miniaturadeimagen|Primera publicación de la Crítica del Programa de Gotha en la Die Neue Zeit (1891). La Crítica del Programa de Gotha es una obra de Karl Marx escrita en 1875 con motivo del proyecto de programa que se iba a aprobar en el Congreso de Gotha en el que iban a fusionarse la lassalleana Asociación General de Trabajadores de Alemania y el marxista Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania, para dar nacimiento a un nuevo partido, el Partido Socialista Obrero de Alemania (SADP), que en 1891 adoptaría el nombre de Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). En principio la crítica de Marx —un documento titulado «Glosas Marginales al programa del Partido Obrero Alemán»— solo fue conocida por un estrecho círculo de dirigentes y fue publicada póstumamente en 1891 por Friedrich Engels.
Es una obra clave del pensamiento marxista, ofreciendo quizás el pronunciamiento más detallado de Marx sobre cuestiones programáticas de estrategia revolucionaria, el documento analiza la "dictadura del proletariado", el período de transición del capitalismo al comunismo, el internacionalismo proletario y el partido de la clase obrera. También destaca por elucidar los principios de «A cada cual según su aporte » como base para una «fase inferior» de la sociedad comunista inmediatamente posterior a la transición del capitalismo, y «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades» como base para una futura «fase superior» de la sociedad comunista. Al describir la fase inferior, afirma que «el individuo recibe de la sociedad exactamente lo que le da» y aboga por la remuneración en forma de vales de trabajo intransferibles, en lugar de dinero.
El texto se convirtió en una obra fundamental para pensadores marxistas posteriores, en particular para Lenin, cuyo libro El Estado y la revolución es en gran parte una continuación de las ideas de la Crítica.
Historia
miniaturadeimagen|Ferdinand Lassalle, cuyas ideas Marx se opuso duramente en la Crítica del Programa de Gotha. thumb|Wilhelm Liebknecht se opuso a la difusión del documento de Marx en el que criticaba en Programa de Gotha, por lo que no fue publicado hasta 1891, dieciséis años después de que fuera escrito. Las negociaciones para la fusión entre el Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (abreviado como SDAP, denominados como eisenachianos) y la Asociación General de Trabajadores de Alemania (abreviado como ADAV, denominados como lassalleanos) comenzaron en 1875 en la localidad de Gotha.
El partido de los eisenachianos, liderado por Wilhelm Liebknecht y August Bebel, era ideológicamente más cercano a las posturas de Karl Marx y Friedrich Engels. Sin embargo, el ala lassalleana seguía las ideas del difunto Ferdinand Lassalle, que había fallecido en 1864 y cuyas teorías Marx consideraba oportunistas e insuficientemente revolucionarias. Marx y Engels rechazaron la versión de socialismo de Lassalle porque la consideraban insuficientemente crítica con el capitalismo y una economía basada en el dinero, y porque creían que estaba demasiado centrada en soluciones estatistas y reformistas a la cuestión social en lugar de en la transformación revolucionaria. Tras enconados debates se acordó un texto de compromiso inspirado en el marxismo pero en el que se hacían importantes concesiones a los lassalleanos como la aceptación de las teorías sobre la «ley de bronce de los salarios» y sobre la «masa reaccionaria» y el apoyo a las cooperativas de producción.
Marx, que vivía en Londres, recibió una copia del borrador del programa para el partido unificado. En sus propias palabras, estaba "furioso" con el documento, que consideraba una traición a los principios revolucionarios y una capitulación ante los lassalleanos. Marx y Engels, a los que no se les dejó intervenir en las conversaciones, manifestaron su rechazo al documento —«ni Marx ni yo podríamos adherirnos jamás a un nuevo partido edificado sobre semejante base», escribió Engels en una carta a August Bebel, uno de los dos líderes del SDAP—.F. Engels (18-28 de marzo de 1875): Carta a Auguste Bebel. Marx consideraba que el SDAP tenía que haberse limitado a establecer una alianza con la ADAV y haber renunciado a la formación de un nuevo partido unificado. Defendió un periodo de acción común entre ambos grupos sin compromiso programático, escribiendo en una carta de presentación a los líderes eisenachianos que «cada paso de un movimiento real es más importante que una docena de programas». miniaturadeimagen|Karl Marx en 1875, año en el que escribió la Crítica del Programa de Gotha, aunque la obra no se publicó hasta dieciséis años después. Marx desarrolló su crítica del programa del acuerdo en un documento titulado «Glosas Marginales al programa del Partido Obrero Alemán» incluido en una carta que envió al presidente del SDAP amenazando con «desvincularnos completamente de los principios de dicho programa» si se adoptaba. Para enfatizar los aspectos teóricos, también envió ejemplares de la edición francesa recientemente publicada de El capital, que contenía su crítica más desarrollada del capital. La principal objeción de Marx era que el programa subordinaba la lucha de clases a frases vagas sobre "distribución justa" y "igualdad de derechos", y que dependía del Estado para establecer el socialismo. Por ejemplo, expresó una fuerte oposición a la declaración inicial de que "el trabajo es la fuente de toda riqueza", argumentando que la naturaleza era igual de fuente de valor de uso. Consideraba esta una formulación peligrosa porque implicaba que la producción de valor era una propiedad natural del trabajo y, por tanto, una condición permanente de la vida humana. No solo se criticaban las concepciones lassallianas —especialmente la teoría de la «masa reaccionaria» y la idea de la «fraternidad de los pueblos» que, según Marx, debía sustituirse por el internacionalismo proletario— sino que se precisaba el concepto de dictadura del proletariado y se distinguían las dos fases que debían seguir a la toma del poder por la clase obrera: una primera regida por el principio a cada cual según su aporte, y una segunda regida por el principio de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad.
