidió pedir a un amigo la autorización para utilizar un cancionero que él había realizado y lo entregó a todos los gendarmes de Chile para que aliviaran las penas cantando de una vida incomprendida y llena de sacrificios.

Relevancia nacional En 1957 los grupos que pedían el término de las concesiones de tierras a la Sociedad Explotadora, ganaron la batalla, porque el presidente de la República don Carlos Ibáñez del Campo dio por terminada la asignación de tierras fiscales a las sociedades ganaderas y de esa manera se recuperó para Chile lo que era a la sazón el latifundio más grande del mundo, que durante años había constituido una rémora para el progreso de Magallanes. La devolución de los últimos saldos arrendados y en concesión, no fue tarea fácil y en la batalla para obtenerla, según el decir del premio nacional de Historia Mateo Martinic, destacó nítidamente la acción del grupo de universitarios magallánicos, liderados por Mihovilovic. Este era un gran triunfo para aquellos jóvenes que no solo no olvidaban su patria chica, sino que, además luchaban por ella, por su gente y por su progreso. Ganada la batalla, los jóvenes magallánicos fueron recibidos por el presidente Carlos Ibáñez y, ante una propuesta de la máxima autoridad de entregarles a los universitarios algunas hectáreas de tierra en concesión, tomando la palabra Mihovilovic, hizo notar la importancia que para ellos tenía su tarea, señalando que «el dominio y goce de dichas tierras debían destinarse a quienes las podían producir» y no para las personas individuales que principalmente dieron la lucha por ellas. Tales palabras marcarían el designio de Milenko y su misión en la vida.

Terminados sus estudios sistemáticos de derecho, se enfrascó en investigar y escribir su memoria de prueba, que por aquel entonces era indispensable para optar al grado de licenciado en Derecho y al título profesional de Abogado, la cual versó sobre lo que era entonces su mayor preocupación —la subdivisión de los latifundios en Magallanes—, siendo calificada con la nota máxima. Volcado nuevamente al interior del Servicio de Prisiones, laborando como administrativo, descubrió en el día a día que los trabajadores eran objeto de una serie de atropellos e injusticias, iniciando una lucha denodada por denunciar los maltratos que veía, denunciando y al mismo tiempo proponiendo fórmulas para su corrección. Para él, resultaba lógico crear una institución capaz de luchar, legítimamente y valiéndose de toda la legislación existente, por la defensa de los trabajadores, entregándose sin descanso a la tarea hasta alcanzar su noble fin. En su lucha por resolver los problemas de los trabajadores del Servicio de Prisiones, con la ayuda de otros funcionarios como Mario Jacinto Márquez, Pedro Encina Saavedra y Alfredo López Cea, se dedicó incansablemente a liderar un movimiento de carácter sindical que finalmente, el 27 de junio de 1960, permitió la creación de la Asociación Nacional de Funcionarios Penitenciarios (ANFUP), cuyo objetivo fundamental era que los trabajadores del servicio pudieran ser respetados por las autoridades y tratados con la dignidad necesaria a toda persona humana. Echaba sobre sus hombros una tarea que nunca terminaría. Sus primeros trabajos consistieron en obtener la personalidad jurídica para la Asociación, acción que se logró en 1966 al dictarse el decreto N.º 2.060 del Ministerio de Justicia que otorgaba vida jurídica a dicha Asociación. No contento con lo anterior, Mihovilovic también encabezó la Mutualidad de Funcionarios de Gendarmerías de Chile y, durante su gestión en 1964, se compraron los terrenos de Salto del Laja, Algarrobo y del Complejo Vacacional del Quisco que hoy lleva su nombre. Dichos lugares, terrenos y casas constituyen hasta hoy, los centros de descanso y recreación de los funcionarios de gendarmería y de sus familias, las que hasta entonces no contaban con ningún tipo de beneficios similares. Reelegido permanentemente por sus compañeros como Presidente de su gremio, su acción sindical no se restringió solo a trabajar por su Asociación, sino que, junto a otros líderes sindicales chilenos, se integró a la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) y, más tarde, colaboró con la Central Única de Trabajadores y con la fundación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Como dirigente nacional de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, ANEF, su participación fue fundamental, al punto que, de él y de su trabajo, decía el mítico Clotario Blest: «Fue integrante de la comisión técnica de la ANEF que yo dirigía. Cuando me alejé por la edad, acordamos con la directiva de la ANEF, presidida por Tucapel, que quedase Milenko a la cabeza». Durante esos años se acrecentó su proximidad a Clotario, quien sería para Milenko un ejemplo a seguir en sus luchas sociales. Se forjó entre ellos una sólida amistad y una enorme afinidad que se manifestaba en una comunidad de intereses en el trabajo social y en la acción sindical, no olvidando jamás ninguno de los dos el origen cristiano de su preocupación por el otro.

