La inmigración mexicana en las Filipinas data desde la época de dominio español, cuando el archipiélago formaba parte del virreinato de Nueva España. Entre los siglos y , el comercio transpacífico sostenido por el Galeón de Manila propició el establecimiento de naturales de México en las islas. Muchos de ellos contrajeron matrimonio con naturales de Filipinas y se integraron progresivamente en la sociedad filipina, dando origen a linajes que pasaron a formar parte de la población local.

Sus descendientes se incorporaron a la población filipina contribuyendo a la herencia cultural, lingüística y genética de la nación filipina en cantidad similar a la de España y Estados Unidos. En la actualidad no constituyen un grupo étnico diferenciado, aunque reside también en el país una reducida cantidad de ciudadanos mexicanos contemporáneos, estimada en alrededor de cuatrocientas personas.

Historia La presencia de personas originarias de México en las Filipinas fue consecuencia de la integración de ambos territorios en la Monarquía Hispánica bajo la administración del virreinato de Nueva España. Durante más de dos siglos y medio, las comunicaciones regulares entre los puertos de Acapulco y Manila facilitaron el traslado de militares, funcionarios, religiosos, comerciantes, artesanos y otros pobladores, estableciendo un flujo migratorio continuo entre ambos lados del océano Pacífico.

Los tlaxcaltecas formaron parte de la expedición encabezada por Miguel López de Legazpi durante la conquista de Filipinas. Entre los integrantes de la empresa se encontraba un contingente procedente de Tlaxcala que participó en el establecimiento del dominio español en el archipiélago. También intervinieron en diversas expediciones de exploración por otras islas del océano Pacífico. Del mismo modo, al igual que otros novohispanos establecidos en Filipinas,«En 1637, la fuerza militar mantenida en las islas se componía de mil setecientos y dos españoles y ciento cuarenta indios». () tomaron parte en los conflictos militares de la región combatiendo junto a los españoles, como sucedió en los combates de Cagayán.

Las crónicas de la conquista registran el caso de Juanes, un indígena nahua de Tlatelolco que llegó a Cebú con la expedición de Villalobos y permaneció en las islas tras ser capturado por indígenas locales. Años después fue localizado y rescatado por la expedición de Legazpi. Para entonces había olvidado tanto el español como su lengua materna, el náhuatl, hecho que confirma la presencia de hablantes de esta lengua entre los miembros de la expedición que intentaron comunicarse con él:thumb|215x215px|Monumento en la Plaza México de Manila.Durante el , miles de colonos procedentes de América fueron enviados anualmente a Filipinas por las autoridades españolas. En este contexto, se estima que, a lo largo de ese periodo, España trasladó al archipiélago un total de 15600 colonos provenientes de México y Perú.Stephanie Mawson, ‘Between Loyalty and Disobedience: The Limits of Spanish Domination in the Seventeenth Century Pacific’ (Univ. of Sydney M.Phil. thesis, 2014), appendix 3. mientras que sólo había 600 españoles de España,Spanish Settlers in the Philippines (1571–1599) By Antonio Garcia-Abasalo eso complementó una población filipina de sólo 667612 personas.The Unlucky Country: The Republic of the Philippines in the 21st Century By Duncan Alexander McKenzie (page xii) Debido al bajo recuento de población inicial, las personas de ascendencia americana y española se extendieron rápidamente por el territorio. Era política de la Corona emplear soldados mexicanos como colonos en Filipinas."Orden de enviar hombres a Filipinas desde México" (Consejo de Indias España) «Real Cédula al conde de Coruña, virrey de Nueva España, comunicándole que, según informa el capitán Gabriel de Rivera que vino de Filipinas, en una jornada que hizo el gobernador Gonzalo Ronquillo al río de Cagayan se perdieron algunos españoles, y que para reparar esta falta y poblar esas islas convenía se llevasen a ellas hasta doscientos hombres. Se encarga al virrey que atienda esta petición y los envíe desde Nueva España, además de otros doscientos que se le encargaron desde Lisboa».

En el , la presencia de migrantes procedentes de México en el archipiélago filipino alcanzó una dimensión significativa, registrándose la llegada de miles de personas por año.Garcia de los Arcos, "Grupos éthnicos", 65–66 Según señaló el gobernador Anda y Salazar, una parte del problema de la vagancia estaba relacionada con la dispersión de mexicanos y españoles que, tras finalizar sus servicios militares o cumplir condenas de prisión, quedaban repartidos por distintas zonas de las islas, incluso en regiones alejadas, donde buscaban formas de subsistencia. En 1787, la guarnición de Manila estaba integrada por un regimiento de mexicanos, que contaba con 1300 soldados, dos compañías de artillería, cada una con 80 hombres, y tres compañías de caballería, compuestas por 50 hombres cada una.

