El término de apartheid de género (también llamado apartheid sexual o apartheid del sexo) se refiere a la discriminación tanto económica como social contra individuos de un género o sexo específico. Es un sistema impuesto por el uso de prácticas, tanto físicas como legales para colocar a los individuos a posiciones de sumisión.
La psicóloga feminista Phyllis Chesler define este fenómeno como "prácticas que condenan a las mujeres y niñas a una subexistencia separada y sumisa, además de que convierte a los hombres y niños en los guardianes permanentes de la castidad de sus parientes femeninas". La práctica del apartheid de género lleva no solo a la pérdida de poder social y económico de las personas, sino que también puede conducir a la violencia física.Anthony Löwstedt, Apartheid – Ancient, Past, and Present: Systematic and Gross Human Rights Violations in Graeco-Roman Egypt, South Africa, and Israel/Palestine, Edition 6, June 28, 2010, Vienna, publisher: (unknown), p. (not specified).
Origen del término El término apartheid de género deriva del apartheid racial en Sudáfrica que establecía un sistema de supremacía blanca y separaba a la gran mayoría de los habitantes de raza negra de los habitantes blancos. Del Afrikáans que significa distanciamiento o separación, el apartheid para referirse al género refleja una violación de los derechos humanos que conlleva a la segregación y opresión. Para definir el apartheid, Dr. Anthony Löwstedt escribe: El concepto de separación en sí no necesariamente implica que un grupo es o será favorecido por encima de otro... La característica distintiva del apartheid y otros tipos de segregación social son las condiciones políticas, económicas, sociales e incluso geográficas que son creadas consiente y sistemáticamente con el objetivo de separar a los grupos por la fuerza, en beneficio —al menos en corto plazo— de por lo menos uno de los grupos, pero nunca, solo por accidente, en beneficio de todos ellos.
Es importante destacar que el apartheid de género es un fenómeno universal y, por lo tanto, no está confinado a Sudáfrica. Aunque los informes del apartheid de género son más comunes dentro de la cultura islámica, son frecuentes en todo el mundo. Algunos defensores de los derechos humanos han argumentado a favor de sanciones contra los estados que practican el apartheid de género, similares a las impuestas a Sudáfrica durante el apartheid.Barbara Arneil, Editor, Sexual justice/cultural justice: critical perspectives in political theory and practice, Volume 23 of Routledge innovations in political theory, Taylor & Francis US, 2007, 180, ISBN 0-415-77092-0, ISBN 978-0-415-77092-7Courtney W. Howland, Religious fundamentalisms and the human rights of women, Palgrave Macmillan, 2001, p 62, ISBN 0-312-29306-2, ISBN 978-0-312-29306-2
Religión El apartheid de género ha sido encontrado e institucionalizado a través de varias prácticas culturales y religiosas. Por ejemplo, aspectos de trato a las mujeres bajo interpretaciones fundamentalistas del Islam, Cristianismo, Judaísmo, Hinduismo, Sijismo y algunas variaciones del Budismo se han descrito con apartheid de género.Susan C. Mapp, Human rights and social justice in a global perspective: an introduction to international social work, Oxford University Press US, 2008, p 134, ISBN 0-19-531345-3, ISBN 978-0-19-531345-1 El uso de la fe, frecuentemente en interpretaciones estrictas del código religioso, para justificar el apartheid de género es altamente polémico.
Cristianismo Los términos de apartheid de género y apartheid sexual se han utilizado para describir el tratamiento desigual de las mujeres en instituciones como la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia católica. La autora y ministro presbiteriana Patricia Budd Kepler señala la lucha institucionalizada de la mujer para ser aceptada en el clero y los roles de liderazgo religioso como un ejemplo de apartheid de género. En concreto, Kepler critica las concepciones tradicionales de la masculinidad y la feminidad que limitan la autoridad femenina en la iglesia, insistiendo en que la entrada de las mujeres en el ministerio no perturba el orden divino. Del mismo modo, la autora Courtney W. Howland afirma que la estructura patriarcal de la familia de las iglesias cristianas en América hace prevalecer el apartheid de género.Courtney W. Howland, Religious fundamentalisms and the human rights of women, Palgrave Macmillan, 2001, p 11, ISBN 0-312-29306-2, ISBN 978-0-312-29306-2
La Iglesia católica ha sido acusada de impulsar el apartheid de género por su listado "contra la sagrada ordenación de mujeres" como una delicta graviora –en otras palabras, un crimen con el mismo peso que el abuso sexual y el uso de la pornografía. A la luz de esto, algunos han criticado a la Iglesia católica por promover el patriarcado y, en consecuencia, alejar a las mujeres de los roles de liderazgo que existen dentro de su jerarquía religiosa.
Islam
miniatura|Sala de oración para mujeres en una mezquita; en el islam deben orar separadas de los hombres. Mientras que el Islam inicial ha sido elogiado por una representación históricamente más progresista de la mujer en comparación con la Arabia preislámica, otros critican la naturaleza discriminatoria de sus leyes sobre el estatuto personal y el código penal que se aplican a las mujeres. Los valores patriarcales del Islam siguen siendo uno de sus principios más polémicos, y aunque es importante señalar que estos valores varían en el contexto de diferentes países, generalmente, los derechos de hombres y mujeres difieren considerablemente de acuerdo con las leyes de estatus personal islámicos. Por ejemplo, en algunos países a los hombres aún se les permite practicar la poligamia, y las herencias de las hijas son la mitad de la de sus hermanos. Por otra parte, la condena por el código penal islámico discrimina mucho a las mujeres, ya que se basa en gran medida en el testimonio de testigos varones. Los testimonios femeninos se consideran insuficientes para condenar a un asesino, que requieren de un testimonio masculino para su validación.