La acción gremial, sindical y el servicio social en favor de los demás, tenía en Milenko una base moral y ética que se fundaba en la doctrina social de la Iglesia y, su acción política se basaba en la idea del humanismo cristiano, el que elaborado filosóficamente por Jacques Maritain, se hacía realidad políticamente en Chile a través del Partido Demócrata Cristiano. Activo militante, participó siempre en las instancias partidarias donde se elaboraban las políticas sindicales del Partido a través del Departamento Sindical, siendo uno de sus principales dirigentes nacionales en múltiples ocasiones. Tal como se mencionó previamente, Milenko como Presidente de la ANFUP, procuró y obtuvo la integración de su gremio a la ANEF y desde allí se hizo activo participante de la Central Única de Trabajadores (CUT), de la que fue Vicepresidente y Consejero Nacional muchas veces como militante de la Democracia Cristiana, haciendo notar en su actuación que el interés por los trabajadores nunca estaría por debajo de los intereses políticos. Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende se dictó la ley N.º 17.594 del 4 de enero de 1972, la que concedió tanto la personalidad jurídica a la CUT como los mecanismos de financiamiento para sus actividades, marcando con ello una suerte de trabajo mancomunado entre la Central y el Gobierno. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 puso fin a todo movimiento sindical: la CUT fue intervenida y disuelta, y la ANEF fue perseguida y posteriormente prohibida. Esa coyuntura sorprendió a Milenko Mihovilovic, quien estaba a la cabeza de la ANFUP y desde allí debió hacer frente a una política de la dictadura que significaba el desconocimiento de todos los derechos sindicales. La nueva forma de gobernar, se dirigía expresamente a conculcar los derechos sindicales conseguidos tras largos años de lucha. En consecuencia, se caducó la personalidad jurídica del gremio con lo que le arrebataban de golpe a los trabajadores todos los beneficios conseguidos con sacrificio y abnegación: quinquenios penitenciarios, asignaciones de riesgo penitenciario, la confiscación de los bienes raíces que eran el patrimonio sindical y de los dineros de los socios que estaban depositados en Asociaciones de Ahorro y Préstamo. En los inicios del régimen militar, específicamente el 13 de septiembre de 1973, Milenko Mihovilovic, como Presidente de la ANFUP, fue golpeado y secuestrado para luego ser detenido en la Base Naval de Valparaíso. Este hecho de violencia, convierte -a la luz de la historia- a Mihovilovic en el primer dirigente demócrata cristiano detenido por el régimen militar, situación de la que salvó con vida, porque su amigo, el presidente Frei Montalva, al conocer el hecho de la arbitraria detención, intervino directa y oportunamente en su favor, como consta en la carta enviada por el expresidente el 4 de diciembre de 1973 al Ministro de Justicia de la época. Frente a este hecho importa destacar que, Mihovilovic jamás hizo alarde de dichas circunstancias ni menos sacó provecho de esos acontecimientos al punto que, retornada la democracia y frente a ofrecimientos para ocupar cargos de relevancia nacional, solo pidió volver al mismo cargo del que fue apartado por el régimen militar. En otras palabras, al volver la democracia fue reincorporado al cargo de Director de Organización y Reglamento de Gendarmería, tal como lo relatan sus compañeros y su familia. Cabe manifestar que, teniendo derecho por su cargo a ocupar un vehículo fiscal, siempre rechazó tal privilegio manifestando que él era un simple trabajador más. Pese a las prohibiciones impuestas en los años más duros de la dictadura, el líder sindical no dejó de concurrir a la sede de la ANEF de la cual era Vicepresidente, cargo que mantuvo, en pública condición, con el respaldo de sus compañeros. Desde la ANEF y en momentos en que nadie quería manifestarse públicamente, la palabra de Mihovilovic se oía a través de los medios de comunicación disponibles, reclamando por la pérdida de los derechos sociales del pueblo. Así, en 1976, estando Milenko trabajando hasta altas horas de la noche al interior de la sede de la ANEF, esta fue asaltada por los sicarios del régimen y Mihovilovic era objeto de una flagrante violación a sus derechos humanos por parte de los asaltantes que lo torturaron, quebraron e intentaron matar, prendiendo fuego a la sede nacional. Lo dejaron inconsciente y atado en el subterráneo del inmueble y, gracias a que el incendio se aplacó debido a las condiciones de humedad que tenía el lugar, él logró salvar de la muerte. Tras ser rescatado, sus múltiples fracturas se recuperaron en más de un mes de severa hospitalización. De los sicarios solo queda el recuerdo de la prensa, aunque investigaciones posteriores han permitido identificarlos como a funcionarios de la DINA.