El Congreso fundacional del nuevo partido obrero unificado —llamado Partido Socialista Obrero de Alemania (Sozialistischen Arbeiterpartei Deutschlands, SAPD)— se celebró también en Gotha y en la sesión del 27 de mayo de 1875 los 71 delegados lassalleanos y los 56 eisenachianos aprobaron por unanimidad el documento acordado sin introducir cambios importantes y que sería conocido como el Programa de Gotha.
Una vez aprobado Marx y Engels no iniciaron ninguna campaña en contra del Programa de Gotha porque, como explicó Engels en una carta con fecha del 11 de octubre enviada al presidente Bracke: «por fortuna, el programa ha sido juzgado más favorablemente de lo que se merecía. Obreros, burgueses y pequeñoburgueses leen en él lo que desean encontrar, no lo que efectivamente pone… Esto nos permite callarnos». Sin embargo, como comentó Bebel: «no fue asunto fácil llegar a un entendimiento con los dos viejos de Londres» en referencia a Marx y a Engels. Marx decidió no hacer pública su denuncia, en parte porque Otto von Bismarck acababa de encarcelar a varios destacados eisenachianos y no quería ayudar a los enemigos del partido. La crítica permaneció inédita. La razón fue que Wilhelm Liebknecht, el otro líder del SDAP, se opuso a su difusión porque podía poner en peligro las negociaciones con la ADAV que en aquel momento estaban muy avanzadas, y solo permitió que fuera conocido por unos pocos líderes del SDAP —pero no por Bebel, a quien se lo ocultó—. Liebknecht —que temía que el popular Bebel fuera susceptible a los argumentos de Marx— fue "eminentemente exitoso en mantener el documento alejado del conocimiento de Bebel".
Contenido La crítica de Marx se divide en cuatro partes principales, que abordan diferentes secciones del borrador del programa. Su análisis se centra en dos temas centrales: las propuestas del programa para la distribución del producto nacional y sus opiniones sobre el Estado.
Distribución del producto social Marx critica primero la declaración de que el «fruto íntegro de su trabajo» pertenece a todos los miembros de la sociedad. Él descarta esto como una proposición vaga que «había sido en todo tiempo utilizada por los defensores del orden social existente». Sostiene que el enfoque del programa en la "distribución justa" pasa por alto el tema central, que es la necesidad de transformar las relaciones de producción.
Se opone a la demanda de que los trabajadores reciban los "ingresos indisminuidos de su trabajo", argumentando que esto demuestra un desprecio por las necesidades prácticas de una futura sociedad comunista. Marx sostenía que una parte significativa del producto social debía deducirse antes de distribuirse a los trabajadores individuales. Estas deducciones incluirían fondos para la sustitución y ampliación de los medios de producción, un fondo de reserva para el seguro contra accidentes y los costes de administrar servicios sociales como escuelas y servicios de salud, así como disposiciones para quienes no pueden trabajar. Además en una sociedad comunista, carecía de sentido porque en ella «los productores no intercambian sus productos» y «el trabajo invertido no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como cualidad material poseída por ellos, pues ahora, en contraste con la sociedad capitalista, el trabajo individual no forma ya parte integrante del trabajo común indirecto sino directamente». En cambio, el trabajo individual existiría directamente como un componente del trabajo total, no mediado por el valor de cambio, porque el trabajo abstracto sería abolido.
Las dos fases de la sociedad comunista Marx expone los principios de distribución que se aplicarían en la «primera fase» de la sociedad comunista que «todavía aparece con el sello de la vieja sociedad [capitalista] de cuyas entrañas procede», una sociedad "que está así, en todos los aspectos, económica, moral e intelectualmente, aún marcada con las marcas de nacimiento de la antigua sociedad de cuyo vientre emerge". En esta fase inferior prevista, cada productor recibe de la sociedad exactamente lo que aporta, en función del tiempo real que trabaja. Este principio es distinto de la determinación del valor por el tiempo de trabajo socialmente necesario bajo el capitalismo. Marx defendió el uso temporal de bonos de trabajo donde «el productor individual obtiene de la sociedad -- después de hechas las obligadas deducciones -- exactamente lo que ha dado» como sustituto al dinero durante el establecimiento del socialismo. Así se recibiría la misma cuantía de trabajo que se hubiera aportado a la sociedad, pero este principio no aseguraba la igualdad, pues las capacidades de los hombres no eran las mismas, ni tampoco su situación familiar, por lo que unos recibirían más que otros. Marx sostiene que este principio de igual derecho es, en efecto, desigual. Porque utiliza un estándar igualitario (trabajo) para medir a individuos que son inherentemente desiguales en sus capacidades, situaciones familiares, etc., crea desigualdad. Un trabajador puede ser más fuerte o tener más hijos que mantener que otro. Este sistema, que caracteriza como aún adherido a un "derecho burgués", es un defecto inevitable de la primera fase. La discusión de Marx sobre la "duración o intensidad" como medida del trabajo se refiere a las horas reales trabajadas, no a la producción productiva, refutando así la interpretación común de este principio como «a cada cual según su aporte».