Algunas estimaciones sitúan dicha migración en torno a los 35000 inmigrantes a lo largo del siglo.Intercolonial Intimacies Relinking Latin/o America to the Philippines, 1898–1964 by Paula C. Park page 100 Esta cifra resulta significativa al compararse con la población filipina de la época, que era de aproximadamente 1.5 millones de habitantes, es decir, el 2.33% de la población total de las islas, por lo que la presencia de estos migrantes representó una parte significativa dentro de la composición demográfica del archipiélago.

Esta presencia mexicana también se reflejó en la Pampanga, donde existía una comunidad de origen mexicano. Diversos grupos mexicanos recibieron tierras en Luzón, Masbate y otras zonas de la Pampanga, así como en Cavite. Asimismo, la construcción de la fortaleza militar de Zamboanga contó con la ayuda de estos inmigrantes mexicanos quienes ya se habían instalado en las islas. Con el tiempo, estos pobladores se integraron en las comunidades filipinas locales, estableciendo vínculos familiares, adoptando nuevas lenguas y costumbres, al mismo tiempo que mantenían y transmitían algunos elementos de su propia cultura.

Sin embargo, a partir de la independencia de México, las autoridades españolas temieron que la considerable población mexicana residente en Filipinas pudiera estimular un levantamiento similar entre los filipinos, como fue el caso de Andrés Novales. Como consecuencia, se promovió cada vez más la llegada de españoles peninsulares, mientras que los grupos de origen hispanoamericano en Filipinas fueron relegados y, con el tiempo, pasaron a ocupar una posición inferior dentro de la jerarquía social.

Actualmente, la entrada de Filipinas en la Cooperación Económica Asia-Pacífico ha fortalecido los nexos con países de habla hispana, especialmente con México, país con el que mantiene relaciones de cooperación en distintos ámbitos debido a sus intereses comunes dentro de la región del Pacífico. Asimismo, esta participación ha permitido ampliar los vínculos con otros países hispanohablantes como Perú y Chile, favoreciendo el intercambio económico, comercial y diplomático.

Cultura mexicana en Filipinas miniaturadeimagen|215x215px|Tamales filipinos. La influencia cultural mexicana en Filipinas puede apreciarse en diversas manifestaciones culturales que conservan rasgos compartidos hasta la actualidad. Entre los elementos que más destacan se encuentra la influencia lingüística del náhuatl en los idiomas locales, como el tagalo y el cebuano, lo que ha dejado numerosos préstamos que se usan a diario, como tiyangge (< tiankis), tapangko (< tlapanko), tukayo (< tokayoh), sangkaka (< chankakah), nanay (< nanah), tatay (< tatah), paparo (< papalotl), atsuwete (< achiyotl), etc.

Tras la difusión del catolicismo en las islas, los mexicanos llevaron la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe, instalándola en un templo de Intramuros en Manila, declarándola también patrona de las Filipinas. Asimismo, las festividades muestran igualmente numerosas semejanzas, como las conmemoraciones de los días 1 y 2 de noviembre, conocidas como Undas o Undras (del español «Honras») y Araw ng mga Patay, lit. «Día de Muertos», durante las cuales las familias visitan los cementerios, limpian las tumbas, encienden velas y realizan reuniones para honrar a sus difuntos, una tradición comparable al Día de Muertos celebrado en México.

La gastronomía constituye otro ámbito donde se observan vínculos históricos. El intercambio favoreció la circulación de ingredientes, técnicas culinarias y platillos entre ambos territorios. Algunos estudios han señalado una posible relación entre el ceviche mexicano y el kilawin filipino, mientras que los tamales también fueron adaptados localmente en la Pampanga, dando origen a variantes elaboradas principalmente con arroz, leche de coco y hojas de plátano, de la misma forma que el champurrado filipino se hace con base de arroz.

Véase también Inmigración en Filipinas Inmigración española en Filipinas Mexicanos en el mundo Inmigración filipina en México Relaciones Filipinas-México

Referencias

Bibliografía

Mexicana Filipinas Categoría:Relaciones Filipinas-México