La activista por los derechos de la mujer Mahnaz Afkhami escribió como el mundo fundamentalista "trata el estatus de las mujeres y su relación con la sociedad como la prueba suprema de la autenticidad del orden islámico". Esto se puede ver ejemplificado en prácticas como el Purdah (separar a las mujeres de los hombres) y el Awrah (cubrir el cuerpo por completo con la ropa en público). Estas prácticas estaban perdiendo su fuerza hasta el resurgimiento del fundamentalismo islámico a finales del .Mahnaz Afkhami, "Gender Apartheid, Cultural Relativism, and Women's Human Rights in Muslim Societies," in Women, gender, and human rights: a global perspective,Marjorie Agosín, Editor, Rutgers University Press, 2001, ISBN 0-8135-2983-2 Walid Phares escribe que el marxismo en la Unión Soviética y China, así como el "anticlericalismo" en Turquía ha obligado a las mujeres a "integrarse en una sociedad antirreligiosa", dando como resultado opiniones con características del "apartheid de género" por parte de los fundamentalistas islámicos. También señala como otras religiones también se han enfrentado a "problemas similares."Walid Phares, The War of Ideas: Jihadism Against Democracy, Macmillan, 2008, p 102, ISBN 0-230-60255-X, 9780230602557
Judaísmo miniatura|Letrero en una playa israelí con baños separados, para Jaredíes. El judaísmo jaredí, también conocido como Judaísmo ultra-ortodoxo, ha sido criticado por su institución de políticas y creencias de apartheid de género. Consta de un pequeño pero creciente grupo dentro de la cultura judía: el jaredí se distingue por ser una comunidad de académicos, con una proporción significativamente mayor de hombres que continúan sus estudios en la yeshivá que las mujeres en el seminario. Los practicantes del judaísmo ultra-ortodoxo también se distinguen por su vestimenta: barba sin afeitar, largos abrigos oscuros y sombreros de ala ancha para los hombres; y mujeres modestamente cubiertas. Las acusaciones hacia la religión apuntan su naturaleza de cultura represiva y con segregación sexual, así como su tendencia de definir a las mujeres como una tentación sexual. Por ejemplo, excluyen a las mujeres de conferencias y espacios públicos como autobuses y supermercados.. Además, jóvenes judías han sido escupidas y llamadas prostitutas por vestir ropa considerada inmodesta. Los informes sugieren que en su mayoría los fundamentalistas jaredíes son responsables de actos de apartheid de género, pero que la comunidad jaredí en su conjunto no aprueba este tipo de prácticas.
Budismo Algunas escuelas budistas tibetanas requieren que las mujeres se sometan dentro de seminarios y otras formas de culto a los hombres. También están separadas de los hombres durante estos eventos y en muchas otras ocasiones; por ejemplo, reuniones y cenas informales, especialmente cuando éstos se llevan a cabo en presencia de un monje de alto rango. También hay evidencia anecdótica de hombres y mujeres que se ven obligados a tomar el transporte separadamente para asistir a algunos eventos budistas e incluso estar obligadas a permanecer en habitaciones de hotel separadas cuando asisten a ellos.
En su libro El poder de la negación: el budismo, la pureza, y el género, el profesor Bernard Faure, de la Columbia University argumenta que "el budismo es ni tan sexista ni tan igualitario como se suele pensar." Agrega: "Muchos estudiosos feministas han subrayado el carácter misógino del budismo". Hace hincapié en que el budismo exalta moralmente a sus monjes varones, mientras que las madres y esposas de los monjes también tienen un papel importante:
La misoginia de los monjes budistas se debe a que según el Budismo la fuente del sufrimiento humano es el deseo, que debe ser erradicado para obtener la liberación espiritual; y la mujer despierta el deseo del hombre convirtiéndose en tentación y obstáculo.
Prácticas El apartheid de género se manifiesta de muchas formas diferentes, que van desde los actos de violencia a la falta de protección legal. Prácticas consideradas casos de apartheid de género incluyen: los crímenes de honor; la violencia doméstica; el matrimonio infantil; las lapidaciones públicas; los ataques con ácido; el secuestro para matrimonio legalizado de la mujer; entre otros.Niko Kyriakou, , Inter Press Service, March 15, 2005.
Ataques con ácidoTambién conocido como vitriolage, los ataques con ácido son actos de violencia en el que el ácido se lanza a la cara o el cuerpo de la víctima con la intención de causar daño. Este tipo de violencia normalmente se lleva a cabo usando ácido clorhídrico, sulfúrico o ácido nítrico, que queman la carne y el hueso. Otras consecuencias incluyen: dolor físico, ceguera, desfiguración, disminución de propuestas de matrimonio, y el sufrimiento psicológico. Por otra parte, las repercusiones físicas de vitriolage a menudo obligan a las víctimas a mantenerse en los márgenes de la sociedad; las víctimas son percibidas como malos augurios, y posteriormente son condenadas al ostracismo (destierro de la sociedad). Aunque los ataques se producen contra hombres y mujeres, sus víctimas son en gran mayoría femeninas; las mujeres a menudo son blancos por violar las normas de género. Por ejemplo, mujeres en la India y Bangladés han sido atacadas por rechazar un cortejo no deseado. También se reportan altas tasas de ataques con ácido en Camboya, aunque en esta caso es más común que las mujeres ataquen a otras mujeres. Los ataques con ácido no solo infligen daño físico, también hacen prevalecer las normas sociales, creando miedo y desconfianza entre las personas que de otro modo pudieran transgredir con tales normas.
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